2005 ROJAS Y MACHADO EN VERSOS

ESPECIAL DIA 4 QUE FUERA
ROJAS Y MACHADO EN VERSOS. Por... Ernesto Pardo “ Nadie esta lira toque si no es el mismo Apolo. Nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan”. (A. MACHADO) Al pretender escribir sobre Alfredo, sin saber porqué, quizá por una de esas jugadas del subconsciente, tal vez por escudarme en la poesía en los momentos más íntimos, en mi interior nació un paralelismo literario con Antonio Machado, al recordar lo que de él dijo Rubén Darío que era “lumino­so y profundo”. Y ciertamente así veía yo al autor de "Las Cha­rraícas del Paseo". Pero también fue íntimo, sugeridor y sugestivo hasta el linde último y preciso, y cálido y fervoroso y dulcemente turba­dor e inolvidable. Sus escritos son el paradigma general de la desnudez, de la sencillez y de la expresividad. Los más nobles destinos del hombre, la nostalgia, la tradición, la imagen más sensible que razonable del mundo, el amor humilde por las cosas humildes están latentes en el lirismo de este escritor sin par, como diría de Machado, Federico Carlos Sáinz de Robles. Este paralelismo coincidente se acentúa, o así me lo parece, en todos y cada uno de los versos de la composición poética. Retrato, pues, casi podríamos decir que es una declaración de intenciones del propio Alfredo al recordar aquello de: *Al cabo nada os debo, debeisme cuanto he escrito a mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho donde yago.
Maravillosa descripción de alguien que nada realizó con afán de lucro. Se ofreció con generosidad y se dio todo él en cada entrega sin alardes ni pedantería. Sin buscar nada a cambio. *¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera mi verso como deja el capitán su espada famosa por la mano viril que la blandiera no por el docto oficio del forjador preciada. Fueron sus escritos muy cuidados en estilo y gramática. Con perfecto sentido del equilibrio y de la armonía. Sus formas de expresión impecables, donde fluía su cultura muy amplia y finalmente asimilada, en alguien que se diferenciaba por ser autodidacta; pero el paralelismo es tal que el «andalucismo» en uno y el “villenerismo” en otro, lo tenían a flor de piel en lo profundo y en lo bohemio, lo sensual y lo triste, lo preciosista y lo amoroso. *Hay en mis venas sangre jacobina pero mi verso brota de manantial sereno y más que un hombre que sabe su doctrina
soy en el mejor sentido de la palabra bueno. Y tanto que lo fuiste. En silencio. Enemigo de vanidades y alabanzas. Sin gestos para la galería. Como dice el quinto cuarteto del Retrato; por cierto, parece ser que el cinco siguió a ambos en los momentos importantes de su vida. Vieron la luz un año terminado en cinco. En 1925 nace Alfredo y publica Antonio “Nuevas Canciones”. En 1975 concibe Alfredo sus “Charraicas”, que comienza a publicar al año siguiente. Y tam­bién nos dejó para siempre un año terminado en cinco. Pues bien, en el quinto cuarteto del Retrato se hace una semblanza que nos aclara sus ideas de todo aquello que no debe rodear a un personaje y las voces que deben y no ser escuchadas: *Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos, que cantan a la luna a distinguir me paro las voces de los ecos y escucho solamente entre las voces una. Esta semejanza imaginaria alcanza, así me lo parece, el cénit de la igualdad cuando se describe la idea sobre la vida y la muerte. *Y cuando llegue el día del último viaje y esté a partir la nave que nunca ha de tornar me encontraréis a bordo ligero de equipaje casi desnudo como los hijos de la mar. Y en esa mar, en esa eterna e infinita lejanía, donde amarran las naves del recuerdo, para nunca tornar, deposito el último cuarteto. *Converso con el hombre que siempre va conmigo quien habla solo, espera hablar con Dios un día mi soliloquio es plática con ese buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía. Este retrato de Antonio Machado podía ser el de Alfredo, porque así era él o por lo menos así yo lo veía “luminoso y profundo”. Aprovecho unos versos de Rubén Darío para darle mi ¡adiós! *Ha muerto un hombre honrado un corazón leal ¡un buen amigo! ¡Y qué esposo perdió la pobre esposa y qué padre sus hijos!... ¡Que solo está ese lugar! Cómo volaron las alas que cubrían su nido! Ayer días de gozo, hoy la tumba siniestra, el cuarto frío. ¡Oh amigo! Aquella mano que estrechaste en un tiempo con cariño, hoy escribe estos versos segura de que tú ya has de sentirlos, pues la palabra que del alma brota debe ser escuchada en lo infinito... ¡Hasta la vista en la ciudad eterna... ¡Adiós mi buen amigo!... ERNESTO PARDO DIA 4 QUE FUERA 2005
Cedido por... Joaquín Sánchez

1 comentario:

Anónimo dijo...

Con cuatro años de retraso leo este magnifico artículo de Ernesto Pardo.
FELICIDADES. Por cierto,¿para cuando un reconocimiento público para Ernesto?

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