1986 EL DR. SEBASTIÁN GARCÍA MARTÍNEZ, HISTORIADOR Y UNIVERSITARIO

EL DR. SEBASTIÁN GARCÍA MARTÍNEZ, HISTORIADOR Y UNIVERSITARIO
El ilustre villenense, Sebastián García Martínez, Catedrático de Historia Moderna, ha fallecido en Valencia. Quienes le conocían admiraban la recia personalidad de este afable y modélico intelectual, de 43 años, docto en conocimientos humanísticos, de sabia elocuencia no exenta de ironía y buen humor, Profesor universitario e historiador de vocación, poseía un don inimitable por su sarcástico y peculiar sentido crítico de la vida, por su agudeza e ingenio.
Historiador convencido de que el conocimiento de la realidad del pasado aproxima a entender el presente y favorece el diálogo. Discípulo de Joan Reglá, se había convertido en uno de los más cualificados artífices de la renovación historiográfica en el País Valenciano. Su obra pionera, «EIs fonaments del País Valencià Modem» (1968), sirvió, en el precario panorama Cultural de entonces, de revulsivo metodológico para enfocar una historia nueva, integradora de los hechos históricos. Con ella demostró la importancia de la Valencia foral en el contexto de los países de la Corona de Aragón a fines del siglo XVII, subrayando el florecimiento de un movimiento novator en lo cultural en estrecha relación con la recuperación en lo económico antes del advenimiento de los Borbones. Su vasta formación, su lealtad y compromiso, su estudio, le incitó a esclarecer la identidad histórica del País con un objetivo claro: desmitificar la historia, arrumbando los tópicos centralizadores. Nunca abandonaría ese prurito científico, tal inquietud.

En todas sus publicaciones, cuarenta y tantos artículos, ponencias a congresos, etc., imposible de resumir aquí, mostraba su adscripción a la problemática valenciana dentro de la Historia Moderna. Las múltiples fuentes que manejó, los rigurosos criterios de interpretación, en suma, lo fueron para evitar inexactitudes folklóricas, hoy tan en boga, o para desvirtuar esquematismos simplistas, ingenuos de suyo y vulgares. Ello ha posibilitado agrandar la conciencia histórica, perfeccionar la memoria colectiva, cambiar la imagen tópica del pasado. Semejante esfuerzo intelectual, constituye un legado historiográfico para la posteridad. Un legado que se halla en lo que podemos caracterizar como obra dispersa, incluyendo monografías inéditas, reseñas y libros entre los cuales sobresale el «Estudio preliminar a la Crónica de Martín de Viciana», (1983). Quizá la más acabada de toda su producción, descrita, por otro lado, con un talante abierto, anti dogmático, erudito hasta en los detalles nimios. Sea como fuere, lo más destacable es que el lector puede extraer conclusiones propias, reflexionar sobre los entramados analíticos de las materias consideradas. Ejemplar modo de hacer la historia y enseñarla a los demás. Es pues, desde la perspectiva de ofrecer puntos de vista nuevos, por lo que investiga tres parcelas de la historia integral: la historia social, adentrándose en el proceloso mundo del bandolerismo del Barroco; la historia cultural, con los estudios sobre la Universidad y el Humanismo, y la historia política, preferentemente los Austrias menores. Sería deseable que alguna institución oficial recopilara la obra, publicándola.
Con todo, no podemos olvidar su interés por la historia de Villena, su ciudad natal, cuyas raíces alardeaba con orgullo. En efecto, contribuye, por un lado a desvelar las complejas conexiones entre Villena y el Reino de Valencia como tierra de frontera que era con el Reino de Castilla. Y participa, por otro, en la Fiesta de Moros y Cristianos desde 1958 como socio activo de la Comparsa de Estudiantes. Cabe recordar que su memoria de licenciatura, dirigida por el Dr. López Gómez, la dedicó al estudio de la «Geografía agraria de Villena» (1964), si bien su vocación le decantó, finalmente, por la historia. Por ello, en su etapa de doctorado escribió una serie de artículos en los que da a conocer los motivos de la diferenciación entre Villena y Valencia, con anterioridad a la unificación borbónica. Destacan, por ejemplo, sendos trabajos sobre el período del reinado de Carlos II, los cuales son: «En torno a los problemas históricos entre Villena y el Reino de Valencia durante el reinado de Carlos II», y «Villena y la Segunda Germanía», que fueron publicados por la Revista VILLENA, n.° 17 (1967) y n.° 20 (1970), respectivamente. Tras la lectura de su tesis doctoral «Valencia bajo Carlos II» (1971), dirigida por el Dr. Joan Reglá, continuó ampliando la temática sobre la historia local retrotrayendo los análisis a un momento clave: el conflicto de las Germanías de 1519-1523. Trató de dilucidar el papel que jugó Villena.
A tal efecto, preparó unas «Notas sobre la intervención de Villena en la Guerra de las Germanías», Revista VILLENA, n.° 29, (1979). El minucioso estudio sobre la Crónica de Viciana le capacitó para entender el trasfondo social y popular del conflicto desatado de norte a sur del País Valenciano, así como la oposición nobiliaria cuya causa abrazó Villena, convirtiéndose en reducto del ejército realista. Con estos precedentes, no era nada extraña la actitud profilipista posterior en la Guerra de Sucesión.
Pero el interés por su ciudad natal va más allá de lo meramente teórico, es, fundamentalmente, vital. El Dr. Sebastián García Martínez, como he dicho antes, participa en la fiesta, desfilando con la comparsa de estudiantes. En ningún momento dejó de hacerlo desde 1958, lo que añade una dimensión humana singular que completa la personalidad de este gran historiador. Para Sebastián, la fiesta guarda un sentido profundamente popular y de convivencia cívica que posibilita la integración de todos los estratos sociales en ella. En el caso de la Fiesta de Moros y Cristianos, cada festero actúa fraternalmente con el otro dentro de su agrupación, se solidariza de forma mutua a la vez que representan un determinado papel dentro de la Comparsa. Además de ser un espectáculo de masas donde todo el pueblo sin distinciones de clase se divierte enardecido por la música de las bandas, los fuegos artificiales, etc. En resumidas cuentas, la fiesta es una sana tradición que hemos de conservar, perfeccionando si cabe aquellos aspectos internos o formales de la misma a fin de que no pierda su sentido cívico, social e histórico. Así lo dio a entender en el II Congreso Nacional de la Fiesta de Moros y Cristianos que se celebró en septiembre de 1985. Su ponencia, «La fiesta Como expresión social y cultural del pueblo», refleja parte de su pensamiento al respecto.
En 1975 opositó a una adjuntía de Valencia y en 1978 ganó una agregación de la Universidad de Málaga. A pesar de su breve estancia, mantuvo fecundas relaciones académicas con sus colegas andaluces, regresando de nuevo para ser nombrado Director General de Enseñanzas Medias y Universidades en el Primer Consell del País Valencià, siendo conseller de Educació Josep Lluis Barceló. Compartiendo el cargo con la docencia en la Facultad de Geografía e Historia, puso en marcha un proyecto experimental de normalización lingüística para las es-cuelas valencianas que interrumpió por cesar en 1979. De inmediato, siendo rector Joaquín Colomer, le designó como vicerrector de extensión universitaria. Este puesto académico le hizo concebir un plan que podría servir para acercar la Universidad a la sociedad. Así, creó el servicio de Cultura Universitaria Popular, asesorado por la inestimable ayuda de los doctores López Piñero, Laureano Robles y Vicent M. Rosselló. Una serie de conferencias y exposiciones dieron a conocer diversos aspectos científicos del País. Intervinieron, entre otros, Victor Navarro, E. Portela, S.Albiñana, V. Salavert en el simposio «La historia de las ciencias y la enseñanza» (1980), y A. García, E. Durán, M. Batllori en el curso sobre «Joan Lluis Vives i el seu temps» (1981). Con todo, estas actividades tampoco le alejaron de las aulas, impartiendo clases lectivas y cursos de doctorado en la Facultad, dirigiendo la tesis de T. Hernández y la F. Aleixandre, preparando discípulos tales como M. Arroyás, V. García, M.V. García Esteve y Vicent Salavert. Además coordinó los volúmenes IV y V de «Nuestra Historia» (1980-81), escribiendo el prólogo y el capítulo «La vida política (1523-1609)», vol. IV. Colaborando entre otros historiadores citados más arriba, Mariano Peset, V. Graullera, Manuel Ardit, etc.
A principios del curso de 1981-82, hubo de trasladarse a Murcia como Catedrático de Historia Moderna, siendo elegido Director del Departamento. De entonces a acá, vivió el último período de esplendor intelectual, demostrando dos cualidades innatas en él: su capacidad para crear escuela y sus grandes dotes de organización que puso en práctica fomentando seminarios, el congreso Ciudad y mar en la Edad Moderna (Cartagena, 1984), equipos de investigación, repartiendo las tareas equitativamente entre sus colegas de Departamento sin menospreciar a nadie.
Murcia no fue obstáculo para continuar vinculado a la Universidad de Valencia, a la que aspiraba volver. Además la defensa de tesis doctorales, M. Morant, Lluis Guía, que dirigió; igual que la de Amparo Filipo, de tesinas de antiguos discípulos le obligaba a contactos permanentes. Y precisamente, cuatro días antes del óbito, leyó la última del licenciado Evarist Caselles que versó sobre El Municipio de Pego, 1690-1700. Pertenecía también al consejo de redacción de revistas especializadas como Estudis, Llull, L'Espill, Dianium, Debats, Areas (Murcia), asiduo colaborador de Villena y director de Afers, en la cual le asesoran dos de sus entrañables amigos, Antoni López Quiles y Vicent S. Olmos. Con ellos prefiguró dos Asambleas de historia en las comarcas de la Ribera (1980), de l'Horta-Albufera (1981), que tanta importancia han tenido para el resurgir de la historia local. Del mismo modo que tendió un puente científico con los pueblos inmediatos, lo hizo al coorganizar congresos internacionales, junto a los colegas franceses, J. Mouyen y F. Sureda, en Pau (1978-1981), participando con ponencias en Toulouse (1982), Brujas (1986). Este era el sentido universalista que Sebastián García Martínez poseía de su profesión.
Como investigador poseía diversos galardones, los premios «Lo Rat Penat» (1964), Extraordinario de Licenciatura (1966) y Doctorado (1972), concedidos estos últimos por la Universidad. También el I premi literari «25 d'abril» (1981), que concede anualmente el Ayuntamiento de Benisa. Era miembro de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias (1977), Consejero de número de la Institución «Alfonso el Magnánimo» (1980-1984), Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia (1982), y miembro del Comité ejecutivo del Quinto Centenario del Descubrimiento de América en la sede de Valencia.
Villena, la historiografía valenciana, la Universidad, todos en general, hemos perdido a un intelectual de talla, clarividente, leal con sus ideas, comprometido con la libertad, con una trayectoria limpia, honesta. Muchos amigos, colegas, esperan rendirle un homenaje que será internacional. Sus discípulos tratarán de recuperar su obra para continuar el camino que trazó.
TELESFORO-MARCIAL HERNÁNDEZ
Profesor de Historia Moderna. Universidad de Valencia
Extraído de la Revista Villena de 1986

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