9 abr 2026

1978 “NEGROS” y “BLANCOS” EL BATALLÓN DE VOLUNTARIOS REALISTAS DE VILLENA NÚM. 42

“NEGROS” y “BLANCOS” EL BATALLÓN DE VOLUNTARIOS REALISTAS DE VILLENA NÚM. 42. Por José M.ª Soler García.
Dibujo: PEDRO MARCO
Un hallazgo singular
En el verano de 1958, al derribar una antigua casa en la calle de Emilio Hernández (antes Blasco), apareció bajo las tejas una carpeta de cartón, atada con cinta blanca, que nos fue entregada por el entonces maestro de obras Juan Martínez Saúco, a quien deseamos rendir desde aquí público homenaje de agradecimiento.
Contenía tal carpeta la documentación, prácticamente completa, de la Compañía de Granaderos del Batallón de Voluntarios realistas de Villena n.º 42, con algunos documentos correspondientes al tercio de la villa de Sax y algún otro papel que después comentaremos. Para su debido encuadramiento histórico, esbozaremos primero la génesis de estas fuerzas paramilitares.
Constitución de 1812 y advenimiento al trono de Fernando VII
Durante la guerra de la Independencia, hubo en España dos gobiernos: el del usurpador José Bonaparte y el de Fernando VII, a quien retenía en Francia Napoleón, y como los ciudadanos se sentían huérfanos de poder, constituyeron una «Junta Central», transformada luego en «Consejo de Regencia», que hizo un llamamiento al país para que enviara sus representantes a Cortes Constituyentes, las cuales se reunieron en Cádiz y discutieron la Constitución liberal promulgada el 19 de marzo de 1812.
Expulsados por fin los franceses, Fernando VII, que con su felonía habitual había llegado a abdicar en Napoleón y a felicitarle por sus triunfos en España, tan pronto pisó territorio español en 1814, disolvió las Cortes, procesó a todos los diputados y restableció la Inquisición.
Revolución de 1820. Los «Cien Mil Hijos de San Luis»
Pese a todo, el espíritu liberal seguía latente, y la sublevación del coronel Riego en Las Cabezas de San Juan, al frente de las tropas acantonadas para ir a sofocar la insurrección de las colonias de América, obligó al Rey a restablecer el sistema constitucional. Pero al mismo tiempo, Fernando VII, que por algo ha sido apodado «el Doble», iniciaba gestiones diplomáticas para provocar una intervención extranjera que la vecina Francia, apoyada por las potencias de la Santa Alianza, se encargó de realizar, cruzando la frontera en abril de 1823 con el ejército denominado «los Cien Mil Hijos de San Luis».
La llamada «Ominosa Década». Detención y exilio de Joaquín M.ª López
Con la llegada de los franceses, Fernando VII recuperó su poder absoluto, del que usó inmediatamente y sin remilgos para perseguir a los liberales, apodados «negros», en oposición a los realistas, denominados «blancos», que siempre los españoles hemos sido propensos a diferenciarnos por el color. La represión, dirigida por Calomarde, fue sangrienta, y a consecuencia de ella fueron ejecutados Riego, «el Empecinado», Torrijos, Mariana Pineda y muchos otros que no lograron o no quisieron exiliarse.
Don Joaquín M.ª López, que había obtenido en 1823 el grado de teniente en la «Milicia Ciudadana», creada para auxiliar al ejército regular en su lucha contra los invasores, una vez levantado el cerco de Valencia se unió al cuerpo de ejército de Ballesteros que, en su retirada a Andalucía, sufrió la derrota de Campillo de Arenas, fatal para la causa de los liberales.
En su desbandada, los milicianos nacionales hubieron de sufrir la terrible persecución de los realistas que dominaban en los pueblos por donde pasaban. Al llegar a Villena, López fue detenido y conducido al cuartel realista de Novelda, que era el terror de la comarca. En mayo de 1823 consiguió emigrar a Francia, y allí permaneció hasta que, en 1825, obtuvo permiso para regresar y estar presente en el fallecimiento de su madre.
A este período de cruel reacción, iniciado en 1823 y terminado poco antes de la muerte del rey en 1833, se le conoce en la historia como la «Ominosa Década», y fue al principio de ella cuando se crearon, como réplica a las «Milicias Nacionales», los batallones de «Voluntarios Realistas», que no fueron sino los auxiliares provincianos de la represión.
El batallón de Voluntarios Realistas de Villena núm. 42
En la escondida carpeta de la calle de Emilio Hernández había 44 fichas de afiliación; 23 credenciales ya extendidas y firmadas; 19 relaciones de personal, vestuario y armamento; una hoja de instrucciones para oficiales y clases, y un libro de órdenes, aparte de otras cuatro relaciones correspondientes al tercio de Sax. un recibo de contribuciones y una hoja manuscrita de que luego nos ocuparemos.
Por las mencionadas relaciones nos enterarnos del uniforme usado por aquellos voluntarios, que se componía de casaca con dragonas o charreteras, pantalones de paño o lienzo, botines, corbatín, morrión con su correspondiente pompón, gorro de cuartel, correaje con cartucheras y tahalí. El armamento se limitaba al fusil y a la bayoneta.
El reclutamiento se inició a mediados de 1823 y prácticamente quedó ultimado en octubre de 1824. A partir de aquí, los mismos nombres, con escasas altas y bajas, vienen repitiéndose hasta la disolución de la compañía en 1833. En todas las credenciales firma como comandante Joaquín de Mergelina y Colomer; José Navarro como capitán, y José de Mergelina y Ortega como «encargado del detall». Entre los papeles había, según dijimos, un recibo de contribución a nombre del capitán José Navarro, lo que autoriza a pensar que fuera él mismo quien realizara la ocultación.
En su momento de mayor apogeo, que fue durante los años 1826-27, el batallón se componía de unos setenta números, incluida la oficialidad que, como podrá observarse más adelante, pertenecía al estrato hidalgo de la población. El resto se reclutó entre los estamentos más humildes, ya que el setenta por ciento lo componen hortelanos, jornaleros y braceros, probablemente al servicio de los jefes del batallón, y el diez por ciento son traficantes, tratantes y carreteros. Hay, además, tres labradores, un «vinculista», un sastre y un molinero.
El noventa por ciento de los voluntarios son casados y en edades comprendidas entre los treinta y los cincuenta años, y hay dos muchachos jóvenes, de diecinueve años, que alegrarían los desfiles tocando el tambor y el pífano. Se llamaban Francisco Pérez Prats y Agustín Sauri Munuera, que no parecen ser de ascendencia villenense. Casi todos los voluntarios lucían unas bien pobladas barbas.

Ortografía original:
«Este pobre majadero
que llegó casa a tener
por portarse su mujer
bien con cierto cavallero,
prosiga en ser arinero
y si tiene podadera,
quite !leña a la olibera
y llévela a su corral
y el Pribilegio Real
no nombre en chanza ni en bera.
«Amigo mío Coziol: un 
sugeto que te estima 
te dice que a Mergelina 
le sirvas siempre leal; 
pero te encargo, Pasqual, 
que por todo un Dios eterno, 
no te meccles en govierno 
porque si alguno te pilla, 
será la mejor astilla
acerte peazos un cuerno».
En algunas de las estrofas se hace alusión a un famoso líder político de la época, Mateo Tomás, que tuvo indudable ascendiente sobre las masas proletarias. Véanse los ingenuos y encendidos elogios que se le dedican:
«Jesuchristo Redentor 
de todo el género humano 
y en Villena, en este año, 
tenemos otro señor: 
un labrador con honor. 
¿Quién es aqueste señor? 
Un viejo honrroso y canoso 
vno que al grande Moscoso 
se la tubo con rigor».
«Aqueste es merecedor 
que el pueblo todo le aclame 
y que todo el pueblo llame 
nuestro Padre y Protector 
voceando sin ruvor 
por él daremos la sangre. 
Este es el grande Mateo, 
Tomás por el apellido, 
el que nos ha redimido 
del faraón Asmodeo».
Medio siglo después, todavía se le recordaba con respeto y admiración, como puede verse en el soneto inserto en el primer número del semanario «La Rana», que reproducimos en estas páginas. El director del periódico, firmante del soneto, era Juan Hurtado Tomás, pariente del político ensalzado y poeta fácil que, en cierta ocasión, fue capaz de improvisar un largo brindis en verso durante un banquete ofrecido a Canalejas en Alicante.
Colofón
Pensamos que aquellas coplas anónimas pudieron llegar a las manos del comandante Mergelina merced a los buenos oficios de algún delator. Y allí, en aquella humilde carpeta oculta entre las tejas de una vieja casa, quedaron archivadas en unión de unos documentos militares que avivan el recuerdo de una de las más tristes épocas de la historia de España y su reflejo en el acontecer histórico de nuestra ciudad.
El libro de órdenes
Es un cuaderno en cuarto, con cubiertas de papel rameado de diversos colores, que comienza el 1 de enero de 1832 y termina el 9 de mayo de 1833.
Casi todas sus anotaciones se limitan a reseñar la guardia del día, pero hay una más extensa, fechada el 12 de febrero de 1832, en que se da a conocer la plana mayor del batallón, con los jefes y oficiales, cuyos nombramientos habían sido firmados por el monarca el 17 de enero. Eran los siguientes:
1er. Comandante: D. José Joaquín Selva, que era Teniente retirado de Infantería.
2.º Comandante: D. Joaquín de Mergelina Colomer.
Capitán Ayudante: D. Francisco Ximénez Lorca.
Capellán: D. Pedro Estevan Segovia, Pbro.
Capitán de Granaderos: D. Alfonso de Mergelina y Castillo.
Teniente de id.: D. José Navarro.
Capitán de Cazadores: D. José Mergelina y Ortega.
Teniente de id.: D. Cristóbal Mergelina y Ortega.
Subteniente de id.: D. José Ortuño.
Capitán de la 1.ª Comp.ª: D. Francisco Martínez Conejero.
Subteniente de id.: D. Francisco Albalat.
Capitán de la 2.ª Comp.: D. Ambrosio Benito.
Teniente de la id.: D. Pascual Irles.
Capitán de la 3.ª Com.: D. José León Torre-blanca.
Capitán de la 4.ª id.: D. Diego Chico.
Capitán de la 5.ª id.: D. José García Mur. 
Subteniente id.: D. Antonio Hernández. 
Teniente de la 6.ª id.: D. José Ximénez Lorca. 
Subteniente id.: D. Francisco Segovia.
Se señala, además, que el teniente D. Diego Alpañés subsistiría como tal hasta que fuera sustituido.
Otra disposición, de 18 de febrero, ordena a los oficiales se presenten uniformados al día siguiente para asistir a la función de iglesia que habría de celebrarse en acción de gracias por el feliz alumbramiento de la reina.
Y es curiosa la de 6 de mayo de 1833 en la que se ordena que un subalterno y ocho voluntarios patrullen durante toda la noche para evitar cualquier exceso que pudieran cometer los quintos.
Coplas aprehendidas al bando «negro».
Esta última disposición nos indica que el batallón se arrogaba como uno de sus cometidos el de guardar el orden público, pero la fundamental misión de esta milicia nos la aclara uno de los papeles guardados con los documentos administrativos de la unidad. Se trata de una hoja doblada de papel, con tres de sus páginas cubiertas de versos manuscritos de carácter panfletario y con abundantes alusiones personales de no fácil comprensión en la actualidad.
Del tono de estos versos, cuya calidad poética es bastante deficiente, pueden dar idea las siguientes estrofas, que transcribimos con su orden.
FOTO: FLOR
¡Válame el cielo y socórrame hoy, pues la razón se me turba o veo un gigante aparecer tras del tejado desta casa! 
Y es su aspecto tan fiero, tan descomunal su figura pues por cima de las tejas sobresale, y aún más por Ir a la usanza mora vestido, que tengo para mí sea figura del Averno, desde donde el malo nos acecha y doblegar quiere nuestro ánimo con sobresaltos y visiones. ¿Son por ventura llegados otra vez tiempos de gigantes cuya sola aparición nos saque el ánima del cuerpo? ¿Habremos de llenarnos de temor como otrora a la vista del gigante Biareo, que con sus cien brazos era la esperanza de los Titanes que combatieron a los dioses y cuyo sueño guarda el Etna en sus entrañas, no sin poder Impedir que escapen sus broncos resoplidos? ¿Vendrá de nuevo a turbarnos Argante, que nos espanta desde los relatos del Boyardo, o el aterrador Fierabrás, que vivió en tiempos de Carlomagno, o aquéllos que Plinio relaciona y que con solo verles llevaban el terror a los más esforzados pechos?
No hay tal, mi señor, que ni fiero gigante es ni envidiado por diablo Sotil siquiera viene. Pues solo hay artificio de madera y cartón, vestido de burdo paño o estameña, donde queréis ver gigante de desmesurada proporción y amenazadora traza. Símbolo es de fingida morisma, cuyos componentes rememoran las luchas que en esta tierra sostuvieron y que figuran reñir con los cristianos, bien que ambos a la par se ocupen más de fiestas y alborozos que de guerras y batallas, aun siéndolo engañosas. Ahora se disponen, sin embargo, y de ahí que el disforme y risible mascarón veáis, a simular la toma del castillo adonde todos se dirigen; y allí podréis ver, si hasta sus muros os llegáis, las huestes de ambos bandos; y sorprendido seréis ora de los lujosos atavíos que unos y otros lucen; ora de las gentes y músicas que les acompañan, admiran y aplauden. Y no menos lo seréis de las discretas razones que los caudillos de ambos bandos, uno como señor del castillo y otro como su sitiador, van ensartando gentilmente para admiración de todos los que ...
Extraído de la Revista Villena de 1978

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