1985 UN TÓPICO INJUSTIFICADO

UN TÓPICO INJUSTIFICADO  Por Alfredo Rojas
En los últimos tiempos, me refiero a un plazo de seis u ocho años, se ha extendido un tópico en nuestra ciudad en relación con IG Fiesta de Moros y Cristianos, enarbolado por diversas personas y asociaciones. La Fiesta, dicen, ha de ser popular. Y reclaman esta popularidad en el sentido -de que todos han de poder participar sin trabas ni cortapisas, aseveración hecha sin detenerse en el previo y necesario análisis que establezca de antemano qué grado de tal popularidad posee la Fiesta en Villena. Y, en consecuencia, hasta qué punto, o en qué medida puede demandarse este aspecto en el ámbito de la Fiesta local.
Destaquemos de inicio un hecho negativo en nuestra Fiesta que supone una limitación. La mujer, hasta ahora, no ha tenido libre acceso a la Fiesta villenense. Esta situación injusta está en vías de solución de la única forma que cabe enfocarla: la de que la mujer organice corporativamente su incorporación a la Fiesta, en vez de pretender obligar a quienes no la aceptan junto a ellos a que forzosamente les den paso libre en Asociaciones determinadas. El problema lo traté personalmente hace dos años en una conferencia pública y tiene no pocas facetas que sería enojoso repetir, ya que mis argumentaciones excederían del espacio que es prudente ocupar en una revista de estas proporciones. En resumen, diré solamente que rebasaba la Fiesta en su estricta condición de representación de Moros y Cristianos, y transformada en tantas poblaciones en una Fiesta de carácter general, en una especie de diversión común y compartida por todo el pueblo, no puede limitarse a que sean solamente los varones los que se diviertan.
En cuanto concierne a todos los demás aspectos que conforman nuestra Fiesta, opino que la villenense es la más popular de cuantas conozco en el amplio entorno que la lleva a cabo con similares características. Y si no molesto a nadie me atrevería a decir que debemos felicitarnos los villenenses por tener una Fiesta con circunstancias tan eminentemente populares; porque demandarlo así es lógico y loable.
Empecemos por establecer que la participación en una Fiesta de Moros y Cristianos trae consigo gastos; como mínimo, el importe de una cuota y el de un traje. Ambos aspectos son indispensables. Pertenecer a una Comparsa supone contribuir a su financiación y obliga a poseer un atuendo, sin el cual no puede llevarse a cabo la participación activa. No se concibe la Fiesta de Moros y Cristianos con participación espontánea, de forma esporádica y sin obligaciones económicas. El individuo que en un momento dado y por súbita inspiración decide integrarse, sin necesidad de atuendo prefijado y sin sujetarse a obligaciones de organización, cabe que pueda hacerlo en una suelta de vaquillas, en un baile, danza o manifestación multitudinaria, pero no en una Fiesta de Moros y Cristianos.
Dado por cierto lo antedicho, añadiré que entre las cuotas más bajas que se pagan en el mundillo festero levantino están las de Villena. Y es natural que así sea en razón del número de socios con que cuentan las Comparsas villenenses. Lógicamente, resulta más económico pagar una banda, o un libro de actas, o un ramo de flores, entre doscientos, que entre sesenta. En el aspecto económico, pues, no poco importante, ser festero en Villena es más barato que en la gran mayoría de las poblaciones.
En nuestra ciudad no existen limitaciones de ningún género para la participación activa. Cualquiera puede integrarse en una Comparsa y participar de inmediato con ella en todos los actos con los mismos derechos que el socio más antiguo o meritorio. Fue testigo hace años de una alta en una Comparsa villenense a las dos de la tarde del día cinco de septiembre. El nuevo socio, claro está, desfiló ya en la Entrada de esa misma tarde. Por el contrario, apenas es necesario decir, por sabido, cuántas Comparsas hay en muchas poblaciones que son cotos cerrados. Tampoco es desconocido para nadie que hay lugar donde se participa en la Entrada por riguroso turno; y que intervenir un año en ella supone estar los dos o tres años siguientes sin tomar parte en este acto. ¡Estaría bueno insinuar siquiera a un festero villenense que durante tres años no podría desfilar el día cinco!
Otro importante factor en este aspecto al que nos referimos es que los cargos festeros en Villena, presidente, cabo, alférez, capitán, madrina, etc.— no traen consigo una contribución económica aparte de la cuota. En Villena nadie paga nada por encima de la cuota establecida. Conozco poblaciones donde el cargo de abanderada, que puede parangonarse con el de madrina en nuestra ciudad, supone una inversión, solamente en el traje, que rebasa, muchas veces ampliamente, el medio millón de pesetas. Hay otras poblaciones donde ostentar la capitanía de la Comparsa supone más del doble de la cantidad citada. Y alguien, para acabar este capítulo, que conocía perfectamente el tema, me aseguraba el año pasado que el capitán moro y el cristiano de 1984, en determinada ciudad, no gastaron menos de cinco millones de pesetas cada uno.
Podría añadir datos, argumentos, nombres de personas y poblaciones en apoyo de lo antedicho; pero prefiero no hacerlo así porque lo que aspiro a demostrar es la condición eminentemente popular de la Fiesta villenense y no ejercer la crítica de otras, pues sus participantes tienen perfecto derecho a desarrollarlas a su manera. Y yo no puedo, ni en rigor debo, erigidme en juez de conductas ajenas que, por principio, respeto profundamente.
Personaje infantil hay en determinada Fiesta cuyos padres han de hacer frente a un cuantioso gasto. Los de nuestras madrinas infantiles sólo tienen que preparar un traje asequible a cualquier economía. Y veamos otro factor: el de las «entraetas» que se realizan en diversas poblaciones. Pongo por ejemplo las de Alcoy. Pese a desarrollarse fuera de la Fiesta, a que los participantes no llevan el atuendo festero, y a que las calles están atestadas de público, cada Comparsa lleva dos o tres escuadras nada más. Y es impensable para nadie en Alcoy que una sola persona siquiera, de «motu propio», salga de la acera, se una a los componentes de una escuadra, y desfile con ellos. En Villena se están haciendo «entradicas» desde hace pocos años; y cientos y cientos de personas se unen al desfile espontáneamente y lo convierten en una hermosa y multitudinaria manifestación popular festera, constituyéndose en un acto alegre, desenfadado, un canto a la alegría, a la Fiesta y a la Ciudad. Yo, personalmente, alabo que sea así; lo que desapruebo es que después alguien clame arguyendo que la Fiesta no es popular.
El mismo talante de la Fiesta, la disposición personal de los festeros ante ella, la actitud vital de los actuantes, está, en los días de la conmemoración, muy alejada de un rito, de una normativa, rebelde a disciplinas e imposiciones de las cuales sólo algunas aceptan, y en contados casos, porque una Fiesta como la nuestra, de no contar con una organización previa, unos horarios determinados, un orden establecido, se convertiría en un verdadero desastre. A pesar de todo ello, muchos participantes hacen, sencillamente, lo que les viene en gana. Esto, en mi opinión, ya pasa de la raya; porque rebasa lo popular para ser populachero; porque algunos festeros abdican de la natural dignidad que debe distinguir a quienes efectúan una representación pública, anunciada a bombo y platillo, con convocatorias y carteles, cobrando incluso a quien quiere verla, para rayar en el mal gusto y rozar la grosería.
No puede ser más popular, pues, la Fiesta de Moros y Cristianos villenense. Sobran las peticiones en tal sentido; yo incluso pediría, como consecuencia de lo expresado en el párrafo anterior, que debe serlo menos. Y al expresarme así me refiero únicamente a esas demostraciones de mal gusto, a ciertos actos y actitudes que desagradan a la mayoría. Porque yo me declaro partidario de lo popular, del derecho de todos y todas a participar no sólo en una Fiesta,
sino en cualquier otra actividad local de carácter general. Soy enemigo de cotos cerrados, de capillas, de oligarquías, de castas y estamentos situados a distinta altura. Considero a todos los villenenses no iguales, porque eso es una entelequia, sino con los mismos derechos, entre ellos, el de procurar eliminar esa desigualdad.
Extraído de la Revista Villena de 1985

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