1928 A LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES

A LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES
Virgen de las Virtudes, Patrona de Villena,
estrella fulgurante, simpático Morena,
caudal inagotable de gracia y de virtud,
ante tus pies postrada se rinde el alma mía
y entona en honor tuyo la dulce canturía
que brota jubilosa del mísero laúd.
Quisiera yo ofrecerte canciones más hermosas,
tesoros de poesía, estrofas armoniosas,
en versos cincelados de amores y de fe,
más sólo en este día traer puedo a la memoria
las páginas brillantes de tu brillante historia,
ya que otra cosa, Madre, decirte no sabré.
En tiempos ya remotos tu pueblo acongojado
sintió sobre su espalda el látigo irritado
que azota sin clemencia con furia de huracán;
la peste inexorable, cruel, devastadora,
al pueblo villenense consume y le devora
con ímpetu irascible de fiero Leviatán.
Tus hijos angustiados se alejan de Villena
llevándose su alma sumida en honda pena
y el pecho atravesado de espinas de dolor,
pero el azote duro persígueles constante
sin que pararlo pueda el eco sollozante
de la madre que llora al hijo de su amor.
En su aflicción amarga buscando algún consuelo
elevan suplicantes sus ojos hacia el cielo
pidiendo los auxilios del que murió en la Cruz;
y tu bendito nombre por tres veces resuena
como feliz presagio que ahuyentará la pena
y extinguirá las sombras con su bendita luz.
Buscando van tu imagen por sendas y caminos
y salen a su encuentro dos bellos peregrinos
que del murciano reino van a la Capital;
conducen afanosos la misteriosa caja
en que desde los cielos hasta Villena baja
cual donación divina, tu imagen ideal.
Y miran los enfermos tu rostro sonriente,
fulgura en tu mirada la luz resplandeciente
de la encendida llama del maternal querer,
y a su conjuro mágico la peste huyó aterrada,
sintió dulce consuelo el alma acongojada
y se postró admirando tu celestial poder.
Y eres ya desde entonces la imagen venerada,
la madre cariñosa, la perla idolatrada
del pueblo que te aclama con loco frenesí,
y no hay un villenense que no sienta en su alma
una inmensa oleada de paz, de luz, de calma,
cuando tu auxilio implora, postrándose ante tí.
A tí acude llorosa la madre del soldado
que vió a su hijo querido marcharse de su lado
para en la cruda guerra, valiente pelear:
es pobre y no te puede hacer mayor ofrenda,
pero te quiere mucho y de su amor en prenda
lleva aceite a la lámpara que alumbra ante tu altar.
Eres tú de los tristes la refulgente estrella
que alumbra los caminos con luminosa huella
de alientos y esperanzas, de amor y de ilusión;
eres la madre dulce, la fiel consoladora
a la que acude siempre el que afligido llora
porque en su pecho lleva sangrado el corazón.
Y eres ¡oh Virgen santa! tan buena y tan clemente,
y tienen tus sonrisas un don tan atrayente
que sólo al ver tu rostro se olvida ya el sufrir,
las penas se disipan, las crueles amarguras
se cambian en torrente de místicas dulzuras
que infunden esperanzas, que alegran el vivir.
¡Qué triste cuando vienes en son de rogativa!
El alma de tus hijos queda de tí cautiva
al ver en tus mejillas señales de aflicción;
tú lloras con Villena al verla congojada
y tus lágrimas traen la lluvia deseada
que baja de los cielos como una bendición.
En cambio, qué risueña, qué alegre y placentera
cuando en las fiestas vienes al pueblo que te espera
para expresar con vítores su devoción filial;
como una reina augusta caminar yo te veo
cuando el momento llega de tu triunfal paseo
al son de los acordes de la marcha Real.
Pero nunca te ha visto tan bella y sonriente
como el día en que tu pueblo la corona esplendente
sobre tus puras sienes llorando colocó:
fué aquel el día del triunfo, el día de la victoria,
y creo que hasta Dios mismo, desde su eterna gloria
rompiendo el tul del cielo, por verte se asomó.
Yo siempre que te miro te encuentro tan hermosa,
que en todo el universo no veo ninguna cosa
con que mí mente pueda tu gracia comparar:
¡Virgen de las Virtudes! simpática Morena,
¿Qué quieres que te diga un hijo de Villena?
¡Que como tú no hay otra! ¡Que tú no tienes par!

Poesía de D. Gaspar Archent que obtuvo el premio de la Junta de la Virgen en los Juegos florales de 1926

de paz social, de tolerancia, de fraternidad, de amor, de caridad, que es medicina que borra rencillas y odios, que hace desaparecer esos partidismos ridículos y esos personalismos bajos, impropios de estos tiempos en que tanto se blasona de tolerancia y libertad. ¡Que en Villena reine la Caridad! Que se amen los pobres y los ricos de mi pueblo; los patronos y los obreros; los grandes y los pequeños; los hombres de letras y los rudos campesinos; que se amen todos, y todos juntos luchen por el engrandecimiento de nuestra amada Villena. Lo que quiero para Villena: los mejores adelantos materiales en todos los órdenes, pero aunados a las irás selectas y preciadas virtudes del espíritu. Que Villena tenga unos hijos que la honren con su trabajo, con sus desvelos, con su hospitalidad y con su hidalguía—que son virtudes legendarias de nuestro pueblo—pero sobre todo con la caridad, que es la medicina divina capaz de curar todos los males que afligen a la sociedad contemporánea. Que nos amemos mucho todos los hijos de Villena. Ya tenemos el camino señalado.
No hay más que extender a nuestros prójimos los efluvios generosos de ese cariño inmenso que desde pequeñuelos fué depositando nuestra madre en nuestros tiernos corazones, cuando nos enseñaba a mirar con ternura a la Virgen de las Virtudes, a esa Imagen benditísima de nuestros amores, centro de atracción de todos los corazones villenenses.
José Sandoval
Dr. en Medicina
Extraído de la Revista Villena Joven de 1928

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