Mostrando entradas con la etiqueta * MEDALLA DE ORO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta * MEDALLA DE ORO. Mostrar todas las entradas

12 ago 2026

1973 MEDALLA DE ORO DE LA CIUDAD A JOSÉ MARÍA SOLER GARCÍA

Medalla de Oro a José María Soler García
Cabe apostillar a José María Soler como el villenense que a lo largo del dilatado discurrir de la Ciu­dad, ha contribuido en mayor me­dida a desvelar la historia y la prehistoria de la tierra que le vio nacer. Y puede añadirse que, a la vez, ha estudiado el folklore local, las curiosas particularidades de sus expresiones orales, sus monu­mentos característicos y varios as­pectos que atañen a la población. Nadie merece como él la gratitud de sus conciudadanos, pues dedicó toda su vida, dilatada y fecunda, al estudio de una multitud de circunstancias entre todas las que conforman la rea­lidad villenense.
Soler nació el 30 de septiembre de 1905, hijo de un abogado local. En su juventud fue muy popular en la ciudad. Pronto brilló por su cultu­ra, sus conocimientos; ingresó en el Cuerpo de Correos y en 1936, al ini­cio de la guerra civil, cuando contaba 31 años, era jefe de Correos de nues­tra ciudad.
Es sabido, por testimonios de sus coetáneos, que en su juventud se distinguió por su participación en varias actividades culturales; escribió en la prensa local y dirigió un grupo teatral de aficionados. En otro orden, perteneció a la Comparsa de Estudiantes, se dice que gozaba de cier­to éxito entre las féminas de la población, pues bailaba muy bien y se dis­tinguía por sus excelentes cualidades entre el estamento más elevado de la sociedad villenense.
Entrega de la Medalla de Oro de Villena.
La guerra civil iniciada en 1936 hizo que fuera movilizado y formara parte del ejército republicano; sin embargo, su actuación en él no tras­cendió de las funciones postales. Vuelto a Villena en 1939, fue desposeí­do de su puesto en Correos, que no recobraría hasta 1970 y encarcelado «por auxilio a la rebelión». Cuántas veces lamentó amargamente, refiriéndose a esta tipificación de su supuesto delito, que «los que se rebelaron fueron ellos». Solamente permaneció unos meses, cinco o seis, en la prisión. En una época en la que bastaban débiles argumentos para justificar una pe­na de muerte o largos años de cárcel para los vencidos, no se encontró en su actuación nada concreto en que basar una acusación. Recordemos que un simple «Viva la República» estampado en un vagón de ferrocarril po­cos días después de acabar las hostilidades, en 1939, bastó para que las fuer­zas militares que ocupaban la ciudad condenaran a muerte y fusilaran de inmediato a un villenense.
Vuelto Soler a Villena, todavía en 1939, tuvo que buscar una manera de ganar el sustento. Dio clases particulares, de contabilidad y alguna otra disciplina; participó como profesor en una academia privada, la llamada de «Nuestra Señora de las Virtudes»; ejerció otras menudas actividades con la que complementar sus escasos ingresos y acabó finalmente como contable y jefe de oficina de una empresa de fabricación de calzado local. A ésta, que cerró, siguió otra, hasta que se jubiló en la edad reglamentaria. Poco después llegó el reingreso en Correos, lo que supuso para él, dada su edad, no una función laboral, sino la pensión como jubilado que cobró hasta su muerte, ocurrida el 25 de agosto de 1996.En 1939, la situación política, con la que estuvo en desacuerdo, y la asfixiante atmósfera local, dominada por una minoría triunfadora que impuso sus prerrogativas, con el cortejo de detenciones y condenas a muer­te, Soler se recluyó en su domicilio, lejos de la vida social en la que tan­to había contado hasta el inicio de la guerra civil. No pocas veces me re­firió el propósito que hizo de refugiarse en la tarea de escribir, prácticamente apartado del discurrir local, la historia de nuestra ciudad. Y, como cabía esperar de su espíritu cartesiano, la inició con el estudio de su probable prehistoria. Que se reveló tan importante y fecunda a la luz de sus inves­tigaciones, que hubiera tenido que vivir varias vidas para agotarla.
Soltero, con una hermana asimismo soltera y una servidora que era ya un miembro más de la familia, Soler quedó libre para sus investigaciones y sus tareas. Poseedor de una gran cultura, de una inteligencia lú­cida, de una gran capacidad de trabajo, ha realizado finalmente una gran labor de la que son testigo sus publicaciones, el Museo Arqueológico que lleva su nombre y una gran cantidad de artículos, conferencias y activi­dades. Tiene el premio Montaigne que concede una famosa Universidad alemana, la Medalla de Oro de la Provincia, la de bronce al Mérito en Be­llas Artes y, junto a otras distinciones, la Medalla de Oro de la Ciudad de Villena que justifica su inclusión en este trabajo.
Muchos más aspectos de la actividad de Soler podríamos aducir, y no pocas características más de su vida y de su quehacer que acrecientan sus méritos. No es éste el vehículo más apropiado, y nos limitamos a narrar las circunstancias que conciernen a esta Medalla que tan justificada­mente le concedió el Ayuntamiento villenense.
El 13 de mayo de 1966, el Ayuntamiento Pleno reconoce la deuda que tiene contraída con el ilustre investigador local y se hace eco de una proposición que efectúa Alberto Pardo Caturla, primer firmante de un escrito que suscriben ciento cuarenta y tres villenenses y en el que reclaman de la Corporación Municipal un homenaje de reconocimiento a la labor efec­tuada por José María Soler en la forma que el Ayuntamiento determine. El acta de la sesión confiesa paladinamente que esta petición coincide con el propósito que ya tenía la Corporación, desde hacía tiempo, en este mismo sentido. Se designa como instructor del expediente a Rafael Bonastre Me­nor, auxiliado por el secretario municipal Manuel Poblaciones Barnuevo. El alcalde, en aquellas fechas, era D. Luis García Cervera.
Injusto sería decir que ambos instructores no cumplieron con la obligación que habían contraído, pero, no obstante, ignoramos la razón por la que hasta siete años después no hubiera nada referido a este asunto. Al menos, no hemos encontrado datos a ello referidos. Ignoramos, pues, el motivo de esta dilación que abarca tan largo plazo, aunque no deja de resultar extraño lo ocurrido.
Una nueva sesión, celebrada el 18 de mayo de 1973, bajo la presi­dencia del alcalde que sucedió a García Cervera, y que era en esta ocasión D. Pascasio Arenas López, se refiere a este asunto, y trata de la con­cesión de la Medalla de Oro de la Ciudad a José María Soler. Así, pues, se ha concretado ya, y hay que señalar que muy justamente, que la distinción que merece Soler es la máxima que el Ayuntamiento puede conceder, y es la Medalla de Oro. Se señala en el acta de la sesión que la propuesta fir­mada por el juez Instructor ha estado expuesta al público durante quince días, sin alegación en contra. Y que se ha presentado un cúmulo de ad­hesiones, muchas de las cuales se señalan, terminando este concepto con la frase de que «...una relación de ellas sería interminable».
Es curioso señalar que de los doce votos emitidos once votan afir­mativamente y uno aparece en blanco. No se supo quién emitió este último, y vamos a señalar los miembros del consistorio local que estuvieron presentes.
Alcalde, Pascasio Arenas López; concejales, Bernardo Hernández Hernández, Francisco Moya Soler, Vicente Rodes Gallur, Pedro Palao Llebrés, Antonio Menor Valiente, Fernando Domene Gil, Faustino Alonso Gotor, Ernesto Pardo Pastor, José Abellán García, Francisco Guillén Domene y Pedro Rodríguez Lidó. No asistieron, y justificaron esta ausencia, Al­fonso Arenas García, Vicente Valiente Jiménez y Juan Estevan Espinosa.
Fue aceptada la concesión de la Medalla, puesto que bastaban los dos tercios de los miembros que componían la Corporación. Y todavía re­cuerda quien esto escribe que, como amigo de Soler, junto con dos o tres más que también lo eran, asistió a la sesión en los bancos destinados al públi­co. Y que, acabada aquélla, se nos dirigieron los concejales justificando ca­da uno ellos que no había sido el responsable de aquel voto en blanco.
Se tomaron las decisiones subsiguientes con respecto a la concesión: facultar al alcalde para fijar día y hora en que se procedería a la en­trega, y disponer que se inscribiera en el Libro de Oro la decisión muni­cipal, a la vez que se realizara la publicación mediante edicto que recogería el Boletín Oficial de la Provincia.
La Medalla se adquirió por suscripción popular; la solemne entre­ga se celebró días después en el Salón de Sesiones municipal. Y los ami­gos de Soler se reunieron en una comida, a continuación, donde se rindió homenaje a quien tanto ha hecho -con seguridad más que ningún otro villenense- por el pueblo que le vio nacer.
Texto extraído del libro... De Villena y los villeneros.
Alfredo Rojas y Vicente Prats.

16 mar 2026

1968 MEDALLA DE ORO DE LA CIUDAD A LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES

Medalla de Oro a la Virgen de las Virtudes
Poco más de un año después de conceder la primera Medalla de Oro de la ciudad al jefe del Estado, general Francisco Franco, se reúne de nuevo el Ayuntamiento Pleno en sesión extraordinaria para considerar la propuesta del alcalde en el sentido de proponer la concesión de la tercera Medalla, esta vez a la Patrona de Villena, la Virgen de las Virtudes.
Esta advocación de la Virgen María figura como Patrona de los villenenses desde hace más de cinco siglos, concretamente desde 1474, año en que, según narra una piadosa tradición, los vecinos de la ciudad huyen de la población a causa de una epidemia de peste que hace estragos entre ellos. Refugiados en un paraje situado a una legua del conjunto urbano, acuerdan elegir un Patrón o Patrona a quien encomendarse en sus tribu­laciones.
Milagrosa y tercamente, aparece el nombre de Virgen de las Vir­tudes por insaculación en unas cedulillas que han preparado para que sea la suerte quien decida el nombramiento. Incluso asegura la tradición que nadie ha introducido este nombre entre los propuestos por los presentes, circunstancia que, junto a la repetición del mismo después de tres extracciones, induce a los villenenses a considerar como un designio de la Providencia que la Virgen de las Virtudes sea Patro­na de todos ellos.
Casi cinco siglos después, celebra sesión el Ayuntamiento para proponer que sea concedida a la Virgen de las Virtudes la Me­dalla de Oro de la Ciudad. La se­sión, escribe en la correspondien­te acta el ditirámbico secretario municipal, «tiene el carácter de extraordinaria y solemne», y se ce­lebra a las ocho de la tarde del día tres de septiembre de 1968.
Asisten los mismos concejales que en la sesión del año anterior concedieron la Medalla al jefe del Esta­do e incluso son los mismos el secretario y el interventor. No hay asunto a tratar más que la propuesta de la concesión. Tras breves deliberaciones, concepto que segura­mente no es más que una fórmula, se acuerda «por aclamación y unani­midad», conceder el honor que se propone, «como testimonio fiel del sen­tir así interpretado por el Ayuntamiento Pleno del fervor mariano de todos y cada uno de sus hijos de esta querida ciudad y como agradecimiento imperecedero de los numerosos favores que la Virgen Morena viene dispensando desde tiempo inmemorial al pueblo villenense».
El acta termina autorizando al alcalde «para fijar día y hora en que en acto solemne se ha de imponer a la Virgen de las Virtudes el distintivo de que se hace méritos, máxima honorificencia que puede conceder este Ayuntamiento...»
Seguramente se aprovecharía una circunstancia notoria para la imposición, pero carecemos de datos sobre ello.
Texto extraído del libro... De Villena y los villeneros.
Alfredo Rojas y Vicente Prats.

Fotos... Archivo Villena Cuéntame

22 sept 2025

1967 MEDALLA DE ORO AL JEFE DEL ESTADO, GENERAL FRANCISCO FRANCO

Medalla de Oro al Jefe del Estado, General Francisco Franco
Se trata de la concesión de esta Medalla a la que, para que no exista du­da, se califica como la primera al tratar de ella en la sesión extraordinaria que celebra el Ayuntamiento pleno el 22 de junio de 1967. Es entonces al­calde de la Ciudad Pascasio Arenas López, villenense, médico de profesión.
Y son los tenientes de alcalde Ber­nardo Hernández Hernández, En­rique Hernández García, Vicente Valiente Giménez, Alfonso Are­nas García, Faustino Alonso Gotor y Ernesto Pardo Pastor. El resto de los concejales está compues­to por Ramón Sarrió Morales, Jo­sé Ibáñez Serrano, Rafael Bonastre Menor, Rogelio Amorós Cés­pedes, Antonio Menor Valiente, José Abellán García, Vicente Rodes Gallur y Francisco Guillén Domene. El secretario de la Cor­poración era en aquellas fechas Roberto García de Frutos, y el In­terventor de fondos, Juan Manuel Fernández Sánchez.

Hay que hacer notar que ya se había tratado de esta con­cesión con anterioridad. En el Pleno del cinco de abril de 1966, ya cita­do, bajo la presidencia del alcalde Luis García Cervera, y con ocasión de la aprobación por el Ministerio de la Gobernación del Reglamento de Honores y Distinciones, se acuerda recabar de este Ministerio «la pertinen­te autorización para otorgar a su Excelencia el Jefe del Estado y Genera­lísimo de los Ejércitos, Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde, la primera Medalla de Oro de la Ciudad en razón a los especiales mereci­mientos que concurren en tan excelsa persona, y bajo cuyo patrocinio esta ciudad está dando un gran avance en todos los aspectos del queha­cer humano».
Ignoramos si el carácter extraordinario de la sesión del 22 de junio de 1967, en la que se concede la Medalla de Oro, se debía al posible acuer­do de la concesión, pues consta en el acta reglamentaria la existencia de algún otro asunto. Pero apenas cabe dudar de que tal concesión era el principal. La propuesta es personal, pues la efectúa el alcalde «abogando por que se conceda la Medalla de Oro de la Ciudad al Excmo. señor D. Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado español». Las manifestaciones que se efectúan en tal sentido no merecen quedar sepultadas en el archivo municipal, y conviene estampar aquí algunos de sus términos por sus especiales características. Veámoslas con todo el tufillo de adulación y desmedida loa que contienen.

La moción solicita la concesión «...en razón a los méritos públicos y notorios que reúne tan excelsa persona, Caudillo de la guerra y de la paz, que tantas victorias ha conseguido a lo largo de su vida para la patria española, habiéndose hecho acreedor al reconocimiento unánime de todos los hombres (sic) de la nación, especialmente por el ejercicio durante más de treinta años de una prudentísima labor de gobierno que tantos beneficios está deparando al pueblo español, caso único de sabia administración a lo largo de su historia en perfecta y acabada regiduría por tanto de la más al­ta magistratura de España…. la ciudad de Villena no puede quedar re­zagada en orden a otorgar el premio debido a quien está dedicando su vi­da entera en pro del engrandecimiento del solar patrio, estándose en el ca­so de que gracias a la fecundísima actuación del Jefe del Estado, tendente a mantener la más absoluta paz en la nación, el pueblo villenense está siendo testigo en este impar año de logros materiales que causan la admi­ración de propios y extraños, pues por tales pueden entenderse por vía de ejemplo aquellos que se refieren a la pavimentación...»Y aquí venía, ahora, la exposición de actuaciones municipales que, más que achacarlas al loado jefe del Estado, muy bien podrían haberse atribuido los componentes del Ayuntamiento como méritos propios. La proposición fue aprobada ...«unánimemente por los quince concejales pues­tos en pie».
La corporación Municipal de Villena 
con el Caudillo en el Pardo (Madrid) 1967
Se hizo llegar de inmediato el acuerdo a la Casa Civil del jefe del Estado así como al ministro de la Gobernación y al Gobernador Civil de la pro­vincia «en orden a recabar el correspondiente permiso para hacer entrega personal al Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde del distintivo ho­norífico que materializa el reconocimiento acordado...»
Como queda dicho, la sesión tuvo lugar el 22 de junio, y el 23 se enviaba copia del acuerdo al secretario particular del jefe del Estado, que lo era entonces D. Felipe Polo y Martínez Valdés, quien contestó al alcalde, en fecha 28, cinco días después, que Su Excelencia aceptaba gustoso el otor­gamiento.
El día 24 comunicaba el Gobernador civil de la provincia al alcalde de Villena que la entrega de la Medalla al Caudillo se efectuaría cuatro días más tarde, el 28, pues para tal día se había fijado la audiencia a la Corporación municipal villenense.
Y el problema cayó de sopetón sobre los miembros del consistorio local. Porque la Medalla de Oro de la Ciudad, no obstante existir un Reglamento de honores donde se definía su creación, y de haberse concedido so­lemnemente ya la primera días antes, no existía materialmente. Y debía confeccionarse y entregarse a su destinatario en un plazo muy breve.
De inmediato se encargó su confección a una firma de joyeros de Alicante. Llegó dos días después y no satisfizo al alcalde, Pascasio Arenas. Y se recurrió a los villenenses José Serrano Martínez y al joyero local Roberto Esquembre Alonso para que se desplazaran a Valencia y no volvieran sin la medalla que, forzosamente, debía confeccionarse en solo unas horas.

D. Luis Nozal Gobernador Civil de la provincia saludando al Caudillo.
Así se consiguió, y hacia Madrid marcharon los componentes de la Corporación, ya citados al principio. A ellos se unieron el Interventor accidental, José Montilla García, el Depositario municipal, Eduardo Pérez Esteban y el cronista de la ciudad, José María Soler García, presididos to­dos ellos por el gobernador civil de la provincia, Luis Nozal López. Y, efectivamente, el 28 de junio, a las 12,15 horas, recibía el jefe del Estado a la embajada villenense. En la Revista «VILLENA» de 1967 hay una detallada crónica que recoge todo lo relacionado con el acto y se reproducen unas fotografías de la ceremonia, de la medalla e incluso de un pergamino que se realizó rápidamente en Alicante y del cual se-hizo entrega a Franco. En las fotografías podemos ver a los componentes del Ayuntamiento villenense, varios de ellos con el uniforme de Falange; otros, embutidos en el chaqué alquilado apresuradamente en un establecimiento madrileño de­dicado a estos menesteres.
La Revista «VILLENA» ya citada publica el texto del discurso pronunciado por el alcalde previo a la entrega de la Medalla, y la croniquilla que da cuenta desde la propuesta del día 24 hasta el relato del solemne acto. Y no queremos dejar de narrar una anécdota relacionada con este asunto.
José María Soler, a petición de Pascasio Arenas, redactó las palabras que leyó éste en la ceremonia del palacio de El Pardo. Soler, invita­do por el alcalde a asistir al acto, accedió a ello, no obstante que, como tan­tos otros, soportaba mal de su grado la dictadura franquista, tanto por sus opuestas convicciones como por el hecho de haber estado encarcelado al término de la guerra civil y, como represalia por sus ideas políticas, haber sido expulsado de su cometido en el cuerpo de Correos, en el que desem­peñaba el cargo de Administrador jefe de Villena en 1936. Su posición contraria al régimen político imperante era conocida en la ciudad, pero, no obstante, Soler realizó el viaje junto al pleno del Consistorio.
Poco después de realizado el viaje, Pascasio Arenas encargó a Soler que diera cuenta de la visita efectuada para el reportaje que acabamos de aludir, y que debía de aparecer en la Revista. Obligado a ello Soler por su condición de testigo presencial y de cronista de la ciudad, recogió lo su­cedido, desde la propuesta inicial al relato del acto de la entrega. Tuvo que utilizar en su croniquilla los términos laudatorios que entonces se aplicaban a la egregia persona, no obstante no ser de su agrado. Pero no firmó el relato, que quedaba, así, como un texto emanado del Ayuntamien­to, tanto como el discurso pronunciado en El Pardo por el alcalde villenense que, suscrito por éste, había sido escrito en realidad por José María Soler como ya he relatado.
Ernesto Pardo Pastor, Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Villena, saludando al Caudillo el día de la entrega de la Medalla de Oro de la ciudad de Villena.
La sorpresa de Soler cuando salió la revista a últimos de agosto, fue mayúscula, y no menor su disgusto. El relato, como puede comprobarse si se examina la publicación, iba firmado con su nombre y apellido, que se añadieron al pie, al parecer, por orden del alcalde, o al menos, así opinaba Soler. Quien esto escribe fue testigo del disgusto de éste, que no pocas veces se quejó amargamente en mi presencia de la adición de su firma en la crónica. Soler, cuyo talante democrático y liberal era de todos conoci­do, que seguía estando represaliado por el régimen no obstante haber transcurrido casi treinta años desde el término de la contienda, había fir­mado unas loas a Franco, en notoria contradicción con su personal opo­sición a cuanto éste representaba. Hay que decir, en su descargo, que en aquella época, tanto el discurso del alcalde como la crónica del acto, de­bían tener unas características determinadas de alabanza al dictador; que Soler había actuado como un simple amanuense de la Corporación y es­crito, en ambos casos, lo que se consideraba como la expresión municipal oficial; y que tal como el discurso del alcalde se atribuía a éste, la cróni­ca debía ser, lógicamente, la expresión corporativa del Ayuntamiento lo­cal, y no la de una persona determinada.
Cabe pensar, por último, si la presencia de Soler en el acto fue libremente decidida por él o impuesta. Personalmente, y dada mi estrecha relación con él, creo que Soler decidió ir, pues en rigor, nadie podía obli­garle a hacer el viaje. Pero fuera de duda está que todo cuanto escribió Soler, tanto para el alcalde villenense, como el relato de la visita y diver­sas consideraciones que aparecen en la Revista de aquel año acerca de es­te asunto, constituían la expresión oficial a la que Soler prestó su pluma, y en ningún modo reflejaban su posición personal. Mal se obró colocan­do su firma al pie del relato que aparece en la Revista de aquel año.
Extraído del libro...
De Villena y los villeneros (2002) Alfredo Rojas y Vicente Prats

23 oct 2024

1967 MEDALLA DE ORO A LA CONGREGACIÓN SALESIANA DE VILLENA

Medalla de Oro a la Congregación Salesiana de Villena
Antes de la entrega de la primera Medalla de Oro de la Ciudad al Jefe del Estado, se solicitó la concesión de la segunda. Se cumplían en 1966 los cin­cuenta años de la estancia de los Salesianos en nuestra ciudad, y una ac­tiva «Comisión Pro Cincuentenario de la Obra Salesiana en Villena» soli­citó del Ayuntamiento que «en atención a la labor educativa y religiosa de formación cívica y ciudadana desarrolla­da por los miembros de la Congregación Salesiana durante me­dio siglo en la ciudad de Villena» se otorga­ra la Medalla de Oro de la Ciudad a esta. Congregación. La so­licitud se debatió en la sesión ordinaria del Ayuntamiento el 24 de noviembre de 1966, y fue aprobada por unanimidad de los concejales asistentes. A la petición se acompañaban «nueve documentos en los que manifiestan dis­tintas entidades y asociaciones que funcionan legalmente en esta pobla­ción su asenso a la petición antes relatada».
1967 Teatro Chapí. D. Pascasio Arenas imponiendo la medalla de Oro de la Ciudad al salesiano reverendo señor don Modesto Bellido, desplazado expresamente desde Turín.
El Ayuntamiento lo presidía en estas fechas el alcalde, Pascasio Are­nas López, y figuraban como concejales Bernardo Hernández Hernández, Enrique Hernández García, Vicente Valiente Jiménez, Alfonso Arenas García, Faustino Alonso Gotor, Ernesto Pardo Pastor, José Ibáñez Serrano, Rogelio Amorós Céspedes, Ramón Sarrió Morales, Vicente Rodes Gallur, Ra­fael Bonastre Menor, Francisco Guillén Domene, José Abellán García y Antonio Menor Valiente.
Se nombró al Teniente de Alcalde Rafael Bonastre Menor como juez Instructor del expediente que debía abrirse para la concesión. Y el Secretario del Ayuntamiento dijo, según consta en el acta, que se tuviera en cuenta que la primera Medalla se había concedido al jefe del Estado, y se estaba en espera de que se fijara fecha para realizar la entrega. En realidad,si hemos de hacer caso de la literalidad del acuerdo a que se refería el secretario municipal, lo que se había acordado meses antes era «recabar del Ministerio de la Gobernación... la pertinente autorización para otorgar...».
El edil Rafael Bonastre usó de un dilatado plazo para instruir el expediente: exactamente, once meses, pues el 24 de octubre de 1967 propo­ne Bonastre la concesión según se desprende del acta que lleva la fecha anteriormente citada. Y se dispone en ella, de acuerdo con las normas que regulan la concesión de honores, la exposición al público del expediente du­rante los reglamentarios quince días, para que quien lo desee pueda exa­minarlo y, si procede, presentar las reclamaciones u objeciones oportunas.
Que no las hubo, según se desprende del acta de 17 de noviembre. En ella, con las ausencias de Bernardo Hernández Hernández, Faustino Alonso Gotor y Vicente Valiente Jiménez, se acuerda lo siguiente:
«Conceder la segunda Medalla a la Congregación Salesiana radica­da en la misma, -se refiere a la ciudad- en la persona de su actual director D. Angel del Barrio Orte, en razón a los méritos contraídos por dicha Comunidad religiosa para con Villena, mediante el ejercicio durante cincuenta años de una ejemplar labor de carácter docente y de formación de la juventud, hechos que se acreditan en el expediente que a tales efectos se tiene instruido en este Ayuntamiento, y cuya incoación fue ordenada por acuerdo plenario adoptado en sesión de 24 de noviembre de 1966».

No obstante que se facultaba al alcalde de la población, D. Pascasio Arenas, para que fijara día y hora en que se debía efectuar la entrega en el Salón de Sesiones de la Casa Consistorial, el acto tuvo lugar en el Teatro Chapí dos días después, el 19 de noviembre, con asistencia de personalidades religiosas y civiles nacionales y provinciales. El alcalde impuso la Medalla de Oro de Villena al Salesiano D. Modesto Bellido, desplazado ex­presamente desde Turín para los actos del cincuentenario.
Los Salesianos habían llegado a Villena en 1917, tras la construcción de un Colegio por iniciativa del sacerdote Francisco Azorín Bautista, «el pá­rroco Azorín», que formaba parte de la junta Local de Primera Enseñanza, y con la ayuda de varias personas. Azorín ofreció este colegio a los Salesianos, y al parecer, ya había manifestado su intención de que vinieran és­tos a Villena muchos años antes, en una visita de D. Bosco a Barcelona a finales del siglo XIX, en la que el sacerdote se cree que expuso este deseo al fundador de la Congregación Salesiana.
Aunque no hay de esta propuesta una confirmación rigurosa, sí es cierto el deseo del párroco Azorín de que fueran los Salesianos quienes se hicieran cargo del colegio. Y así sucedió en el año citado. Las enseñanzas específicas fueron complementadas por los Salesianos con un amplio programa de actividades de diverso orden dedicadas a los alumnos, como fueron, entre otras diversas, las deportivas y las representaciones teatrales y cinematográficas. Hasta una banda de música fundaron en el Cole­gio pocos años después de su llegada. Los Salesianos han tenido, desde en­tonces, una gran proyección en la vida social de la población villenense y han establecido fuertes vínculos con la sociedad local.
La Asociación de María Auxiliadora y la de Antiguos Alumnos, han establecido una actividad notable tanto dentro de los muros del Colegio como fuera de ellos. Hoy siguen los Salesianos en Villena dedicados a la enseñanza, tras diversas vicisitudes: las dificultades del periodo de la República, el cierre del Co­legio con motivo de la guerra civil, las penurias de los años de la posgue­rra... Incluso se llegó a establecer un internado para los alumnos de po­blaciones cercanas y se establecieron los estudios de bachillerato que len­tamente fueron decayendo al instalarse en la ciudad un Instituto oficial de Enseñanza Media. Todo ello, sin embargo, no ha debilitado el cometido que efectúa ni arredrado a la Orden, que continúa desarrollando su labor do­cente en la Ciudad.
1919 Alumnos junto a la imagen de María Auxiliadora.
Interior de la Iglesia de María Auxiliadora.
Celebración del 75 aniversario.
Los Salesianos en la actualidad.
Texto extraído del libro...
De Villena y los villeneros (2002) Alfredo Rojas y Vicente Prats

16 sept 2024

1976 MEDALLA DE ORO DE LA CIUDAD AL REY DE ESPAÑA, JUAN CARLOS I ...

Y nada más sabemos de este asunto. A finales de aquel año de 1976, el día uno de diciembre, visitaron Alicante los Reyes, y se les mostró allí el Tesoro de Villena que se había trasladado a la capital con este propósi­to. Pero nada más se dijo acerca de la concesión de las Medallas de Oro, no obstante la ilusionada propuesta y la entusiasta aprobación. No ha lle­gado hasta nosotros ninguna noticia acerca de este asunto, y, claro está, no consta que se haya formalizado la proposición hasta llegar a la Casa Real, ni que se haya hecho nada más en este aspecto.

Medalla de Oro al Rey de España, Juan Carlos I 
Que no pasó de ser un propósito y a más no llegó. En las actas de las reu­niones municipales figura una de ellas que lleva fecha de 26 de noviem­bre de 1975, celebrada con carácter de extraordinaria. Han transcurrido cua­tro días desde la solemne proclamación de Juan Carlos I como rey de Es­paña, efectuada el día 22, y la sesión tiene como objeto proponer, por el Sr. Alcalde de la Ciudad, José García Galbis, que se tome el acuerdo de que el Ayuntamiento acuda, -prudentemente se dice que «si es posible»- en re­presentación de la ciudad de Villena, a expresar personalmente la inque­brantable adhesión de ésta a S. M. el Rey D. Juan Carlos I de España.
Aprobada unánimemente la moción -la unanimidad en los acuerdos municipales era entonces mucho más frecuente que hoy- se lee una moción de la alcaldía que propone «iniciar el expediente oportuno» para con­ceder al Rey la Medalla de Oro de la Ciudad.Es curioso el motivo en que se basa la propuesta. Es el de «los méritos contraídos por S. M. el Rey Juan Carlos I de España tanto en sus años como Príncipe de España como en los breves días a que hasta ahora alcanza su reinado». Cabe apostillar los actos en que el monarca ejerció su papel de príncipe como actuaciones de escaso relieve y puramente decorativas, dado a que el jefe del Estado relegó la actuación de Juan Carlos a cuestiones de simple protocolo. Las decisiones correspondían siempre a Franco o a su gobierno. Y en cuanto concierne a los cuatro días de reinado, poco cabía esperar de la actuación del nuevo Rey en tan corto plazo.Abierta la deliberación en un clima de compartido y entusiasta fervor monárquico, el concejal Pedro Palao propuso que la Medalla de Oro de la Ciudad no quedara en una sino que se concedieran dos, otorgando la se­gunda a la Reina. El Pleno aprobó la moción, y la propuesta del Sr. Palao, «por aclamación», según consta en el acta que refleja la posición personal de los reunidos.El Ayuntamiento estaba constituido por quince personas, pero solamente asistieron once, número suficiente para tomar el acuerdo, según la norma de que la aceptación de la propuesta debía contar con dos tercios de los componentes. Estuvieron presentes los relacionados a continua­ción: Alcalde, José García Galbis; concejales, Bartolomé Amorós Belda, Luis Mayayo Fernández, Juan Estevan Espinosa, Antonio García Agredas, Miguel López Laosa, Cristóbal Pérez Bellod, Pedro Palao Llebrés, Rafael Her­nández Hernández, Pedro Rodríguez Lidó y Fernando Domene Gil.Por el Alcalde, fue propuesto el concejal Bartolomé Amorós Belda como juez instructor del expediente, y secretario, el que lo era de la Corporación, Manuel Poblaciones Barnuevo.Poco después, el 7 de enero de 1976, escasamente mes y medio más tarde, en la sesión que celebra el Pleno municipal, se da lectura a la propuesta del juez Instructor para la concesión de las medallas. Tras esta lec­tura se efectúa, de acuerdo con una de las normas del Reglamento de Ho­nores y Distinciones, una votación secreta, y el resultado es unánime en el sentido de que se concedan ambas distinciones a los Reyes. Y, a propuesta del Alcalde, se toma el acuerdo, igualmente por aclamación, de abrir una suscripción popular para cubrir el importe de ambas medallas.Y nada más sabemos de este asunto. A finales de aquel año de 1976, el día uno de diciembre, visitaron Alicante los Reyes, y se les mostró allí el Tesoro de Villena que se había trasladado a la capital con este propósi­to. Pero nada más se dijo acerca de la concesión de las Medallas de Oro, no obstante la ilusionada propuesta y la entusiasta aprobación. No ha lle­gado hasta nosotros ninguna noticia acerca de este asunto, y, claro está, no consta que se haya formalizado la proposición hasta llegar a la Casa Real, ni que se haya hecho nada más en este aspecto.Fotos oficiales de la Casa Real
Texto extraído del libro... De Villena y los villeneros.
Alfredo Rojas y Vicente Prats.

16 may 2024

MEDALLA DE ORO AL MONASTERIO DE LAS HERMANAS TRINITARIAS POR SU 500 ANIVERSARIO (2024)

Monasterio de las Trinitarias. Villena 15 de mayo de 2024. 
Mucho público en el monasterio de la Santísima Trinidad para entregar la Medalla de Oro de Villena a las monjas Trinitarias, el año que celebra sus 500 años unido a nuestra ciudad.
Música a cargo del Dúo Lola Vitoria y el coro de Santa María y los portavoces de los partidos políticos que han reconocido la trayectoria de estas religiosas.
 
Iniciadora del expediente Maite Gandía
Señor alcalde, secretaria municipal, compañeros de Corporación, Hermandad de  Nuestro Padre Jesús del Amor en su Prendimiento y María Santísima de la Esperanza, Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Semana Santa, Junta de la Virgen, invitados religiosos y civiles, vecinos y vecinas, muy buenas tardes.
Nos encontramos hoy en este escenario inédito, el Monasterio de la Santísima Trinidad de Villena, para cumplir con el acto de entrega de la distinción más importante de nuestro Ayuntamiento: la Medalla de Oro de la ciudad. 
Lo hacemos en este lugar, y no en el Teatro Chapí, como respuesta a la petición que nos ha trasladado la madre priora, consciente de la importancia de este acto y convencida de que era necesario compartirlo con las hermanas de la Congregación. 
Un noble gesto de humildad y de absoluto amor fraternal que dice mucho del sentimiento y del sentido que esta Congregación impregna a todos sus actos. Para ella, compartir este momento especial con la comunidad de las trinitarias era importante y, en consecuencia, si para ella era importante, para el Ayuntamiento también. 
Porque este reconocimiento tiene un peso específico que debe ser compartido y sentido por todos y cada uno de los miembros de la entidad que lo recibe. Pues, en nuestro ánimo y en el ánimo de los proponentes de esta concesión, ha estado que este reconocimiento sea para el conjunto del Monasterio de la Santísima Trinidad, pero también para todas y cada una de las mujeres que a lo largo de estos 500 años han formado parte de él y de nuestra ciudad. 
Es para nosotros, una manera de agradecer y agasajar su labor, su tarea y su implicación con la ciudad de Villena durante estos 500 años.  
No me voy a extender con los méritos que durante cinco siglos de estancia en nuestra Ciudad han hecho que se le otorgue la Medalla de Oro de la ciudad, les invito a leer el libro "500 Años de un Monasterio" de José Amorós que mañana verá la luz en este mismo emplazamiento, y que ampliamente nos desarrolla la historia de este lugar.
Lo que queremos poner en valor es la perdurabilidad de un compromiso mantenido a lo largo de 500 años en nuestra ciudad. Esta merecida Medalla de Oro certifica que, aunque el tiempo viene y va, siempre hay un poso estable y duradero en todas las sociedades y en todas las ciudades. En nuestro caso, es innegable que uno de los testigos del tiempo en nuestra ciudad son ellas, las mujeres que a lo largo de la historia han formado parte de la Congregación del Monasterio de la Santísima Trinidad de Villena en estos 500 años. 
Ellas han demostrado en este tiempo valores y principios indelebles al tiempo. Han ejercido con fervor la idea de dar más que recibir, el principio de que “no se trata de cuánto damos, sino de cuánto amor ponemos en lo que damos”, que decía Santa Teresa de Calcuta. Han demostrado, sin duda alguna, la certeza de que “más bienaventurado es dar que recibir”.
En esta generosidad que siempre ha demostrado la Comunidad de la Santísima Trinidad es donde la sociedad se debe mirar. En  la entrega absoluta, en el convencimiento de que lo material no es más, si no que puede ser menos, es allá donde debemos mirarnos los unos a los otros. 
Son muchas las lecciones que nos dan en el día a día. Son muchas las lecturas que nos ofrecen sobre la vida, la sociedad, los principios y los valores. 
Villena ha aprendido mucho de ellas. Hoy, somos nosotros quienes les damos: les damos nuestro agradecimiento y nuestro sincero reconocimiento.  Gracias eternas a todas ellas. 
Voy a nombrar a las nueve hermanas que en la actualidad se encuentran en este Monasterio.
SOR JOSEFA INMACULADA DISLA - YECLA - 1959 - 65
SOR ANGELINES VILAR DEL SACRAMENTO - VILLENA - 1968 - 56
SOR ANA TERESA MADATHIPARAMBAN - INDIA - 1999 - 25
SOR TERESA EERATH - INDIA - 1999 - 25
LIDIA THATTAKATH - INDIA - 2002 - 22
SANDRA KOLENCHERY - INDIA - 2002 - 22
SOR JAMILETH ROSARIO - NICARAGUA - 2006 - 18
SOR ALINA MARIA POOTHKILBARAN - INDIA - 2006 - 18
SOR CECILIA NAVARRO BARRACHINA - VALENCIA - 2014 -10
Para finalizar, quisiera agradecer a Joaquín Sánchez Huesca, su colaboración con la instrucción de este expediente recopilando  y facilitando la información que se tiene del Monasterio de la Santísima Trinidad de Villena.
También agradecer a Luis Abellán, Hermano Mayor de Nuestro Padre Jesús del Amor en su Prendimiento y María Santísima de la Esperanza de Villena, cuya Hermandad ha sido la impulsora para que se otorgue este reconocimiento, Luis junto a José Amorós han recopilado cientos de adhesiones de vecinos y vecinas y asociaciones que han demostrado el cariño que se les tiene a las Monjas Trinitarias en nuestra Ciudad. 
Gracias a Alba María Ugeda Ribera al violín y Rosa García i Parera al Violonchelo, y al Coro de la Parroquia de Santiago por engrandecer este acto con vuestra aportación musical.
Para mí ha sido un honor ser la instructora de este expediente.
Enhorabuena, que el Monasterio de la Santísima Trinidad siga siendo parte de la Historia de Villena por muchos siglos.
Gracias.
 
Ana María Cerdán de Vox
Madre Superiora. Hermanas. Autoridades Eclesiásticas, Civiles, Militares. Compañeros de Corporación, familiares y amigos.
Hoy es un día muy especial. Hoy se reconoce, oficialmente, porque es de sobra reconocida, la gran labor y trabajo, dedicación y contribución que se ha venido realizando, en el Monasterio de la Santísima Trinidad de Villena, durante estos 500 años. Hoy se le hace entrega de la Medalla de Oro de la ciudad de Villena, siendo esta distinción más que merecida.
Siempre en la mente de todos y en los bolsillos de otros tantos, esta labor callada de las Hermanas Trinitarias ha calado en los corazones de nuestros antepasados, de nosotros mismos y, porqué no decirlo, de nuestros descendientes.
Sería muy fácil escribir unas palabras de agradecimiento, basadas en la historia de estos 500 años de trayectoria. Y más, siendo en estos momentos el Monasterio más antiguo de España.
Mucho se ha hablado del patrimonio cultural y artístico del Monasterio. Del papel importante que ha desempeñado siempre en la vida de todos nosotros, de nuestra Ciudad a lo largo del tiempo. De todo lo que las Hermanas, aportan a nuestras Fiestas en Honor a la Morenica, y un largo etc.
Pero fuera de toda historia tangible, quiero destacar ciertas palabras, que en este contexto tienen una gran fuerza, como son, entre otras:
Fe – Caridad – Llamada - Intención – Oración – Devoción - Clausura – Trabajo – Esfuerzo -Contemplación - Espera - Esperanza – Paz - Arraigo  - Humildad...
Palabras que nos pasan desapercibidas en nuestro día a día pero, que entre estas paredes, tienen un gran significado.
Quiero dar las gracias y un especial reconocimiento a todas las personas que han hecho posible que hoy estemos aquí entregando la Medalla de Oro de la Ciudad de Villena al Monasterio de la Santísima Trinidad.
Siempre involucrado con el devenir de nuestra Ciudad, Villena tiene una deuda de gratitud con el Monasterio de la Santísima Trinidad y por supuesto con las Monjas que siempre han estado entre nosotros.
Gracias por todo lo que nos habéis dado durante estos 500 años. Esperamos seguir recibiéndolo durante 500 años más.
ENHORABUENA!! Muchas gracias.
 
Francisco Iniesta de los Verdes
Señor Alcalde, compañeros y compañeras de Corporación, vecinos y vecinas, religiosas, madre superiora, buenas tardes... desde el Grupo Municipal Verde queremos destacar la importancia de este día, acto de entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad de Villena, a la Congregación de las hermanas Trinitarias.
En los últimos años hemos tenido la entrega de este reconocimiento a entidades, asociaciones, sociedades, y hoy hablamos de reconocer 500 años de presencia en Villena con el mayor galardón que puede otorgar la corporación municipal en nombre de todas las personas de Villena.
La Congregación de Hermanas Trinitarias tiene una enorme historia que se empareja con la historia de la ciudad desde hace quinientos años. Para el grupo verde no es la grandeza de la historia lo que nos conmueve sino la grandeza de las personas e instituciones que saben acompañar, saben ser fieles, saben estar cerca en los buenos o malos momentos que se viven y permanecen en el tiempo.
Leonor Esteban, Juana Martínez, Luisa de Mergelina, M.ª Victoria de Orgiler... son mujeres que consiguieron hace 500 años iniciar este convento en Villena; después continuaron muchas otras, siempre con el espíritu de acogida y libertad.
La Asamblea Verde que represento, quiere ensalzar las circunstancias y situaciones vividas por esta Congregación a lo largo de su historia, desde la sencillez, sin desigualdades, con autenticidad y también con carisma liberador, porque "Lo pequeño es hermoso" y es desde esa idea donde se trabaja estar al servicio de los demás, con humildad y entrega. Todo un compromiso con los derechos humanos y con la justicia social que han seguido impregnando silenciosamente en nuestra ciudad.
La Orden Trinitaria es precursora de la mediación y el diálogo en defensa de los derechos humanos. A los pocos años de que este convento se fundara, sus hermanos masculinos, en la orden trinitaria procedían a la liberación de uno de los cautivos más famosos que se recuerdan: Miguel de Cervantes.
La pequeñez es sinónimo de atención, de cuidado, de detalle y ustedes hermanas, desde este convento, sin salir de su casa, están al tanto de las necesidades de la gente, de quien necesita apoyo. Muchas personas de Villena han pasado por sus vidas, con un consejo o una orientación. O por algo más material, bordado de chalecos, mantos y capas, arreglo de golas, planchado de zaragüelles, repostería, custodia de mantos de la patrona,... pero también escuchando, orientando, acompañando a hombres y mujeres que con algunas dificultades han sabido que a pesar de la clausura había quien les escuchara.
Hermanas, ustedes no son ajenas a esta ciudad. Recluidas entre paredes, nos abren a la universalidad que el mundo necesita. En un momento donde crece el racismo, la exclusión y cogen fuerza voces que resquebrajan la solidaridad y la sostenibilidad, donde se levantan muros en vez de puentes, ustedes son símbolo de encuentro y afecto. Provenientes de diversos continentes simbolizan la acogida, el mestizaje y la unión. Por eso, al entregar hoy la Medalla de Oro de la ciudad a las Hermanas trinitarias, estamos apostando por la necesidad de la inclusión y por esos valores de autenticidad que representan.
La presencia sencilla, paciente, libre en estos 500 años de esta comunidad de mujeres, nos habla de constancia y de impulso para seguir avanzando en Villena y en este mundo que precisa paz, justicia, sostenibilidad, como la que este convento respira.
Gracias hermanas por su presencia, enhorabuena Villena por contar con ellas.
 
María Server del Psoe
Queridos miembros de la Congregación de la Santísima Trinidad de Villena, distinguidos invitados, amigos y familiares:
Quiero dirigirme a las hermanas que conforman la Congregación de la Santísima Trinidad en nuestra querida ciudad de Villena y a su Monasterio, que es parte de nuestra ciudad y de nuestro pueblo para reconocer y honrar a una institución que ha sido un faro de esperanza y servicio en nuestra comunidad durante tantos años.
Dirigirme a ellas como herederas de todas las mujeres que a lo largo de la historia de esta institución han estado presentes en nuestra ciudad, compartiendo con todos nosotros la vida de Villena a lo largo de 500 años. Todas y cada una de vosotras sois representantes de quienes os precedieron en el tiempo. Encarnáis y representáis el compromiso mantenido estos años con Villena.
La Congregación de la Santísima Trinidad de Villena representa un símbolo de unidad, amor y compromiso con los demás. Desde su fundación, ha sido un pilar fundamental en la vida espiritual y social de nuestra ciudad, brindando apoyo incondicional a aquellos que más lo necesitan, y difundiendo los valores de compasión, solidaridad y fraternidad.
En un mundo cada vez más marcado por la indiferencia y la división, la Congregación de la Santísima Trinidad de Villena nos recuerda la importancia de tender una mano amiga, de abrir nuestro corazón a los que sufren y de trabajar juntos por un mundo más justo y compasivo.
Vuestra labor no solo ha dejado una huella imborrable en las vidas de aquellos a quienes han servido, sino que también ha enriquecido el tejido mismo de nuestra sociedad, fortaleciendo los lazos que nos unen como comunidad y recordándonos que, en última instancia, todos somos responsables de cuidar y proteger a nuestros hermanos y hermanas en necesidad.
Villena es tierra de historia y de historias. Villena es una ciudad donde el paso del tiempo siempre ha dejado huellas: nuestros yacimientos, nuestro bello castillo, nuestras calles y barrios históricos, y tantas y tantas cosas. Y entre todas ellas, siempre se ha repetido una: vuestra presencia, la presencia de las hermanas trinitarias.
Por esta pasión por Villena, por ser parte de nosotros y de nuestra historia, entiendo – y entendemos todos- que sois justas merecedoras de la Medalla de Oro de Honor de la Ciudad de Villena. Que esta medalla sea un símbolo de vuestro valioso legado, un recordatorio constante de la importancia del amor y la compasión en nuestras vidas, y una fuente de inspiración para las generaciones futuras.
Es un reconocimiento que hacemos extensible a todas las mujeres que han formado parte desde Leonor Estevan hasta todas ustedes. Es una forma de gratitud sincera hacia vosotras.
Gracias por estos 500 años de presencia en Villena y que sean muchísimos más entre nosotros.
 
Miguel Ángel Salgero del PP.
(En breve su intervención)
 
Luis Abellán
También ha intervenido Luis Abellán Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Amor en su Prendimiento y Santa María Santísima de la Esperanza, que fue uno de los propulsores junto a Joaquín Sánchez Huesca y José Amorós Alpañez de la solicitud de este merecido reconocimiento.
Buenas tardes
En el libro titulado Vida y Virtudes de Santa Teresa de Jesús (canonizada en 1622), escrito por Fray Josef de Santa Teresa y publicado en Murcia en 1791, figura una crónica del Padre Juan Figueras Carpi (cronista de la Orden de la Santísima Trinidad), en la que manifiesta que, viviendo en el monasterio de las Hermanas Trinitarias de Villena, Sor Ana Vasauri de Segura, recibió una comunicación referida a la buena nueva de la canonización de la santa citada y encontrándose haciendo labor en compañía de otras monjas, oyó un repique solemne de campanas, mientras vieron venir por el aire y caer sobre el escapulario de la dicha   Sor Ana, una cédula de color blanco en la cual estaban escritas varias antífonas con sus correspondientes versículos, tanto para los rezos de “Vísperas” como para los “Maitines”.
Hoy, cuatrocientos años después del suceso relatado, con la gran cantidad de adhesiones a la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad bien merece un nuevo repique, procedente de las campanas de Santa María, parroquia a la cual pertenece este monasterio en honor a estas religiosas que, desde hace quinientos años, conviven entre nosotros, dedicadas muy especialmente a la vida contemplativa y por supuesto a la oración.
Nuestra Hermandad colabora con las Hermanas Trinitarias, en estos años vendiéndoles los dulces que ellas elaboran, así como realizando campañas solidarias de recogidas de productos necesarios para el día a día.
Y nos preguntábamos, ¿qué podíamos hacer más por ellas?, y justo hace un año el día 3 de mayo de 2023, en una de nuestras reuniones de junta de Gobierno, es a través de nuestro compañero Simón donde nos comenta que Joaquín Sánchez, viendo y valorando la labor que hacemos desde la Hermandad con las Hermanas Trinitarias y próximo a su celebración de 500 años de existencia en nuestra ciudad, bien podríamos proponer al Ayuntamiento la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad. 
Y lo tomamos como un proyecto ilusionante. 
Y así lo hemos realizado, poniendo mucho Amor y mucha Esperanza hasta conseguirlo.
Como Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Amor en su Prendimiento y María Stma. de la Esperanza, confesarles que en la Hermandad nos sentimos muy orgullosos de haber solicitado al Ayuntamiento, con fecha 26 de octubre de 2023, la propuesta de concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad de Villena al Monasterio de la Santísima Trinidad y que tal día como hoy se le haga entrega de esta merecida distinción.
Quiero dar las gracias especiales, a Joaquín Sánchez y a José Amorós, por formar parte de este equipo para promover y divulgar las adhesiones por toda la ciudad, para que el expediente a presentar al Ayuntamiento tuviera una buena respuesta de firmas, que han hecho posible la concesión de esta medalla. 
Tengo que decir que lo que hace un año fue un sueño, hoy es una realidad.
Gracias a asociaciones, hermandades, cofradías, feligreses, empresas y vecinos por vuestro generoso apoyo y GRACIAS a toda la Corporación Municipal, que acogió favorablemente la petición.
Hermanas, felicidades por esta gran distinción y que cumpláis en Villena, quinientos años más.
Estoy convencido que nunca dejaréis de orar y rezar por vuestra Villena, a la que siempre habéis demostrado vuestro amor, compartido con la Santísima Trinidad y la Virgen de las Virtudes.
Muchas Gracias.
 

Palabras de SOR ANA TERESA MADATHIPARAMBAN del monasterio que ha tenido su momento emotivo en el que se ha emocionado y ha conseguido la máxima atención de todos los asistentes en la entrega de la Medalla de Oro de la ciudad de Villena al Convento de las Hermanas Trinitarias en nombre de todas las monjas...  
Dignísimas autoridades civiles y eclesiásticas. 
Sr. Fulgencio José Cerdán, Alcalde de Villena, a quien le manifestamos nuestros más sinceros agradecimientos, por haber aceptado nuestra petición, de trasladar este acto, del teatro Chapí a nuestra Iglesia. 
Maite Gandía, instructora de Expedientes, Representantes de los diferentes partidos políticos.   
Rvdos: Don Reyes Rodríguez, Don Rodrigo del Rosario López,  Don Ciro Durán, Padres Salesianos, Hijas de la caridad y Hermanitas de los ancianos desamparados.   
Junta Mayor, Junta de la Virgen y amigos todos.
Agradecemos a Joaquín Sánchez, José Amorós y Luis Abellán, hermano mayor de la hermandad de Nuestro Padre Jesús del Amor en su prendimiento y María Santísima de la Esperanza, por habéis iniciado y promovido este acontecimiento.
En nombre de todas las hermanas que han ofrecido su vida y lo seguimos haciendo a Dios en esta Santa Casa de la Santísima Trinidad, damos las gracias a todos los ciudadanos de Villena, porque nos habéis apoyado con vuestras firmas y cariño para recibir este noble reconocimiento como es la medalla de oro de esta gran Ciudad.
Como sabéis, somos una comunidad de vida contemplativa, desde el nacimiento de nuestro Monasterio el 22 de mayo de 1524, a ejemplo de nuestras fundadoras: Doña Leonor Esteban, su hija Juana Martínez y Doña Luisa Mergelina, aquí siempre se ha vivido el Carisma de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos. Porque así lo quiso Dios revelándose en una santa visión. 
Somos Monjas de clausura, nunca nos hemos dedicado a los trabajos de enseñanza, medicina, a la vida pastoral activa y obras sociales. Por ello, para nosotras la entrega de esta medalla significa, que habéis sentido que nuestra vida oculta en Cristo en fidelidad, y con la gracia de Dios, a lo largo de estos 500 años nuestra casa de la Trinidad se ha hecho todo para todos, una cátedra, donde se enseña la mejor asignatura, “la del amor”, un hospital donde los enfermos de alma y cuerpo encuentran oxígeno de esperanza y acompañamiento en su dolor, una clausura que se abre en oración para que los prisioneros de los males de este mundo, recuperen su libertad y dignidad de hijos de Dios.  
Nuestro Monasterio es un patrimonio del cielo, custodiado por monjas valientes y enamoradas de un Dios Redentor que nos da la gracia de afrontar las dificultades de los tiempos que nos ha tocado vivir: hambre, peste, discriminación, persecución, cárcel, desamortizaciones, la república, exclaustración y la guerra civil. Por ello las admiramos y les damos las gracias a todas nuestras hermanas que nos antecedieron, por ellas estamos hoy aquí, son para nosotras mártires de amor, en especial la comunidad de los años 1935 a 1939, el odio no pudo con ellas, las arrancaron del suelo donde habían sido plantadas, y quemaron su viña, pero su tierra fértil renació y volvió a dar fruto.
Todas las monjas que han vivido y vivimos en este Monasterio, durante estos cinco siglos han sido y somos importantes, pero quiero destacar a las que creemos que han sido los instrumentos claves para resaltar y dar continuidad a nuestra historia, una es Madre Concepción Galbis Milán, que ante el peligro inminente de la guerra civil busco refugio para su comunidad en el Asilo de las hermanitas de los ancianos Desamparados y en casas de familiares,  junto con otra Monja y su hermana Josefa Galbis Milán que era Postulante, sufrieron muchísimo porque las sacaron de su casa y estuvieron encarceladas dos días. Cuando termino la guerra Madre Concepción volvió a reunir a la comunidad, formada por grandes y santas monjas que sobrevivieron la gran tribulación y mantuvieron su fe firme, no mancharon sus vestiduras blancas al perdonar a sus opresores, les quitaron todo, pero no su amor y esperanza. 
Pasados unos años, fue necesario comenzar la construcción de un nuevo Monasterio y quien lo llevo a su término fue la Madre Desamparados Machuca Trigo quien confío grandemente en la providencia de Dios y en la ayuda de muchos villeneros, para lograr lo que hoy estáis viendo.
Otra vez os doy las gracias a todos y os pido que os unáis en nuestro agradecimiento a Dios Trinidad por estos 500 años, para que junto con nuestra Madre del Buen Remedio podamos decir: “El Poderoso ha hecho obras grandes en mí, su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Gracias amigos. 
***
Para finalizar cerró el acto el Alcalde de Villena Fulgencio Cerdán.
Queridos amigos y amigas, 
Vecinos de Villena, 
La concesión de la Medalla de Oro de Villena a la Congregación de la Orden de la Santísima Trinidad de nuestra ciudad destaca el valor de la perdurabilidad de esta entidad entre nosotros a lo largo de los cinco siglos que ha formado parte de nuestra historia. 
El transcurrir de 500 años hace que las cosas que llegaron de fuera terminen siendo tan nuestras. Y esta institución, más allá de lo que representa y significa a título individual, es una parte esencial de la vida de nuestra ciudad, es una parte de la historia, de la identidad, del sentido de la Villena que hoy conocemos. 
Poner en valor la lealtad que siempre ha tenido la Orden de las Trinitarias a Villena, eso es lo que hoy reivindicamos. Elevamos y reconocemos con esta distinción el sentido de permanencia que ha tenido en estos cinco siglos. Reconocemos su aportación social, sin duda espiritual, a la vida de tantas y tantas generaciones de nuestro municipio a lo largo de todo este tiempo. 
Villena, está a punto de cumplir su nombramiento como ciudad después de 500 años. Esto, como la presencia de instituciones y entidades como las Trinitarias a lo largo de todo este periodo, nos debe hacer pensar sobre el peso que nuestra ciudad tiene en la historia de nuestro país, en estas comarcas y en esta Comunidad Valenciana. 
Y nos debe a animar a mantener esta apuesta por Villena, este compromiso, esta entrega, esta devoción y este convencimiento sobre el futuro que se nos abre como pueblo unido, como ciudad luchadora, como municipio que apuesta por el futuro. Por ello, para afrontar con fuerza y convicción el futuro, debemos mirarnos en el pasado y entender por qué otras personas, otras entidades, dejaron su impronta en Villena desde hace tantos años y no en otra parte. 
Así que, la concesión de la Medalla de Oro a las Trinitarias es un motivo de orgullo para toda nuestra ciudad. Uno, porque mostramos nuestro agradecimiento a quienes siempre han estado a nuestro lado; dos, porque reivindicamos un pasado enorme que nos ha marcado el camino del futuro; y tres, porque con el reconocimiento a  la Orden de la Santísima Trinidad de Villena, reconocemos a todas las mujeres que se entregaron a su vocación, pero sobre todos a los hombres y mujeres que en estos cinco siglos han encontrado en su presencia un hálito de esperanza, algo de fuerza, un empuje para seguir adelante, confiar en el futuro y encontrar más llevadero el presente. 
Este valor simbólico es lo que les convierte en merecedoras de esta distinción.
Enhorabuena, felicidades, y que la historia no se detenga en este punto. 
Muchas gracias. 
..... CONTINUAR... PASAR PÁGINA Pinchar en... (entradas antiguas)
Esta Web no se hace responsable de las opiniones de sus lectores. Todo el contenido es público. Usted puede copiar y distribuir o comunicar públicamente esta obra siempre y cuando se indique la procedencia del contenido. No puede utilizar esta obra para fines comerciales o generar una nueva a partir de esta..
Web: www.villenacuentame.com
E-Mail:
villenacuentame@gmail.com