DESAYUNO CON… Toni, “El de la Banda”
En este instante en el que la memoria se enciende y los sueños de festeros y músicos vuelven a latir, aparece la figura de un hombre sencillo y entrañable: Antonio Esteban Navarro, Toni “El de la Banda”.
Siempre con su carpeta bajo el brazo, siempre con el silbato atento al aire, como si la música pudiera desbordarse en cualquier esquina. Era parte del paisaje de la Banda Municipal de Villena… pero, sobre todo, era parte del corazón de sus días grandes.
Toni no caminaba: acompañaba al compás. Daba pasos cortos, discretos, casi humildes, pero en cada uno de ellos cabía una ilusión inmensa. Tenía esa forma suya de estar en el mundo, entre la inocencia y la entrega, entre la sonrisa fácil y la fe absoluta en lo que amaba.
Dicen que era iluso, que era ingenuo. Pero quizá era otra cosa: la rara virtud de creer de verdad en aquello que a otros se les olvida. Fabricaba amigos como quien dobla papel para hacer pajaritas, sin darse cuenta de que también él, poco a poco, se iba quedando volando en los recuerdos de los demás.
En la Entrada del día cinco, cuando Villena se convierte en música y la música se convierte en pueblo, Toni era uno más… y al mismo tiempo, alguien imposible de no mirar. Orgulloso, emocionado, con los ojos abiertos como si el mundo entero desfilara por primera vez ante él. Y el pueblo, sin saberlo, le devolvía esa mirada en forma de aplauso.
El recuerdo lo trae de vuelta con su traje de músico, la batuta en la mano, los zapatos impecables y esa forma suya de avanzar sin mirar atrás, como si el presente fuera demasiado grande para contener tanta alegría.
Y entonces la memoria se detiene un instante… porque hay vidas que no se apagan del todo, solo cambian de lugar.
Música que sigue acompañándole.
Allá donde esté.
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