1982 ORDEN DEL PORTÓN

ORDEN DEL PORTÓN
Es una constante en el sentido festero la devoción a nuestra Patrona, ésta, se hace patente, y hasta en ocasiones el sentimiento popular toma forma de verso. Este es el caso de JUAN MARTINEZ NAVARRO, festero, Moro Viejo y embajador, que allá por el año 1915 compuso su propia conversión del Moro al Cristianismo y añade en forma de subtítulo: ¡Sobre la pureza de María y el nacimiento de su Santo Hijo!
Transcribimos literalmente este libreto, y hemos creido interesante el conocimiento del contenido de estos versos, fáciles, sencillos y sinceros como sólo las gentes del pueblo saben hacer.

CONVERSIÓN DEL MORO AL CRISTIANISMO
Sale primeramente el Moro, con ademán altivo, y dice:
Antes que salga la aurora
coronada de jacintos,
quiero, como general
y como cauto caudillo,
recorrer mis centinelas
por ver si se han dormido;
que el general que no vela
al frente de su enemigo,
bien puede ser arrogante,
valeroso y entendido,
mas yo no adoptaré
tal práctica en mis designios.
Hoy que celebra el cristiano
con fiestas y regocijos,
aquel día en que nació
el que llaman Dios divino,
aquel profeta de Alá
que ellos llaman Jesucristo,
he de llegar, por si tiene
aqueste fuerte castillo,
algún cristiano valiente
que quiera pelear conmigo;
y si no, su general,
pues que le toca a su brío
el salir a la batalla;
y si humillarle consigo,
reprimiré su orgullo,
y haré que su regocijo
se les vuelva en gran pesar,
porque es grande desatino
el que a mi vista estén
en fiestas tan divertidos.
De coraje estoy que ardo,
y de mi cuchilla el filo
está rabiando por darles
muerte a cuantos atrevidos
se opusieren a mi brazo,
pues soy león vengativo
que despedazo entre mis manos
cuantos me hayan ofendido.

Aparece la Imagen de María,
y suspenso, dice
Mas, cielos, ¿qué es lo que veo?
¡confuso estoy o aturdido!
¿Quién el atrevido fue
que con tan osado brío
se atrevió a poner aquí
esta imagen o este hechizo
que los cristianos llaman
María, Madre de Cristo?
no soy quién ser solía,
es encanto lo que miro.
¿No soy aquél de quien tiemblan
los héroes más aguerridos?
Los muros, ¿no se estremecen
cuando miran sorprendidos
que enarbolo mis banderas?
y los brutos, abatidos,
en haciendo yo un amago,
¿no se quedan aturdidos?
¿y no soy aquél, también,
que en pechos de una leona
mamé la leche cruel,
y a quién la muerte perdona
como hace el rayo al laurel?
Pues, aquí de mi furor:
¿cómo el cristiano atrevido
no tiembla de ver que yo
me publico su enemigo?
yo he de llamar, por si salen,
porque estoy muy ofendido,
y hasta que beba la sangre
de este cristiano atrevido
no he de estar satisfecho.

Se acerca a la puerta y llama:
¡Ahh de este fuerte castillo!
salid cuantos estéis dentro,
que a todos os desafío.
Salid, si queréis batalla,
y si no, dejad el sitio;
huid, que os busca un león
en volcanes encendidos;
y pues tuvistéis valor
en andar tan atrevidos,
de fijar en mis reales
ésta, a quien culto no rindo,
tenedle para salir
a la batalla conmigo;
y si no queréis salir,
en este retrato mismo
que tanto lo estimáis
me he de vengar altivo
convirtiéndolo en pedazos,
de coraje enfurecido.

Va a rasgarle, y en el momento sale el
cristiano que, deteniéndole, dice:
Detente, bárbaro impío,
que si te sufrió el valor
llegases tan atrevido
a desafiar a cuantos
defienden la ley de Cristo,
ya no puedo sufrir más
al ver tu horrendo designio;
Porque tocando a María,
en pureza blanco armiño,
aquella virgen sin mancha,
aquel raudal cristalino,
aquella suprema Reina
de los ángeles divinos,
a quien suplico me amare
para que sea cuchillo
de cuantos tercos infieles
ultrajan su ser divino;
y de su gracia suprema
mi fuerte brazo asistido,
despedacen cuantos niegan
la ley de su santo Hijo;
y ya cansado de verte
tan soberbio y tan altivo,
vengo a que sepas, tirano,
que habrá quien te dé castigo
de tus bárbaras razones
y tu mal fundado estilo;
y pues que tanto blasonas
de valiente y atrevido,
saca ese brillante acero,
saca ese cortante filo,
y verás en breve tiempo
del más humilde caudillo
que tiene la cristiandad,
si saben cortar los filos
de su vencedora espada.
¡Ea, africano atrevido,
apercíbete a batalla!

Sacan ambos las espadas, y luego 
dice el moro:
Ya, cristiano, me apercibo,
y te responderá ahora
esta fuerte cimitarra,
este campeón de Mahoma,
aqueste rayo de Alá,
aquesta fiera tizona,
abrasante maravilla,
castigando tu soberbia
con esta corva cuchilla...
Cristiano: Habla menos y obra más,
que me enojan tus razones.
Moro: Hablar y obrar, porque soy
rayo yo en las ocasiones...
Mas ¡ay de mí que la tierra
que pisaba me ha faltado...!

(Cae el moro en tierra)
Cristiano: Ya estás vencido, tirano,
y castigada tu infamia;
y si a Dios no te conviertes
ni de tu secta te apartas,
te he de cortar la cabeza,
y en la punta de mi espada
la he de llevar por bandera
como triunfo de mi hazaña.
Ea, moro, a Dios confiesa
y a su Madre soberana.
Moro: ¡Oh valeroso cristiano!
detén tu valiente espada,
y ayúdame a levantar;
que ya vencido en batalla,
si me vence el argumento,
te prometo mi palabra
de recibir el bautismo,
y asistido de la gracia,
confesar de Dios el nombre
y el de su Madre sagrada.
Cristiano: Pues con aqueste propuesto
levanta, moro, levanta.

Ayúdale el cristiano a levantar
y luego sigue diciendo:
Propón tu dificultad,
que confiado en la gracia
de María, he de vencerte,
que aunque el estilo me falta
que da la filosofía
para casos de importancia
como lo es el presente,
llevando el norte del alma,
que es María, en mi empresa,
espero victoria larga.
Moro: Digo que no puede ser
que de una doncella intacta
naciera ese Dios y hombre
quedando ella inmaculada.
Esta es la dificultad
que me confunde y me pasma:
parir y quedar doncella,
parece cosa de fábula.
Cristiano: No tienes que poner duda,
que en esto no cupo mancha.
¿No has visto en un cristal,
allá en tus falsos ritos,
de que el sol hermoso entra
y pasa sin romper el vidrio?
Pues así entró el sol divino
de Jesucristo en María,
quedando aquel cristal fino
de pulcritud tan perfecto
cual era recién nacido;
porque usando el Sumo Bien
de su poder infinito
y sutilidad, salió
de aquel cristal tan divino
de María, sin que hubiese
de menester el Altísimo
romper los raudales bellos
de aquel cristal puro y limpio,
la virginidad dejando
aquel seno tan purísimo,
tan intacto como el cielo,
que sus secretos divinos
no se puede penetrar
misterios tan distinguidos.
Como este queda explicado:
confiesa el nombre de Cristo,
deja esas herejías,
recibe el santo bautismo,
y me tendrás a tu lado
como el más leal amigo.
Moro: Basta, valiente cristiano,
que dos veces me has vencido;
ahora, con el argumento,
y antes, con el acero limpio.
Llévame antes que te sienta
mi gente, que apercibidos
están para si me ofendes;
yo reconozco ya a Cristo.
Llévame presto, cristiano,
donde reciba el bautismo,
que cada instante que tarda
a mí me parece un siglo.
Y a Vos, sagrada María,
humilde perdón os pido
de la ceguedad en que
en este mundo he vivido,
y confesando la fe,
¡viva Cristo! ¡viva Cristo!
Cristiano: Para luego bautizarte
todo está prevenido;
y pues profesas la fe,
abrázame, nuevo amigo.

(Se abrazan)
Moro: Mas, ¡ay! no quiero obstinado
hacer a Dios resistencia;
confundo a Cristo por Dios,
y a su ley por verdadera.
Adiós, Silimo sultán,
que Fátima ya te deja;
ahí tienes el bastón
y el gorro de mi cabeza;
también te entrego la espada
que ensangrenté en muchas guerras;
afuera, manto real,
tan labrado de oro y seda,
que la ausencia de Silimo
me has hecho persona regia;
afuera, banda labrada
de diamantes y de perlas,
que al verte sobre mis hombros
más me aflige y me atormenta;
Afuera las demás ropas,
y el agua bendita venga,
porque quiero que María,
lave mi sucia cabeza.

(Se bautiza) 
Cristiano: Luz y gloria de paganos,
pues en ti cuento un caudillo,
gloria de la cristiandad
y gran defensor de Cristo;
y a Vos, sagrada María,
Reina del cielo empíreo,
ya que con tu sagrada ayuda
este moro he convertido
a que profese la ley
de tu soberano Hijo:
y pues tuya es la victoria,
pido que me des auxilio
para que convertir pueda
a la ley de Jesucristo,
más moros que granos de arena
contiene el mar en su abismo.
Así lo espero, Señora,
de vuestro poder divino,
que asistido de la gracia
siempre iré por buen camino,
y temblarán de mi brazo
el turco, hereje y judío.
...
Moro: Gracias te doy, bella imagen,
de haberme dado experiencia
y luz a mi entendimiento
para salir de tinieblas,
porque yo estaba ofuscado
en un mar de sombras densas,
¡Ea!, valientes soldados
los que mi mando gobierna,
venid todos, y postrados,
le demos la enhorabuena
a esta imagen soberana
que es patrona de Villena;
y después, todos conmigo;
cantemos sus alabanzas.
Sois la paloma divina,
fuente, lirio, pozo y palma,
el más hermoso clavel,
la más dulce trinitaria;
Sois cielo a donde Dios cabe,
sois el ave fénix sacra,
sois torre del gran David,
sois a quien en voces altas
continuamente clamamos
los cristianos domus aúrea.
Sois a quien los serafines,
ángeles y patriarcas,
profetas y querubines
con sus canciones te alaban.
Alábante, montes, valles,
árboles, flores y plantas;
también los cuatro elementos,
aire, fuego, tierra y agua;
las cinco partes del mundo,
Africa, América y Asia;
Europa es la que ciñe
la feliz parte de España.
Te alaba todo cristiano,
mártires, santos y santas,
sol, luna, cielo y estrellas,
confesores y monarcas,
pues sois la madre de Dios,
y sólo con esto basta.
Ampara hoy al desvalido
que de corazón te llama;
surca como el marinero
las mares furiosas, bravas;
por tierra los caminantes
caminan con tu esperanza,
y a los enfermos les das
salud por obra de gracia.
Sois la luz del desgraciado,
el refugio de las almas,
consuelo de pecadores,
y esposa del patriarca;
pastora que a tu rebaño
custodias con vigilancia.
¡Admiración, auditorio!
pidamos con eficacia
auxilio a esta gran Señora;
proclamemos en voz alta;

(Se arrodilla)
Dios te salve, Reina y Madre,
tu misericordia es tanta,
pues sois la vida y dulzura
de nuestra firme esperanza;
a ti suspiramos todos,
con suspiros y ansias,
los que somos hijos de Eva,
desterrados por la causa;
a ti aclamamos todos,
gimiendo y llorando tantas
lágrimas en este valle,
cada cual por ti derrama.
Ea pues divina aurora,
tú serás nuestra abogada,
y Jesús fruto bendito
que nació de tus entrañas;
¡oh, clemente!, ¡oh, piadosa!,
¡oh dulce Virgen sagrada,
sapiente, amable y benigna!,
ruega por nos, Virgen santa,
para que seamos dignos
de alcanzar la deseada
promesa de vuestro hijo,
en la celestial morada.
Septiembre, 5-1915
El conocimiento de esta conversión inédita, o cuando menos poco conocida, representa una satisfacción para nosotros componentes de la Orden del Portón, pues de esta forma conseguimos una de nuestras metas, la de rescatar del olvido los textos populares que la fiesta ha producido y que el tiempo ha relegado.
Orden del Portón
Extraído de la Revista Villena de 1982

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