1981-2005 25 AÑOS "SERRANIEGOS"

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ESCUADRA "SERRANIEGOS" COMPARSA DE ANDALUCES

Esta es la historia de nuestro pasado y presente, de nuestras andanzas y vivencias contadas por nuestras conciencias, y... no sé si es muy saludable recordarlo y contarlo todo, pero lo vivido, vivido está, y este es el relato... Con este libro queremos hacer partícipes a todos, simpatizantes y amigos, de historias y vivencias de veinticinco años participando en nuestras fiestas, y animar desde aquí a que otros grupos de amigos no duden en fundar otras escuadras, pues el trabajo y sacrificio que llevan consigo no se pueden comparar nunca con las satisfacciones y alegrías que reportan. También es nuestro deseo pedir perdón a las personas de letras, ideas y pluma fácil, por si se diera el caso de que el modo, la forma o el fondo aplicado a la escritura o, tal vez, la incorrección de cualquier palabra, faltase a la literatura. Desearíamos que después de ver y leer este libro puedan o podáis conocernos un poco más y contribuir con ello a la historia de Nuestras Fiestas.

Todo comenzó una mañana del mes de junio del año 1981, en la cual dos grupos de amigos decidieron reunirse con la idea de fundar una escuadra especial, ya que la anterior de Calabreses había dejado de salir y la comparsa se había quedado sin representación dentro de este apartado. Pues bien, llegamos todos sobre las once de la mañana puntuales a la cita, sin saber la mayoría de nosotros quiénes eran los demás, pero, eso si todos dispuestos a llevar a cabo la idea por la que nos habíamos reunido. Sin más nos presentamos y comenzamos a dialogar sobre los pros y los contras de una escuadra. No veíamos ningún argumento en contra y tal era nuestra disposición e ilusión por continuar el camino dejado por la anterior escuadra, que no existió ningún obstáculo para nuestros propósitos. Sin embargo, se nos planteaba una ardua empresa: habían dejado un listón difícil de igualar y, si cabe, aun más de superar, pues tanto la Escuadra como su Cabo, Joaquín Cortés, gozaban de gran prestigio y estima en las fiestas de Villena. Nos pusimos manos a la obra y decidimos comenzar nuestra andura ese mismo año, cosa nada fácil a causa de la proximidad de nuestras fiestas: tan sólo tres meses escasos, tres meses para organizarlo todo.

Debido a esta premura de tiempo, decidimos en primer lugar visitar Alcoy, puesto que era el lugar más cercano en el que podíamos proveernos de un traje; pero nuestra sorpresa fue mayúscula cuando llegamos: al decidir el traje que nos gustaba y preguntar el precio del alquiler, escuchamos estupefactos: "¡VEINTE MIL PESETAS!". En ese momento se nos cayó el alma al suelo: VEINTE MIL PESETAS, toda una fortuna para la mayoría de nosotros. Entonces alguien apuntó que por ese precio lo podíamos hacer nosotros mismos y de ese modo nos saldría más barato. Lejos de desilusionarnos, volvimos a Villena con más ánimo, si cabe, y fuimos a visitar a una modista ese mismo día, MARI LOLI, quien nos dijo: "¡Estáis locos ! Yo no he cosido nunca a toda una escuadra y menos en tan poco tiempo. Únicamente estamos mi madre, una muchacha y yo: Cómo pretendéis tener una escuadra a punto para las Fiestas?". "Mari Boli, - le dijimos - contéstanos, haremos lo que sea necesario, te ayudaremos en lo que necesites, pero tenemos que salir este año". Y tal era la ilusión que vio en nosotros, que preguntó: "¿Dónde está el diseño?". "No lo tenemos - fue nuestra respuesta - pero mañana, si quieres, lo tienes aquí ". "Pues aquí os espero". Andrés Vidal, uno de nosotros, nuestro diseñador a partir de ese momento, comenzó a dibujar varios bocetos. Al día siguiente nos llamó y nos mostró su trabajo. “¿Que os parece?" preguntó... Nos quedamos sin palabras; pensamos que era sencillo, a la vez que atrevido: no habíamos visto nada igual en nuestras fiestas. "Confiad en mí - dijo Andrés -. Donde vosotros veis un DIBUJO yo veo una ESCUADRA”.
Sin demora llevamos el diseño con gran ilusión a nuestra modista."Mari Loli, éste es el Traje -y con preocupación proseguimos­ ¿Cuánto nos cobrarás?" "No lo sé hasta que no haga uno -respondió-, pero no os preocupéis que os cobraré lo menos posible". Tras darnos el metraje de las telas, Pedro y Toni, los más entendidos en tejidos y, por ello, conocedores de algunos sitios en donde se podrían conseguir al mejor precio, emprendieron viaje. “¿Y el armamento?", nos preguntamos. Hicimos indagaciones en varios carpinteros artesanos, pero su compra se nos hacía imposible, de modo que decidimos pintar nuestros arcabuces de siempre, dándoles un aspecto diferente. "¿Y el calzado?". Luis, nuestro cabo, dijo: "Compraremos el material y lo confeccionaremos en mi fábrica, sin coste de fabricación alguno". Y, una vez finalizábamos nuestro trabajo, nos íbamos a su fábrica a hacer todos los días tres pares. Hemos de decir, en honor a la verdad, que tuvimos a nuestras mujeres aparando botas, y a conocidos y amigos apoyándonos en todo momento. Y llegan los nervios: "¡LA PRUEBA!". A finales del mes de julio, Mari Loli nos citó para que viéramos nuestro primer traje confeccionado. Miguel, designado a dedo como modelo pasó a la habitación contigua al taller para cambiarse. Nos mirábamos inquietos unos a otros, conteniendo los nervios. Por fin se abrió la puerta de la habitación y allí apareció (Durante algunos segundos no hubo palabras, sólo miradas de complicidad, sonrisas, pues no creíamos lo que veíamos): "NUESTRO TRAJE". “¡Qué guapo estás, Miguel!" - dijimos -. “¡Te hace más alto!".¿Qué os parece?", preguntó Mari Loli. Sin recuperarnos todavía de lo que estábamos viendo, dijimos al unísono: "¡PRECIOSO!". No obstante, movidos por la preocupación, le preguntamos: "Sabes ya lo que nos vas a cobrar''. "¿Os parecen bien nueve mil pesetas de cada uno?”; Contestó. “¡Adelante! le comentamos- ¿Cuándo los tendrás todos? ". Dirigiendo una mirada cómplice a su madre y sonriendo, nos dijo: Si no nos vamos de vacaciones, creo que los podréis tener para el día dos o tres de Septiembre".
EL NOMBRE 
En una de las juntas celebradas, Andrés II, tras haber estado en casa varias horas consultando el diccionario, llegó diciendo: "Creo que he encontrado una palabra que nos podría servir para dar nombre a nuestra escuadra". Al oír esto los demás componentes, como si de un orfeón se tratara, preguntaron: "Qué nombre es ése?". Y él, tras unos momentos de suspense, dijo: "SERRANIEGOS': Cuando le preguntaron qué quería decir esa palabra, Andrés, reproduciendo la explicación del diccionario, dijo en tono jocoso: "¡Parecéis analfabetos!. SERRANIEGO quiere decir SERRANO, persona que vive en la sierra o ha nacido en ella ". "¡Pues no está mal! -comentó Pepe el Bailaor-. Fonéticamente también suena bien... Me gusta, ¿y a vosotros?'. Todos asintieron. "Pues ya está dicho, nos llamaremos “ESCUADRA DE SERRANIEGOS" Unos minutos más tarde llegó Pepe el Woltios, muy acelerado y con una sonrisa de oreja a oreja. "¡Joder, Pepe! -exclamó Pedro el Huevo ­Parece que vienes contento. ¿Te han tocado los iguales?", y aquél, sacando de uno de sus bolsillos una cinta de radiocasete, dijo: "Quiero que oigáis una cosa. ¡Paco, trae un casete!".
LA MÚSICA 
Paco Salvadora, poco menos que corriendo, trajo el citado radiocasete y, mientras manipulaba la cinta, todos lo observábamos con atención, deseosos de oír qué era eso que quería que escucháramos. "¡Oíd! -nos dijo, y comenzó a sonar una música preciosa, una pieza musical nunca escuchada en Villena- Se llama "SEGRELLES"; y he pensado que podíamos desfilar con ella. Qué os parece?". Ya nos veíamos todos en La Corredera al ritmo de la música y con nuestro traje nuevo. "¡Estupendo, Pepe! -exclamamos- Saldremos con esa música ".
EL DESFILE 
Entre tanto, las juntas se sucedían para encontrar una forma de desfile que fuera más innovador y diferente de lo que actualmente se conocía. Tras reunirnos en una casa del barrio del Rabal, perteneciente a Andrés Vidal, quedamos en celebrar las siguientes reuniones en la casa de Campo de Toni, en la cual se disponía de un pequeño rellano, donde podíamos ensayar las evoluciones. Una vez allí, comenzamos a dialogar sobre estas evoluciones, tomando como referencia de LA CORREDERA una gran mesa familiar, que era parte del rústico mobiliario de la casa. Usando los vasos que nos hacían compañía en nuestras tertulias, formábamos la escuadra "Virtual" y se comenzaba el desfile. "Podíamos comenzar la evolución adelantándose los dos del centro", comentaba uno. "¿Por qué no? añadía otro, mientras movía los vasos de un lado al otro. Sale solamente uno del centro, y le siguen alternativamente todos los demás hasta formar una fila ". Un tercero decía: “Y además, una vez estemos colocados de ese modo, podíamos volver a una y otra parte la fila para que vieran el traje detenidamente por delante y por detrás, al tiempo que lograríamos arrancar los aplausos del público". Seguidamente salíamos a la calle y allí practicábamos. Mientras tanto, Pepe el Woltios escuchaba y seguía atentamente todo lo que se decía y se hacía, diciendo siempre: "FALTA ALGO". "Qué nombre le ponernos a esta evolución?", nos preguntamos. Miguel el Cigarro comentó: “¿Por qué no le ponernos EL HUEVO, ya que es, primero de la fila?". "¡Pues no se hable más! lo llamaremos EL HUEVO". A todo esto, Pepe el Woltios volvía a repetir: "FALTA ALGO". ¿Qué falta, Pepe? Llevas así toda la noche", le preguntamos. A lo que éste respondió: "Aparte de la evolución, que la veo muy bien, pienso que es lo mismo que conocemos. ¿Por qué no probamos a hacer eso mi mismo, pero con un braceo hasta la altura del pecho y un poco más erguidos?". Nuevamente salimos a la calle y, a la señal convenida con nuestro cabo, Luis el Bajonista, arrancamos todos al unísono con el braceo acordado. El resultado fue espectacular: por unos segundos nadie despegó los labios, nos miramos incrédulos unos a otros, hasta que Miguel el Cigarro, dando un salto, dijo: "¡ES COJONUDO!". Así fue como nació en Villena la forma de desfile de nuestra escuadra especial y, poco a poco, sin darnos cuenta, nuestra comparsa se ha ido haciendo eco de este braceo, cosa que nos hace sentir un gran orgullo.
LA PRESENTACIÓN 
Pasaban los días y, casi sin darnos cuenta, agosto en todo su esplendor nos trajo la Presentación de la Madrina de la comparsa; cuando estaba a punto de llevarse a cabo, un componente de la escuadra pensó en voz alta: ¿Por qué no presentamos a la comparsa el traje y que opinen si les gusta o no?" "¡No sé! -comentó Pedro el Huevo-. La anterior escuadra no presentó nunca los trajes y no sé si les sentará bien". "¡Preguntémoslo! -dijo otro-. Pienso que sería muy acertado ". Cuando comentamos nuestra idea a la directiva de turno, ésta nos respondió que le parecía estupendo. A medida que la fecha de la Presentación se acercaba, sentíamos el latir rápido, acelerado más bien, de nuestro corazón, a la vez que una sudoración fría, superior a la normal, recorría nuestro cuerpo cada vez que pensábamos en ello. Llegó el día señalado y Miguel el Cigarro, nuestro modelo, era incapaz de controlar sus nervios. Los demás recorríamos la vieja sede de la comparsa de un lado al otro, esperando el momento en que apareciese con el traje, para ver la reacción de Contrabandistas y acompañantes. . . Al son de los primeros acordes del pasodoble Segrelles, apareció Miguel, más derecho que una vela, con paso y braceo marcial y una elegancia difícil de superar. La reacción de la gente no se hizo esperar: los aplausos despejaron nuestras dudas y la tranquilidad se adueñó de nosotros. "¡Es precioso! , decían unos. "¡Enhorabuena!", comentaban otros. Ya no era una emoción contenida y esta misma emoción compensó los desvelos y el trabajo duro ejercido hasta ese mismo instante.
LAS FIESTAS 
A mediados del mes de agosto se celebró la última junta de escuadra antes de fiestas, puesto que teníamos que ultimar detalles y hacer los correspondientes preparativos; pero surgió la duda sobre el lugar en el que nos cambiaríamos el Día Cinco. Entonces, Paco Salvadora dijo: "Si queréis, podemos cambiarnos en mi casa". "¡Bien! -fue el comentario- Lo traeremos todo aquí". Pedro el Huevo preguntó: "¿Hay alguien que sepa montar a caballo?". Y Miguel el Cigarro, en un alarde de jinete, le dijo: "Yo he servido en la remonta!" (Todos nos miramos sin ningún comentario). Manolo, seguidamente, se ofreció, diciendo: "Si no quiere salir nadie, yo estoy dispuesto. He hablado con Pepe, el del estanco, y me ha dicho que con una semana antes que vaya a montar es suficiente, porque el caballo es muy dócil"Pues bien, Luky Lu, -le dijimos- si te atreves, ¡adelante!". LLEGÓ EL DIA DE LA VERDAD- Por fin el Día Cinco, el día esperado. Después de haber pasado un Día Cuatro movido, trasladando trajes, armamento, calzado... nos despertó el bullicio de la mañana. Cuando el pregón estaba a punto de comenzar, salimos hacia la plaza de Santiago para dar comienzo a nuestras fiestas, a nuestras ilusiones. Tras el estruendo de la traca que anunciaba el comienzo de la música en el desfile de bandas, Andrés II fue a acompañar a su mujer a casa y le dijo: `Cati, me voy a La Salvadora, que no quiero que me tengan que esperar para comer". Corrió a la cita como si llevara patines, esperando llegar el primero, pero, cuando entró, algunos se la habían adelantado y le dijeron:-Creíamos que no venías!". Nunca habíamos estado en una comida en la que se hablara tan poco: Los nervios no nos dejaban comer, aunque había una excepción, Miguel, quien dejaba los platos limpios uno tras otro. Realmente los nervios estaban haciendo mella en todos nosotros. Con las natillas aún por la cara, subimos al piso de arriba donde, en una de sus habitaciones, nos estaba esperando Marisol, la hermana de -Manolo. "¡A mí primero!". "¡No, a mí!"; decíamos todos, deseando ser el primero en maquillarse y vestirse.
LA LOSILLA 
Camino de La Losilla nos detuvimos un momento en casa de la suegra de Pepe el Bailaor, pues su novia nos había ofrecido con anterioridad un refrigerio. `No tendrás un poco de tila, Virtu?" le dijo Pepe, mostrándole sus manos temblorosas. "¡Cálmate! -le dijo ella- Verás qué bien os sale todo". Las siete menos cuarto: "¡Colocaos!"; dijo nuestro cabo, Luis el Bajonista, y formamos como habíamos convenido. Andrés, adelantándose unos pasos, nos miraba, confirmando así que era la misma visión que tenía cuando estaba realizando el boceto. Segrelles comenzó y, al sonar los instrumentos, el pelo se nos puso como escarpias, mientras nos subía la sangre atropelladamente hacia la cabeza. Abriendo Luis su navaja y alzándola hacia el cielo, nos dijo: "¡¡Vámonos!!". Las imágenes que guardábamos de los ensayos, los “vasos” marcándonos las evoluciones...: todo nos venía a la cabeza sin orden alguno. Al llegar a la calle Nueva, Luis nos miró y dijo: "¡Atentos!". Levantó la navaja e hizo la señal para iniciar la evolución, y, en un instante, como si al levantar la navaja hubiese cortado las cuerdas que no nos dejaban movernos, Pedro el Huevo salió con paso decidido hacia delante, siguiéndole todos los demás. "¡Perfecto!" nos decíamos a nosotros mismos. Al llegar al colegio de los Salesianos, nos estaba esperando toda la comparsa, formando un pasillo, a través del cual pasamos como si fuéramos volando, entre los aplausos que nos brindaban. Abrazos, risas, lloros, una alegría inmensa nos embargaba: el tan esperado Día Cinco había pasado. Fueron transcurriendo los días con una incesante participación de todos en cualquier acto que se celebrara: el cansancio no parecía hacer mella en ninguno de nosotros. Llegó el Día Nueve, último día, las fiestas se terminaban. Como en los días anteriores, fieles a la cita, llegamos a la plaza de Santiago para despedir a nuestra patrona con el arcabuz en la mano: había comenzado el estruendo de los disparos por el itinerario de costumbre y era inevitable pensar que las fiestas llegaban a su fin, pero TODAVÍA NOS QUEDABA UN DESFILE.
LA ENTRADA DE CAPITANES Y ALFÉRECES 
A las cinco de la tarde, nos juntamos para organizar nuestro último desfile y evitar así los posibles fallos: todo tenía que salir perfecto. Formamos la escuadra y comenzamos el desfile con unos nervios, si cabe, mayores que el día cinco. Luis nos dijo: "Hoy tenemos que levantar a la gente de las sillas". Una vez llegamos a la altura de la heladería Francés, con la primera evolución, Luis comenzó a incitar a la gente y ésta nos correspondió con unos interminables aplausos: Pedro el Huevo salía por el eje de la carretera, erguido como si fuese almidonado, con paso largo y mano en alto, saludando al público y correspondiendo éste con sus aplausos. Creíamos que habíamos disfrutado de algunos desfiles en años anteriores, pero no era cierto, no, pues estábamos viviendo en ese momento algo que nos parecía irreal: la gente en las tribunas de la calle Joaquín María López se levantaba ante nuestro desfile y, ya en la Corredera, nuestro paso perdía longitud en un intento de alargar lo que inexorablemente se terminaba. Las nueve: nos juntamos en la plaza de Santiago para escuchar la entrega de premios, pero este año con un interés diferente. Comenzaron a nombrar a las escuadras especiales. "¿Qué han dicho?", preguntó Andrés II, entre los gritos de todos. "¡Que nos han dado el primer premio!", le dijeron; no reaccionó, unas lágrimas como puños le corrieron por las mejillas descargando todas las emociones contenidas hasta ese momento. Comenzamos con nuestra banda un desfile muy especial por varias calles de nuestra ciudad y, entonces, alguien propuso: "¡Vamos a casa de Mari Loli nuestra modista!". Llegamos a la puerta y observamos que nos estaba esperando junto a su madre, llorando por la inmensa felicidad que la poseía; uno tras otro, al compás del pasodoble que nos acompañaba, la fuimos besando, mostrándole así nuestro agradecimiento por su dedicación hacia nosotros, al haberse privado de unas vacaciones tan merecidas, a fin de que pudiéramos salir ese año.
Tras un breve paréntesis, nos juntamos para hacer balance de los resultados obtenidos y planificar el próximo año. Decidimos poner una cuota de mil quinientas pesetas al mes, que hacían un total anual de dieciocho mil pesetas: el coste de nuestro primer traje. Toni comentó: "Podríamos visitar las localidades cercanas para ofrecerles el traje en alquiler", y, tras concretar el precio del alquiler en cinco mil pesetas por traje, añadió: "yo buscaré los pueblos en los que salgan contrabandistas e iré a ofrecerles los trajes". A continuación, uno de nosotros propuso: "Deberíamos buscar una casa para guardar los trajes y hacer nuestras reuniones". A lo que Paco Salvadora dijo: "Por los trajes no os preocupéis, que en mi casa los podemos dejar, que no me molestan”- sin embargo, de todos modos, decidimos buscarla. Siguiendo con la reunión, se le comentó a Andrés: "Ya puedes ir pensando en el traje que llevaremos al año que viene", a lo que éste contestó: "El traje del próximo año no solamente está pensado, sino que ya lo he dibujado" "¿Ya lo has hecho?”; preguntamos sorprendidos. Abrió una carpeta que llevaba consigo y nos mostró el boceto. ¿Qué os parece? -dijo, mientras añadía- Lo único que ocurre es que con este traje no podemos ir maquillados, a lo sumo tendremos que llevar un poco de mugre encima". Tras unas carcajadas en respuesta a su comentario, nos quedamos sorprendidos por lo que estábamos viendo: nadie se opuso a su imaginación, a excepción de Pepe el Woltios, que dijo: "¡No me gusta!". "Pero, ¿por qué no te gusta?", preguntamos. Y él, sin saber dar una respuesta dijo: No lo se, simplemente no me gusta". A partir de ese momento comenzaron los preparativos para el nuevo año, saliendo cada uno para un sitio con el objeto de llevar a cabo el cometido designado: Miguel, Pedro y algunos más fuimos, diseño en mano, a visitar a nuestra modista Mari Loli; pasamos al taller y, mostrándole el diseño, le preguntamos: "¿Qué te parece?". "Este año sí que venís con tiempo... ¡Precioso!", nos contestó. Tras hacer las mediciones oportunas, vimos dibujadas en su rostro las ganas de comenzar con el trabajo. "Traedme la tela en cuanto la tengáis", comentó a continuación. Mientras tanto, Toni visitaba los pueblos de alrededor con el empeño de alquilar nuestro traje, a la vez que preguntaba a los artesanos de la zona sobre los presupuestos para la realización del armamento. Pepe el Woltios también se puso en marcha, buscando una nueva composición con la que sorprender al público en nuestros desfiles. Los demás salimos en busca de una casa para fijar nuestra sede, recorriendo calle por calle y preguntando allá donde veíamos una casa cerrada. Pepe el Bailaor, por su parte, convenció a su madre para que nos confeccionara las madroñeras de las mantas. Todo estaba en marcha para el inicio de las próximas fiestas.
LA CASA 
Las semanas transcurrían y, en su devenir, recibimos una llamada: teníamos que ver una casa en la calle de la Rambla. "¡Aquí es!", nos dijeron. La pequeña puerta de acceso estaba hundida medio metro por debajo del nivel del asfalto, por tanto, tuvimos que agacharnos para acceder a la casa. Un penetrable olor a humedad invadía toda la estancia; las paredes aparecían con la cal desconchada debido a los años de total abandono; un pequeño arco daba acceso a una habitación contigua en la que había un pequeño hogar; el aseo estaba totalmente inservible; al fondo de la casa había un pequeño patio y unas escaleras por las que se accedía al piso superior, al que no debíamos subir por peligro de desplome. Antes de que alguien hiciera algún comentario, Andrés dijo: "Nosponen un alquiler barato". Paco Cigarro, mirándolo de reojo, exclamó:“¡Nada más faltaba eso!". Entonces, Paco y Punto añadió: "Esta casa, con unas picolas y un poco de yeso, se queda como nueva". "¡De acuerdo!", convinimos todos. Paco y Punto, encargado de obras, comenzó a confeccionar la lista de materiales que hacían falta para la reconstrucción; una vez completada, se la dio a Santi el Algarrobo, encargado de la intendencia. A la semana siguiente, una vez estuvo el material en la casa, comenzamos la obra. ¿Qué vamos haciendo, maestro?, preguntamos a Paco, y éste exclamó: "¡No empecéis a tocarme las pelotas¡". "No te pongas violento, que es una broma", replicamos. Entonces, Paco comenzó a dar con la picola acá y allá, como si de su oficio se tratase. Luis el Bajonista propuso que pusiéramos una barra de bar, y su proposición salió adelante, pues, como en casi todas las propuestas, no se puso objeción alguna. Tras unas semanas de trabajo, ya teníamos una casa en condiciones para nuestras Juntas y tertulias.
LA PRIMERA JUNTA EN LA CASA  
Ya inmersos en el mes de abril, se organizó una junta para comentar las gestiones de cada uno: "La tela está en la modista y ya ha comenzado a coser el traje de muestra". comentó Pedro el Huevo. Ton¡, con cara de satisfacción, nos dijo: "yo he estado en San Vicente y he logrado alquilar el traje, así es que os tendréis que venir alguno para ayudarme. También he mandado a mi padre para que reparta tarjetas a las poblaciones de los alrededores, de las que ya me han llamado algunas personas interesándose por el traje: Tendré que ir a visitarlos". Mientras tanto, Santi el Algarrobo nos iba sirviendo en la barra las bebidas que le pedíamos. "¡No fastidies, Santi, -dijo Paco el Cigarro parece que estemos en la Salvadora¡". A lo que Santi replicó: "¿No soy el encargado de la intendencia?, pues en ello estoy: vosotros a lo vuestro, que de la casa ya me encargo yo". “Cómo va el nuevo pasodoble” se le preguntó a Pepe el Woltios. "¡No me digáis nada, que estoy oyendo música hasta cuando duermo y todavía no he escuchado ninguno que me guste!". Aprovechando un pequeño silencio durante la tertulia, Manolo Chiles nos comentó: "Estoy viendo un caballo para este año, chulo como él solo; ya lo veréis si llegamos a un acuerdo con el dueño". Pedro el Huevo, expulsando de la boca la bebida que estaba tomando, dijo tosiendo: "¡Casi me ahogo, Lucki Lu; podías haber esperado que terminara de beber para dar esos sustos¡". Andrés II, a continuación, propuso: "Podíamos sacar para este año una evolución nueva; he estado pensando en una que podía quedar bien". ¿Cómo es?; preguntó Luis. Entonces, Andrés II, volviendo a expresarse de la misma forma del año anterior, cogió los vasos que se estaban usando y, formando la escuadra virtual, explicó, al tiempo que los movía con cierta celeridad: "En vez de salir Pedro el primero, como el año pasado, esta vez se quedaría parado y, cuando hiciera un oblicuo, todos los demás comenzaríamos a salir alternativamente uno de cada lado hacia la acera contraria en la que nos encontráramos, formando una fila en cada acera; una vez allí, nos volveríamos mirando al centro, a la vez que Pedro comenzaría su desfile por el medio, hasta llegar a adelantarnos. -Todos escuchaban atentamente, moviendo los ojos, al tiempo que Andrés movía los vasos- Una vez allí, prosiguió- iremos las dos filas, a la vez, a juntarnos con él en el centro, quedando mirando los de una acera para un sitio y los de la otra acera para el otro: de ese modo, mostraremos el traje al mismo tiempo por delante y por detrás. Entonces, Luis, haciendo una señal, nos haría mirar a todos hacia el frente, y así terminaríamos la evolución como el año pasado. ¿Qué os parece?
Cuando nos reunamos en el campo durante la próxima junta, podríamos ensayarlo para ver qué tal sale". "¿Que nombre le ponemos a esta evolución?", preguntamos. Y, como en el año anterior, se dijo: "-Ya que el primero en salir es el Burra, ¿por qué no la llamamos así: El Burra?" Ya comenzado el mes de junio, mantuvimos una nueva reunión antes de las vacaciones veraniegas. Estando casi todos reunidos, el primero en hablar fue Pedro el Huevo: "He ido a casa de Mari Loli y me ha dicho que ya podemos pasarnos por allí a ver el traje de muestra terminado, por si hubiese que cambiar algo antes de empezar con los demás; así que podíamos quedar un día que nos venga bien". Miguel, entonces, propuso: ;Qué os parece mañana sábado por la mañana?". Asentimos casi todos. “Pues, ¡bien! -siguió diciendo-, todos los que podamos, a las diez en casa de la modista". Pero no todo estaba solucionado, faltaba lo referente al armamento, faltaba el arcabuz. Andrés, Luis el Bajonista y Andrés II expusieron su ofrecimiento: "Nosotros lo haremos, ya que la máquina de liar aún tiene lija para desbastar una carpintería". "Pepe, -preguntamos al Woltios “¿cómo llevas el pasodoble?". Bien, - dijo-. Fuera en el coche llevo una cinta. Si queréis, voy por ella y la escuchamos". "¡Ya estás tardando¡" dijo Pepe Follones .Mientras fue por la cinta, Paco Salvadora bajó nuevamente el radiocasete. Y, al tiempo que la colocaba, Pepe comentó: "Se llama Ecos Españoles". Toni exclamó mientras escuchábamos el pasodoble: "¡Eres cojonudo, Pepe!". Como en el año anterior, a todos nos pareció excelente. Al día siguiente, como habíamos acordado, puntuales a la cita, nos encontramos en casa de Mari Loli. Miguel, nuestro modelo, se vestía en la habitación de al lado, mientras los demás comentábamos con ella los inconvenientes de las cosiduras. Unos minutos más tarde salió Miguel de la habitación. "¡Pareces recién bajado del monte! Solamente te falta, como dice Andrés, un poco de mugre", comentó Pedro el Huevo, bromeando. El traje seguía la línea del año anterior, diferente a lo visto, sencillo, pero impactante: la satisfacción se nos adivinaba a todos en la cara. "Nada, Mari Loli, ¡adelante!" le dijimos. Los dos Andreses visitaron a Mejías, un socio y amigo contrabandista, con unos patrones de cartón para la confección de las navajas, pues, debido al elevado precio de mercado de las metálicas, decidieron hacerlas de madera. "Mejías, -le comentó Andrés- te traemos estos patrones para ver si nos los puedes cortar de madera a fin de hacernos unas navajas". Después de examinar el carpintero los patrones, les respondió: "Esto está hecho". Eligieron el material adecuado y los emplazó al día siguiente para que se llevaran las navajas. Una vez recogido el material, comenzaron el montaje: Andrés (Nuestro Artista) se afanaba en desbastar en la máquina de lijar los cantos vivos de la madera, dándole una forma más redondeada. Andrés II volvió de la papelería con unos pliegos de cartulina de plata que pegó a la madera que simulaba la hoja de la navaja, dándole un aspecto metálico. Luis, por su parte, mientras tanto pintaba las cachas que Andrés iba desbastando en la lija. Con el material acabado, emplazaron a los compañeros para enseñarles el trabajo y, mientras éstos examinaban las navajas, comentaban entre sí sonriéndose: "Desde luego es verdad que las carencias agudizan el ingenio". A la semana siguiente, Luis y los Andreses se dirigieron nuevamente al carpintero, diciéndole: "¡ya estamos otra vez aquí¡". "¿Qué se os ha perdido?", les preguntó éste. Y, mostrándole un patrón, le explicaron: "Perdona que volvamos a molestarte otra vez, pero también nos vas a tener que cortar las culatas para los arcabuces en un rato que tengas". "Para cuándo las queréis?". "Si no te importa, venimos esta tarde, cuando terminemos de trabajar". "¡Un rato que tenga, dicen,-exclamó el carpintero- Dejadme respirar, que, en cuanto pueda, os las cortaré" Mientras esperaban las culatas, se preguntaban cómo podrían hacer los cañones del arcabuz con el ensanche final. Entonces Luis les propuso: "Les ponemos tubería de plástico de fontanero y el ensanche se lo hacemos calentando el tubo". No tardaron ni diez minutos en proveerse de un metro de tubería para hacer la muestra. Pero surgió un problema: por más que intentaban ensanchar la tubería, no quedaba a gusto de ellos, y qué se podía hacer? Andrés, quitando la alcachofa de una de las duchas de la fábrica, dijo: "¡Tengo la solución!: ¿y si la pegamos con un poco de cola a un extremo del tubo?". Instantes después, exclamó: "¡Ya está!". Tras recoger las culatas del carpintero, comenzaron el trabajo: mientras Luis cortaba las tuberías según la medida acordada, Andrés las pegaba a las alcachofas de ducha. Andrés II, en ese momento, se acercó a ellos, mostrándoles una culata con un clavo retorcido y diciéndoles: -¿Qué os parece el gatillo que le he puesto?". Obtuvo unas sonoras carcajadas por respuesta. “¿De dónde sacamos el martillo?", preguntó Luis. Andrés, cogiendo el lápiz, dibujó sobre un trozo de suela el martillo con su correspondiente llave, después lo recortó con unas tijeras y, clavándole dos clavos, contestó: "Ahí tienes el martillo". Sin soltar las tijeras de la mano, cogió un bidón de cola vacío y recortó las abrazaderas para sujetar el cañón (el tubo de plástico) y también el guardamontes; seguidamente, dio una mano de pintura y quedó terminado el arcabuz. Una vez finalizada su obra, llamó a alguno de sus compañeros para que dieran su aprobación y, al día siguiente, fueron a la fábrica varios de ellos. Andrés, mostrándoles el arcabuz, les preguntó: "¿Qué os parece?", y todos comenzaron a reír, al ver el ingenio desarrollado en su confección. Andrés II apuntó: "Son un poco rústicos, pero, mirándolos de largo, hacen un efecto bueno".Paco Cigarro, mientras apuntaba con el arcabuz, dijo: `No tiene el punto de mira un poco bajo?".Un año más, teníamos el armamento dispuesto. LAS FIESTAS SIGUIENTES  
Tras las vacaciones volvimos todos con un bronceado, diría yo, casi agitanado, como si hubiéramos estado alquilando sillas en la playa, pues este es el color que requería nuestra puesta en escena. Pusimos un traje a punto, ya que comenzaba el mes de agosto y la Presentación a la comparsa estaba próxima. Manolo Chiles empezó sus clases ecuestres con el nuevo caballo. Luis el Bajonista ensayaba sus nuevos pasos delante de un espejo, imaginándose el largo recorrido al frente de la escuadra. Las barbas que, unos más y otros no tanto, veníamos dejándonos desde unos meses antes, iban tomando un aspecto tosco, excepto la de Paco Salvadora que, debido a que no le salía, se la tuvo que pintar Andrés con un corcho quemado. 
 Pepe "Woltios" con las partituras.  
La noche de la Presentación llegó y Miguel apareció con el traje en una bolsa; todos los demás ya estábamos allí. "¡Miguel, creíamos que no venías!" le espetó Pepe Woltios; a lo que Miguel contestó: "¡No me digáis nada, que estoy hecho un manojo de nervios!. La Virtu me ha tenido que hacer una tila y, aun así, estoy que no me tengo". Pedro el Huevo, en su intento por tranquilizarle, le decía: "Un tío tan bien plantado como tú y que esté nervioso... ¡No me lo creo!, y más, siendo un profesional como ya lo eres tú". Miguel se retiró para vestirse y los demás nos quedamos en nuestros asientos, preguntándonos unos a otros si gustaría el traje. Nuestras mujeres, anticipándose al resultado, nos decían: "Estaos tranquilos, que sí va a gustar, pues es mucho más bonito que el del año pasado". EL HERMANAMIENTO 
Con el transcurrir de los años, llegamos a 1990, año en el que tuvo lugar nuestra participación con la Escuadra de Tuareg, de la Comparsa de Marruecos. Seriedad y nobleza obligan: La Escuadra de TUAREG quería reproducir nuestras evoluciones v forma de desfile a la perfección, así que iniciamos conversaciones para un hermanamiento entre las dos Escuadras, teniendo en cuenta la amistad que nos unía a ambas y la ilusión que nos hacía a todos desfilar en Comparsas de tanto prestigio como la de Marruecos para nosotros y Andaluces para ellos: atuendos diferentes, música distinta, marcha mora y pasodoble. Ahora, había algo fundamental que sí teníamos en común: la seriedad y el respeto no solamente hacia nosotros, sino también hacia nuestras respectivas Comparsas, y, sobre todo, hacia el público que nos pudiera ver. Seriedad y nobleza obligan: La Escuadra de TUAREG quería reproducir nuestras evoluciones v forma de desfile a la perfección, así que tuvieron que ensayar nuestros movimientos, una y otra vez, hasta conseguir un desfile perfecto. Las dos Escuadras decidimos salir solamente el Día Nueve en el Desfile de Capitanes y Alféreces, va que en ese desfile no se puntuaba y no se interfería, por ello, en el desarrollo normal de las escuadras. Consultamos a ambas comparsas y, lejos de poner algún obstáculo, a las dos les pareció una idea estupenda, pues esto contribuiría a un mejor conocimiento de las Comparsas y, por tanto, de la fiesta. En cambio, sí hubo una pequeña desconfianza por parte de algunos socios, ya que se ponía en duda la seriedad con que se llevaría a cabo el desfile y, debido a ello, su opinión era desfavorable a dicho hermanamiento. Los días de fiestas transcurrían con normalidad. Tras la comida del Día Nueve, quedamos todos en juntarnos en la casa de la Escuadra de TUAREG, situada a las faldas del Castillo. Subimos las escaleras que daban acceso a la plaza de Santa Bárbara y allí nos esperaban para hacernos el recibimiento. Andrés II llevaba una placa grabada para entregársela en conmemoración de ese día, en la que se decía: "LAS ESCUADRAS NO SE MIDEN POR EL NOMBRE, SINO POR LAS PERSONAS QUE LAS COMPONEN". Realmente disfrutamos de un desfile inolvidable, aunque terminamos con dolor de riñones, debido a la falta de costumbre de desfilar a Marcha Mora. Una vez llegamos al final, corrimos a cambiarnos para bajar rápidamente y así poder seguir el desfile. Un gran cabo, como es Manuel Díaz, acostumbrado al desfile a pasodoble, encabezaba la Escuadra. El paso largo y decidido, junto a su gallardía, eran parte de sus ademanes. La Escuadra, al tiempo, ejecutaba nuestras evoluciones con una precisión absoluta, arrancando aplausos a su paso y llegando a levantar en muchas ocasiones a la gente de sus cientos. Les estábamos esperando en el trayecto final para recibirles y darles nuestra felicitación por el éxito obtenido. “¿Cómo lo habéis pasado?", preguntamos. Ellos, entusiasmados, contestaron: "¡Es el no va -mas.!” -No podíamos imaginar el disfrute que nos esperaba". Pepe, más conocido por el Iñiesta, nos comentaba llorando de emoción: "¡En mi vida! No espero disfrutar tanto en unas fiestas como lo he hecho hoy". Sin duda ninguna, ambas Escuadras compartimos en esas fiestas algo más que traje y desfile: compartimos la forma de sentir la fiesta, alejando de nosotros la rivalidad entre festeros. Con nuestro hermanamiento pudimos ver que la fiesta es algo más que una serie de actos y premios, que algunas veces estimulan y alegran, pero, a la postre, sólo sirven para lo que no se crearon, LA RIVALIDAD, la cual no debería tener cabida en unos días, en los que, como su denominación indica, sólo debería existir FIESTA.
 CALAÑESAS Y SERRANIEGOS JUNTOS
LAS RETRETAS
Muchos han sido los años en que la escuadra en su conjunto o algunos de nosotros hemos participado en la retreta, varios años con nuestro disfraz de negros. Foto de la primera Retreta de Negros.
Hicieron falta sesenta barras de pan y diez kilos de fiambre para preparar la merienda. Paco Cigarro tomó prestado de un familiar un depósito de agua con una capacidad de 200 litros, en el cual se introdujeron 50 litros de vino, 20 de gaseosa, 2 kilos de azúcar y varios litros de bebidas alcohólicas... 
  PAISA... BARATO... PAISA LOS SERRANIEGOS DE MAHOMA EL MONUMENTO A CHAPÍ. "Todo comenzó una mañana del mes de junio del año 1981..."
Pasodoble Serraniegos 
Lo dicen por ahí, una noche de junio surgió, En un modesto rincón, algo iba a brotar. Son Andaluces, y eso nadie lo puede negar. Ole esa comparsa que tiene ese aire para desfilar. * Y tú lo sabes, que salen con alegría. Y tú lo sabes, desfilan con emoción. Y tú lo sabes, que en el pueblo todos los admiran Porque en sus fiestas, entregan siempre el corazón. * Los Serraniegos, a su paso por las calles de Villena. Los Serraniegos, derrochando su arte y su gracia. Los Serraniegos, todos juntos para desfilar, Y así a su patrona el día cinco van a acompañar. * Letra: ANDRÉS VIDAL
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Fotos y textos del libro... Serraniegos "Siempre" 1981-2005
Gracias a todos los "Serraniegos", por las facilidades en la realización de este extenso artículo lleno de vivencias de un grupo de amigos y festeros. "Serraniegos... Siempre"
VIDEO DE LA HISTORIA DE LOS "SERRANIEGOS"

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