Villena en el Compendio de Montesinos
Vicente Vázquez Hernández
José Montesinos Pérez y Martínez de Orumbella nació en Orihuela el 5 de julio de 1745, y fue, como él mismo indica en sus obras, «Maestro en Artes, Escritor Público y Catedrático de latinidad en la Universidad de Orihuela», ciudad donde falleció el año 1828. Dedicado a la investigación y divulgación de los temas locales, escribió el Compendio histórico de Orihuela, obra manuscrita en veinte volúmenes que quedó inédita.
Se inició en los estudios de Latinidad en su ciudad natal. Después de un periplo de estudios diversos en Orihuela, Valencia y Gandía, en cuya Universidad consiguió graduarse en Artes, alcanzó la cátedra de Rudimentos de Gramática que sacó a concurso el Ayuntamiento de Orihuela, lo que le permitió ocupar vivienda y cobrar un sueldo municipal. La preparación de sus oposiciones le supuso un largo retiro de dos años durante los cuales estudió a fondo las obras de los Santos Padres y la Biblia, bagaje cultural con el que afronta su vida profesional y su actividad erudita, de la que forma parte el Compendio Histórico Oriolano, obra en veinte volúmenes a cuya definitiva redacción se dedicó de lleno a partir de 1793 al conseguir la jubilación a los cuarenta y ocho años de edad. Para ello le debieron servir mucho los datos obtenidos en los pueblos que visitaba en calidad de examinador de latín comisionado por el Ayuntamiento de Orihuela con el permiso del rectorado de la Universidad. Durante sus viajes consultaría manuscritos y archivos de ayuntamientos y parroquias, coordinando a su manera los resultados obtenidos.
José Montesinos Pérez y Martínez de Orumbella no era ni un viajero ni un ilustrado, era simplemente un «gramático en una época en que la enseñanza de Latinidad en las escuelas estaba siendo objeto de crítica por buena parte de la intelectualidad española.
Destinado principalmente a recopilar los aspectos históricos del Obispado Oriolano, el compendio de Montesinos vino a ser una especie de amplia miscelánea en la que fueron tratados también interesantes aspectos geográfico-descriptivos del Obispado, con abundantes datos sobre la fundación y estado de lugares, villas, ciudades y parroquiales, así como otros referidos a las efemérides y apuntes biográficos sobre los personajes más ilustres de las áreas descritas. Blasones de Orihuela es la otra obra conocida de Montesinos que también quedó inédita.
A la hora de establecer un juicio crítico sobre el Compendio histórico Oriolano hay que señalar en primer lugar que el valor histórico-arqueológico del mismo en lo que hace referencia a la antigüedad es muy reducido.
El valor del manuscrito, en cambio, radica de un modo más positivo en las referencias que proporciona sobre la historia de las parroquiales, serie de sus rectores y demás elementos eclesiásticos de la misma. También en sus aspectos descriptivo-geográficos encontramos datos interesantes sobre la zona que no superan, pero que pueden completar en algunos aspectos, las aportaciones de la ya clásica Observaciones sobre el reino de Valencia de Antonio José Cavanilles, obra contemporánea a la de Montesinos. En lo que respecta al apartado dedicado a los blasones de las comunidades y localidades citadas en el libro, tampoco las referencias son muy sólidas. Más válidas, en cambio, son sus notas sobre heráldica de linajes que han sido aprovechadas en más de una ocasión por los tratadistas.
Esa misma pobreza de recursos intelectuales es la que hace que el compendio se parezca tan poco a los libros que por aquel entonces ya estaban de moda por Europa y que en España se trataban de imitar como instrumento al servicio de la administración reformista borbónica; libros de viajes o similares que, como las Observaciones... de Cavanilles, contienen valiosísimas informaciones de tipo económico de las que carece la obra de Montesinos a pesar de que ambas obras son coetáneas.
El Compendio no consiguió ver la luz pública y pasó de manos particulares a las de anticuarios. El tomo XII, adquirido por la Diputación de Alicante en 1977, forma parte de los fondos de la Biblioteca del Museo Arqueológico Provincial de Alicante y en 1982 la Caja Rural Central de Orihuela logró recuperar los diecinueve restantes, puestos a la venta por una librería de Madrid.
Con todo, hay algunas aportaciones ciertamente valiosas que hacen de su obra una fuente que no hay que despreciar, sobre todo las que se refieren a la época más cercana a la del autor.
Algunos pasajes, concretamente los que hacen referencia a la situación geográfica y estado de la economía, están copiados textualmente del Atlante Español de Bernardo Espinalt, publicado en 1778.
El Compendio Histórico es una obra muy amplia, escrita a mano a lo largo de varios años y compuesta de veinte volúmenes, en los que el autor recurre en ocasiones a volver sobre sus pasos para añadir algún dato nuevo a lo escrito con anterioridad, donde está reflejada la historia de Orihuela y las historias o relaciones de las distintas poblaciones cuyas parroquias pertenecían a la antigua gobernación oriolana, pero también hay noticias histórico-geográficas de los Reinos de España, o de los pueblos del Obispado de Cartagena, como era el caso de Villena hasta el año 1954.
Las villas y ciudades del Obispado de Cartagena las conocía menos, pues su labor se centraba en el Obispado de Orihuela, aunque algunas debía haber visitado, como es el caso de Villena, donde constan una serie de detalles y descripciones que indican su presencia en dicha ciudad, y un cierto conocimiento sobre la misma.
Los ocho primeros párrafos de la transcripción siguen casi al pie de la letra la obra de Espinalt. Montesinos se dedica a añadir o modificar palabras o frases que completan, en su opinión, el sentido del texto original.
Así, califica de «fidelísima» la ciudad de Villena, explica que las murallas están «derruidas», añade que el reloj es «público» y que (según muchos escritores)» se desconoce su fundación. El tiempo de los moros es funesto» y el agua del pozo del castillo es manantial.
En el segundo párrafo llama «hermosas las plazas, «espaciosas» las calles, y eleva a tres mil los vecinos (Espinalt dice que son dos mil). Es en todo lo referente a lo religioso, por conocerlo más a fondo, donde Montesionos introduce más cambios y modificaciones, intentando destacar y mejorar todo lo relativo a conventos y clero de la ciudad de Villena. Por ejemplo, adjetiva de exemplares» los dos conventos, añadiendo religiosos» y «de la regular y más estrecha observancia en el de franciscanos. En el de monjas agrega sujetas al Ilustrísimo Ordinario de Cartagena». En cuanto a la Patrona, la Virgen de las Virtudes, la llama muy milagrosa y de las fachadas de la Iglesia (añade Parroquial) de Santiago dice que son dignas de verse».
En el tercer párrafo nómina de «celebrada» la fuente del Chorro, y añade las ciudades de Orihuela, Murcia y Cartagena a las que son destino del camino carretero que pasa por Villena. También califica, por ejemplo, de «espaciosa» la laguna y de «famosas» las Salinas Reales.
En el cuarto párrafo añade «cebada y panizo» a las producciones de Villena. En el quinto, dedicado a la Iglesia Parroquial, agrega diversas palabras para una mejor comprensión, Así, conceptúa de «Ilustre Señor» y de «exemplarísimo sacerdote» a don Sancho (añade Manuel) de Medina, explica que por «especial Bula» «expedida en Roma» es su fundación. Dice que el Cabildo es Ilustre», y que lo gobierna. el arcediano con grandes privilegios «así Pontificios, como Regios».
En el sexto párrafo continúa con la descripción de la Iglesia de Santiago y su clero, que es «Reverendo», cambia Capellanías por «Beneficios», eleva a «Doctor» el Maestro graduado que cita Espinalt, cambia la Filosofía por Oratoria y Artes Añade un Sacristán Mayor, dos Menores, Campanero, Infantillos y califica de «decente» y «diestros» a la Capilla de Músicos.
El séptimo párrafo lo dedica a la Parroquia de Santa María de la Asunción, y explica que fue fundada con «pingües rentas a sus expensas por doña Catalina de Alarcón.
El octavo párrafo, destinado a la descripción del escudo heráldico de la ciudad, lo modifica sobre lo escrito por Espinalt, ampliando las explicaciones sobre los colores y esmaltes del escudo.
Los tres últimos párrafos se deben a la pluma de Montesinos, quien ya no sigue a Espinalt, sino a sus propios conocimientos sobre la historia de Villena, fruto de sus estudios e investigaciones en archivos y en la propia ciudad y, seguramente, del contacto con clérigos de Villena.
El antepenúltimo hace mención a un posible origen romano de la ciudad, según diversos autores clásicos, llegando a equiparar a Villena con la antigua Bilbilis (Calatayud), ciudad natal del poeta Marcial.
El penúltimo es un encendido elogio de la resistencia de Villena durante la Guerra de Sucesión, y de las batallas que se libraron en su castillo, con especial atención a la figura del corregidor don Juan Fernández de Cáceres.
En el último párrafo vuelve a incidir en los datos eclesiásticos, realizando un apresurado resumen de los conventos, congregaciones, hospitales y ermitas de Villena; y finaliza señalando una importante característica de la Villena de aquellos tiempos como es la abundancia de «fuentes de agua muy saludable-.
TRANSCRIPCIÓN
VILLENA (Tomo X, folios 975-980)
«Villena, ciudad antiquísima y fidelísima, está situada en una espaciosa campiña a los 38 grados, y 36 minutos de latitud, y 16 grados y 8 minutos de longitud, a 14 leguas de Murcia, su capital. Es ciudad abierta, y aunque en lo antiguo tenía tres puertas, en el día se puede entrar por muchas partes, por estar caídas y derruidas las murallas, pero se conserva una, llamada de la Villa, sobre la que está colocada la Torre del Relox público. no consta (según muchos escritores) quien fue su Fundador, solo si, que los romanos, según escribe Estrada, folio 285, la llamaron Arbacala. Se conoce ser muy antigua por la arquitectura del Castillo, que aún se conserva en lo más alto de una intrincada Sierra, que era Atalaya en el funesto tiempo de los Moros, y muy celebrado de la antigüedad, por el mucho terreno que descubre. Hay dentro de las murallas de este Castillo, un grande pozo de agua viva manantial de peña cortada, y una Hermita de Nuestra Sra. de las Nieves.
Tiene 4 plazas hermosas, 14 calles espaciosas principales, diversas callejuelas, y tres mil vecinos, divididos en dos Parroquias, la una con advocación de Santa María, y la otra de Santiago el Mayor, Patrono de las Españas, que está dentro de los Muros, que antiguamente circundaban la Ciudad; tiene igualmente dos exemplares Conbentos, uno de Religiosos Franciscanos Menores Descalzos, de la regular, y más estrecha observancia, que fue de la Provincia de San Juan Bautista del Reyno de Valencia; hoy de Custodia de San Pasqual Baylón: y el otro de Monjas Calzadas de la Santísima Trinidad, sujetas al Ilustrísimo Ordinario de Cartagena; una Congregación del Oratorio do San Felipe Neri; y otro Conbento de Agustinas Calzadas, de la Provincia de Andalucía, que está distante poco menos de una legua de la Ciudad, en donde se venera colocada la muy milagrosa Imagen de la Nuestra Señora de las Virtudes, Patrona de la Fidelísima Villena: Tiene un antiguo decente Hospital; doce son las Hermitas; y varios paseos: se celebra en ella una Feria cada año, muy nombrada en España el día 21 de Septiembre, que dura hasta el 4 de Octubre incluido, por especial Privilegio concedido por el Señor Felipe V, que después confirmaron los señores Don Fernando VI, y Don Carlos III. También celebra Mercado franco todos los Jueves del año. Las Casas Consistoriales, y las fachadas de la Iglesia Parroquial de Santiago son magníficas y dignas de verse.
Hay dentro de la Ciudad varias fuentes, y entre otras la celebrada del Chorro, la de las Escuelas y la del Maestro, cuya agua pasa por debaxo de un puente, que es el paso del camino carretero de Madrid, Valencia, Cataluña, Aragón, Alicante, Orihuela, Murcia, Cartagena, y las Andalucías. Se hayan otras fuentes extramuros de la Ciudad, aunque de aguas buenas, menos fecundas que son las de la Losilla, y la del Oro: De las fuentes de Villena, en donde nacen se forma un mediano Río, que después de haber molido con él seis piedras, y regado su divertida vega, en más de una legua de terreno, entra en la Albufera de la Villa de Elche, en una grande y espaciosa Laguna inmediata están las famosas Salinas Reales.
Abunda en trigo, cebada, Vino, Panizo y Cáñamo: Tiene deliciosas Huertas y sabrosas frutas, pero produce su terreno poco azeyte, y menos Seda.
La Iglesia Parroquial Arcedianal fue fundada por el Ilustre Señor Don Sancho Manuel de Medina, exemplarísimo Sacerdote, natural de dicha Ciudad, Canónigo y Dignidad de Maestrescuela de la Santa Iglesia de Cartagena por concesión y especial Bula de la Santidad de Julio II, expedida en Roma año de 1511. Su Ilustre Cabildo se compone de diez Beneficiados, y un Arcediano, llamado de Villena, que le preside y gobierna con grandes privilegios, así Pontificios, como Régios.
Hay en dicha Iglesia 14 Capellanes de número, y se compone su Reverendo Clero, incluyendo otros Capellanes que poseen Beneficios sin residencia de treinta y uno. Hay un Capellanía Magistral de Púlpito, un Maestro Doctor en universidad aprobada por Su Majestad, con obligación de enseñar la Gramática, Oratoria, y Artes. Un Sacristán Mayor, dos Menores, Campanero, Infantillos, y una decente Capilla de Músicos Diestros. Por su acrisolada fidelidad la hizo Ciudad el Sacro Emperador Carlos V.
En la Parroquia de Santa María de la Assumpción, hay un Cura Párroco y seis capellanes con el título a nombre del Cabildo. La fundó con pingües rentas a sus expensas la Señora Doña Catalina de Alarcón en el año de 1551.
Tiene por armas un Lean rampante en el centro del escudo asido a un Castillo en la izquierda; y más abaxo unas cadenas, sobre dos quarteles, en el derecho una cruz llana de oro, sobre azul; y en el izquierdo un Caldero negro sobre oro; cuyos Blasones se ven en la Torre, y en las Murallas.
El Padre Menores, Parte 1, Lib I, Cap. V, folio 13, hace memoria de Villena, diciendo=: Villena, Ciudad que da título a su antiquísimo Marquesado, unida hoy a la Real Corona de Castilla, según Juliano in Atvers Número 400, se llamó en lo antiguo=: "Arbacala est Villena vetu". Según Hortelio Sub Littera 13 fue la antigua Vilbilis, de la que trata Ptolomeo: fue Patria esta antigua Ciudad del celebre Poeta Marcial,: "Vilbilis, Hispanie Tarraconensis ad Lalonem fluorum, Oppidum Marcialis Poeta Patria que Ptolomeo Bilbilis Vocatur".
Goviérnala un Corregidor que lo es de todo su Partido: Tiene muy buenos Cavalleros y Mayorazgos, cogiéndose muchos y diversos frutos de sus fecundos campos. Resistióse valerosa en los años de seis y siete del Siglo XVIII a las enemigas tropas del Grande Felipe V de Borbón, el Animoso. Siendo en el de siete celebrada, por valerosa la defensa que hizo contra un grueso destacamento del Marqués de las Minas, General de los Aliados con designio que tuvo de ocupar la fortaleza y Castillo de Villena, pocos días antes de la famosísima batalla de Almansa, como pues rotan importante para los efectos de una Batalla, de que dependían trece Coronas. Debióse esta importante, y vigorosa defensa a la acertada y animosa conducta, en lo Político y Militar, del Señor Don Juan Fernández de Cáceres, Oydor que fue de la Real Chancillería de Granada, Alcalde de Casa y Corte y del Real Consejo, en aquéllos años corregidor de aquella Ciudad, Almansa, y demás de su Partido, y a la fidelidad de dicha antigua Ciudad, que con 350 hombres en su Castillo, y los restantes de sus Vecinos, en las murallas, no solo resistieron sus baterías, sino que viéndose ofendidos los enemigos, con pérdida considerables, abandonaron el sitio, haciendo vergonzosa su retirada con una precipitada fuga.
Tiene buenas iglesias, fervorosamente servidas de Beneficiados doctos que las hacen célebres en este Reyno; un decoroso combento de Religiosos exemplares Franciscos Descalzos de la Provincia de San Juan Bautista del Reyno de Valencia. Un Monasterio de Religiosas Calzadas del Orden de la Santísima Trinidad. Una congregación del Padre San Felipe Neri; un caritativo Hospital; varias Hermitas; y fuentes de agua muy saludable.»
Extraído de la Revista Villena de 1998

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