1917-1967 AQUEL ¡SOS! VALIENTE Y EFICAZ

AQUEL ¡SOS! VALIENTE Y EFICAZ
Manuel Díaz Ledo
¿Lo recordáis, amigos? La voz trémula del Colegio os decía que se estaba ahogando en un mar de deudas y os pedía que acudierais a salvarlo con vuestro dinero en la medida de vuestras fuerzas.
¿Lo recordáis, amigos? Fue el 9 de diciembre de 1962. Lo leímos desde el púlpito de nuestra iglesia de María Auxiliadora en todas las misas. Lo repetimos el día 12 por los micrófonos de «Radio Juventud de Villena», puestos a nuestra disposición por su director el antiguo alumno salesiano Alberto Pardo Caturla, en el espacio semanal «Vida Salesiana», mantenido por muchos años con entusiasmo y acierto por un equipo de Antiguos alumnos, capitaneado por José Cabanes Amorós.
El famoso «S. 0. S. » os pedía, nada más y nada menos, que unos tres millones de pesetas, para saldar de una vez para siempre la deuda producida por la construcción del pabellón del internado. Los beneméritos acreedores no podían esperar a cobrar indefinidamente; demasiado habían esperado ya, y sin cobrar intereses. Solo los intereses del préstamo otorgado por la Caja de Ahorros del Sureste de España, en su día tan providencial, consumían los escasos recursos del Colegio. Y había que concluir y poner en funcionamiento después el pabellón del internado. No era decoroso que los Salesianos, después de cuarenta y siete años, tuvieran que seguir educando e instruyendo a la juventud de Villena con una penuria tal de medios, que paralizaban sus más nobles ambiciones de superación. Había llegado el momento de convertir el Colegio Salesiano de Villena, de simple «apeadero» en «estación principal». Era justo que Villena hiciera un esfuerzo decisivo para dotarla del Colegio Salesiano que necesitaba y merecía.
No debo ocultar que personas muy calificadas vieron en nuestra decisión una amenaza velada de marcharnos los Salesianos de Villena, si nuestra petición no obtenía la respuesta solicitada. Las tranquilizamos. Los Salesianos no nos iríamos nunca de Villena. El Colegio Salesiano, tras largos años de fructífera y abnegada labor, se había hecho algo sustancial de Villena. Los Salesianos solo nos vamos de Villena, ahora unos, ahora otros, cuando nos «manda» la obediencia religiosa a otra parte...
No quiero ocultar tampoco que una persona muy autorizada en la Congregación Salesiana se alarmó no poco ante el tono del «S. 0. S.», cuya copia le enviamos. En otros lugares produciría, según él, efectos contraproducentes... La tranquilizamos también a ella. La situación no era para irse con remilgos y paños calientes. Había que enfrentarse con la realidad cara a cara. Conocíamos a Villena; su amor a María Auxiliadora y al Colegio Salesiano haría el milagro que le pedíamos.
Y así fue.
La campaña se planeó en tres frentes.
En el centro operaron los Salesianos de la Comunidad y los niños del Colegio: «rezando y con el mazo dando». Rezando fervorosamente a María Auxiliadora, para que Ella, en cuyo nombre se hacía todo, bendijera la empresa. Y el Señor y María Auxiliadora nos enviarían los medios para salir de apuros. Sus notas en los exámenes públicos y su conducta ejemplar dentro y fuera del Colegio fueron las credenciales que exhibimos para pedir a Villena el dinero que necesitábamos para seguir adelante con decoro y desahogo.
Al valorar ahora los resultados maravillosos del «S.O.S.», calibremos en su justa medida la contribución de los Alumnos y Salesianos del Colegio en aquella coyuntura.
A la derecha del dispositivo táctico se movieron los Antiguos Alumnos, compenetrados como nadie con el espíritu y vida del Colegio. Tomaron la campaña como cosa suya. Calculamos ilusionadamente que la deuda de tres millones de pesetas se liquidaría con que mil Antiguos Alumnos aportaran cada uno tres mil pesetas. La cuenta era redonda. Unos podrían más, otros menos, pero a todos se llamaría para que contribuyeran en la medida de sus fuerzas y de su amor al Colegio.
Ejemplar fue el acuerdo de los miembros de la Junta Directiva de los Antiguos Alumnos: contribuir cada uno con cinco mil pesetas, para dar ejemplo. Y lo hicieron en su inmensa mayoría. Algunos incluso rebasaron la cifra fijada. Algunos, empleados o trabajadores con verdadero heroísmo.
¿Con qué personales renuncias habrá juntado uno que yo me sé las cuatro mil pesetas que me entregó? Otro directivo, en situación económica un tanto coprometida, y al que yo mismo le dije que me enfadaría si me volvía a hablar de contribuir también él con alguna cantidad, al cabo de poco tiempo me echó sobre la mesa del despacho sus cinco mil pesetas, fruto de horas extraordinarias de trabajo de él y de su esposa, y del sacrificio de los «Reyes« de sus hijas... Otros pidieron prestadas las cinco mil pesetas a entidades bancarias, comprometiéndose a amortizarlas a plazos junto con los intereses, para taponar, en la medida de sus posibilidades, el boquete de amortizaciones e intereses que tenía que pagar el Colegio.
La Junta Directiva de los Antiguos Alumnos, flanqueada por la Comisión de Obras y los Cooperadores Salesianos, se constituyó en Estado Mayor de la campaña. En equipo o individualmente pidieron a los que podían mucho y a los que podían poco. Y muchos que podían poco dieron más que los que podían mucho. Su amor al Colegio estaba por encima de todo. ¿Cómo olvidar aquel auténtico plebiscito de generosidad alegre? Recordaré siempre a un joven que vino espontáneamente a traer su donativo de
quinientas pesetas. «Yo —me dijo— por las circunstancias de la vida, no pude ser alumno de este Colegio; pero mis mejores amigos son Antiguos Alumnos Salesianos, y me han hecho mucho bien. En su compañía me he hecho persona de bien y respetada. Por compañerismo con ellos, y por gratitud al Colegio que los ha formado y al que tanto quieren, he pensado contribuir yo también, en la medida de mis fuerzas, al sostenimiento de este Colegio, en el que espero se puedan educar el día de mañana mis hijos»
Recordaré siempre también al padre de un alumno interno, que, al entregarme sus tres mil pesetas entre los primeros, me dijo: «Ustedes buscan mil Antiguos Alumnos que contribuyan con tres mil pesetas cada uno. Busquen solo novecientos noventa y nueve. Yo no soy antiguo alumno, pero soy padre de un alumno interno; por él doy estas tres mil pesetas. Villena no sabe lo que tiene con el Colegio Salesiano. Lo sé yo, que soy de fuera.»
Y por el flanco izquierdo —es una manera de entendernos— beneméritas y entusiastas señoras y señoritas archicofrades de María Auxiliadora y Cooperadoras Salesianas se repartieron el callejero de Villena para pedir en todas las puertas, a fin de que la
suscripción en favor de la Obra Salesiana fuera verdaderamente voluntaria y popular. Fueron muchos, mu¬chos, los que respondieron afirmativamente, entregando unos de una vez su donativo global, y apuntándose otros por una cantidad mensual. La humildad y tesón de estas incomparables señoras y señoritas hicieron milagros. ¡Cómo olvidar la noble satisfacción con que cada mes llevaban al Colegio el fruto de la generosidad de tantas almas buenas, bien anotadas en sus listas, en las que los familiares y cariñosos apodos superaban a los nombres de pila! (Villena será siempre Villena, hasta en esto). ¡Cuántos duros mensuales recogieron, que eran auténticos óbolos de la viuda del Evangelio! No lo olvidarán nunca ni ellas, ni el Colegio, ni Dios Nuestro Señor, ni María Auxiliadora, que pagan pronto y bien.
¿Qué no pagan pronto y bien el Señor y María Auxiliadora? Repetíamos, como slogan acreditado por la experiencia, que dan el premio eterno en el cielo y el ciento por uno en esta tierra por todo lo que se da en su nombre. Y así fue realmente en esta ocasión. ¿Recordáis los tres millones de pesetas que María Auxiliadora regaló a Villena por medio de la Lotería de Navidad de 1963, distribuida por la Archicofradía de María Auxiliadora, o más exactamente por María y Consuelo sus tesoreras? Exactamente el ciento por uno: cien pesetas por peseta. Al Colegio le tocó... la alegría de repartirlas... y de recoger no pocas de personas agraciadas y agradecidas.
¿Recordáis todo esto, amigos? Aquel «S. O. S.», después de escribirlo la noche anterior, no fiándome de la improvisación, lo leí calladamente a solas a los pies de nuestra Auxiliadora en su santuario. La inspiración y su resultado fueron totalmente obra suya, sirviéndose de todos vosotros como instrumentos.
Después vino la terminación del pabellón, su pleno funcionamiento con sus aulas y patios resonando con las voces alegres de más de setecientos alumnos internos y externos; vino el aumento del personal salesiano y de prestigiosos profesores seglares; vino, como regalo del Cielo, el donativo espléndido de D. Salvador Amorós y su esposa en memoria de sus hijos Salvador y José Luis, que Dios haya; vino la hermosa realidad que ahora palpamos y que entonces solo era una hermosa ilusión.
El Colegio actual es fruto del sacrificio, valentía y tesón de los que nos precedieron trabajando, planeando, soñando, trazando surcos, que luego, sus seguidores no tuvimos más remedio que seguir. D. José Sánchez, entre otros, trabajó en el Colegio de Villena con una fe, que yo compararía a la de Abraham: contra toda. esperanza, Y lo que solo él veía en su mente de soñador, apóstol y artista, hoy lo vemos todos realizado.
El Colegio actual es vuestro mejor legado a vuestros hijos y a los hijos de vuestros hijos.
Por mi parte, doy infinitas gracias al Cielo por haberme encontrado entre vosotros, trabajando codo a codo, por salvar al Colegio Salesiano en sus momentos más difíciles, y por haber bendecido nuestro esfuerzo en forma que nos llena de maravillada confusión y de agradecimiento imperecedero.
No hicimos una obra para nosotros solos ni para vuestros hijos. El Colegio ahí está, hecho y derecho para las generaciones futuras de niños de Villena: crisol y garantía de ciencia, ciudadanía y servicio de Dios. Mucho de esta consoladora realidad se debe a la historia de un «S. 0. S.», de la que fuisteis protagonistas vosotros, los actuales Antiguos Alumnos, Cooperadores y Bienhechores Salesianos, Archicofrades de María Auxiliadora, amigos todos del Colegio.
Gozaos en el Señor por ello, como me gozo yo, que os empujaba a la noble empresa, y que ya enton¬ces me decía con el poeta Machado:
«Y yo me iré;
y se quedarán los pájaros cantando,
y se quedará el huerto con su verde árbol
y con su pozo blanco».
Extraído de la Revista 1917-1967 Cincuentenario Salesianos en Villena

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