1983 LOS PUEBLOS SE ROMPEN

A José Ibáñez Martínez, “SOLI”
“Este despedazado anfiteatro impío honor de los dio­ses cuya afrenta publica el amarillo jaramago, ya reducido a trágico teatro, ¡oh fábula del tiempo! representa cuánta fue su grandeza y es su estrago”
RODRIGO CARO
Los pueblos se rompen en el deseo de ser ciudad. Y van abrién­dose ciegamente en intentos leves hacia lo urbano, sacrificando lo autóctono-rural-sencillo por el convencionalismo de la compli­cada urbe agitada, lentamente. Mientras, los hombres no despier­tan; se quedan dormidos entre los sueños v los proyectos del progre­so; reproduciéndose, continúan la cotidianeidad del vivir apenas descubriendo que las calles des­nudas, colchones de polvo que ayer ensuciaban sus zapatos, se visten, poco a poco, de gravilla al­quitranada.
Los pueblos se nos caen y se quiebran sin hacer ruido, y se hunden y se hacen olvidadizos cambiando casas que se sienten viejas, y árboles, y paseos, y pla­zas... Sin hacer ruido, sólo un tier­no crujido taciturno, un quejido normal en toda materia que se expande.
Nosotros, hombres-ilusión, pasamos los años acomodándonos a lo cambiante del entorno, creyen­do que siempre ha existido tal y como lo vemos, así, eternamente estático; quizá porque es necesario. Esta es la traición del tiempo; el olvido. Y quizá tenga razón el olvido, y también nosotros, hombres-ilusión. Porque esta falta de memoria nos permite vivir sumergidos de forma onírica,en la esperanza de tener fe en que nunca ha pasado nada.
Calle San Sebastián, año 1924 (reproducción Soli)Pero no. Siempre hay ­principes inquietos que se escapan de la traición, del engaño del tiempo, con un beso. Beso que hoy es gráfico y trágico, que nos despierta aquellas imágenes dormidas que se perdieron con nuestra ingancia y nos recuerdan... Nos recuerdan que “... en el recuerdo, el júbilo es igual a la tristeza” como escribe un poeta -cachondo sentimental-, el mismo que me descubrió la poesía/arqueología de Rodrigo Caro.
-En el RECUERDO. el JUBILO es igual a la TRISTEZA. Por esto, sorprendidos ahora, con la violenta presencia del pasado, nos volvemos nostálgicos por el paso del tiempo; y para nosotro­s el dolor no es tierno.
La melancolía no incita a nada más que a la ansiedad de abandonar este trágico teatro del que ni tan siquiera somos dioses.
MATEO MARCO

REVISTA VILLENA 1983.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias Mateo por las palabras dirigidas a Soli,..., es cierto, nos volvemos nostálgicos por el paso del tiempo...beso gráfico y trájico...,sigamos pues haciendo historia..

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