1902 EL MAESTRO CHAPÍ (NUEVO MUNDO)

EL MAESTRO CHAPÍ . NUEVO MUNDO . Madrid 7 de mayo de 1902
Cuando era 1867 llegó A Madrid, sin más caudal que muchas ilusiones y muchísimas corcheas metidas en la cabeza, la zarzuela grande agonizaba víctima de la invasión del género bufo que traspasó el Pirineo y como una avalancha invadió nuestros teatros y pervirtió nuestro gusto hasta un punto inverosímil. Nadie pudo sustraerse, á las consecuencias de tan tremenda invasión Los autores más Ilustres, los compositores de más prestigio dentro de la Mera del arte y tos cantantes más celebrados, no tuvieron más remedio que rendir pleito homenaje al nuevo género, sopena de quedar relegados á la más espantosa soledad, precursora de la miseria.
Don Ruperto Chapí en su despacho.  Foto. Candela
Poco seductor era el cuadro para quien, como Chapí, casi un niño, sentía dentro de su alma el verdadero arte, el que solo le trajo á Madrid sin más elementos que su talento, su carácter indomable y su perseverancia sin límites.
A los catorce años organizó y dirigió Chapí la banda de música de Villena, su pueblo natal, en la que logró realizar verdaderos prodigios artísticos.
El año 1867, es decir, el mismo en que llegó ingresó en el Conservatorio, donde estudió armonía acabando de perfeccionarse en las complicadas reglas del contrapunto. En 1872 ganó por oposición la plaza de músico mayor del tercer regimiento de artillería de plaza, cargo que desempeñó hasta el año 1874. En esta época dió á conocer su famosa obra Fantasía morisca, base de la reputación artística de Chapí. En 1874 fué pensionado á Roma por su ópera Las naves de Cortés, estrenada en el Real con lisonjero éxito.
Chapí en 1870. Foto. Otero
A su regreso de la ciudad eterna, y con un nombre muy envidiable al que habían contribuido las citadas obras y La hija de Jefte, estrenada en el Real durante su ausencia, se dedicó de lleno a la zarzuela, en la que logró grandes y justificados triunfos. Pero cuando el nombre del maestro alcanzó verdadera celebridad fué en 1882 con motivo de estreno de La tempestad, libro de Ramos Carrión, que señaló la hora de la regeneración de la zarzuela española tan en baja por las causas expresadas al principio de estos ligeros apuntes. La tempestad ha producido á sus autores hasta el día más de doscientas mil pesetas.
 Chapí en 1874. Foto. Blanco
Desde el año 1871 en que estrenó Chapí su primera obra Abel y Caín, libro de Granés y Pastorfido, hasta la opera Circe, cuyo estreno se verificó el día de la inauguración del teatro Lírico, lleva producidas cien partituras, de las cuales un veinticinco por ciento son en tres artes, lo que supone una labor verdaderamente asombrosa si se tiene en cuenta que además ha escrito infinitas piezas de concierto, como Los gnomos de la Alhambra, alguna música religiosa y muchos juguetes cuyo catálogo sería interminable, Entre sus grandes éxitos figuran, además de los citados, los de La bruja, en 1887; El rey que rabió, en 1891; La leyenda del monje, Las campanadas, La revoltosa, El tambor de granaderos, La czarina, a Curro Vargas y otras muchas. 
Chapí en 1887. Fotografía de Borke
Chapí ha ganado mucho dinero con sus obras, si bien no tanto como cree la generalidad del vulgo, pues en esto de los trimestres que cobran los autores por derechos de representación hay mucho de fantasía. Sin embargo, el popular maestro no se queja de su suerte, pues tiene zarzuelas, como El rey que rabió, que le lleva producidas 92.000 pesetas; La bruja, 65.000, y Música clásica, 40.000. La zarzuela que más rendimiento le proporciono durante el primer año fué La revoltosa, que llegaron á 14.000 pesetas. 
En 1894. Foto de J. López
Si Chapí hubiera nacido en Francia á estas horas seria millonario, teniendo en cuenta la copiosa labor; pero como es español tiene necesidad de trabajar sin descanso para resolver el grave problema de la vida.
Chapí ha coadyuvado eficazmente á la constitución de la Sociedad de Autores, que tan brillantes resultados viene dando, y á la que se debe que los autores dramáticos y maestros compositores no caigan en las garras de la usura, que ha sido hasta hoy la ruina de la mayoría de ellos.
 Chapí en 1902. Fotografía de Calvet
La característica de Chapí es la firmeza de carácter. Cuando hace algunos años un conocido editor de esta corte, hombre dotado de admirable sentido práctico, solicitó y obtuvo de los maestros compositores el derecho exclusivo de la reproducción de los materiales de orquesta, el único maestro que se negó á conceder tal privilegio fué Chapí, comprendiendo que desde aquel momento quedaba árbitro del teatro el citado editor. Esta negativa le costó muchos miles de duros, pues sus obras dejaban de representarse en provincias y en algún teatro de Madrid, porque las compañías no llevaban en sus archivos las zarzuelas del ilustre maestro.
El editor á que aludimos, que solo necesitaba la adhesión de Chapí para el coronamiento del colosal negocio que habla ideado, llegó a hacerle proposiciones tentadoras que fueron rechazadas, pues de haberlas aceptado, hoy no existiría la Sociedad de Autores, y cuantos escriben para el teatro seguirían sufriendo bajo la eterna tiranía del editor, que era el único que se beneficiaba con los productos del ingenio.
Manuel SORIANO
Extraído de la Revista Ilustrada Nuevo Mundo
Cedido por… Juan María Milán Orgilés

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