1970 LA FIESTA, PRECEPTO HISTÓRICO

LA FIESTA, PRECEPTO HISTÓRICO
Los pueblos trabajan por mantener vivo su pasado tanto o más que por un feliz presente o por su porvenir. El pasado es sólo un prólogo del presente y del futuro. Y los pueblos más cargados de pasado son más ricos de porvenir. Villena busca en su pasado lo que debe ser en el presente y lo que habrá de ser mañana, por obligación contraída con las generaciones precedentes, por el derecho que el hombre tiene a la continuidad.
Por eso Villena afana sin descanso durante todo un año para preparar unos cuantos días. ¡Pero qué días! Los días más propios, más íntimos; los días por excelencia.
En los días de las Fiestas, en los que Villena hace viaje por su historia milenaria, todo es magnífico y distinto. Todo se alborota. Y la vida, que durante todo un año ha transcurrido sin ruido, con trabajos y descansos organizados, sin acaso nada destacado que contar, pasa de pronto de la mayor tranquilidad a la mayor agitación. Pierde su compás; el corazón marcha a otro ritmo. Cuando todo parecía que habría de quedarse en eso, en la repetición de lo cotidiano, la vida da un cole tazo: lo que parecía ya para siempre quietud de muerte está vivo.
Villena, como todos los pueblos del mundo, tiene unos días al año en los que revientan los muros que la mantenían en su quietud. Y entonces todo toma un aspecto distinto; aspecto que se traduce en sensaciones originales: La ciudad parece más grande, las plazas más abiertas; el sol es distinto en sus dos grandes momentos de la salida y del ocaso. El Castillo, que durante el resto del año ha pasado casi desapercibido a fuerza de su repetición inmóvil, despliega también unas: invisibles alas galanas.
Durante esos días de las Fiestas se olvidan to dos los males; se deja todo "para después de las fiestas"; y todo el mundo se entrega complacido a esta otra vida provisional, al placer de la rememoración, a la contemplación del pasado que le, permite ver con más claridad —con toda claridad— el presente. Todo cambia. El enemigo es, por lo menos provisionalmente, amigo; el avaro se torna generoso; el pobre se siente reconocido, admitido, por el rico; el solitario se siente acompañado. Sólo se piensa en que lo único que de verdad importa es tener salud y que todo el mundo sea feliz. Son días de descanso para los rencores, para la ambición, para el dolor.
JULIAN CRESPO MORENO
Subdirector del Centro Emisor del Sureste Radio Nacional de España Delegado de T.V.E. en Alicante
Aparecen por las calles las filas de las comparsas que le hacen muecas a todo. Su paso es intencionadamente distinto, contrario a todo. Es marea multicolor (seda, oro), que avanza a su antojo hacia cualquier orilla. Las comparsas adormecidas (champañ, coñac, puro grotesco) avanzan en rítmica y breve zancada hacia la conquista de no se sabe qué reino.
Pueblo con Castillo, ya se sabe: siempre está en peligro de guerra. Dice la Historia de Villena que Villena ha sido siempre una ciudad codiciada. Los cristianos han tenido que dormir siempre, desde los tiempos remotos, con un ojo abierto para evitar que los moros se saliesen con la suya de arrebatársela. Las grandes preocupaciones se transmiten a las generaciones que suceden. Y ese puede ser el motivo de que, por lo menos una vez al año, Villena haga sonar los timbales, las trompetas y la pólvora que espanta a los espíritus enemigos. Son cosa muy seria estos simulacros.
Los hijos tienen el deber de llevar a cabo lo que los padres no tuvieron tiempo de realizar y de transmitir sus conquistas a la posteridad. Es la ley por la que se rigen los pueblos que avanzan. Una ley que se cumple en Villena año por año. Las Fiestas son preocupación y trabajo durante toda la vida. Finalizadas unas, comienza la preparación de las próximas. Son pocos todos los minutos de los centenares de días que las separan. Son algo muy serio las fiestas de un pueblo. El renovar las costumbres supone respeto al esfuerzo de las generaciones que nos preceden. Las costumbres han nacido del espíritu del pueblo y éste se ha fraguado con la Historia que los tiempos han ido en él depositando. Con el paso del tiempo las costumbres llegan a convertirse en una religión con preceptos que obligan. "Defenderéis por siempre esta tierra de los enemigos", parece el mandato que recibiera Villena.
Sí, las Fiestas son algo muy serio, menos broma de lo que a simple vista parece.
Moros viejos, moros nuevos, marruecos, nazaríes, bereberes... Se les crea para vencerles luego, para hacerles besar el polvo allí, junto al Castillo. Es el placer de vencerles, de recordarles que siempre serán vencidos.
Las Fiestas tienen una patrona. La Virgen de las Virtudes, "La Morenica", que durante estos días es llevada al pueblo para que renueve su gozo de ver mohíno al moro ante el cristiano. Es una Virgen antigua que ayuda a quienes la rezan. Una Virgen que toma partido en la batalla. Luego, cuando la lucha ha finalizado, es llevada en andas por sus dominios, en los que el peligro ya ha desaparecido.
...Y decía que una vez al año, por estos primeros días de septiembre, Villena tranquila, trabajadora, quieta como el Castillo desde donde ha bajado toda su Historia al llano en la que se asienta, se agita, se olvida de su presente y se entretiene en inventar motivos para embrabuconar su pecho a la antigua y empuñar la espada contra... no se sabe qué enemigo que los villenenses se empeñan en pensar que viene a arrebatarles sus tierras.
No se trata de un espejismo. Es la llamada al deber que a los villenenses les impone su Historia.
JULIAN CRESPO MORENO
Extraído de la Revista Villena de 1970

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