1996 LA PLAZA DE TOROS VIEJA

HOMENAJE A D. JOSÉ Mª SOLER
ESPECIAL DIA 4 QUE FUERA
La Plaza de Toros Vieja 
Hasta estos momentos, las corridas habían venido celebrándose, como hemos visto, en la que se denomina Plaza Pública, Plaza del Mercado, Plaza Real o Plaza de la Constitución. Era evidente que, para los 14.000 habitantes que aproximadamente tenía Villena a mediados del siglo XIX, interrumpir durante varios días la utilización de un lugar tan céntrico como aquél, constituía un notable perjui­cio para los vecinos, como el mismo Ayuntamiento recono­ce. Se hacía precisa la construcción o habilitación de un lugar adecuado, y a ello dedicó sus esfuerzos una denomi­nada Sociedad Constructora de la Plaza de Toros que presi­día Francisco Antonio Pujalte, quien, el 1 de agosto de 1872, año en que renunció a la Corona de España don Amadeo de Saboya, ofreció al Ayuntamiento su ganado vacuno y la plaza que tenía construida en el lugar que hoy ocupan las llamadas "Escuelas Nuevas", para dar funciones de becerrada los días de fiesta, con el fin de allegar recursos para el Hospital de Caridad y otros establecimientos. El Ayuntamiento, que presidía Juan losé Pérez, en vista del laudable propósito y de que el local reunía las condiciones necesarias de comodidad y seguridad, accedió a la petición y comisionó a dos concejales para que intervinieran en la liquidación. Seis años después, el 23 de junio de 1878, el mismo Francisco Antonio Pujalte, para demostrar la solidez de la plaza que se había construido, presentó las debidas certificaciones y anunció el deseo de la sociedad construc­tora de inaugurarla el 28 de junio. Hubo exposición pública de banderillas y trofeos de lidia, así como una parada de mansos para demostrar su docilidad. El Ayuntamiento, pre­sidido entonces por Francisco Hernández Hurtado, autorizó las corridas para los días 29 y 30 de junio y 7 de julio, aun­que habría de solicitarse por la empresa, como en otras ocasiones, la matrícula industrial. Pero, el 26 de junio de 1878, falleció la reina María de las Mercedes, y hubo que suspender las dos corridas anunciadas para los días 29 y 30. Pujalte pidió autorización para celebrar los tres festejos en los días 6, 7 y 14 de julio, lo que le fue concedido, aunque prometió que no se dispararían cohetes ni objetos sueltos y que las luces de bengala no saldrían del edificio la noche de la inauguración.
Aquella Plaza de Toros Vieja no debió estar en funcio­nes mucho tiempo, y pronto hubo que volver a la secular becerrada en las calles y plazas de la población. Consta que, en 1883, con ocasión de celebrarse la capea en la Plaza de Santiago, se hundió un tablado y hubo un muerto y cuatro o cinco heridos.
En julio de 1887, el Gobernador autorizó las fiestas en honor de la Virgen del 5 al 9 de septiembre, pero advirtió al Alcalde que no permitiera corridas de toros ni vacas por las calles. Era como adelantarse a unos deseos existentes entre las capas más cultas y progresivas de la población. Véase lo que decía a este respecto el semanario "El Demócrata" en un número correspondiente al 30 de agosto de 1890 al comentar el programa de las ya inmediatas fiestas de sep­tiembre: "¿Hasta cuándo ha de durar este rutinarismo? Ya sería hora que se eliminaran de los festejos algunos que dicen muy poco en favor de esta población y que se sustitu­yan por otros más en armonía con las nuevas costumbres". En los números correspondientes a los días 7 y 14 de sep­tiembre, comenta las fiestas pasadas y hace hincapié en la becerrada: "Pero el pueblo se ilustra y evita con su cordura la falta de sentido común de algunos dependientes del municipio. Porque aquello de atar las barreras a las once del día obligando a los transeúntes a saltarlas, y ver los apu­ros de las mujeres luchando con esta incomodidad y los naturales de la honestidad para evitar las risas de los curio­sos, bien se merecería alguna gratificación: Y termina el párrafo con una velada amenaza: "Pero en fin, a otro año será si Dios no mejora sus horas... (Aparte: que sí las mejo­rará)". No fue precisamente al año siguiente, pero sí dos años después cuando el Gobernador autorizó las fiestas, pero advirtiendo al Alcalde que las corridas de toros ha­brían de verificarse en círculo cerrado y bajo su responsabi­lidad, y en 1893 advierte que no puede autorizar las corri­das de vacas "a no ser que se verifiquen en plaza cerrada y que ésta sea reconocida por persona perita en la materia".
DIA 4 QUE FUERA 1996
Cedido por Joaquín Sánchez.

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