1965 MARÍA EN EL VATICANO II

MARÍA EN EL VATICANO II por Manuel Moyá Cañizares - Presbítero
El Concilio Vaticano II ha promulgado la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, dedicando el capítulo octavo de la misma a la Santísima Virgen.
«No es intención del Concilio proponer una completa doctrina de María, ni tampoco dirimir las cuestiones no llevadas a una plena luz por el trabajo de los teólogos. Conservan, pues, su derecho las sentencias que se proponen libremente en las Escuelas Católicas sobre Aquella que en la Sta. Iglesia ocupa después de Cristo, el lugar más alto y el más cercano a nosotros» (núm. 54).
En el Proemio nos presenta a María en el misterio de Cristo ...«hecho de mujer... para que recibiésemos la adopción de hijos» (Gal. 4, 4-5) (núm. 52).
Proclama la Maternidad Divina de María con todas las relaciones peculiares que Ella comporta hacia las Tres Personas Divinas («Madre de Dios Hijo, y por tanto, la hija predilecta del Padre y el Sagrario del Espíritu Santo»), su relación con los miembros del Cuerpo Místico de Cristo («es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella cabeza por lo que también es saludada como miembro sobre eminente») (núm. 53).
«Redimida de un modo eminente, en atención a los futuros méritos de su Hijo».
Sigue al Proemio como segunda parte de este capítulo el tema de la Virgen María en nuestra salvación. «...Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de la salvación ...Estos primeros documentos, tal como son leídos en la Iglesia y son entendidos bajo la luz de una ulterior y más plena revelación, cada vez con mayor claridad iluminan la figura de la mujer Madre del Redentor... insinuada proféticamente en la promesa de victoria sobre la serpiente ... (Gen. 3, 15). Así también Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un hijo cuyo nombre será Emmanuel (Is. 7, 14; Miq. 5, 2-3; Mat. 1, 22-23) (núm. 55). Se inaugura la nueva economía, cuando el Hijo de Dios asumió d^ Ella la naturaleza humana... «llena de gracia» ...«he aquí la esclava del Señor...» (Lc. 1, 28 y 38). María, aceptando la palabra divina, fue hecha madre de Jesús y abrazando la voluntad salvífica de Dios ...se consagró totalmente... a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al Misterio de la Redención con El y bajo El, por la gracia de Dios omnipotente ...cooperadora a la salvación humana por la libre fe y la obediencia... el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María...» (núm. 56).
«La unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte» (Lc. 1, 41-43; 2, 34 35; 41-51). El nacimiento del Señor, «lejos de disminuir, consagró la integridad virginal de la Madre» (núm. 57). «En la vida pública de Jesús su Madre aparece significativamente ...consiguió por su intercesión el comienzo de los milagros de Jesús (Jn. 2, 1-11)... recibió las palabras con las que proclamó bienaventurados (por sobre los vínculos de la carne y sangre) a los que oían y observaban la palabra de Dios como Ella lo hacía fielmente (Cfr. Mc. 3, 35 par. Lc. 11, 27-28] ...avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz, en donde, no sin designio divino, se mantuvo de pie... y se asoció a su sacrificio... », y luego «vemos a los Apóstoles, antes del día de Pentecostés perseverar unánimemente en la oración ...con María la Madre de Jesús... (Hech. 1, 14). Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha original, terminado el curso de la vida terrena, en alma y cuerpo fue asunta a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejara más plenamente a su Hijo, Señor de los que dominan (Apoc. 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte» (núm. 59).
La tercera parte la titula, la Bienaventurada Virgen y la Iglesia. Comienza afirmando, como base fundamental, la Mediación única de Cristo (Tim. 2, 5-6); «...la misión maternal de María, de ninguna manera oscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo... todo el influjo salvífico de la Bienaventurada Virgen en favor de los hombres, no es exigido por ninguna ley, sino que nace del Divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, de ella depende totalmente y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo». (núm. 60). «...Cooperó en forma del todo singular ...en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia... (núm. 61) ...Por su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo que peregrinan... y lucha contra el pecado hasta que sean llevados a la Patria feliz». (número 62).
El texto conciliar continúa explicando su oficio de «Mediadora» (subordinado) y llamándola «Abogada», «Auxiliadora», «Socorro». Sus relaciones con la Iglesia («es tipo de la Iglesia... en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo») (núm. 63). «Los fieles... levantan sus ojos hacia María, que brilla ante toda la comunidad de los elegidos, como modelo de virtudes...» (núm. 65); fecundidad de la Virgen y de la Iglesia. (núm. 64).
La cuarta parte trata del Culto a la Señora, según las palabras proféticas de Ella misma: «Me llamarán bienaventurada todas las generaciones» (Lc. 1, 48).
Termina todo este hermosísimo capítulo, llamando a María, signo de esperanza cierta y consuelo para el pueblo de Dios peregrinante.
Todos los buenos hijos de la Iglesia deberían proveerse del texto íntegro de esta Constitución Dogmática. En la sacristía de Santiago hallarán ejemplares.
Ante la imagen de Nuestra Patrona, la Señora de las Virtudes meditemos sus grandezas, y supliquemos «que interceda ante su Hijo para que las familias de todos los pueblos, tanto los que se honran con el nombre de cristiano, como los que aún ignoran al Salvador, sean felizmente congregados cm paz y concordia en un solo pueblo de Dios, para gloria de la Santísima e individua Trinidad».
Extraído de la Revista Villena de 1965
Cedida por... Avelina y Natalia García

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