Las nuevas tecnologías, un reto para la lectura pública.
Pilar Díaz Martínez
Hace ya un año que en nuestros hogares entraron palabras como teletrabajo, correo electrónico, ayuntamiento virtual, telebanca y un largo etcétera. El proyecto Infoville ha venido a nuestra ciudad como máxima manifestación de la sociedad que nos rodea, la llamada sociedad de la información: se ha instalado en nuestras casas y centros de trabajo. Esta explosión de recursos de información no puede hacernos permanecer invariables porque, como todo cambio tecnológico, llevará aparejado consigo un cambio cultural y social.
Por lo que respecta a las Bibliotecas Municipales este proyecto ha venido a acelerar la implantación de otros en los que se venía trabajando desde algunos años atrás: informatización de catálogos, fonoteca, etc. El proyecto Infoville viene a sumarse y a complementar las funciones que tradicionalmente tiene encomendadas la biblioteca como centro por excelencia de lectura pública: la informativa, la alfabetizadora, la educativa y la cultural.
Infoville también nos ha hecho reflexionar sobre el avance de los medios de comunicación, la influencia sobre el hombre en su acceso a la cultura y al saber en otros soportes diferentes al libro y, por extensión, sobre el papel que las Bibliotecas Públicas deben asumir en estos tiempos de la llamada era de la información.
Como primera reflexión deberemos replantearnos el significado del término lectura: ¿Qué entendemos hoy por leer?, ¿qué actividades pueden desarrollarla?, ¿quiénes están responsabilizados en la formación de los lectores?, ¿leer libros, sólo libros?
Desde su creación, las Bibliotecas Públicas Municipales, han prestado especial atención a la difusión del libro, al arraigo de hábitos lectores entre la población infantil y juvenil, a la selección de fondos que faciliten un contacto placentero con el libro, a la difusión de la biblioteca como centro de información, etc. Para ello hemos buscado apoyos en la escuela y en la familia realizando múltiples actividades.
Pero hoy en día, sin duda el término lectura no puede quedar ceñido al dominio del código que nos permite descifrar la letra impresa. El aprendizaje de la lectura no puede quedar reducido al primer ciclo de la enseñanza primaria, porque leer va más allá, sabremos leer cuando comprendamos cualquier texto con diferentes funciones e intenciones.
Es necesario restituir a la lectura su sentido de práctica social y cultural. La lectura es un medio que va a transcender la etapa escolar. Es necesario entender la lectura como una poderosa herramienta que nos va a posibilitar la comunicación con los demás, además de ser fuente de placer y de aprendizaje.
Por todo lo dicho el concepto de lectura en la biblioteca adquiere dos importantes aspectos: la lectura de textos literarios y la lectura de textos informativos.
El acercamiento a la lectura literaria debe enfocarse desde un doble punto de vista, el del conocimiento de la literatura como parte de los conocimientos a adquirir en la escuela y por otro el placer de leer, es decir desvincular trabajos obligatorios del acto personal de leer, el poder leer gratuitamente, sin nada a cambio que lo escolarice.
Por lo que respecta a la lectura de textos informativos, todos los que tenemos que ver en el tema debemos realizar un serio análisis de este tipo de lectura. Hasta ahora hemos pensado con total tranquilidad que un niño sabía leer cuando reconocía las letras, sabía asociarlas a las de su alrededor y las pronunciaba, pero leer va más allá. Leer supone comprender un mensaje para conseguir tras ello satisfacer el propósito que nos acercó al texto. Es necesario para ello conocer no sólo el código que nos ayuda a descifrar el mensaje sino disponer de una serie de conocimientos y destrezas que nos permitan afrontar con éxito cualquier tipo de lectura. Hemos estudiado con apuntes, con libros de texto, con manuales, pero ¿cuántas veces hemos accedido a las fuentes?, ¿acaso la formación intelectual no se basa en el libro?
Conviene que la enseñanza de las diversas asignaturas recurra con más frecuencia a la biblioteca, escolar o municipal, use sus textos y que se llegue al conocimiento tras la realización de búsquedas e investigaciones.
Es necesario proceder a una revisión del modelo tradicional de biblioteca y la adecuación ha de producirse paulatinamente. No basta ir incorporando los nuevos servicios y nuevos soportes sin que por parte de la sociedad se produzca un debate y una seria reflexión sobre lo que entendemos por leer, y el papel tanto de la escuela como de la biblioteca como formadores de lectores y/o usuarios de textos, sea cual sea su soporte, todo ello en aras de facilitar el acceso de todos los ciudadanos al mundo del saber y de la información, tal y como se presenta actualmente: televisión, CD-Rom, correo electrónico, etc. La biblioteca no puede ser una biblioteca de conservación, sino una biblioteca de comunicación, donde el centro de interés principal ya no es el libro sino el usuario.
La biblioteca es ante todo garante de una serie de libertades que permiten al hombre profundizar en un continuo crecimiento personal, por ello ha de facilitar e incorporar nuevos soportes y herramientas que le ayuden a conseguir estos fines que forman el sustento en el que se basa la función social de la biblioteca.
Estamos siendo bombardeados por la idea de la necesidad de estar informados, las posibilidades que ofrece Internet, y hablamos de todo ello como si de un gran dios se tratara. Todo parece reducirse a las posibilidades de comunicación y de información que nos ofrecen las nuevas tecnologías pero, ¿qué hay del conocimiento?, ¿qué sentido tiene disponer rápidamente de una información si no poseemos las herramientas necesarias para analizarla, compararla, interiorizarla? Esto nos lleva a la segunda reflexión: la información debe ser considerada cada vez más como el objetivo central de las bibliotecas públicas y esto conlleva en si la democratización del acceso a las nuevas tecnologías.
La biblioteca justifica en estos planteamientos sus criterios de selección de libros, la informatización de los catálogos, la edición de guías de lectura, las actividades de promoción, etc., incorporación de nuevos soportes. Junto con la escuela la biblioteca tiene la obligación de proporcionar y facilitar el acceso al mundo de la información. Sin embargo son muchos los ciudadanos que no pueden acceder por su cuenta a la información electrónica debido a su condición económica o formativa, Es necesario que la biblioteca conciba el hecho de facilitar la información unido al hecho de contemplar una correcta formación de usuarios. Por tanto debe de facilitarse el acceso libre y gratuito a los servicios de que dispone.
Urge que en el seno de la familia se reflexione sobre el impacto de las nuevas tecnologías y las consecuencias que pueden tener en la formación de nuestros hijos e hijas. Urge que la sociedad deje de sacralizar los avances tecnológicos y adopte actitudes críticas. Urge que la escuela revise el término lectura y en ella se aprenda a aprender, favoreciendo el desarrollo de los procesos del pensamiento y no del tradicional conocimiento declarativo. Urge que la biblioteca forme a los usuarios en el acceso físico e intelectual a la información ya que si no podemos encontrarnos con una sociedad fuertemente tecnificada con un grave índice de analfabetismo. Urge por parte de todos que se trabaje para aprender/enseñar a pensar, aprender/enseñar a informarse y aprender/enseñar a aprender, que es lo mismo que recuperar la capacidad de sorpresa y curiosidad del hombre que el uso indiscriminado de medios como la televisión nos han quitado.
No podemos permanecer pasivos ante este aluvión de información, la profusión de nuevos soportes, el elevado número de productos con que nos satura el mercado sin que reflexionemos al respecto. Si no nos planteamos seriamente la cuestión podemos encontrarnos ante una sociedad altamente informada, con capacidad para almacenar ingentes cantidades de datos, transmitirla en décimas de segundos, etc., pero sin que los hombres y mujeres que la forman estén preparados para elegir lo que quieren, discernir lo que buscan, ser autosuficientes, libres en suma.
Por lo tanto la biblioteca pública debe ofrecerse a la comunidad como el espacio en que puede acceder libremente a la información, al conocimiento, a la cultura, desde la gratuidad, que es la forma más democrática e igualitaria que hay.
La idea de biblioteca que aspiramos a tener tendrá que ir incorporando nuevos servicios, tal y como lo vamos a hacer: fonoteca, página web, Infoville, etc. Pero éste es sólo el primer paso, con la instalación de ordenadores o el préstamo de CDs, no habremos hecho más que empezar, queda el reto más importante: el que cualquier miembro de nuestra comunidad posea las herramientas necesarias para poder acceder a los diversos fondos que conservamos.
Extraído de la Revista Villena de 1998


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