CUANDO VILLENA ESCRIBIÓ A LORCA
Por Fabiola Martínez Espinosa
Hay historias que no necesitan haber ocurrido a lo grande para quedarse.
A veces basta una postal.
Una fotografía del castillo. Unas líneas escritas deprisa. Un nombre conocido al otro lado del papel.
Y, de repente, Villena aparece en la vida de Federico García Lorca.
No como una visita del poeta a nuestra ciudad, eso no está documentado, sino de una manera mucho más íntima: Villena llegó hasta él a través de las cartas de uno de sus amigos más cercanos de juventud, Lorenzo Martínez Fuset.
La historia nos lleva a 1917.
Federico era todavía un joven que buscaba su camino entre la música y la literatura. Unos años antes, durante el viaje universitario que realizó por Andalucía con el profesor Martín Domínguez Berrueta, había conocido en Baeza a Lorenzo Martínez Fuset. Entre ambos nació una amistad intensa, de esas que se alimentan de cartas largas, confidencias y una necesidad casi adolescente de contárselo todo.
Lorca lo llamó en Impresiones y paisajes «gran amigo y compañero».
Y Fuset le escribía como quien escribe a un hermano.
En julio de 1917, una postal salió de Villena rumbo a Burgos, donde se encontraba Lorca.
En ella aparecía el castillo.
El remitente era Lorenzo Martínez Fuset.
No sabemos con certeza por qué estaba aquel verano en Villena. Y quizá sea precisamente ese pequeño misterio lo que hace que la historia conserve su encanto. La documentación permite afirmar que estuvo aquí, pero no cuál fue exactamente el motivo de su estancia.
La postal, sin embargo, sí quedó.
Una imagen de Villena viajando hacia Federico.
Y unas semanas después, la ciudad volvió a entrar en sus cartas, esta vez de una manera mucho más inquietante.
Villena estaba viviendo la huelga general de agosto de 1917.
La ciudad se había convertido en un lugar tenso. Los trabajadores habían cortado las comunicaciones ferroviarias y telegráficas. Las estaciones estaban ocupadas. La Guardia Civil había sido reforzada. Y durante la noche se produjeron enfrentamientos armados con heridos y un muerto.
Desde aquella Villena convulsa, Fuset volvió a escribir a Federico:
«Me hallo en Villena, donde reina una gran huelga y se oyen tiros en gordo y a todas horas.»
La frase tiene más de un siglo.
Y todavía tiene una fuerza extraordinaria.
Porque de repente la historia deja de ser una fotografía antigua.
Podemos imaginar a aquel joven escribiendo desde una ciudad incomunicada, tratando de llegar a casa con su hermana Antonia, mientras al otro lado de la carta estaba Federico, todavía muy lejos de convertirse en el Lorca que hoy conocemos.
Fuset termina llamándolo "mi hermano de corazón".
Antonia añade una pequeña despedida:
"Le felicita su amiguita Antonia:.
Son apenas unas líneas.
Pero las líneas pequeñas también guardan historia.
Hoy conocemos a Lorca como uno de los grandes nombres de la literatura española. Sabemos lo que vendría después: Romancero gitano, Poeta en Nueva York, Bodas de sangre, Yerma, La casa de Bernarda Alba.
Pero en 1917 todavía no existía ese Lorca para el mundo.
Existía un joven que recibía cartas de sus amigos.
Y entre ellas, dos imágenes de Villena habían encontrado camino hasta él.
Una era la del castillo.
La otra, mucho más invisible, era la de una ciudad atravesada por la tensión de su tiempo.
Ahí está lo verdaderamente hermoso de esta historia.
Villena no necesitó que Lorca viniera para formar parte de su historia.
Bastó con que alguien estuviera aquí y pensara en él.
Una postal salió de Villena.
Una carta salió de Villena.
Y las dos llegaron a Federico.
Más de cien años después, aquellas palabras nos permiten mirar nuestra ciudad con otros ojos.
Porque las ciudades también tienen correspondencia.
También viajan.
También dejan huellas lejos de sus calles.
Y quizá aquel joven que escribió desde Villena no podía imaginar que, más de un siglo después, alguien volvería a leer sus palabras para descubrir algo que entonces parecía insignificante:
que durante un verano de 1917,
Villena le escribió a Lorca.
Foto castillo 1912
El Castillo de Villena, en la postal que Lorenzo Martínez Fuset envió a Federico García Lorca el 18 de julio de 1917.
Villena 28 de septiembre de 2026

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