1983 LA CIUDAD Y EL SANTUARIO, LA LLAVE DEL SAGRARIO

LA CIUDAD Y EL SANTUARIO, LA LLAVE DEL SAGRARIO
Los Concejos siguen defendiendo a ultranza aquella premisa que habían sentado desde que construyeron la primera Ermita, en el año 1474: la Imagen de la Virgen de las Virtudes y el Santuario son única y exclusivamente del Concejo, en nombre y representación de la ciudad. Durante varios siglos consiguen que esa premisa se convierta en auténtica y feliz realidad, aunque para defenderla tengan que sostener largos y costosos premios, que siempre ganan y al amparo de esta premisa obtienen y consiguen regalías, prebendas y privilegios concedidos por Papas y Reyes.
Pero en su afán y deseo de inmiscuirse y protagonizar todo aquello que se refiere a la vida del Santuario, llegan incluso a instituir privilegios, que se atribuyen y que se ven obligados a defender, a través de los tiempos, contra la autoridad eclesiástica.

Este hecho insólito creemos, a la vista de los muchos testimonios que se encuentran en los Libros de Actas del Ayuntamiento, tuvo lugar en el año 1640. A la sazón era Corregidor y Justicia Mayor del Marquesado, don Antonio Joseph de Lugo Ribera y Guzmán y alcaldes ordinarios, Luis de Guerao y Pedro Oliver Piñero, entre los regidores se encontraban: Leonardo de Miño, Antonio de Medina, Pedro de Cervera y Pedro Rodríguez de Navarra y escribano del Concejo era don Nicolás de Santolín. En el Concejo que celebran el día 10 de Marzo del año 1640, acuerdan lo siguiente:
«Asimismo se acordó en este Concejo de cómo siendo patrona como es esta ciudad de la dicha Casa Convento de Nuestra Señora de las Virtudes, le toca tener persona que asista a los Oficios en nombre de esta ciudad y como tal patrón la represente aquel día y recibir la llave del Arca del Santísimo Sacramento, asistiendo hasta el viernes que se acaban los dichos Oficios y para que en esto haya la conformidad e igualdad que es justo, acuerda esta ciudad que los caballeros regidores de este Concejo que hoy lo son o, lo fueren en adelante, hayan de venir en este día por turno, comenzando por los más antiguos hasta que haya pasado la rueda y si alguno por enfermedad o ausencia se hallase impedido de cumplir con sus obligaciones, la habrá de servir el que le siguiese por antigüedad y el ocupador queda esquilmado para que el turno se siga con los demás y el escribano de este Concejo tiene la obligación de advertir en cada un año el dicho día al caballero que le tocase acudir al dicho Convento y el tal caballero estará obligado, no teniendo legítimo impedimento de los que están referidos en este acuerdo, a cumplir su obligación y de no lo hacer tenga supresión de entrar en este Concejo por cuatro meses y cuatro ducados para la cera del Santísimo Sacramento del dicho Convento de Nuestra Señora» (1).
Según este acuerdo del Concejo queda instituido el privilegio denominado: «La llave del Sagrario», privilegio que ostentaron desde este año de 1640 al año 1885.
En la primera época de disfrutar este privilegio, todos los años no se consignan en las actas de los Concejos los nombres de los regidores designados para ir al Santuario en Semana Santa. Es de suponer que todos los años se nombran, solamente lo hacen constar en el año 1643, que nombran a Pedro de Cervera; en 1644 a Antón Domene; en 1646 a Antonio de Medina y en 1649 a Ginés Bravo.
Ya, hasta el Concejo celebrado el día 17 de Abril del año 1667, no se vuelve a tratar este asunto. Eh el citado Concejo se comenta el siguiente hecho:
«Hizo razón en este Concejo don Cristóbal de Mergelina y Mota como en nombre de esta ciudad fue el Jueves Santo a Nuestra Señora de las Virtudes y se halló presente al cerrar el Santísimo Sacramento y se le entregó la llave y el Viernes Santo al desencerrarlo en la forma acostumbrada y recibió muchos honores de aquella religiosa Comunidad, habiendo reconocido la ciudad el turno, vio que le toca el año que viene el día de esta función, al señor don Pedro Díaz Navarro» (2).
Estas relaciones tan cordiales entre los Concejos y la Comunidad de Agustinos se ven amenazadas por un grave incidente ocurrido nueve años después, en 1676.
Era Corregidor y Justicia Mayor del Marquesado de Villena, don Pedro Paz y Guzmán, Abogado de los Reales Concejos; y alcaldes ordinarios: Francisco Hernández de López y Pedro Díaz; y entre los regidores se encontraban: Juan de Selva, Cosme de Selva, y Diego Gasque. Era Escribano del Concejo, Juan de Mellinas. En el Concejo celebrado el día uno de Abril del citado año 1676, leen el siguiente memorial:
«Viose en este Concejo un memorial presentado por Fray Francisco Gamir, Prior del Convento de Nuestra Señora de las Virtudes, cuyo patronato le toca a esta ciudad, y está en posesión más de ciento cincuenta años, en el que se dice que en el cuaderno y libro de rezo hay una anotación en la que se ordena por un Decreto de la Junta de Cardenales, que no se le dé la llave del Sagrario a ningún seglar» (3).
Esta nueva disposición que el Concejo no conocía, les causa sorpresa y extrañeza, pero como no quieren perder los derechos adquiridos y disfrutados durante más de treinta años, haciendo caso omiso de la advertencia del Prior del Convento, el día señalado para recoger la llave del Sagrario, el día de Jueves Santo, se presentan en el Santuario el regidor designado, Francisco Hernández, acompañado del escribano del Concejo, Francisco Soler. En la sesión celebrada el día cinco de Abril, cuentan cuanto pasó en el Santuario en esta visita tan inesperada:
«Hizo razón en este Cabildo el señor don Francisco Hernández como sin embargo del mandamiento del Ordinario, con el que ha requerido a Fray Francisco Gamir, Prior del Convento de Nuestra Señora de las Virtudes, para no entregar la llave de la Caja donde se encierra el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, el Jueves Santo, como tal comisario y con la asistencia de don Francisco Oliver, escribano del Concejo y público, fue al dicho Convento y habiendo dicho la misa mayor el dicho Padre Prior y encerrado el Santísimo se quedó con la llave el susodicho y habiendo sido requerido tres veces por el dicho escribano a que entregara la llave a su merced, Francisco Hernández de López, según tradición de muchos años, el Prior se negó rotundamente a entregarla. Acordó la ciudad que se le escriba al Padre Provincial de la dicha Orden de San Agustín, denunciándole cuanto había sucedido» (4).
La denuncia hecha al Padre Provincial de la Orden por el Concejo, no se hace esperar. En el Concejo celebrado el día once de Junio del citado año, dan cuenta de la respuesta del Provincial:
«Viose en este Concejo una carta de Fray Francisco Gamir, Prior del Convento de Nuestra Señora, con otra carta que ha escrito el Padre Maestro Fray Juan de Vera del Orden de San Agustín, que ha hecho el oficio de Presidente en el Capítulo Provincial de Sevilla, por la que se le manda devuelva la llave del Sagrario a esta ciudad, como patrona que es del Santuario los días Jueves y Viernes Santo, ya que no le toca el cumplimiento del mandamiento despachado por el Ordinario de este Obispado» (5).
El Concejo había ganado una vez más un asunto espinoso, demostrando a la ciudad que no se dejaba presionar ni por autoridades políticas, ni religiosas, cuando se trataba de defender el Santuario.
La segunda época de ostentar este privilegio los regidores comienza el año 1691. A partir de esta fecha todos los años se consignan en las actas de los Concejos los nombres del regidor designado para ir al Santuario, en los días de Semana Santa, desde 1691 hasta el año 1835. Hay un silencio de diez años. Los Libros de Actas del Ayuntamiento desde 1680 a 1690, ambos inclusive, no están en el Archivo Municipal, sin que se sepa cuándo, ni cómo desaparecieron, son diez años de la Historia de Villena que se han esfumado, que no conocemos, ni conoceremos al menos en lo concerniente a estos diez Libros.
Por algunos documentos que existen sueltos de ese período, se deduce que durante esos diez años la ciudad ha cambiado de forma de gobierno. Ha desaparecido el Corregimiento General del Marquesado y ahora aparecen dos grandes núcleos territoriales: uno que tiene por cabeza a Villena, con las Villas dé Almansa, Sax y Yecla; otro cuya cabeza es Chinchilla, con las Villas de la Roda, Tobarra, San Clemente, Villarrobledo, Villa de Bés, Hellín, Albacete y Corral Rubio. La figura política de los dos alcaldes gobernando a la vez el Ayuntamiento ha desaparecido, ahora es el Corregidor, que al mismo tiempo es Justicia Mayor, quien preside y gobierna los Concejos. El Corregidor es la autoridad suprema de la ciudad.
Sería prolijo enumerar todos los regidores que ostentaron este privilegio, pasaron por el Santuario, durante la segunda época que estamos comentando, pero entre ellos hubieron apellidos ilustres y muy ligados a la Historia de Villena, como: don Juan Gasque en 1692; don Pedro Hernández de Medina en 1694; don Francisco Selva Mergelina en 1697; don Antonio Fernández de Palencia en 1735; don Diego de Selva Rojas en 1743; don Juan de Mellinas Fernández en 1765; don Antonio Lobregad Herrero en 1806; don Fernando Zúñiga en 1811; don Andrés Menor López en 1835. Este fue el último regidor que ostentó tan singular privilegio.
En este año de 1835, por Real Decreto de 25 de Julio de la Reina Gobernadora, siendo Ministro de Hacienda, don Juan Alvarez y Mendizábal se ordenó la expulsión de los religiosos de los Conventos y Monasterios. Era la llamada Ley de Desamortización. En esta triste fecha los Agustinos tuvieron que abandonar el Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes, después de casi tres siglos de permanecer la Orden de San Agustín en dicho Santuario.
Máximo García Luján
Cronista de la Asociación de la Virgen de las Virtudes.
BIBLIOGRAFIA:
Acta del Concejo. 10 Marzo 1640.
17 Abril 1667.
1 Abril 1676.
5 Abril 1676.
11 Junio 1676. Archivo Municipal.
Fotos: ZIANE FOUAD
Extraído de la Revista Villena de 1983

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