23 abr 2026

1960 A COMERSE LA MONA A BULILLA

Familia Zapater Martínez el primer día de pascua por el regajo camino de Bulilla como manda la tradición.
Encarna amiga de la familia, Alejandro Zapater Rovira “Pavo”, Isabel Martínez Quiles, “Fraile” un amigo y vecino, Ángela y Toni Zapater.
Foto cedida por… Toni Zapater “el Pavo” - fecha sin confirmar.

1981 RETRETA PEÑA "LOS TITIS" MOROS VIEJOS

Retreta Peña Los Titis de la comparsa de Moros Viejos, como anécdota, decir que el día de antes les tocó el premio de los iguales de la Once, por lo que lo celebraron a lo grande, con el 7º de caballería. Entre otros... Biosca, el Gallo, el Pavo, el Oso, Pascual, "Pata Seca", el Mosquito, el Biscuter, el Amoroso....
Foto cedida por... Toni Zapater "el Pavo"

1983 REALISTAS PREPARADOS PARA ALMORZAR

Realistas después de la Diana esperando para almorzar, en aquella época la capitanía de los Moros Realistas estaba en la calle la Cruz.
En la foto... Agustín Micó, Evaristo, Rafa, Gaspar Martínez, José Gil “Chiri”, Toni “el Herrero”, Ricardo Orttuño y Carlos (Bilbao)
Foto cedida por… Leopoldo Amorós Palazón (fecha sin confirmar)

1994 CARRERA DE CAMAREROS EN SANTA MARTA

El 29 de julio hace unos años se celebraba Santa Marta la patrona de la hostelería, camareros y cocineros, era un día festivo en el que la mayoría de bares cerraba y todo el personal del ramo de la hostelería se juntaban para pasar el día y comer todos juntos.
Una de las actividades era la carrera de camareros, en las siguientes fotos vemos en su mayoría a los camareros del Salón Pepe y de la discoteca Época del que era gerente Toni Zapater “el Pavo”.
 Manchego, detrás Miguel y Charli.

Manchego, Vicente, Juan José, Diego, Toni Zapater, Pepe “Candil”.

Toni Zapater, Miguel, Juan José, Manchego, Charli.

“Manchego”, Vicente, Juan José, Diego, Toni, Pepe “Candil”, Charli.

El equipo del Salón Pepe fue campeón muchos años. 
Fotos cedidas por... Toni Zapater "el Pavo". Fecha sin confirmar.

1978 CONTRASTES EN LA MAÑANA DEL DÍA CINCO

Contrastes en la mañana del día cinco.
Entre la ciudad y el cielo, encantada en las torres 
grises, están las campanas. A la altura de los pájaros, 
de las nubes, de las estrellas.
Una ciudad sin campanas, sería como
un rosal sin rosas,
un cielo sin estrellas,
una fuente sin agua,
un hombre sin corazón.
Por las campanas vienen los ángeles a las ciudades, 
por las campanas viene la Santa Virgen María.
Juan Ramón Jiménez.

Fue en los primeros días de septiembre. La campanica de la Virgen, con su tañido de plata, sonaba y llamaba en los corazones de los villenenses para recibir a su Madre. La Fiesta había empezado días antes sus preparativos. Con mucha rapidez y no menos nerviosismo se iban colocando las tribunas por la Corredera y Puerta de Almansa, que, junto a la calle Ancha, forman la carrera envidiada por muchas poblaciones y que sirve de marco incomparable a los desfiles de las comparsas de Moros y Cristianos. Las mujeres, también con prisas, iban de tienda en tienda, para ultimar los preparativos de sus mejores galas y también las viandas propias de la fiesta. Se estaba viviendo la fiesta sorda, que hay quien en emoción la siente más que la fiesta viva. Un hombre me llamó y emplazó para la mañana del día 5 en el Santuario. Hombre todo bondad, festero de pura cepa, número uno en la comparsa de Estudiantes, acompañante durante muchos años de nuestra Morenica por los arenales y caminos polvorientos y que por enfermedad y pérdida de facultades ya no puede hacerlo, pero que puntualmente todos los años la espera a la entrada del pueblo y siempre a su lado, custodiándola, la deja en su Trono en Santiago. Hombre inconfundible, que cuando las enfervorizadas voces de la muchedumbre alaban a la Virgen, contrarresta con su grito de «Viva el Niñico» que le hace peculiar. Este hombre era Antonio González García, alias «El Morrudo».
Puntualmente, a las diez, nos fuimos al Santuario; era la primera vez que lo hacía en esta mañana del día 5; el camino es corto y pronto lo divisamos. Bello Santuario, antaño meta de grandes peregrinaciones comarcales y regionales. Santuario ahora en obras, que esperamos ver completamente restaurado, como meta también de la devoción villenense. Hay contrastes en el camino. Tierra árida roja de los cabezos, en otra época de fértiles viñedos. Tierra de manzanos, sin manzanas, pues el pedrisco de 1976 y la helada de abril de 1977 los ha dejado en estado poco fértil. Camino de los Alamicos, sin los álamos que le dieron su nombre. Contraste también del blanco Santuario con el monte pelado a sus espaldas y su peñasco llamado «El Fraile», un poco en imaginaria y fantástica figura ya cerca de la crestería, donde, en tiempos lejanos, las jaras, el tomillo, el romero y otras especies componían una flora exuberante, que inundaba de aromas las riberas de esa laguna que por Real Orden de Don Carlos IV se desecó por la «acequia del Rey», vertiendo sus aguas al río Vinalopó, muy cerca de la Casa Zúñiga, en los primeros años del siglo XIX.
Entramos en el claustro, que recibe las caricias del sol, dando los ladrillos descubiertos de sus arcadas unas formas y sombras que han estado sepultadas, bajo el yeso, sobre doscientos años, hasta que la iniciativa de la Junta de Reconstrucción del Santuario los ha dejado en su construcción primitiva.
Sorprende que sea poca la distancia que nos separa de Villena, que arde en músicas, tracas y algarabías, y el ambiente de este rincón, foco de esplendor espiritual, donde se sueña con la historia y son sus piedras testigo mudo de esta mañana en más de quinientos años. Se siente la paz dentro del silencio monacal que se respira, que es contagioso y todos respetan. Sobre las once, se celebra la Santa Misa, la iglesia está llena y algunos «laguneros» tienen lágrimas de tristeza de ver que la Virgen se les va, aunque sea sólo por cuatro días, y en contraste, otros villeneros con lágrimas de alegría de ver que ha llegado el día deseado. Una vez la Misa finalizada, se procede al traslado de la Virgen a las andas que la traerán a Villena. Todo se hace con ritual, cuidadosamente, con respeto y con silencio; hombres son los que la bajan del camarín, librando las puertas, las escaleras, y sorteando la pila bautismal, colocada hace unos años; entonces, las mujeres, impacientes, la arrebatan —privilegio que no sabemos desde cuándo data— y, sin permitir que hombre alguno la lleve, la pasean entre vítores y aclamaciones, dando una vuelta a la iglesia y colocándola frente a la puerta de salida y mirando hacia ella, en una mesa, donde espera nuestra Madre, con ansia de madre, que llegue la tarde, para emprender un año más el camino y ser recibida por sus hijos.
Contraste en dos mañanas del mismo día 5, devocional una y bullanguera la otra, dos mañanas importantes para todos los villenenses. Muchas son las personas que no conocen la primera, y también hay personas que no conocen la segunda; la tradición se impone en estas últimas, pero esta mañana, en el Santuario, tiene «algo que cuando se conoce es difícil dejarla, pues atrae, conforta y llena de devoción el corazón hacia nuestra Virgen Morenica.
ALFONSO ESOUEMBRE GARCIA
Presidente de la Asociación de Ntra. Sra. de las Virtudes
Extraído de la Revista Villena de 1978 

IMPORTANTÍSIMO TESORO DESCUBIERTO EN VILLENA PIEZAS DE ORO DE HACE TRES MIL AÑOS "EL CASO"

IMPORTANTÍSIMO TESORO DESCUBIERTO EN VILLENA
PIEZAS DE ORO DE HACE TRES MIL AÑOS
CONSTITUYE UNA IMPORTANTE ADQUISICIÓN ARQUEOLÓGICA PARA LA CIUDAD
El delegado regional de la Sección Nacional de Excavaciones, señor Tarradell, contemplando con su colega de Villena, señor Soler García, y el abogado don Alfonso Arenas (al extremo derecho de la fotografía) y un amigo de éstos, las joyas descubiertas
Hasta Villena, la ciudad alicantina que, flanqueada por su esbelto castillo, aparece en una altura de la ruta que va desde la «mejor tierra del mundo» a la capital de España, en menos de una semana han llegado mensajes postales y telegráficos de América. Asia, África y Europa, rogando el envío de antecedentes, detalles y noticias del portentoso hallazgo de un tesoro —oro puro labrado con extraordinario arabescos— que puede barrer con su presencia material muchos equívocos, errores y suposiciones que hasta ahora imperaban en el mundo de la Arqueología.
14 diciembre de 1963 EL CASO
Las llamadas telefónicas desde todo nuestro país y de las principales ciudades de Europa, de centros investigadores y de hombres de ciencia dedicados a esta rama se suceden a toda hora, preguntando detalles y anunciando su pronto arribo a Villena para contemplar de cerca y en persona esta asombrosa maravilla, que hará luz en infinitas sombras hasta la fecha imposibles de aclarar. Y no es de extrañar. Este descubrimiento, ocurrido en las tierras hidalgas y hospitalarias de Alicante, no es uno más. Este rebasa toda la fantasía humana. Aquí no se escenifica ese hallazgo de turno, en que salta en una pared, en un muro de casa señorial, en una honda cueva montaraz o en el zafio pavimento de una cocina campesina o amparada en un olivo la clásica olla rebosante de oro amonedado, de joyas que sus dueños ocultaron para evitar los golpes rapiñeros de esas pandillas de facinerosos que caían sobre los pueblos, aldeas, villas y hasta ciudades de España, lo mismo en Andalucía, Extremadura, Galicia, Aragón o Castilla, operaciones punitivas de despojo, donde en la mayoría de los casos los ocultadores, pasados a cuchillo por los salteadores, se llevaban a la sepultura su precioso secreto, para que al cabo de los años o los siglos una simple remoción de tierras, un derrumbe de viejas casonas, o un arreglo urbano labraran la felicidad material de quien diera con la olla, el saco o el paquete ocultos.
Retrocedamos con el pensamiento a los últimos días del pasado mes de noviembre, concretamente al viernes 22, y a las once y pico de su mañana. Por uno de los arrabales de esa cuidada y bella ciudad de Villena —verdadero ejemplo de ordenación urbana; de calles amplias, limpias, de aspecto impecable, logrado por un modelo de alcalde, don Luís Cervera, avalado por un Ayuntamiento honesto y amante de su ciudad— penetra un camión cargado de tierra y piedra recogidas en terrenos comunales, a siete kilómetros de distancia, y que se acarrea casi a diario para diversas obras, cuyos propietarios las solicitan previamente, conduce el vehículo el chófer Juan Calatayud, que llega sin anormalidad alguna hasta la valla de madera que da entrada a una casa en construcción. Como de ordinario, comienza, la faena de descarga. El chófer voltea el resorte trasero y la tierra y la piedra saltan del camión y se amontonan al píe de las graveras, adonde la carga pasará seguidamente para convertirse en mezcla para engrosar la obra. De repente, de entre el aluvión de tierra y piedra surge una extraña pieza, que es recogida del mismo fondo de la gravera por el albañil Francisco García Arnedo, que comenta jocoso con el chófer:
- ¿Qué traes aquí, Juan? Esto ni es piedra ni tierra. Si no me doy cuenta pudiera haber averiado la trituradora.
El chófer salta del camión y examina aquel objeto redondo, de metal, abierto por un lado, de factura recia, con un peso de cerca de medio kilo y cubierto de mugre y tierra pegadiza.
- Claro que no es piedra ni tierra. Seguramente es una rosca, que ha perdido algún camión o que ha sido tirada por inservible. No tiene importancia el hallazgo. Lo dejaremos ahí colgado por si da suerte.
Las autoridades arqueológicas con el alcalde de Villena, don Luis Cervera, recorriendo la rambla Cascante, donde fue hallado el fabuloso tesoro.El delegado regional de la Sección Nacional de Excavaciones, señor Tarradell, contemplando con su colega de Villena, señor Soler García, y el abogado don Alfonso Arenas (al extremo derecho de la fotografía) y un amigo de éstos, las joyas descubiertas.
Y en un clavo de la puerta de la valla, dejan por el momento colgada aquella extraña rueda, rota según su leal entender, que tiene una amplitud de ocho centímetros de circunferencia y una altura de casi la misma medida. Pero esta escena, sin importancia aparente; ya que no descubre nada, era presenciada, entre otras personas que miraban la descarga del camión, por un gitano llamado Francisco Contreras Utrera, hombre de unos treinta y pico de años, que llamó la atención al chófer y al albañil con este ruego: - Si decís que eso nada vale yo os pediría que me lo dieseis. Eso, atado con un cordel, serviría de diversión a mi pequeño, que desgraciadamente no tiene ningún juguete.
El chófer y el albañil se miraron al oír las frases del gitano, se echaron a reír y exclamaron: - Poca diversión le vas a proporcionar a tu hijito, pero llévate esa rueda, que aquí no sirve para nada.
El calé Francisco Contreras Utrera se hizo cargo de aquella rueda, se la echó al bolsillo y después de dar las gracias insistió:
- Claro que no se trata de un muñeco ni otro juguete vistoso, pero para él, que no ha tenido nunca con qué alegrarse, acaso esta rueda le haga ilusión y no dé trabajo a su madre. Y se marchó el gitano tan satisfecho, mientras en la obra se reanudaba la tarea y aquella carga de tierra y piedras caía para ser triturada en la máquina y convertirse en grava, tan precisa para el cimentado y muros del edificio en construcción.
Cuando Contreras Utrera llegó a su casa buscó un cordelillo largo, ató éste a la rueda y se la entregó a su hijo, que alegre y dando gritos se la llevó a la calle como si tirara de un carrito. El gitano comentó lo sucedido con su mujer y exclamó comprensivo:
- Fíjate, mujer, con qué poca cosa se conforma esta criatura.
Y no se habló más. Mientras. el gitanillo recorrió durante todo el día las callejas del barrio, arrastrando aquello que en su infantil ilusión creía un carrillo, y hasta dio cierta envidia a otros arrapiezos de su edad. A la hora de irse a dormir, el chiquillo dejó su «carro» junto a su cama. Lo arropó la madre y al ir a salir de la habitación advirtió la mujer que aquella rueda tenía un aspecto diferente a cuando la trajo su marido. Posiblemente, del arrastre durante tantas horas por el pequeño a través del barrio se le había desprendido la tierra negruzca y parte de la mugre que antes se apelmazaba en el metal, y éste había adquirido un pálido color de rosa. La cogió, intrigada, la llevó donde estaba su marido y le advirtió aquel cambio:
- Mira, Pancho, esto puede ser de cobre, y eso lo compran, y no estamos para desperdiciar ningún dinero por poco que sea. Así es que mañana voy a ir a una joyería, la de don Carlos Miguel, en la calle Mayor, y él me dirá si vale algo.
Francisco Contreras Utrera lanzó una carcajada y exclamó:
- Tu siempre estás viendo fantasmas donde no los hay; pero, en fin, puedes llevarla a donde quieras. Pero verás cómo no, te dan ni una peseta. Y si es así, tráela para que el niño siga jugando con ella.
Estos muchachos son hijos de los hermanos Domenech, e iban con sus padres en el momento del sensacional descubrimiento.
Y la mujer, al día siguiente, corrió a la joyería de don Carlos Miguel Esquembre Alonso establecida en la calle Mayor, y se la enseñó. La tomó en sus manos el comerciante y comenzaron las sorpresas. Aquella rueda pesaba cerca de medio kilo, y tal peso no lo daban, por su tamaño, ni el bronce ni el acero. Vio también, sorprendido, aquella coloración extraña y advirtió, inquieto. que por la parte exterior presentaba un trabajo de orfebrería extraordinario. Ya francamente inquieto tomó los ácidos, raspó sobre la piedra un trozo pequeñísimo de la parte interna y comprobó tajantemente su opinión: aquella pieza era un soberbio brazalete maravillosamente labrado y se trataba de oro puro, de ese oro de 24 quilates que ya no se usa y apenas se conoce. Sin darse por aludido de lo que traía le dijo a la mujer:
- Vete ahora mismo a casa de don José María Soler y que vea esta rueda. El podrá decirte si tiene algún valor y dónde puedes venderla.
Corrió al domicilio del señor Soler García, que ya esperaba impaciente a la gitana, pues antes de que esta llegara ya el joyero le había dicho por teléfono:
- Ahí va la mujer de Contreras Utrera el gitano que lleva algo que te asombrará y cae dentro de tu cargo de delegado local de Excavaciones Arqueológicas. Es algo maravilloso.
Apenas frente a él la gitana tomó en sus manos las «rueda» la sopesó, examinó los cincelados, comprobó extraordinario de su valor arqueológico y advirtió a la visitante, tras conocer la historia del camión de la rueda y de su entrego por el chofer y el albañil para que jugara su hijito:
- Esta maravilla arqueológica no puede salir ya de aquí. Se trata de un verdadero tesoro, es de oro puro y hay que denunciar el encuentro a las autoridades.
A la mujer de Francisco Contreras Utrera, aquello de denunciar lo que ocurría a las autoridades no le hizo ninguna gracia. Se asustó, y aunque, como su marido, son gitanos de conducta, irreprochable, no hizo la menor objeción y se marchó a su casa a contar al gitano lo que pasaba.
El señor Soler García, como funcionario de la Dirección General de Bellas artes, se puso inmediatamente al habla con las autoridades, y éstas, en una rápida investigación, comprobaron la veracidad de le dicho por la gitana y su marido, y por su parte el chófer y el albañil explicaron lo que había ocurrido, dónde se había cargado la tierra y cómo sin pensar de qué se trataba se la habían regalado al gitano.
Ya es hora de que hablemos de la relevante personalidad - se le conoce en todos los centros investigadores y en las instituciones arqueológicas del mundo entero - de don José María Soler García, que, ostenta la categoría de delegado local de Excavaciones Arqueológicas, cargo completamente honorífico, sin remuneración alguna, y que dicho señor atiende con verdadera devoción, por ser un gran fanático en tan delicada materia. Pero dicho señor, que carece de bienes de fortuna, tiene que ganar el pan de cada día trabajando como contable en una factoría de Villena. Y este hombre, benemérito por tantos conceptos., acepta toda suerte de sacrificios económicos, pero en sus ratos disponibles, y hasta restando horas al sueño y a su familia, ha dado frutos a la Arqueología que son la admiración de la Dirección General de Bellas Artes y el orgullo de Villena, donde todo el vecindario le respeta, quiere y le tiene catalogado como un verdadero sabio en esa profesión delicadísima, que nada le produce materialmente y sí muchos trabajos y desvelos:
El señor Soler García, cuya afición desbordada hacia los misterios de la Arqueología data desde hace un cuarto de siglo, ha logrado reunir, en un cuidadoso y pulcro museo, verdaderas maravillas, descubiertas por su constante esfuerzo en los campos, montes y barrancos de las cercanías de Villena, tierra pródiga en hallazgos arqueológicos verdaderamente notables, que se agrupan ordenadamente en unas vitrinas magníficas. Allí se advierte la presencia de más de sesenta mil piezas de pedernal, de maravillosas puntas de flechas silíceas, espadas, una talla en piedra muy semejante a la de la famosa «Dama de Elche». También ha registrado cuevas, que logró descubrir, tales como la «Huesa Tacaña», donde encontró restos materiales de sílex. Otra cueva, conocida por «El Lagrimal», que señala la presencia y auge en estas tierras de los períodos neolítico, paleolítico y la Edad del Bronce, que adquiere en esta zona villenense una importancia enorme para los investigadores arqueológicos. Y todo esto, más el descubrimiento de poblados prehistóricos, donde debieron vivir gentes dedicadas al pastoreo y a la caza de una manera semi-trashumante. Así lo ha demostrado y comprobado este honesto contable en las llanuras abiertas, como la de «La casa de Lara» y en las alturas de «Monte Morrón» y «Cabezo Redondo».
El industrial zapatero de Villena Enrique Domenech Albero, que puso al descubierto el famoso tesoro.
Pero el señor Soler García ha hecho adeptos verdaderamente fanáticos en estos trabajos de investigación. Desde hace más de quince años le acompaña en sus excursiones semanales un modesto industrial zapatero, don Enrique Domenech Albero, que también coopera desinteresadamente, y que vive en la avenida de Alicante, número 8. Posteriormente se unió a estos dos hombres esforzados un hermano del zapatero, llamado Pedro, obrero agrícola domiciliado en la calle de Juan Carrera López, 22, y finalmente los padres ilusionaron a sus pequeños hijos de los mismos nombres -dos muchachillos de doce y catorce años-, que dejando sus juegos infantiles formaban parte de las expediciones integradas por los autores de sus días y por el señor Soler García.
Cuando el reportero se presentó el pasado jueves en Villena, ya las autoridades superiores conocían el lance del brazalete del gitano y otro hallazgo posterior en el mismo lugar donde se cargó el camión tripulado por el chófer Juan Calatayud, que encontró otro brazalete de menos peso y dimensiones, y que se apresuró a entregarlo a las autoridades, comprobándose que era de las mismas características arqueológicas que el primero, y además señaló sobre el terreno, dónde estaban tales maravillas. Cuando nos entrevistamos con el señor Soler García en su domicilio acababa de llegar a Villena y charlar con el benemérito investigador el catedrático de Arqueología de la Universidad de Valencia, don Miguel Tarradell, delegado de zona del Servicio Nacional de Excavaciones, que vino de la ciudad del Turia para contemplar el fabuloso tesoro encontrado posteriormente a los brazaletes ya citados.
El señor Soler García, que es un sugestivo y ameno conversador, nos cuenta a los presentes de una manera detallada lo sucedido, que marca una fecha de orgullo y gloria para la arqueología y la comarca de Villena.
Pedro Domenech Albero, que con su hermano Enrique formaba parte de la expedición.
Completamente seguro de que aquellos dos brazaletes eran el prólogo de otros hallazgos de capital importancia para la arqueología hispana, preparó una excursión para el domingo 1 de diciembre a la antiquísima rambla de Cascante, que separa el monte Morrón y la Solana, todos ellos propiedad del Municipio villenense, que distan seis kilómetros y pico de la ciudad. Las grandes inundaciones de pasados tiempos han provocado desplazamientos de tierra, erosiones múltiples en la calzada., hasta convertirla en un auténtico barranco, que a la derecha tiene un socavón general de más de un metro de altura. Haciendo verdaderas proezas, los camiones pasan por tan peligroso lugar, y en sus alrededores cargan las tierras y la piedra que más tarde se transforman en grava para edificaciones.
Para ayudar al señor Soler García en esta nueva investigación integraron la expedición los hermanos Domenech Albero y sus hijos respectivos, Enrique y Pedro. Llevaban comida para no perder tiempo en regresar a la ciudad al mediodía. Emprendieron la marcha al llegar a la famosa rambla de Cascante, los tres hombres iniciaron su exploración, seguidos atentamente por los pequeños. Realizaron lo menos ocho cortes relativamente profundos durante toda la mañana, sin que lograran éxito alguno, por lo que suspendieron los trabajos para comer al aire libre. Cerca de las tres reanudaron su labor, esta vez más intensa que la anterior.
Una hora y diez minutos de esfuerzos inútiles.
Pero súbitamente, el industrial zapatero don Enrique Domenech Albero dio un grito de alegría, que más se parecía a un rugido de triunfo. - Señor Soler, Pedro, aquí ha surgido algo extraordinario y antiquísimo. Se precipitaron hacia aquel sitio los aludidos y comprobaron que Enrique Domenech, al hacer saltar una piedra de regular tamaño había puesto al descubierto, incrustado en el suelo, una especie de cuenco de barro, amplio, renegrido por el tiempo, donde envueltas en tierra, abarrotadas, se entonaba una diversidad de piezas.
- ¡Esto es increíble! Se trata de un tesoro como nunca se vio otro.
El señor Soler García sacó un papel de la cartera y escribió precipitadamente unas líneas y encargo a los muchachos de sus colaboradores en aquella hazaña que pronto seria histórica, que marcharan a Villena y la entregaran al ilustre abogado don Alfonso Arenas, persona muy versada en Arqueología, que se quedó asombrado al leer aquellas líneas que decían; «Alfonso, hemos encontrado un tesoro gigantesco, de calidad y antiquísimo. Ven rápido con un fotógrafo, un «flash» y luces. - Soler.»
El destinatario, visiblemente contagiado por el éxito, que aún no conocía a fondo, no perdió un momento en obedecer al autor del mensaje, y a la media hora, en su propio coche, con el fotógrafo, llegaba a los pedregales de la famosa rambla de Cascante, donde ya su amigo y sus colaboradores, con infinitos cuidados, habían extraído el cuenco de su encierro.
- Esto es fantástico, Alfonso -gritó el señor Soler al abogado-. No creo que jamás, ni en ningún otro sitio, se haya descubierto nada que se asemeje a esta maravilla.
Lo encerrado en el cuenco era nada menos que once especie de soperas o recipientes de excepcional tamaño, labradas exquisitamente con dibujos de gran belleza; había otras dos de más reducido tamaño, pero de igual diseño y dibujo; tres anforillas, dos de oro y una de plata, de regular volumen; veintidós brazaletes o pulseras, dieciocho con arabescos y tallas y cuatro lisas, de una belleza artística sin igual. Había también quince piezas labradas con una maestría singular, un botón, una especie de tapón y varias horquillas.
Apenas terminada esta clasificación portentosa, se procedió a quitarles a tales piezas la capa de tierra y suciedad que tenían, y como por arte de brujería adquirieron en el acto el resplandor restallante característico del oro puro. Todo lo encerrado en el cuenco de barro descubierto en la rambla de Cascante estaba maravillosamente conservado y la filigrana y los dibujos y arabescos eran de una pureza de líneas inigualable. Seguidamente se procedió a pesar todo aquello y arrojó la cifra de quince kilos setecientos noventa gramos de oro, sin contar la anforilla de plata y una especie de tazones de igual materia, pequeños, que la acción de los siglos que llevaban enterrados había casi pulverizado.
Ya clasificadas y pesadas las maravillosas piezas, se dio cuenta del descubrimiento a las autoridades de Villena, Alicante y Madrid.
Hemos hablado con el catedrático de la Universidad de Valencia, que es, como ya decimos en líneas anteriores, delegado de zona del Servicio Nacional de Excavaciones, y con el abnegado arqueólogo señor Soler García, acerca del calibre histórico, arqueológico y artístico del tesoro, y ambos nos dicen:
- Sin reserva alguna, puede decirse que todas estas piezas, del mejor oro conocido, macizas, y que van en peso desde los ochenta gramos hasta los quinientos, tienen un valor intrínseco muy grande, que queda oscurecido ante su valor arqueológico, que es formidable. Todas, absolutamente todas, se remontan a la Edad del Bronce, y tienen una antigüedad de más de mil años antes de Jesucristo, lo que significa más de tres mil hasta nuestros días. Como podrá usted advertir, están conservadas estas joyas maravillosas perfectamente. Su trabajo de orfebrería es fantástico. Resulta asombroso constatar su conservación a través de treinta siglos y pico de hallarse enterradas. Pero lo que aún desconcierta más es que hasta estos momentos, por estas tierras levantinas han sido escasísimos tales descubrimientos a base de oro, ya que sólo se conocían en Andalucía, Galicia y otras regiones de nuestro país. Aquí se han localizado poblados antiquísimos y se han encontrado piezas de hierro y piedras de tan remotísimo tiempo, pero nunca a base de metales preciosos como éste de la rambla de Cascante. Vestigios en piedra de las épocas que van desde el paleolítico y neolítico hasta el romano, pero esto rebasa y desborda todo lo que un amante de la Arqueología pudiera apetecer. Hallazgo de oro tan sólo hubo uno hace unos cinco años, muy cerca de Cabezo Redondo, a dos kilómetros escasos de esta rambla de Cascante, que ha culminado con este hallazgo inusitado de piezas tan prodigiosas.
- ¿Proyectos?
- Pues ahora, a preparar todo lo que se ha encontrado para que puedan venir a contemplarlo los investigadores, amantes y curiosos de la Arqueología. El director general de Bellas Artes, don Gratiniano Nieto Gallo, ha felicitado, entusiasmado, por teléfono a mi admirado amigo, el señor Soler, y le ha anunciado una visita personal para cuando regrese de Londres, donde se encuentra, para calibrar, a la vista, esas piezas, que son el triunfo de un hombre inteligente, perseverante y abnegado.
Ha terminado nuestro entrañable fotógrafo, Ángel García, su labor admirable con la cámara y nos despedimos de estos técnicos en Arqueología, que nos han brindado todo género de facilidades para cumplir nuestra misión profesional.
José QUILEZ VICENTE
(Reportaje gráfico de Hermanos García, de Alicante, exclusivo para EL CASO.)

1990 LOS MASEROS DESFILE CAPITANES

Vicente (Seguros); José López (Centeno); Andrés "El Picanto"; Cabo Gastador: Francisco Maestre "El Orejicas; Eugenio Rubio "El Caones"; Juan "El Picanto"; Del Rey (Fue cobrador de La Comparsa); Antonio Rubio (Caones); ¿Creo que es Mora el del camión; José Zamora; Vicente García.
Comparsa de Labradores día 9 de septiembre.
En el centro vestido de paisano "El Cuadrao"

ÉXITO EN LAS ACTIVIDADES DEL MES DEL LIBRO 2026

Más de 5.000 personas participan en las diferentes actividades del Mes del Libro organizadas por Bibliotecas Municipales. La dirección de las Bibliotecas Municipales felicita a la ciudadanía la conmemoración del Día del Libro y agradecen la masiva respuesta del público en los actos de fomento de la lectura y promoción de la literatura. 
Las actividades se clausuran hoy con la sesión ‘Los abuelos y las abuelas cuentan’, un encuentro intergeneracional alrededor de la literatura previsto para hoy a las 18.00 horas en la Biblioteca Miguel Hernández.
Villena, 23 de abril.-  Las diferentes actividades organizadas por las Bibliotecas Municipales de Villena durante este Mes del Libro han sumado más de 5.000 participantes. Las cifras de público de todas y cada una de las actividades confirman la elección de las actividades y eventos que se han desarrollado a lo largo de este mes. 
En estas semanas, se ha podido disfrutar de actividades culturales, encuentros literarios y propuestas para todos los públicos, consolidando a nuestras bibliotecas como espacios vivos de encuentro, aprendizaje y convivencia. El director de las Bibliotecas Municipales de Villena, Francisco García, ha felicitado hoy, en coincidencia con el Día del Libro, a toda la ciudadanía por el constante apoyo, la cálida acogida y la entusiasta participación en la programación desarrollada durante este Mes del Libro de abril.
La programación de este mes arrancó con la participación del escritor y dramaturgo Nando López, autor de ‘La edad de la ira’; la colaboración de figuras locales de reputado prestigio en el mundo de las letras y la celebración de la Feria del Libro, que tuvo lugar el pasado sábado en el Parque de la Pirámide, además de otra decena de actividades diversas. 
Las actividades de esta programación tan especial se cierran hoy, a las 18:00 horas, con la organización de una actividad intergeneracional ‘Nuestros abuelos y abuelas cuentan’, una sesión de cuentacuentos, llena de ternura y literatura, pensada para disfrutar en familia.
La clausura de este Mes del Libro llegará el próximo sábado con ‘Pequeclub de lectura en voz alta, leer juntos’, una propuesta que pone en valor la lectura compartida desde la infancia como motor de aprendizaje, imaginación y vínculo afectivo. 

1988 VIAJE A LA ALCUDIA (ELCHE)

Alumnos del Instituto Hermanos Amorós en Alcudia (Elche) lugar donde se encontró la Dama de Elche en 1897.
Extraído del libro 25 aniversario IES Hermanos Amorós 1992

2003 TOROS EN LA PLAZA PORTÁTIL

Toros en Villena. Plaza Portátil
Virtu y Agustín Serrano
Foto cedida por... Agustín Serrano Lillo

22 abr 2026

1926 LA FARMACIA DE LA CALLE RAMÓN Y CAJAL

Esta farmacia estuvo instalada en la calle Ramón y Cajal (frente al antiguo colegio Carmelitas).
La farmacia perteneció a los siguientes farmacéuticos según figuran en la Matrícula Industrial de los años que se citan: 1891-1905. Manuel García Estasio y Juan Ramón García Hernández.
Posiblemente a finales de la década de 1920 fue arrendada o vendida esta farmacia.
En el año 1935, el farmacéutico de Algemesí, José Pascual Mateu, aparece en la Matrícula Industrial como establecido en la Corredera.
Vicente Machí (padre de Pilar quien nos cede esta fotografía) desde que terminó la guerra civil hasta su jubilación trabajó en la farmacia de Juan Menor, abierta en la plaza de la Beata Águeda Hernández. En la que también estuvo de mancebo el hijo de Vicente Machí, Fernando Machí Amancio.

Foto cedida por…  Pilar Machí Amancio
Información… César López Hurtado

1921 CARROZA COMPARSA MARINEROS

Carroza Comparsa de Marineros, alquilada en Onteniente.
Foto archivo comparsa Marinos Corsarios.
Foto extraída de la Revista Villena de 1984

1988 GRAN EQUIPO DEL SALÓN PEPE

El Restaurante Salón Pepe fue un lugar emblemático en la historia social de Villena, especialmente recordado como un centro neurálgico para la celebración de eventos durante varias décadas del siglo XX.
Estaba situado en la calle Capitán Postigo. Fue regentado por Toni Zapater (padre), su señora Pilar Sanchis y su hijo, también llamado Toni, quienes atendían personalmente el negocio. Lo más importante es que llegó a tener un buen equipo de camareros muy profesionales que creyeron en el proyecto.
Una de sus tradiciones más famosas era regalar a los recién casados un plato decorativo con adornos en "oro de ley". Estos platos se han convertido en objetos sentimentales que muchas familias de Villena conservan hoy en día como un tesoro de su historia personal.
Y disponían también justo al lado la Discoteca Época también regentada por la familia Zapater-Sanchis, era el lugar perfecto para finalizar los eventos sin hacer desplazamientos.
Un gran equipo que hizo que fuera un referente a nivel provincial para organizar eventos. En la foto… Juan, Pedro, Miguel, Estevan, Gregorio, Manolo, Tijeritas, Emilia, Pilar, Conchi, Toni Zapater, Fita, Fidel, Tropi, Pepe, Quillo, Toni Zapater -hijo-, Paco, Pepe, Negro.
Foto cedida por… Toni Zapater “el Pavo”

1983 FIN DE CURSO DEL "INSTITUTO"

Fin de curso 1983 con Isabelita López
Fotos cedidas por... Isabel López






1953 LAS PASCUAS

LAS PASCUAS
LA PASCUA DE RESURRECCIÓN; por antonomasia, «las Pascuas». Fiesta de Primavera, época en que hacen eclosión, pujantes, arrolladoras, exclusivas, las fuerzas vitales de la Naturaleza.
El Cristianismo, que no es ni tristón ni huraño como algunos se empeñan en hacernos creer, supo hacer suya esta festividad de origen pagano—parece ser que los romanos se regalaban en ciertas épocas del año «monas» de verdad—que en Villena se celebra con más bullicio y algazara que en parte alguna.
Durante cinco días, el anochecer de la Ciudad se convierte en una verdadera orgía de músicas y colores, sorprendente para quien por primera vez la contempla. Es difícil imaginarse algarabía más grata, en la que toman parte cuantos se hallan comprendidos en esa zona de límites elásticos que se llama LA JUVENTUD.
Presentamos en estas páginas varios aspectos de la fiesta captados por la cámara de Menor.

1978 CINCUENTA AÑOS DE MOROS REALISTAS

CINCUENTA AÑOS DE MOROS REALISTAS. Alfredo Rojas Navarro
La llegada a un aniversario, y más todavía si éste tiene la importancia que cincuenta años evidencian, siempre es motivo más que suficiente como para volver la vista atrás, rememorar lo sucedido en el transcurso de tan dilatado plazo y realizar un balance del resultado de lejanos propósitos. A todo ello, y a la previsora idea de dejar fijados datos y avatares para evitar que puedan caer en el olvido y perderse para siempre, se debe esta croniquilla, que intenta reflejar la andadura de los Moros Realistas a través de su medio siglo de vida.
Hay más, sin embargo. Estas páginas son, o al menos pretenden serlo, homenaje a una asociación festera ejemplar y testimonio de admiración por las virtudes que los Realistas han puesto de manifiesto a través de los años. El que esto escribe no puede olvidar la atracción que, en su niñez, ejercía sobre él la Comparsa por la brillantez de su atuendo, ni la que siente hoy ante la perfección con que efectúa sus desfiles. Aunque, bien mirado, no puede tornarse este juicio como válido. En Villena nadie puede ser notario fiel y objetivo del acontecer festero ni de sus múltiples manifestaciones. Todos tomamos partido y todos nos apasionamos, positiva o negativamente, ante la Fiesta y la complejidad de sus aspectos. Y por muchos años que sea así. Porque la pasión. tome forma de admiración ciega, o incluso de airada repulsa, es garantía de que las instituciones festeras han de seguir vivas y pujantes durante muchos años.
No se puede hablar de los Moros Realistas de VI-llena, y menos aún puede hacerse historia de esta Comparsa sin tener que referirse, forzosamente, a Joaquín Cortés, fundador de los Realistas, alma de la Asociación a través de su larga existencia y festero activo hoy, a sus setenta años, en las filas de la Comparsa. Que, por cierto, es la tercera en la que interviene, puesto que actuó como Marinero en su infancia y figuró después en los Tercios de Flandes. Él fue, no obstante, con otro villenense llamado Enrique Guillén, que vivía en la calle de San Antón, y dos alcoyanos cuyos nombres se han perdido y que trabajaban entonces en Villena, en la fábrica de molinería de José Molina, los que tuvieron la idea de crear una nueva Comparsa en el año 1928.
Un grupo do Moros Realistas en los primeros años de su existencia.
Decididos los cuatro a materializar su idea, encargaron a alguien que trajera de Alcoy, fuente de tantas iniciativas festeras villenenses, como a su vez nuestra Fiesta lo ha sido asimismo en multitud de circunstancias, unos dibujos o diseños de los trajes alcoyanos para adoptar uno de ellos. A su vista, uno de los alcoyanos votó por los Cordoneros, mientras que el otro manifestaba su preferencia por los Berberiscos. Se decidió Cortés por el traje de los Realistas; y Guillén dijo que se sumaba a Cortés, no importaba cuál fuera la preferencia de éste. Y la cuestión quedó zanjada de Inmediato: Realistas serían los nuevos festeros villenenses.
Empezaron los cuatro sus gestiones para engrosar la exigua cifra que componían. A Faustino Alonso Gotor debemos la fotocopia de un curioso documento en el que se efectúa la solicitud al Ayuntamiento para que permita la aparición de la nueva Comparsa al año siguiente. Y como curioso lo apostillamos porque lo encabeza y firma Paulino Pastor García, al que nadie recuerda hoy; y porque cita a la Comparsa, probablemente por error de oído del amanuense, como «Moros Israelitas». Tal como el escrito solicita, el día nueve ya figurarán en el acto de «la Entrega» dos de los nuevos festeros, participación entonces indispensable para tomar parte en la Fiesta el año siguiente, con dos trajes «de la Comparsa antedicha, procedentes de Alcoy».
Una Escuadra de Realistas al parecer todos los que integraban la Comparsa en los primeros años cuarenta desfila en la plaza de toros encabezada por Joaquín Cortés.
Los que deberían servir para vestir a los nuevos moros villenenses fueron cosidos por la modista Josefa Hernández Vidal, esposa de Eduardo Ortega, camarero muy conocido en Villena y al que todavía podemos ver hoy en nuestra ciudad, no obstante su avanzada edad, que rebasa los ochenta años. En cuanto a los primeros Realistas que salieron a la calle en 1929. no existen documentos que relacionen sus nombres y hemos tenido que acudir a los recuerdos de Joaquín Cortés. Sumaban, al parecer, veintidós o veinticuatro los festeros que componían hace cincuenta años la flamante Comparsa, y se han rescatado del olvido los nombres de Joaquín Cortés Martínez, Enrique Guillén, Rafael Martínez «el Moreno». Pedro Algarra «el Capota», Antonio Ortin, «el Chispa». Francisco Fernández «el Zapaterillo», Antonio Pardo «el Pintao», Manuel Gil «Limones», Francisco Rubio «el Rubito», Miguel Payá, José Gabaldón «Segovia» y Leoncio Domenech «Denia». De tres de ellos sólo se recuerda el apodo: son «Canaleras», «el Chato Bernaca» y «Marrulla».
El cabo de los bisoños festeros era Cortés, que por su afición a los caballos, de todos conocida, y por efectuar algún acto montado en uno de ellos, cedió ya aquel año el puesto, en determinados actos, a Francisco Fernández «el Zapaterillo», que tanto renombre iba a alcanzar en los años siguientes por sus actuaciones al frente de las escuadras Realistas. La banda de música, según indica el programa del año 1929, fue la «Nueva de Bañeros»; desde aquel día cinco, la Fiesta villenense ya contaba con una nueva Comparsa.
Si alguna característica especial hubiera que destacar entre las que singularizan a la Comparsa de Moros Realistas, apenas hay lugar para la duda: lo más acusado de su quehacer festero, como ya hemos dicho, es la perfección con que efectúan el desfile. Bien es verdad que los Realistas sólo utilizan para él, desde su fundación, la marcha mora, y durante no pocos años han sido los únicos del bando moro que no han acompasado sus evoluciones a los sones del pasodoble. Muchos achacan esta perfección a la forma en que entrelazan sus brazos a los de su inmediato compañero de escuadra y a la espingarda de éste. Pero la mayoría ignora la forma en que cuidan esta manifestación festera e igualmente se desconoce, prácticamente, que los Realistas ensayaron desde sus primeros años, y que, hasta no hace mucho, seguían practicando esta costumbre.
Causa principal de esta perfección. sin embargo, es el constante estímulo que existe en la Comparsa para no decaer en esta brillantez de sus actuaciones en público. Y merecido premio es la suma de galardones obtenidos hasta ahora, no sólo por la Comparsa sino también, en los últimos años, por la encomiable escuadra de Sarracenos y hasta por las escuadras infantiles que toman parte en el Desfile de la Esperanza. Y más importante que los premios, con serlo éstos mucho, es el refrendo popular, pues para todos en Villena es proverbial este culto al desfile que es obsesión ya para los miembros de la Comparsa.
Volvamos, sin embargo, a nuestra historia. Los años siguientes no ven aumentar la cifra de componentes de la Comparsa, que se mantiene con poco más de veinte festeros. Es ahora José Gabaldón, uno de los fundadores, que no es socio activo actualmente, quien nos facilita unos datos. Dice que uno de estos años salen a recabar donativos para poder cubrir el presupuesto, costumbre que estuvo muy extendida a lo largo de la historia festera entre muchas de las Comparsas locales y que perduró hasta varios años después de la guerra civil. Recuerda Gabaldón que doña Josefa Amorós y don José Rocher dieron 25 pesetas aquel año, y don José Hernández, dueño del popular comercio del «Cantón», 10 pesetas. Precisamente una nieta de este último, Paquita Hernández Cobo, es la Regidora Mayor de Fiestas de este año de 1978. Otros dos donantes, cuyo nombre no recuerda nuestro informador, aportaron cinco pesetas, con lo cual recogieron 70 pesetas finalmente. Del poder adquisitivo de esta cantidad da idea clara el hecho de que parte de ella se gastó en Campo de Mirra al comprar 16 litros de vino blanco y otros 16 de tinto a 9 céntimos el litro; y 16 litros de coñac, con otros 16 de anís «matarratas», a razón de 90 céntimos el litro. Esta bebida, acompañada de una orza de tomates y otra de zanahorias en «agua sal», se destinó para el consumo de la Comparsa a lo largo de todos los días de Fiesta.
Aún recuerda Gabaldón que el año en que fue capitán invitó a sus compañeros de Comparsa y a los músicos, a un «calentico» en casa del «tío Ericas», en la entonces plaza del Rollo. La cuenta ascendió a 6'90 pesetas.
Pasados sin apenas novedades los siete años de ejercicio que median entre la fundación y el inicio de la guerra, los primeros de la década del cuarenta ven bajar la cifra de componentes de la Comparsa. Los Realistas languidecen, y hay año en que a duras penas puede completarse una escuadra. Joaquín Cortés, siempre vigilante, va a Alcoy y consigue que varios Moros Realistas vengan desde allí, durante los días de fiesta, a engrosar las filas villenenses. Estos alcoyanos van a constituir las primeras escuadras de «negros» que aparecen en Villena, pues llegan con ambos indumentos: el traje de Realista, que es prácticamente igual, puesto que el villenense constituyó una copia exacta del alcoyano, y el de «negro», que lucen en algunos actos.
Los Realistas hoy, desfilando en la tarde del día cinco.

La Escuadra de Sarracenos vistiendo uno de sus brillantes atuendos.
Parada obligatoria de los alcoyanos en Villena es la casa de Cortés, que mata todos los años «un borrego» del que darán cuenta festeros y músicos. Y hasta tal punto es la casa de Cortés lugar de cita durante muchos años, que hoy es ritual, durante la mañana del día cinco, después de pasar por casa del alférez y recoger a éste y a la bandera de la Comparsa, llegar todos los componentes de ésta y los de la banda de música a visitar a Cortés, que tiene preparadas unas mesas con abundantes viandas y bebidas. De allí, cerca ya de las doce del mediodía, saldrán todos hacia la plaza de Santiago.
No hace muchos años, y en aquéllos en que Cortés ocupaba la presidencia, ostentaba la capitanía o bien portaba la bandera como Alférez, hacía asimismo este entusiasta festero la típica barraca en la puerta de su casa, donde, como era costumbre en Villena, tocaba la banda, se bailaba, y corría el vino y las pastas típicas de la Ciudad. Lamentablemente se han perdido estos usos, y hemos visto extenderse últimamente las despersonalizadas verbenas festeras nocturnas con evidente perjuicio de las tradiciones ciudadanas.
Y no han sido los Realistas precisamente los más remisos a la hora de organizar estas verbenas. Culpa de ello, como prácticamente ha sucedido en las demás Comparsas, ha sido el problema económico. En efecto, las verbenas nacieron en Villena no tanto del deseo de organizar una distracción en las noches de Fiestas para recreo de los socios, como de la necesidad de allegar fondos a las precarias economías de las organizaciones festeras. Prueba de ello es que, desde el principio, funcionaron en ellas las taquillas, sin otro tipo de discriminación que la franquía de entrada en ellas para los socios y para el resto de festeros que vistieran el atuendo de su Comparsa.

Los Realistas también tuvieron la suya desde muy pronto, con distintos emplazamientos impuestos por las naturales vicisitudes de los locales disponibles cada septiembre. Si mal no recordamos, han radicado las verbenas Realistas, hasta llegar al actual «Harén» del «Huerto de Caturla» —hablamos para villeneros y a ninguno de ellos cabrá duda sobre las curiosas denominaciones— en «el Raso», «el Carril» —en el tramo de esta calle que no tiene salida— y en la calle «Empedrá».
Han tenido igualmente lugares de reunión en el que se llamara Bar Rosales, al principio de la calle del Muro; en otro que se encontraba en la calle de Zapateros, esquina a la calle Blasco; ocasionalmente en el antiguo Cinema Chapí, y últimamente en el bar que hay al principio de la calle del Pozo. El domicilio actual, desde hace dos años, radica en el número 14 de la calle de José Carreras Amorós, antiguamente llamada «Parrales».
Una de las singularidades que caracterizan a los Realistas es la costumbre de cenar el día siete junto al Castillo de Embajadas. Ya hace muchos años la iniciaron Joaquín Cortés, Rafael Martínez «el Moreno» y Antonio Ibáñez, «Solimán», los cuales cenaban la noche del día citado, antes de la Retreta, en la Puerta de Almansa, antiguo emplazamiento del Castillo. Cuando éste pasó a ser instalado en la plaza de Santiago, allí fueron igualmente a cenar, ya con muchos otros miembros de la Comparsa que se habían agregado a los tres Iniciales en el transcurso de los años. Hoy asisten también esposas, hijas o novias de los festeros y coinciden todos con los Estudiantes, los cuales, desde tiempo inmemorial. celebran igualmente una cena en la plaza de Santiago. Allí confraternizan con ellos, cambian viandas y permutan las panzudas botas con el vino de la tierra hasta que llega el momento de iniciar la Retreta.
Fugazmente, según nos refiere Cortés, también realizaron, hace años, unas guardias constantes del Castillo de Embajadas, cuando se emplazaba éste en la Puerta de Almansa. Pero la costumbre se extinguió pronto.
La Comparsa estuvo presidida por Joaquín Cortés desde la fundación hasta mediados de la década de los cincuenta. Después desempeñó el cargo Eugenio Navarro Oliva, actual cronista de la Asociación, cuya estimable ayuda ha sido muy importante en el acopio de datos necesarios para escribir este artículo. Por orden cronológico han seguido Alfonso García, Diego Muñoz, Jose Ortín, José Molina, Salvador Penadés, Vicente Valiente, Pedro Santa y el que figura como tal hoy, desde 1973: José Antonio Amorós, que es también cabo de la escuadra de Sarracenos.
Con Amorós son hoy cabos de la Comparsa Alfonso García Navarro, Francisco Pardo Navarro y Francisco Conejero Mompó. Han sucedido a otros tres, ausentes hoy de la tarea dos de ellos y fallecido el tercero prematuramente. Nos referimos, respectivamente, a Joaquín Cortés, José Cortés Dolón y Francisco Fernández.
La influencia de los alcoyanos que al reforzar la Comparsa poco después de la guerra civil traen a Villena, como queda dicho, la primera escuadra de negros, lleva a que se funde poco después, dentro de los Realistas, una de estas escuadras, a la que se llamará de Watusis. Muchos años ha sido su cabo Manuel Francés Ortín, que siguió a Juan Francés y a Antonio Candela. Hoy lo es el hijo de Francés Ortín, Manuel Francés Navarro. La de Sarracenos es mucho más reciente: data de 1967.
El traje de Realista, uno de los más llamativos del Bando Moro, es prácticamente igual al que lucieron los fundadores el año 1929, con la diferencia, varias veces repetida en los atuendos festeros villenenses, de que el paño se ha convertido ahora en raso. El turbante, blanco, con una pequeña pirámide de metal, lleva hoy el añadido de un semicírculo rematado con una media luna. La capa sigue siendo blanca. aunque ahora es más larga, de la cual pende un largo mechón de pelo. El chaleco es de color violeta, con adornos de cordoncillo; actualmente se le han añadido bocamangas y adornos metálicos. La camisa, roja, no ha sufrido alteración, y la faja ha pasado a ser multicolor cuando antes era de cuadros. El pantalón, azul claro, es ahora más largo que al principio, mientras que las zapatillas han conservado el mismo color azul de entonces. La media malva no se ha modificado, y sí ha desaparecido, sin embargo, un alfanje de madera que se llevaba sujeto por la faja. El arma es la conocida espingarda, una de las más bonitas y airosas de la Fiesta, y que no pudieron lucir los Realistas hasta el segundo año de su actuación, pues el primero, ante la imposibilidad de contar con este aditamento, llevaron una lanza, que alternó con la espingarda durante varios años.
De la época inicial hasta hoy, la Comparsa ha atravesado contingencias parecidas a las de las demás Comparsas villenenses. A las naturales dificultades del principio se unieron las de la posguerra; los años cuarenta hicieron tambalearse a muchas agrupaciones festeras villenenses y hasta vieron desaparecer alguna de ellas. No poco importante fue en esta tarea de mantener tesonera y sacrificada mente a las Comparsas, la labor de algunos hombres que están en la mente de todos, y que en la de Realistas fue Joaquín Cortés, felizmente vivo y activo hoy como festero. Aunque no cabe duda de que, junto a él, han trabajado eficazmente otros que han colaborado para que los Realistas sobrevivieran en los momentos difíciles y han sido después artífices del brillante resurgir de los últimos años. Pero muchos de ellos todavía recuerdan las loterías organizadas para recaudar fondos compradas con las aportaciones de lo que cada uno podía dar; las rituales comidas que sólo se podían llevar a cabo pagando cada uno su parte o no asistiendo si no era posible al festero pechar con el típico -escote, La Comparsa, sin embargo, supera los años difíciles y aún encuentra fuerzas para orientar y ayudar a la fundación de otra Comparsa hermana, los Realistas de Elda. Y hoy es una activa, emprendedora y disciplinada agrupación festera con un lugar propio en la fiesta local, con unas maneras singulares y con una personalidad claramente definida.
Cuando estas páginas salgan a la luz en la Revista de Fiestas de 1978, los Realistas estarán preparados para tomar parte en unas Fiestas que van a ser para ellos un hito en su ya larga presencia en el conjunto de Comparsas villenenses. Ya rebasan la cifra de ciento cincuenta festeros activos, con una historia de actuaciones ejemplares y con muchos y merecidos premios a los que se han hecho acreedores por su buen hacer festero. Nada negativo empaña su presencia en la Fiesta y todos los villenenses saben de su dedicación, de su celo y de la Importancia que han concedido siempre a sus intervenciones y a ese menudo entramado ritual de la vida interior de la Comparsa. Sabemos que van a celebrar el cincuentenario preferentemente con aspectos que añadan especial suntuosidad a los actos públicos en que Intervengan, ofrendando así a su pueblo lo mejor de la conmemoración.
Entre estos actos destaca la participación de una escuadra idéntica en su atuendo a las que desfilaron por primera vez en 1929 y en la que seguramente tomarán parte Joaquín Cortés y Rafael Martínez, -el Moreno-, los únicos entre los fundadores que quedan en activo hoy. A tal escuadra se han de unir, seguramente, otras novedades que sólo ellos conocen. Igualmente, por concesión especial de la Junta Central de Fiestas, consciente de la importancia que tiene este año para la Comparsa, van a desfilar conjuntamente las dos escuadras especiales, las de Sarracenos y Watusis, que, por no alcanzar la cifra de doscientos participantes en el total de festeros activos de la Comparsa desfilan alternativamente cada año.
Un nutrido cuadro de miembros de la Comparsa se apresta hoy a dirigir a la Asociación en año tan señalado. Recordemos para la historia de los Realistas a los hombres que componen la directiva en el cincuentenario de su fundación. Son José Antonio Amorós Mataix como presidente y José Gil García en el cargo de vicepresidente. Secretarios son Francisco Seller Vico y Francisco Conejero Mompó; tesorero, Pascual Muñoz Conejero y tres contadores, cuyos nombres son Francisco Micó Belda, Francisco Pardo Navarro y Rafael Pérez Vidal. Los vocales son Francisco Ortega Pérez, Miguel Fita González, Francisco Palao García, Antonio Briones Sáez, José Luis Sánchez Flor, Gaspar Martínez Medina, Fernando Gil García. Ricardo Ortuño Belda y Juan Tomás Belda.
Delegados de la Comparsa en los superiores organismos festeros son Alfonso García Navarro en la Junta de Gobierno y José Conejero Ugeda en la Asamblea general. Termina la relación con los nombres de Eugenio Navarro Oliva y Rafael Martínez Egea en la labor de cronistas de la Comparsa. Otro dato más a señalar es los nombres de las madrinas mayor e infantil del año del cincuentenario. Son, respectivamente, los de las señoritas Paquita Martínez Espinosa y Francisca Soledad Pardo Mira.
No podemos hacer más largo este trabajo dadas las exigencias de espacio de la publicación que lo acoge en sus páginas. Queda aquí. no obstante, una sucinta serle de datos y circunstancias referentes a la Comparsa de Realistas, una ejemplar asociación festera villenense que honra las tradiciones locales. Porque lo merece, y para enaltecimiento de la Fiesta de Moros y Cristianos de nuestra ciudad, esperamos y deseamos que sean muchos más los años que siga formando parte de la gran familia festera de Villena.
Extraído de la Revista Villena de 1978
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