1967 LA ROMANIZACIÓN DE LA COMARCA VILLENENSE

LA ROMANIZACIÓN DE LA COMARCA VILLENENSE
POR JOSE Mª SOLER GARCÍA - DELEGADO LOCAL DEL SERVICIO NACIONAL DE EXCAVACIONES ARQUEOLOGICA
La romanización del Levante español es un período mal conocido; mucho peor, desde luego, que algunos de los períodos puramente prehistóricos. Por lo que a nuestra comarca se refiere, pocos son los datos que nos suministran las fuentes escritas, y los empeños de algunos autor es por identificar con nuestra Ciudad algunos de los lugares en dichas fuentes mencionados, son cuando menos controvertibles, y en la mayoría de los casos, francamente arbitrarios.
Texto de un epitafio hallado en Villena
Se repite con frecuencia que nuestra población se llamó antiguamente Bilumen, Bilille, Túrbula, Arbacala, Vacasora, Bilesetona, Bechira, Bilbilis, Adello, etc. Bueno será que los villenenses nos pongamos en guardia contra tales atribuciones, necesitadas de una confirmación que no sólo no se ha producido sino que, en muchos de los casos, ha sido ya refutada con sólidos argumentos. La más extendida de estas reducciones es la de Vigerra, que ha sido defendida por autores de la talla de Flórez, Masdeu, Mariana, Ocampo, Ferreras y algunos otros, lo cual explica el gentilicio de "Vigerrenses" que nos adjudican prestigiosos diccionarios y enciclopedias actuales.
Si algo prueba esta pluralidad de atribuciones es la gran antigüedad de nuestra Ciudad, puesta de manifiesto, por otra parte, en las vitrinas del Museo Municipal. Pero qué nombre le dieron los antiguos a nuestra vieja población es cosa que sólo la aparición de documentos epigráficos podrá poner en claro.
"Sigillata" decoración de yacimientos villenenses. Foto Soler
Parece ser que en algún tiempo existieron tales documentos, y que en ellos se basó Carolo Clusio para establecer la ecuación Vigerra-Villena, seguida luego por los autores anteriormente citados. Desgraciadamente, aquellos "letreros y piedras antiguas" de que hablaba Clusio no han llegado hasta nosotros, aunque sí el texto de un epitafio grabado "en una gran piedra" y traducido por Ambrosio de Morales del modo siguiente:
"Tú que por aquí pasas: si mora en ti alguna piedad y lástima, vuelve un poco los ojos acá. Aquí están las cenizas de Cayo Canio, poeta, que estuvo en Roma diez y seis años. siendo muy amado y querido de todos. Después volví a España, sin hacer jamás mal a nadie. Al fin, con gran deseo que tenía de volverme a pasar la vida con mis antiguos amigos y acabarla con el pueblo romano, los hados muy crueles me atajaron, muriendo en el camino. Lucio Albino, Procónsul de la Citerior, honró y cubrió con este mármol mi sepultura".
Este Cayo Canio era, en efecto, un poeta natural de Cádiz que se hallaba en Roma durante el mandato de Domiciano.
No hay razón para poner en duda la existencia de dicha lápida, y no es aventurado predecir que esta clase de hallazgos puede ser más abundante en lo sucesivo. Porque aquí, como en otras épocas, es la Arqueología, y no las fuentes escritas, la que tiene la última palabra, y la Arqueología ha puesto ya de manifiesto la existencia de cinco villas romanas en las llanuras de nuestros campos y los vestigios de dos típicas canteras de las que los romanos extraían los grandes bloques de piedra utilizados en sus construcciones.
 Marcas de alfareros en cerámicas de barniz rojo. Foto Soler
Aparte de esto, los restos romanos, representados especialmente por su típica cerámica de barniz rojo brillante, que por llevar con frecuencia sellos o marcas de alfarero se conoce con el nombre de "terra sigillata", ha sido localizada tanto en el llano como en las capas superiores de algunas cuevas, y entre los numerosos restos ibéricos de la Sierra de San Cristóbal.
Conviene destacar este último hecho a la hora de explicarse la romanización de nuestra comarca, porque, así como en San Cristóbal los vestigios romanos son escasos y se diluyen entre la gran masa de restos ibéricos, en las villas del llano sucede justamente lo contrario: son escasos, aunque falten, los tiestos ibéricos, que aparecen entre masas, a veces ingentes, de restos romanos.
A nuestro modo de ver, la explicación es clara. San Cristóbal es uno de los poblados ibéricos sojuzgados, y quizás destruidos, por las legiones romanas, mientras que las villas del llano son propiedades rurales de los romanos afincados en nuestro territorio después de la conquista, quienes conservaron a su servicio gran parte de los indígenas sometidos, que continuaron fabricando sus tradicionales cerámicas pintadas, de tan acusada personalidad. Nos afirma en esta suposición la existencia en San Cristóbal de los glandes de plomo que utilizaban los romanos como proyectiles, los cuales no han aparecido hasta ahora en los yacimientos de llanura. Es éste un claro indicio del carácter militar que atribuimos a la presencia romana en la sierra de la Villa. Los yacimientos del llano abundan, por el contrario, en pesas de telar, vidrios, restos de herramientas y gran cantidad de cerámica vulgar, todo lo cual indica un género de vida nada belicista, que se conjuga muy bien con la elección del emplazamiento y con el carácter semisuntuario de las columnas que adornaban sus edificaciones, si no lujosas sí lo suficientemente confortables como para pensar en una vida sedentaria de terratenientes más o menos acomodados.
 Arqueología romana en la comarca de Villena
Por desgracia, las villas romanas que hasta ahora conocemos se hallan en actuales tierras de cultivo, removidas una y otra vez por labores agrícolas que, si en tiempos todavía recientes sólo arañaban una capa superficial, hoy arrasan hasta los cimientos aquellas mansiones rurales, aunque no puedan eliminar los restos cerámicos, que suministran inapreciables datos cronológicos. La cerámica "sigillata", en efecto, que es vajilla de mesa, no sólo puede fecharse casi por años, sino que nos indica también los talleres de procedencia y, por tanto, el mecanismo de su difusión.
La "villa" de "Candela", por ejemplo, ha proporcionado ya toda la gama en uso desde el siglo I a. de J. C. hasta el siglo IV d. de J.C., amplio período que explica la gran cantidad de restos esparcidos por todo el ámbito del yacimiento, del cual procede n, además, fragmentos de dos columnas construidas con piedra extraída de unas canteras inmediatas.
Proyectiles de plomo y flecha de hierro
 Algo más limitadas en el tiempo parecen las otras cuatro villas descubiertas en "Casas del Campo", "Casa de Nazario", "La Torre" y "Casa del Padre", aunque poco puede asegurarse sin antes efectuar exploraciones a fondo en todas ellas. La de las "Casas del Campo, proporcionó otro par de columnas, procedentes, quizá, de las canteras existentes en "El Puntal de los Carniceros", en cuyas inmediaciones hay también "sigillata". De este yacimiento procede la flecha de hierro que presentamos en la figura...
El estudio provisional de las cerámicas recogidas en estas villas nos dice que, aunque fundadas en siglos anteriores, tienen su apogeo en los siglos II y III de J.C., y es posible que alguna de ellas, si no todas, fuesen afectadas por la tremenda catástrofe que para el mundo romano supuso la invasión de los "francos" en el siglo III.
Como indirecto testimonio de esta invasión interpretamos la ocultación de un pequeño depósito de monedas descubierto recientemente en el Poblado de Absorción. Está compuesto por tres medianos bronces de Julia Mammea (m. en 235), de Alejandro Severo (222-¬235) y de Maximino (235-238), todos ellos, como se ve, de mediados del siglo III, en que se fecha la primera oleada de los invasor es "francos". Les acompaña otro gran bronce de Adriano (117-138), que puede ser una pieza antigua conservada por los ocultadores.
Otros hallazgos monetarios de los que tenemos suficientes garantías en cuanto al lugar de aparición, son los siguientes: pequeño bronce de Constancio Gallo (?) (351-354), en las Casas del Campo; otro bronce del mismo Emperador, en la Casa de Lara; bronce de Magnencio (350-353), en La Torre; otro de Maximiano Hércules (286-305), en la Casa del Cura, y otro, por último, de Graciano (367-383), cerca de La Atalaya. Esto aparte de algunas otras monedas ilegibles o sin identificar aparecidas en distintos lugares del término. Tales hallazgos demuestran que la romanización de la comarca prosiguió después de las invasiones bárbaras del siglo III.
Hallazgo monetario en el Poblado de Absorción. Foto Soler
Aunque muy brevemente, hemos de referirnos ahora al problema de las vías de comunicación. Los mapas al uso de la España romana coinciden en señalar una vía que, desde Valencia, se dirige a Montealegre por Játiva y Fuente la Higuera, para descender por Yecla hasta Elche y proseguir después hasta Cartagena. Es posible que este camino existiera, pero no como fundamental para dirigirse a Elche desde Játiva. Basta examinar el mapa que presentamos para eliminar toda duda de que existía un camino hacia Elche a través de nuestra comarca por el valle del Vinalopó, camino por otra parte típico y milenario, como ha puesto de relieve el profesor Tarradell, actualmente el mejor conocedor del mundo romano levantino. El Vinalopó es una zona de intenso poblamiento que no podía quedar al margen en la red de comunicaciones trazada por aquellos hábiles ingenieros que fueron los romanos. Quizás tenga que ver con ello el nombre de "La Losilla" con que se conoce el punto de cruce de los caminos Villena-Biar, Alicante, ya que, para el citado profesor, el topónimo "Losa" alude al enlosado de las carreteras por donde pasaban caminos romanos (Llosa de Ranes, Llosa de la Plana, Losa del Obispo, etc.). Precisamente en "La Losilla" es en donde se localiza un intenso foco de romanización.
Más abajo de nuestra comarca, esta vía del Vinalopó viene confirmada por el importante yacimiento ibero-romano de El Monastil, cerca de Elda, en el cual se da abundante "sigillata" junto a bellos tiestos ibéricos.
No podemos entrar aquí en el estudio del material recogido ni en la discusión de los problemas que plantean todos estos yacimientos. Ocasión habrá de volver sobre ello por extenso en el lugar adecuado. Aquí nos proponemos tan solo poner en contacto a los villenenses con estas cuestiones y requerir la colaboración de todos para que no se pierda ningún dato que pueda contribuir al esclarecimiento de estos interesantes períodos de nuestro pasado.
Extraído de la Revista Villena de 1967
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