1962 A PEDRO PALAO, EN SU HOMENAJE

A PEDRO PALAO, EN SU HOMENAJE Por S. G. M.
Cuando se haga la historia —íntima si se quiere, pero importante— de lo que ha significado, de lo que significa la Agrupación Teatral Ruperto Chapí en la vida artística de Villena, será de estricta justicia destacar —junto a la labor perseverante de sus directores y directivos, junto al entusiasmo juvenil de los coros, junto al fulgor y acierto de las partes que han desfilado por su cuadro— las facultades excepcionales, la madurez artística, la entrega plena de quien durante once años ha sido y hoy continúa siendo en la cumbre de su personalidad, en la cima de su arte, símbolo y alma de un grupo que no cree —y lo demuestra— en la muerte de la zarzuela.
Sus compañeros, sus amigos, su público lo han entendido así. Por ello el Homenaje del 14 de Abril, sincero, cordial, merecidísimo, inolvidable. Reposición de «La Montería», la deliciosa obra del Maestro Guerrero que fue su revelación. El acto tiene una doble vertiente. Significa un alto en el camino, pero para reanudar la marcha al momento. Se proyecta hacia el pasado, un pasado inmediato y brillante, pero también hacia un porvenir no menos glorioso en la misma línea de superación y continuidad.
Pedro Palao ha dado voz y vida a toda una galería de personajes, identificándose con cada uno de ellos, estudiándolos con mimo, recreándolos con su arte vigoroso. Ha sido el gallardo y castizo Felipe de «La Revoltosa»; el funambulesco y enamorado Pierrot de «La tragedia de Pierrot»; el versátil y galante Edmundo de «La Montería»; el contrahecho y desgraciado Miccone de «La Dogaresa», personaje conmovedor, desgarradamente humano, que interpreta con maestría de actor nato; el bohemio y desprendido José Luis de «La Patria Chica»; el arrogante y generoso Pedro Stokoff de «Katiuska»; el rústico y noble Germán de «La del Soto del Parral»; el maquiavélico y atormentado Simón de «La Tempestad», su mejor creación, riquísima en matices, varia en recursos, completa, definitiva, acierto pleno en suma; y por último, el celoso e intransigente Inquisidor de «La Bruja», obra que se ilumina ganando profundidad y dramatismo con su actuación—corta y decisiva—del segundo acto, en lo que quizá constituya la más elevada página musical de Chapí.
Y junto al lado artístico, la faceta humana. Su hombría de bien, su generosidad, entusiasmo, simpatía, llaneza. Nuestra Revista, que pretende recoger los ecos de la vida local, no puede permanecer al margen del Homenaje. Se une a él fervorosamente y desea los mayores éxitos a este Pedro Palao, tan entrañablemente nuestro, villenero por los cuatro costados y «festero» entusiasta, que no desdeña, en su calidad de «moro nuevo», cogerse del brazo de un anciano para acompañarle a la tradicional comida del día 6.
Extraído de la Revista Villena de 1962

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