8 abr 2026

1978 LA CIUDAD Y EL SANTUARIO

LA CIUDAD Y EL SANTUARIO. Por Máximo García Luján
La primera Ermita para dar culto a la Virgen de las Virtudes se edificó en el año 1464 (1). Desde el primer momento de erigir la Ermita, el Concejo proclama su Patronato sobre aquella Ermita, que a través de los tiempos se convertiría en el Santuario actual. Y este Patronato lo defienden todos los Concejos con tanto tesón y valentía que en el devenir de los siglos tienen que sostener dos famosísimos pleitos: el primero, en el año 1551, contra Don Arias Gallego. Obispo a la sazón de la Diócesis de Cartagena, a cuya Diócesis pertenecía Villena, que intentó discutir y quitar a la ciudad su Patronato sobre el Santuario; el segundo, en el año 1756, contra el Padre Fray Diego Lillo, Prior del Convento de San Agustín, fundado en el mismo Santuario, por no respetar las capitulaciones que tenía concertadas con el Concejo. Ambos pleitos los ganó el Concejo.
Dibujo: M.ª Ángeles García Martínez
El Concejo trata por todos los medios de legalizar oficialmente su Patronato sobre la Ermita y acude al Consejo Real, pidiendo una Real Ejecutoria sobre esta concesión, y al mismo tiempo también al Papa. Para que interceda ante el Sumo Pontífice, recurre al Rey Carlos V, Papa promulgue las Bulas necesarias. El Rey no se hace de rogar v escribe al Papa Clemente VII, en términos muy diplomáticos y persuasivos:
Muy Santo Padre y Señor Reverendísimo, yo escribo a Don Juan Manuel, mi Pariente, y nuestro Embajador en esa Corte, que de mi parte suplique a su Santidad, que haga por bien que una Ermita, que está en el término de la villa de Villena, no se anexione a ninguna Iglesia, ni Monasterio, ni se provea de ella a otra persona: Humildemente suplico a vuestra Santidad, le mande oír y darle entera fe y creencia a que de mi parte suplicare hay en ello, mande expedir lo mejor, y más brevemente hacer pueda; escrita en la villa de Valladolid, a veinte y dos del mes de Octubre de 1522 años. El Emperador de los Romanos siempre Augusto (2).
Y con esta misma fecha escribe a Don Juan Manuel, su Embajador ante Su Santidad, un extenso escrito, en el que, entre otras cosas, le dice: -Por parte de la villa de Villena me fue hecha relación que puede hacer veinte y cinco años que la dicha villa edificó una Ermita en el término de ella, donde dicen la Fuente del Chopo, advocación de Santa María de las Virtudes, y porque ha mucho tiempo que la dicha villa edificó la dicha Ermita y hasta la han sostenido y reparado y cada día va la devoción y servicio de ella creciendo y que podría ser que algunas personas Eclesiásticas, Monasterios o iglesias, que con ella habitan, casi con la codicia de las limosnas, procuraran que Nuestro muy Santo Padre, les proveyese de dicha Ermita...», y termina su escrito: -Escribo a su Santidad una creencia a vos remitida, dadle mi carta y suplicarle de mi parte que haga por bien, que la dicha Ermita no se anexione a ninguna Iglesia, ni Monasterio, ni provea de ella a ninguna persona y que para ello mande expedir las Bulas, que fue-sen necesarias y vos tened especial cuidado de ello, porque me haréis mucho placer y servicio» (3).
ignoramos si el Pontífice llegó a expedir las Bulas que el Rey le pedía. Si las Bulas llegaron a Villena, en el Archivo Municipal no hay constancia, pero esto no nos debe extrañar, debido al expolio que en sucesivas ocasiones —guerras, revoluciones, etc.— han sufrido los archivos, tanto civiles como eclesiásticos.
Después de Introducir las papeletas en la vasija, llamaron a un niño paro que sacase uno ...
La peste que había azotado a la población, sembrando el dolor y la muerte y diezmando a sus habitantes, debió de padecerla la ciudad por el año 1464, así lo afirma el Padre Fray Mateo García, Prior que fue del Convento de San Agustín: «padecían los vecinos de la ciudad (entonces villa) un contagio tan terrible que no cabe en humano juicio el ponderarlo. Creció de tal manera, que raro era el que no se quejaba, y rara la hora en que muchos no morían. Y considerando o discurriendo que estaban inficionadas las paredes de las casas y toda la ciudad, determinaron salirse al campo, para ver sí en él lograban algún alivio en la salud. Vinieron todos a la Fuente del Chopo, que es la que está al lado del Convento. Y en el sitio hicieron habitaciones a su modo (4). Pero la terrible peste no cesó y continuaba haciendo estragos entre los aterrados villenenses». «Y acordaron los más prudentes y cuerdos que no tenían Patrón a quien recurrir en sus ahogos, determinaron nombrar a uno echando suertes (5). Entonces es cuando por tres veces consecutivas sale la cédula con el nombre de María Santísima de las Virtudes, cédula que nadie había introducido en la vasija, donde habían depositado varias cédulas con distintos nombres de santos y santas. Más tarde es cuando aparecen dos peregrinos con la caja donde estaba la imagen de la Virgen». «¡Determinaron colocar a María Santísima en un lugar decente; y para esto dispusieron una calera y ésta sola bastó para hacer la Iglesia. Colocaron la Santísima Imagen y luego al punto cesó la peste; y los vecinos de Villena se volvieron a sus casas» (6).
El 20 de diciembre de 1526 toma posesión del Convento la primera Comunidad de Padres Agustinos, pertenecientes a la provincia de Andalucía. Desde la edificación de la Ermita, ésta es custodiada por un solo ermitaño, que cuida del culto a la Virgen; así, durante cincuenta y dos años, permaneció la Ermita con sólo el resguardo y custodia de un ermitaño; pero, según el citado Padre Mateo: «Reconocieron los de Villena, no sin razón, que una Señora tan milagrosa estuviera tan poco asistida y con solo un ermitaño, y así, de común acuerdo y consentimiento determinaron se hiciese un Convento de las cuatro Ordenes mendicantes y que ésta fuese la que María Santísima gustase» (7). Fue elegida la Orden de San Agustín, fundada por el propio San Agustín en Africa en el año 388, reglas de San Agustín, dedicados a la predicación y que fue aprobada, más tarde, por el Papa Alejandro VI, en el año 1256.
Los Padres Agustinos cuidaron del Santuario hasta que son expulsados del mismo en marzo del año 1836, en cuya fecha don Juan Álvarez Mendizábal, ministro de Hacienda durante la Regencia de Doña María Cristina de Borbón, por real decreto, ordena la expulsión de todos los religiosos y la incautación de todos sus bienes y propiedades.
Durante los años que los Padres Agustinos cuidan del culto a la Virgen de las Virtudes y atienden el Santuario, la devoción a la Virgen se extiende por todo el Marquesado, por toda la región, incluso por el Reino de Valencia. De todas partes llegan peregrinos, romeros, a visitar el Santuario, a pedir mercedes y favores a la Virgen o agradecerle los recibidos. El Santuario acrecienta sus bienes: «tiene censos, tierras y casas en Yecla, Sax y Villena; unas propiedades adquiridas directamente por la Comunidad, otras, las más, donadas por el fervor de los fieles; poseen rebaños de ganado lanar, tienen ganado vacuno, que pasten por los prados que circundan el Santuario. El tesoro de la Virgen se ve incrementado por ricos y artísticos mantos y alhajas de gran valor» (8).
La Ermita edificada por el Concejo es pequeña, rústica, primitiva, edificada en el mismo solar y donde hoy está el Santuario, y más adelante, en los años 1500, vuelve a edificar otra más grande y Casa para la Comunidad de los Padres Agustinos, edificaciones que han sufrido diversas transformaciones hasta llegar a como están en la actualidad. Costea todos los gastos que se originan por culto y cuidado del Santuario y organiza todos los años dos romerías, que son famosas en toda la región y sus contornos: «una el día de Nuestra Señora de Marzo y la otra el día de Nuestra Señora de Septiembre y va el Concejo de esta ciudad y la Clerecía y otra mucha gente y llevan trompetas y otros instrumentos por honrar la dicha procesión y hacen muy solemne fiesta y se hace gasto en dar de comer a los Clérigos y Ministriles y al Predicador» (9).
Por Iniciativa del Capellán del Santuario Don Casto Antonio Arroyo, se construyó este monumento o finales del año 1894, para conmemorar la traída de la Imagen de la Virgen, por dos peregrinos.
Desde el primer momento, como hemos dicho, el Concejo defiende a ultranza su Patronato sobre el Santuario, y no quiere ni discutir, ni mucho menos ceder o perder sus derechos sobre este Patronato, y de esta forma, estos derechos pasan de un Concejo a otro, como sagrada herencia que todos los Concejos, todos, sean del matiz político que hayan sido, durante esos cientos de años, han defendido y custodiado hasta nuestros días.
El Concejo se apoya en las siguientes razones
1.º—La primera Ermita y la Casa y posterior Iglesia las ha construido el Concejo.
2.º—Desde el primer momento de dar culto a la Virgen el Concejo pone los ermitaños y luego trae a los Padres Agustinos que se hacen cargo del Santuario.
3.º—Todos los gastos que origina el mantenimiento del Santuario, así como los gastos de las dos procesiones que anual-mente se celebran, los sufraga el Concejo.
4.º—Desde que se construyó la primitiva Ermita, el Concejo ha nombrado I os administradores, cambiándolos cuando ha creído oportuno.
Año 1551. Carlos V reina en España, está en el apogeo de su reinado; ha acometido con valentía los graves problemas que se le presentaron: detiene el avance de los turcos en el Mediterráneo; interviene en el acoso francés sobre Italia, y combate enérgicamente el movimiento luterano, encarnado por los príncipes alemanes, que perseguían su independencia.
Carlos V honra a Villena, y por real decreto fechado en Toledo el 25 de febrero de 1525, le concede el privilegio de Ciudad, pasando de Villa a Ciudad. La Iglesia está gobernada por Clemente VII, que durante su pontificado tiene que padecer el cisma de Inglaterra, la consolidación del protestantismo en los países germánicos y soportar la embestida de los turcos.
En este contorno nacional y eclesiástico surge el pleito entre el Concejo y el Obispo de Cartagena, que pretende suprimir el Patronato del Concejo sobre el Santuario y que éste pase a depender directamente del Obispado, «protestando que estaba radicado el Santuario dentro de su Diócesis» (10).
Ante esta demanda del Obispo, se reúnen el Concejo, Justicia y Regimiento de la Ciudad, compuesto por Pedro Oliver y Alonso Rodríguez, Alcaldes Ordinarios; Alonso Rodríguez Miño. Alguacil Mayor; Rodrigo Martínez de Olivencia, Francisco Díaz, Alonso Oliver y Alonso de Mergelina, Regidores, y Francisco Vellod, honrado, todos Oficiales del Concejo, y otorgan y dan todo su poder «cumplido, libre, bastante y verdadero al Escribano Juan Roiz de Junco para que en su nombre y representación, pueda asistir a todos sus pleitos, causas y negocios Civiles y Criminales» (11).
En primera instancia, el pleito se ventila en Villena, y el Escribano Juan Roiz de Junco presenta seis testigos, todos vecinos de Villena, para que presten su testimonio a las nueve preguntas que les van a hacer sobre el Santuario, el Concejo, etc. No es posible, por su extensión, en un trabajo de escasos límites como es el presente, tratar de todo cuanto aconteció en el citado pleito y las vicisitudes por las que hube de pasar el pleito hasta llegar a feliz término; sin embargo, vamos a tratar de resumir algunos de sus datos principales por la importancia que el citado pleito tuvo para Villana y el Santuario.
A los testigos se les hacían nueve preguntas, con idéntico contenido para los seis. MARTIN DE VALERA, de edad de sesenta años.
TESTIGO 1.º
A la segunda pregunta, dijo: Que este testigo en el tiempo que fue la pestilencia, como la gente de esta Ciudad, por el temor de la muerte, dejaron y desampararon sus casas y hacienda que en esta Ciudad tenían, y fueron la más gente de los vecinos y moradores de esta Ciudad, que a la sazón vivían en ella, y se fueron a los campos y habitaban en donde dicen la Fuente del Chopo, adonde está edificada y hecha la dicha Ermita y Casa de Nuestra Señora de las Virtudes, en chozas y barracas, que para ello hacían, y estando en las dichas barracas este testigo nació y después lo ha oído decir a su madre y a sus ancianos y mayores, según como lo tiene dicho y declarado (12).
A la octava pregunta, dijo: Por lo que dicho tiene y porque Nuestra Señora es Abogada y Patrona de la Ciudad y de los Vecinos de ella y los libra de las pestilencias y de otras adversidades, porque ha visto algunos años tener necesidad de agua y prometer de ir en procesión a la dicha Casa y luego Nuestro Señor llueve y da los remedios que es servido y que no sería justo que las dichas procesiones se quitasen, por ser tan devota la dicha Casa y por muchos milagros que en ella se hacen y que esto es verdad (13).
HERNANDO DIAZ, de edad de setenta años. TESTIGO 2.º
A la primera pregunta, dijo: Que es de edad de setenta años, dos más o menos, y que no concurren en él ninguna cosa de las contenidas en las preguntas generales, ni le tocan, y que desea que venza este pleito quien justicia tenga (14).
A la séptima pregunta, dijo: Que ha visto al Concejo hacer los dichos gastos, en cada un año, en las dichas procesiones, en dar de comer a los Clérigos y Ministriles y en pagarle su trabajo a los Ministriles, se gasta en cada un año los dichos cinco mil maravedises, poco más o menos, y que ha visto tomarlo en cuenta a los Gobernadores, porque este testigo ha sido Regidor algunos años y lo ha visto por vista de ojos (15).
HERNANDO DE ESCRIVANO, de edad de sesenta y cinco años. TESTIGO 3.º
A la tercera pregunta, dijo: Que el dicho su padre y sus tíos de este testigo, le dijeron muchas veces, cómo estando en las dichas barracas mucha gente de esta Ciudad no tenían Iglesia, para que les dijesen misa. Fue acordado, entre ellos, que hiciesen una Ermita y tenían diferencias de qué invocación se haría. Hasta que vinieron a echar suertes y cupo por suertes que se dijese Nuestra Señora de las Virtudes. Y así los dichos mis padres y mis tíos y otros vecinos de esta Ciudad y señalaron el sitio y enviaron a Murcia y trajeron licencia para hacerla y esto sabe de esta pregunta y que en la dicha Casa sabe que se hacen muchos milagros y viene mucha gente en Romería, así del Reino de Valencia, como del Marquesado, y otras partes y es Casa de mucha devoción (16).
A la quinta pregunta, dijo: Que del tiempo que se acuerda a esta parte, vio se hacen en cada un año las dichas procesiones, la una el día de Nuestra Señora de Marzo y la otra el día de Nuestra Señora de Septiembre y van en la procesión el Concejo de esta Ciudad y la Clerecia y otra mucha gente del Pueblo y de otras partes y llevan trompetas y otros instrumentos y hacen muy solemne fiesta y el Concejo da de comer a los Clérigos y a los Ministriles, en que se hace de gasto en los Ministriles y Predicador lo susodicho (17).
TOMAS DE SALINAS, de edad de ochenta años, TESTIGO 4.º
A la segunda pregunta, dijo: Que al tiempo que dicha pestilencia se iba encendiendo en esta Ciudad, este testigo vivía en ella y se fue huyendo de esta Ciudad, por miedo de la pestilencia y que no paró hasta Zaragoza y que vio cómo huyó mucha gente de esta Ciudad y que casi toda se fue a la Fuente del Chopo, donde ahora está Nuestra Señora de las Virtudes edificada (18).
A la novena pregunta, dijo: Que lo que sabe es, que de vista ha visto cómo que después que la Ermita de nuestra Señora se edificó, nunca ha habido pestilencia en este Ciudad, aunque ha habido en las comarcas, y que tiene por cierto y se parece por experiencia, que Nuestra Señora es Abogada de los Vecinos de esta Ciudad y sabe esto de esta pregunta y no firmó porque dijo que no sabía escribir (19).
JUAN GARCIA DE SEPULVEDA, de edad de sesenta y ocho años. TESTIGO 5.º
A la segunda pregunta, dijo: Que porque de vista se vio cómo de aquella pestilencia le murieron a este testigo dos hermanos, y oyó decir a sus ancianos, que la mayor gente de este Pueblo se huyó a la Fuente del Chopo, donde está edificada la Casa y Ermita de Nuestra Señora (20).
A la cuarta pregunta, dijo: Que porque de vista ha visto y ve dicha Ermita en aumento y de cada día va, y que sabe que el Concejo de. esta Ciudad es Patrón y Administrador de la dicha Casa y ha visto cómo muchas veces ha mudado administradores de la dicha Casa y que los quita y otros pone cuando quiere (21).
ANTONIO SERRANO DE SALINAS, de edad de noventa años. TESTIGO 6.º
A la segunda pregunta, dijo: Que lo sabe porque se halló en ello presente y vio cómo hacia barracas la gente a una parte y a otra de la Fuente del Chopo y vio cómo mucha gente de la Ciudad, de la cual habla huido por la pestilencia, estaban y vivían en barracas, alrededor de la Fuente del Chopo (22).
A le sexta pregunta, dijo: Que él había Ido muchas veces a Nuestra Señora en procesión y ha visto una legua, poco más o menos, y ha visto cómo el Concejo, como Patrón de dicha Casa, hace las dichas procesiones, y les da de comer a los dichos Clérigos y Ministriles (23).
Los seis testigos coinciden en sus declaraciones; con ellas demuestran:
1.°—Oue existe el Santuario, a una legua, aproximadamente, de la Ciudad.
2.°—Que la Ermita primitiva, así como la Casa y la nueva Iglesia han sido edificadas a expensas del Concejo.
3.°—Oue las dos procesiones que se hacen al año están costeadas por el Concejo, así como todos los gastos que se originan para sostener el Santuario.
4.°—Que desde el primer momento de dar culto a la Virgen, el Concejo ha nombrado ermitaños y ha puesto los administra-dores y los ha quitado cuando ha creído oportuno. Ha traído a los Padres Agustinos para que el Santuario esté mejor atendido.
Y estas declaraciones evidencian claramente: la realidad de la peste, la presencia milagrosa de la Imagen de la Virgen en la Fuente del Chopo, la razón y motivo de venerar a la Virgen bajo la advocación de Santa María de las Virtudes y la devoción que desde el primer momento prendió en este pueblo a su Virgen y que ha continuado, siempre con el mismo fervor, a través de los tiempos.
El pleito pasó al Real Consejo, ya ubicado en Madrid, y dicho Consejo, por una Real Ejecutoria, pronuncia sentencia favorable al Concejo de Villena, fechada en Madrid a 28 de septiembre de 1575, en la que dice: «los Señores del Consejo de Su Majestad, habiendo visto el pleito entre la Ciudad de Villena por una parte, con el Obispo de Cartagena por otra, dijeron que mandaban y mandaron dar Provisión de S. Majestad, para que el Obispo de Cartagena no impida a la parte de la ciudad de Villena, la administración de la Ermita de Nuestra Señora de las Virtudes y el poner Capellán y Mayordomo en ella. Y así lo proveyeron y mandaron sin costas. Firman los Consejeros Reales: Doctor Obispo de Segovia; Licenciado Gilmayor; Licenciado Juan Francisco Martínez Liérvana; El Licenciado Contreras; El Doctor Luis de Medina; Yo, Juan Gallo de Andrada, Escribano de Cámara de Su Majestad, lo hice escribir por su mandato, con acuerdo de los de su Consejo» (24).
El Concejo había ganado su primer pleito, aunque para ello tuviera que esperar un largo período de veinticuatro años.
NOTAS: (1) a (24). LEGAJO número 1.—DOCUMENTOS SOBRE EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LAS VIRTUDES.—Archivo Municipal de Villena.
Madrid, aquel castizo Madrid de nuestros abuelos, perdió su fisonomía barriobajera cuando murieron los personajes de Mary-Pepa, Felipe, La señá Rita, Julián, Casta, Susana, etc...
Hoy presume de ciudad moderna y cosmopolita y nada nos recuerda aquello. Mas cuando anochece, pese a sus rascacielos, sus luminosos letreros y su ruidoso tráfico, baja como del cielo un ser embrujado que se apodera del transeúnte solitario y le va cantando al oído cosas de entonces.
Abandono precipitadamente el vehículo, que rápido me lleva, al darme cuenta de lo inútil de esta prisa cuando nada tengo que hacer...
¿Dónde estoy?, preguntó al chófer, en Cibeles. ¡Bien, cobre! Caminaré por la calle de Alca-hasta la Puerta del Sol, o quizá más, si me ayudan mis piernas, pero despacio, saboreando los recuerdos que arrebujamos, como nuestro cuerpo, en el tibio abrigo. Este edificio, hoy majestuoso en sus mármoles, fue antaño el Teatro Apolo, a quien ganó la batalla Mercurio, más arriba, en la acera opuesta otro Banco nos recuerda el emplazamiento de lo que fue Granja Henar y resucita la agria figura del actor de Tirano Banderas, con su barba de chivo, imponiéndose en una tertulia en la que no admitía más que oyentes. Cruzo Peligros y miro a la izquierda, la esquina de Sevilla, que guarda el caudal del chismorreo taurino y teatral de muchos años. Casino de Madrid, hermético y seriote, medianil edificio de Hacienda con el secreto de sus enrevesadas ecuaciones. Llego a Sol y me desagrada hundirme en el pasado, la reciente reforma y la luz de sus maravillosas fuentes. De prisa cruzo y la calle del Arenal me acoge en sus brazos y protege mi nostalgia. (Suena un piano)... que ejecuta maravillosamente la preciosa «Fantasía Morisca» de Chapí. Me paro ante un portal escuchando... Aquella, aquella bella composición... sí, ya... miro el número y efectivamente... El domicilio del Maestro...
«El Imparcial» con los detalles de la muerte del Maestro Chapí, «El Imparcial» que acaba de salir... «El Impar...
De esta casa misma salió, camino de un mundo mejor y más Justo, el autor de tantas y tantas celebradas páginas musicales... Un triste sueño me va sumiendo en su sopor y...
La estancia está medianamente alumbrada por el débil sol de aquella tarde de invierno. El despacho de trabajo del Maestro, con ese desorden ordenado de los artistas, papeles pautados, partituras a medio terminar, libros, etc. y sobre el fondo un piano.
Trabajaba en su mesa, siempre hay prisas y toda su atención está sujeta a su labor; María Teresa, una de las hijitas de Chapí, sostiene en sus brazos una hermosa muñeca y mira tras los cristales, el pasar presuroso de los transeúntes por la calle. María Teresa vive «Privilegio casi a ella solo concedido», la intimidad de este cuarto de trabajo de su padre. Vive su intimidad, y en parte colabora en el desorden de él. Pese a sus pocos años fija su atención en todo lo que ocurre y no se escapa para ella detalle por pequeño que sea, por eso sus inteligentes «salidas» hacen reír más de una vez al músico.
Aquella tarde está triste y apenas nota su presencia allí. Hace ya mucho rato que mira por los cristales del balcón y ni volvió una sola vez la cabeza ni menos trató de interrumpir la labor de su padre. Chapí nota que algo le falta aquella tarde y levantando la cabeza pregunta.
—¿María Teresa, qué ocurre? ¿No juegas hoy con tu muñeca...? ¿Estás enferma tal vez? La niña nada contesta, ni siquiera vuelve la cabeza. Chapí adivina algo en esta rareza y levantándose coge en sus brazos a la pequeña y la sienta sobre sus rodillas.
Vamos, ven, dime. ¿Por qué no quieres contestar a papá? ¿Acaso provoqué yo ese enfado que presumes? Vamos, dime en seguida la que ocurre.
Pues sí, papaíto, estoy enfadada contigo. —¿Conmigo, y por qué?
— Porque veo que no me quieres nada. Tú no haces más que escribir y escribir para tanta gente como te pide, y yo te rogué hace mucho tiempo que me hicieras una cosa de esas bonitas para dormir cantando a mi muñeca, y nunca tienes tiempo, siempre me dices que ahora no puedes.
Chapí ha comprendido al fin el enfado de su hijita querida y riendo responde.
—Ahora mismo, María Teresa bonita, te voy a escribir lo que solicitas para tu muñeca, verás...
Y sosteniendo a su hija muy apretada contra su corazón, coge un trozo de papel pautado, pluma y tararea al oído de la niña, mientras escribe, las notas de una preciosa Polka.
—Ya está, ahora veremos si te gusta cuando la toque al piano. (Toca la Polka). La pequeña entusiasmada grita.
—iBravo, papá!... qué bonita es... Toma, toma, toma, le colma de besos, y sale corriendo de la estancia para enterar a toda la familia. Chapí, sentado nuevamente en su mesa de trabajo, casi en penumbra la estancia, sonríe al tiempo que limpia sus gafas empañadas por el vapor de unas lágrimas. Tal vez piense que fue la composición más ricamente pagada de todas cuantas hizo.
Mas mi invisible presencia no me priva de sentirme un poco avergonzado de ser testigo de esta escena íntima del maestro y rápida abandono la estancia...
Cuando despierto de este dulce sueño, todavía resuenan en mí las notas de aquella Polka.
Muchos años después de la muerte del Maestro, rebuscando en sus papeles apareció el original de la composición aludida.
El autor de este trabajo, aprovecha la ocasión que ha tenido de airear esta página íntima, y lo hace en gloria del MAESTRO CHAPI, dedicándola en su nombre glorioso, o todas las lindas muñecas de las bellas niñas de España.
OSCAR MONTIEL SELLER
Villena, julio 1969.
Extraído de la Revista Villena de 1978 

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