1956 EL CAPITÁN DON ÁNGEL HERNÁNDEZ MENOR NOTA BIOGRÁFICAS

NOTAS BIOGRÁFICAS
EL CAPITÁN DON ÁNGEL HERNÁNDEZ MENOR
Ante el propósito del Ayuntamiento de reponer dignamente, en justo homenaje y obligado desagravio, el busto y monumento que, en honor del glorioso capitán don Ángel Hernández Menor, fue erigido en el año mil novecientos treinta en una de las plazas de nuestra ciudad, y que había sido derribado y totalmente destruido en los primeros días del período rojo, parece oportuno traer a estas páginas unas notas biográficas o breve semblanza del héroe, para recuerdo y estímulo de quienes le conocieron, enseñanza y ejemplo de la nueva generación española y orgullo y honra de todos los villenenses.
Villena, que tan pródiga en hechos notables ha sido a través de su historia, y que tan preclaros hijos, en todas las ciencias y artes, ha dado a la Patria al correr de los siglos, se enorgullece, efectivamente, de que de su seno naciera el «mejor y más grande oficial que han producido las campañas de Marruecos», según palabras del actual ministro del Ejército general Muñoz Grandes (1), a quien no dudamos en calificar como-uno de los primeros de nuestro siglo en esa «ciencia o arte-de forzar al enemigo a hacer una paz justa», o «arte de paralizar las fuerzas enemigas», que es como elegantemente definen la guerra los jurisconsultos Belime y Pinherio Ferreira, respectivamente.
Su vida fue, en arios, muy corta, pero muy grande en lecciones de heroísmo. Digamos algo sobre ella.
Nació en nuestra ciudad, el que más tarde había de ser galardonado con la Gran Cruz Laureada de San Fernando y alcanzar la graduación de capitán del Arma de Caballería, excelentísimo señor don Ángel Hernández Menor, el día veintisiete de marzo del año mil ochocientos noventa y nueve, siendo el noveno hijo de los esposos don José Hernández Valdés y doña Catalina Menor Catalán, de acomodada posición. Fue muy travieso en su infancia, pero muy bondadoso y dotado de nobles sentimientos y de un carácter alegre y generoso. Estudió la primera enseñanza y. luego el bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora de las Virtudes de esta localidad, que entonces dirigía don José Serra, y obtuvo siempre, en premio a sus merecimientos, las mejores calificaciones.
A los quince años de edad, ante su decidida inclinación militar, le enviaron sus padres a Toledo para que en la «Escuela Madariaga» preparase su ingreso en la Academia de Infantería. Pero como sentía más fuerte vocación por el Arma de Caballería, Hernández Menor, a espaldas de su familia, que no quería se Incorporase en esta Arma por el mayor riesgo y peligro que en aquellos tiempos entrañaba, realizó también privadamente, robando horas a su descanso y distracciones, los estudios necesarios, con tanto aprovechamiento que consiguió ingresar al mismo tiempo en el mes de agosto del año mil novecientos diecisiete, en la Academia de Infantería de Toledo y en la de Caballería de Valladolid, obteniendo uno de los primeros números en los exámenes que hubo de sufrir en ambas. Precisamente la noticia del ingreso en la Academia de Caballería la tuvo don José Hernández Valdés por un telegrama de felicitación que le dirigió el entonces Gobernador militar de Valladolid, general don Wenceslao Bellod, ilustre paisano nuestro.
Ya alférez Hernández Menor, que, vencida la resistencia de sus padres, había optado por el Arma de Caballería, solicitó muy pronto ser destinado a Marruecos, deseoso de defender a su. Patria del ataque lanzado por el cabecilla moro Abd-el-Krim. Cumplido su deseo, tomó parte activa en cuantas operaciones se le encomendaron, destacando extraordinariamente en las mismas por su inteligencia, serenidad y valor, y consiguiendo al poco tiempo ser ascendido a teniente por sus méritos en campaña y condecorado con la medalla Militar de Marruecos y Cruz de Sufrimientos por la Patria ésta en premio a las numerosas veces que por ella derramó su sangre.
(1) Memorial de Caballería. Diciembre 1928. Páginas 52-53
No podemos, dentro de los forzados límites de este artículo, detallar, ni mencionar siquiera, todos los hechos de armas en que intervino nuestro paisano. No obstante hemos de manifestar que fueron tan relevantes sus hazañas que durante dos meses mereció ser citado a diario en la Orden de su Unidad como «muy distinguido»; y que bien pronto se granjeó la admiración y afecto de sus jefes, que le confiaban las misiones más delicadas y peligrosas, siempre en «extrema vanguardia, en los avances, y en el «último escalón» en los retrocesos, según hemos comprobado en su Hoja de Servicios y Agenda de Campaña, que con emoción hemos tenido en nuestras manos.
Durante sus períodos de descanso en retaguardia, aprendió el idioma árabe con tal perfección que, disfrazado de moro, logró muchas veces introducirse tras las líneas enemigas, descubriendo planes y emboscadas de los rebeldes, con grave exposición de su vida.
Al ser repatriado el Regimiento de Húsares al que pertenecía Hernández Menor, solicitó éste pasar a Regulares a fin de continuar en Marruecos; ingresando primero en los de Tetuán, e incorporándose más tarde voluntario a la Mehala, como Cuerpo de mayor peligro y riesgo.
Fue en esta última unidad, mandando la caballería de la famosa harka de Abdel-Malek-prestigioso guerrero moro adicto a España —, donde Hernández Menor mereció ser propuesto por primera vez para la Laureada de San Fernando, cuyo alto galardón se le concedió después de si muerte. No nos resistimos a transcribir las calurosas palabras del general Muñoz Grandes, que fue jefe y amigo muy querido de nuestro paisano:
«...Y amaneció el 7 de agosto de 1924. Hernández Menor, con sus doscientos jinetes, iba al frente y en el centro de la vanguardia. Venciendo cuantas resistencias encontraba en el camino atravesó al galope los llanos de Beni Buyari y llegó al pie de la montaña, donde lo más selecto de la rebelión, la gente más aguerrida con sus más bravos jefes, esperaba en sus trincheras el choque que había de darles el triunfo... No era el terreno el más apropiado para maniobrar la caballería; y el enemigo, que así lo entendió, tranquilo, esperaba el éxito. Mas no cortaron con que al frente de aquellos jinetes iba el MAS GRANDE OFICIAL QUE HAN PRODUCIDO LAS CAMPAÑAS DE MARRUECOS...»
Sigue refiriéndonos Muñoz Grandes el espantoso combate; el desconcierto entre los soldados de la harka ante la muerte de su jefe Abdel-Malek; el intento de huida de los mismos, acosados por los rifeños, que envalentonados habían salido de sus trincheras en su persecución; la reacción magnífica de Hernández Menor que pistola en mano, montando el cuarto caballo, por haber perdido tres en la pelea, detiene y reagrupa a los huidos, lanzándoles al ataque del caserío enemigo, cargando hasta ONCE VECES sobre los rebeldes, transformando la inicial derrota en un triunfo glorioso para las armas de España.
Después de aquella acción bélica, nuestro paisano pasó unos ganados días de descanso en
España; fueron probablemente los últimos que aquí estuvo y la última vez que le vieron vivo sus padres. El diario «A B C» de Madrid del 27 de abril de 1925 da cuenta de un banquete celebrado el día 25 anterior en el Hotel Alfonso XIII de la capital «organizado por los oficiales del Arma de Caballería en honor de su compañero don Ángel Hernández Menor por la brillante campaña que ha realizado en África, por la que está propuesto para tres ascensos, la Cruz Laureada y la Medalla Militar».
Su destino le llamó de nuevo a África, donde le esperaba la muerte. Es el propio general Muñoz Grandes quien va a relatárnosla. Oigámosle con emoción:
«Siempre el bravo jinete sobresale en cuantas acciones toma parte. Poco a poco su figura militar se va agrandando. Ya su presencia inspira ánimos a la tropa y confianza al Mando. Y un día, el decisivo. el más glorioso de nuestra acción en Marruecos, el 8 de septiembre de 1925 — (AQUEL DIA TENIA QUE SER) -, Menor, gravemente enfermo después de treinta días de cama, es transportado en una camilla desde el hospital al «Hespérides», que, majestuoso con la preciosa carga que lleva, pone proa a Marruecos. Y en aquella gesta gloriosa. Menor, apenas puesto el pie en tierra al frente de sus infantes, dicen que murió: yo no lo creo ni la gloriosa Caballería española puede admitirlo Hernández Menor, aun antes del desembarco en la bahía de Alhucemas, había escalado por derecho propio un puesto en la Gloria; esa gloria que todos envidiamos; esa gloria solamente accesible a los héroes; esa gloria que tanto se prodigó con las gallardas hazañas de la Caballería; esa gloria en la que nadie muere y si viven todos para ejemplo de los demás. Hernández Menor ha sido, ¿por qué no decirlo?, EL MEJOR OFICIAL QUE CONOCI. Y cuentan que los que me acompañaban eran inmejorables.»
La muerte de Hernández Menor fue comunicada al presidente del Gobierno interino por el general en jefe del Ejército de Marruecos por el siguiente telegrama, que se publicó en todos los periódicos de España: «En partes publicados en prensa veo se ha omitido el nombre del teniente don Ángel Hernández Menor, primer oficial muerto en operaciones de Alhucemas y hasta ahora, gracias a Dios, el único, y como le mencioné en el mío POR TRATARSE DE UN CASO EXCEPCIONAL, que va en su breve carrera merecía de todo el Ejército y del Alto Mando un CONCEP¬TO INMEJORABLE, creo justo tributo a su gloriosa muerte que toda España conozca su nombre, DIGNO DE FIGURAR AL LADO DE LOS MAS GLORIOSOS DEL PASADO, DEL PRESENTE Y DEL PORVENIR ENTRE LOS MILITARES DEL MUNDO ENTERO».
Su entierro en Villena el 20 de septiembre, con asistencia de las más altas autoridades civiles y militares, constituyó según el diario «A B C», «una imponente manifestación de duelo, pocas veces vista en esta población»
Recuerdos y retratos del héroe figuran en la Sala María Cristina del Museo del Arma de Caballería en Madrid, en cuya capital, el día 23 de julio de 1932, se le erigió un monumento en la Es-cuela de Equitación Militar que fue inaugurado por el Jefe del Estado, y a cuya ceremonia asistió, especialmente invitado, don José Hernández Menor, hermano del glorioso laureado. Anteriormente se había dispuesto, por Real Orden de 15 de diciembre de 1928, que su nombre figure perpetúa mente a la cabeza de los capitanes de Caballería en la Escala de esta Arma.
Ha quedado así expuesta a grandes rasgos la vida ejemplar de uno de nuestros mejores paisanos. Por sus virtudes, por sus privilegiadas cualidades, el recuerdo de Hernández Menor debe estar siempre en nosotros, presente en nuestro afán, como lección profunda de amor a la Patria que hemos de aprender y seguir sí de veras sentimos con José Antonio que ser español es una de las pocas cosas serias que hay en el mundo
ALFONSO ARENAS GARCÍA
Dibujo de CORTES
Extraído de la Revista Villena de 1956
Cedida por… Avelina y Natalia García

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