14 ago 2014

2014 ESPECTACULAR CONCIERTO DE EXTREMODURO

Una auténtica multitud –difícil cuantificar cuántos miles de personas había– disfrutó anoche del concierto ofrecido por Extremoduro en el polideportivo de nuestra ciudad, que entre los festivales Leyendas del Rock y Aupa Lumbreiras ha dejado espacio para una puesta en escena espectacular en la que no han faltado pantallas gigantes y una escenografía de un nivel pocas veces visto en el rock nacional.
Foto... Pablo Domene García
Sucede, sin embargo, que acostumbrados al buen hacer organizativo de Marcos Rubio y la gente de Sufriendo & Gozando, ha sido un auténtico palo trabajar bajo el control de los responsables de la gira de Extremoduro –a cargo del acceso, la seguridad, las acreditaciones, etc–. Un control de accesos desquiciante, generando una cola kilométrica que obligó a retrasar el inicio del concierto casi una hora ante la impaciencia del público; un caos absoluto en taquillas y en el control de acreditaciones, tratando a la prensa poco menos que como ganado (servidor prefirió renunciar a hacer fotografías para poder librarse del yugo de los responsables de prensa y ver el concierto tranquilamente); un divismo injustificable, que obligó a Sufriendo y Gozando a desmontar su torre de control de sonido –la misma que sirvió para 25 grupazos en el Leyendas del Rock– para habilitar otra unos metros más allá (perdiendo los altavoces que alimentan a la parte de atrás del campo de fútbol) y una empatía nula por parte del grupo (patético Robe Iniesta pidiendo a miles de personas que guardaran sus móviles para no grabar una canción inédita que en realidad no era tal…). Y así comenzó la cosa.
Para todos los públicos
Y ahora, si quieren, hablamos de música. Durante su gira 2014, bautizada como su último disco, “Para todos los públicos”, Extremoduro está repitiendo más o menos la misma estructura en sus conciertos: temas nuevos y más tranquilos al principio, un descanso de unos 20 minutos, y una segunda parte más “cañera”, que rescata clásicos de la banda, en lo que parece un intento de satisfacer a los dos “bandos” que ha generado la trayectoria del grupo a lo largo de las casi tres horas que dura el espectáculo.
Difícil es tomar partido, objetivamente, por alguno de esos bandos, entre los partidarios del “Extremoduro ya no es lo que era, se ha vuelto comercial…” y quienes prefieren sus últimos trabajos, con una evolución evidente, donde el rock más sucio y transgresor ha dejado paso al lirismo, unas letras dignas del mejor poeta y un abanico musical mucho más amplio, variado y cuidado. Al respecto, se puede decir que ni el cartel de un festival se diseña pensando en nuestro exclusivo gusto ni un grupo es lo que nosotros queramos que sea, por eso solo nos cabe decidir si lo que hacen en un momento dado nos gusta o no, pero respetando (y alabando) siempre el derecho a evolucionar, crecer, probar e incluso equivocarse de los artistas, que de lo contrario estarían condenados a “deprimirse por vivir del pasado y hacer siempre lo mismo”. Por ello, tal vez sea mejor aceptar que el grupo es el mismo, antes, ahora y dentro de 10 años, y que lo que posiblemente haya cambiado sea nuestro gusto y/o nuestra actitud, y valorar más otras facetas como la entrega, la calidad de la puesta en escena y la defensa que la banda hace de los temas que ha decidido ofrecer a su público en una gira o una fecha concreta.
Ni un pero
Y en ese sentido, no cabe un solo pero. Extremoduro hace tiempo que dejó de ser una lotería, un show en el aire a expensas de las ganas, el humor o el estado físico de Robe Iniesta, que lo mismo era incapaz de tenerse en pie que abandonaba el escenario por las buenas a mitad de concierto y sin mediar explicación. Ahora, por el contrario, Extremoduro sube a las tablas a gustarse, a disfrutar de su trabajo y ofrecer el mejor espectáculo posible en cuanto a sonido y puesta en escena se refiere, y eso es muy de agradecer para un amplio sector del público, aunque siempre queden irreductibles más partidarios de las “macarradas” que de unos acordes limpios y metidos justo a tiempo.
Así las cosas, anoche pudimos disfrutar de un concierto iniciado con una sugerente intro portuaria, a juego con una escenografía montada con containers, que da paso a un clásico como Sol de invierno para ir calentado el ambiente. La voz de Robe va entrando en calor, pero no lo suficiente como para no poner de manifiesto que los años no pasan en balde, y le cuesta alcanzar los registros y ronqueras a los que llegaba antaño, aunque la rabia siga ahí, en su alma o en su estómago. No obstante, y haciendo del defecto virtud, esa voz más frágil y rota de ahora resulta ideal para afrontar territorios más delicados, esos a los que cada vez ha ido dando más cancha en su discografía, de ahí que las nuevas canciones salgan así, aparentemente más frágiles, más entregadas, más intimistas… más bellas, a decir de muchos.
Se suceden temas de sus últimos trabajos –como un importante fragmento de La Ley Innata, por ejemplo– alternados con algún clásico que es muy bien recibido por el público, que aprovecha para desfogarse saltando y cantando a viva voz. Tras el intermedio, comienza una segunda parte con temas más intensos y directos, que hacen que el público más antiguo (distribuido mayoritariamente de la mitad para atrás del recinto) gane protagonismo. Temas como Prometeo, Salir, Puta o Mi corazón hacen que el respetable empiece a darlo todo, en un éxtasis que crece con Ama, Ama y Ensancha El Alma para poner fin a un concierto del que Robe se despide visitando cada rincón del escenario, acercándose a sus seguidores, saludando, nada que ver con aquellos míticos “mutis por el foro” de antaño, mientras la banda se descuelga con una versión del Rockin’ All Over The World de Status Quo, que Uoho trasladara de Platero y Tú a Extremoduro como guinda de sus conciertos.
Bien pero mal
En definitiva, y pese a los problemas organizativos, técnicamente un gran concierto con un repertorio que, pese a la dificultad, intentó contentar por igual a todos los sectores de seguidores de Extremoduro, algo realmente difícil dado lo amplio del espectro, desde duros rockeros de más de 50 años a adolescentes de 16 o 17 que los han conocido hace nada. No obstante, y por si a alguien le importa mi opinión personal e intransferible, me incluyo en el primer grupo de seguidores, aquellos que prefieren las “macarradas”, y con el Extremoduro que conocí y me hizo disfrutar en los años 90. Lo de ayer fue muy bonito, sí. Pero eso no era Extremoduro.
Texto... El periódico de Villena
BIENVENIDOS A VILLENA... AUPA LUMBREIRAS
 Fotos... ANGEL VERDÚ (AFV)






Fotos... Miguel Ángel Berbegal (AFV)





Fotos... Paco Gisbert (AFV)






Y seguimos...

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