1954 GRATITUD

GRATITUD
Nada hay que pueda herir más la delicadeza de un corazón noble y bien criado, como la nota de ingratitud. La ingratitud arguye falta de orden en las cosas y provoca siempre horror en el alma, porque siempre será una falta estética. Lo contrario precisamente de lo que sucede con la hermosura, que es, como dice San Agustín, la constancia en el orden, que no puede sino inspirar amor, admiración, cariño y sorpresa. Si a la serie de beneficios que un alma recibe, se corresponde con indiferencia y desvíos, ¡qué montañas de amarguras se levantan en el corazón del bienhechor, pródigo en derramar bienes y favores!
Muchos son los beneficios recibidos por mí desde hace más de quince años en la noble y acogedora Ciudad de Villena, cuna del insigne Chapí.
Pero hay uno que brilla como estrella de primera magnitud en el firmamento moral de la Ciudad y que llega hasta la cumbre de la prodigalidad. No se trata de un beneficio transitorio que pasa como sombra fugaz de una nube de verano, o como un relámpago que brilla en el horizonte. No. Es algo fijo, estable y permanente, algo consustancial a la personalidad humana, que brilla como lucero matutino en el cielo del espíritu. Es, en síntesis, la estrella polar de la adopción, con todas las exquisiteces que lleva consigo esa hermosa institución jurídica, por cuya virtud he adquirido la facultad de disfrutar, no por esencia, pero sí por participación, de los mismos beneficios y prerrogativas que disfrutan los hijos naturales de la sin par Villena, y quedo constituido al mismo tiempo heredero de las glorias inmortales de sus antepasados, glorias registradas por la Historia y recogidas con cariño por la tradición y la leyenda, brillantemente manifestadas con esas luchas y guerras de moros y cristianos bajo la salvaguardia, de nuestra queridísima Madre y Patrona la Virgen de todas las virtudes.
Surja, pues, en el pecho vibrante, y generoso, la sincera manifestación de gratitud por tan inmensos beneficios. Nobleza obliga. Y si el mar se alborota con encrespadas olas en el océano de la adversidad y de las contrariedades de la vida, ya sé adónde debo volver los ojos; levantaré la mirada y observaré la estrella, la estrella polar de la adopción como los navegantes y marineros, que nunca, que jamás pierden de vista la estrella polar para mejor orientarse y marcar su rumbo.
Con la preclara distinción de que me ha hecho objeto la Liudad, sólo resta que yo entone, inundado el pecho de alegría y satisfacción, aquel cántico de júbilo que entonó el anciano Simeón cuando tuvo en sus brazos al autor de la Naturaleza, el día en que tuvo lugar lo ceremonia de la presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén Aquel «Nunc dimittis» costó al siervo de Dios para poseer la paz. Sea también preludio de la paz eterna el nuevo «Nunc dimittis» de vuestro hijo adoptivo de Villena.
EL PARROCO ARCIPRESTE
Extraído de la Revista Villena de 1954

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