1917-1967 LA INFLUENCIA SALESIANA EN VILLENA

LA INFLUENCIA SALESIANA EN VILLENA
ALFONSO ARENAS GARCÍA
Fue una fecha memorable para Villena la del veintiuno de noviembre de mil novecientos diecisiete. En dicho día, cuyo cincuentenario nos preparamos a celebrar debidamente, quedó establecida oficialmente en nuestra ciudad la Congregación Salesiana, y tuvieron lugar los solemnes actos de inauguración de su Casa y Escuela, con inmenso beneficio para Villena y los villenenses, sobre quienes, desde entonces, los Salesianos de D. Bosco, han ejercido extraordinaria influencia.
Tenían así feliz cumplimiento los anhelos de un benemérito sacerdote, venerado y querido de todos los villenenses, el Rvdo, don Manuel Nadal, quien en el año mil novecientos catorce siendo cura párroco de la Parroquia de Santa María de Nuestra población, advirtiendo los beneficios que, para la juventud villenense, habría de reportar disponer de un colegio religioso popular de primera enseñanza, en el que pudiera educarse alegre y cristianamente, dentro de las normas de la moral católica y conforme al sistema pedagógico de Don Bosco, hoy mundialmente extendido, rogó al señor Obispo de la diócesis le facultara para solicitar de la Congregación Salesiana que accediera a instalarse en nuestra ciudad. Concedida por el Prelado la necesaria autorización, y con la entusiasta colaboración y apoyo de un grupo magnífico de paisanos nuestros, que vibraron con el entusiasmo de aquel sacerdote y compartieron sus anhelos y su fervor, —cuyos nombres merecen ser grabados con letras de oro en los muros del Colegio, puesto que aquéllos villenenses constituyen la levadura de los Cooperadores de hoy, así como de las autoridades locales, que secundaron con el mayor celo e interés la labor del Párroco Nadal, —no puede el firmante de estas líneas ocultar su satisfacción por el hecho de que su padre ocupase durante parte de aquel período la Alcaldía— consiguió, al fin, tras incansables gestiones con los superiores de la Congregación, que por los mismos se aceptara la que era ya unánime petición de toda Villena, y que se decidiera la apertura de una nueva casa salesiana en nuestro pueblo, que habría de ser la cuarta de la provincia de Alicante.
El mismo celoso párroco señor Nadal, siempre de acuerdo con sus colaboradores villenenses y autoridades locales, eligió para emplazamiento del Colegio y Escuelas lo que entonces eran unas eras y terrenos incultos, sitos en las afueras de la ciudad, junto a la ermita llamada de San Sebastián, cuya compra concertó, pagando el precio de la misma con metálico obtenido por suscripción popular, aportaciones del Ayuntamiento y de asociaciones piadosas, y, en buena parte, de su propio peculio y del que fue queridísimo Párroco de Santiago don Francisco Azorín, que "le permitió, también, iniciar seguidamente las obras de construcción de los edificios. Y tanto interés había en que la inauguración de los mismos se celebrara, puesto que se consideraban tales actos como el espaldarazo para la real y efectiva instalación de los Salesianos en nuestro pueblo, que cuando aquella tuvo lugar, en la indicada fecha del veintiuno de noviembre de mil novecientos diecisiete, todavía estaba a medio construir la iglesia, y hubo de habilitarse provisionalmente, para los actos de culto, la dependencia que hoy constituye el Centro de los Antiguos Alumnos.
Imaginémonos la alegría del Párroco Nadal, de sus eficaces colaboradores, de las autoridades y del pueblo de Villena en general, en el momento solemne y emotivo de la inauguración. Al fin se conseguía lo que tan fervientemente se deseaba y había venido gestándose durante un largo trienio. ¡Estaban los Salesianos en Villena y aquí se quedaban! ¡Don Bosco había considerado digno a nuestro pueblo, para que en el mismo residieran sus hijos y ejercieran su obra bienhechora! Habría lágrimas asomando a los ojos y surcando las mejillas de centenares de villenenses, arracimados en las eras y explanadas contiguas al Colegio y quedarían enronquecidas sus voces con los vítores y aclamaciones a Don Bosco y a María Auxiliadora. Y hasta los arrapiezos, que habían acudido a la fiesta, atraídos por la animación, llamados por el crepitar de las tracas y el estallido de los cohetes y convocados por los marciales sones de nuestra banda de música, comprenderían que una esperanza nueva nacía para ellos en aquel momento, y se sentirían, incluso sin saber exactamente por qué, personajes principales de aquélla efemérides.
Y así ha sido, efectivamente. Durante estos cincuenta años de permanencia de los salesianos entre nosotros, —solamente interrumpida desde el mes de julio de mil novecientos treinta y seis al de abril de mil novecientos treinta y nueve, es decir desde que se inició el Alzamiento Nacional hasta que Villena quedó definitivamente liberada y rescatada para la Patria—, la labor de la Congregación Salesiana, que iniciaron, recordémoslo, los Reverendos don Eduardo Gutiérrez, como primer Director, y don Ramón Cambó, don Luis Cutillas y don Antonio Martínez, como iniciales colaboradores de aquél, y que ha sido continuada por tantos otros dignísimos sucesores suyos, ha tenido como primordial objetivo la educación y formación de la juventud de Villena. Y esta labor se ha llevado a cabo con tal abnegación, con tanto altruismo y generosidad, con tan estupenda eficacia, que bien podemos asegurar que serán muy pocos los villenenses, nacidos a partir del año mil novecientos doce, que no se hayan enriquecido con la influencia bienhechora de la Obra Salesiana, bien por haber cursado sus estudios primarios y los de orientación y formación profesional en las aulas del Colegio, bien por haber visitado sus patios, participado en los juegos y competiciones en los mismos celebrados, conversado, simplemente, con los salesianos, asistido a sus espectáculos y actos recreativos, ¡aquéllas deliciosas representaciones teatrales, y aquéllas emocionantes películas por series, que en cada sesión nos dejaba el regusto para no faltar a la próxima!—, o congregado en la bella iglesia, tan acogedora, tan asequible para todos, presidida por la atrayente imagen de María Auxiliadora, como Madre divina y cariñosa de los villenenses.
Por ello es bien fácil hablar de la influencia de la Obra Salesiana en Villena, ya que, desde mil novecientos diecisiete, Villena es salesiana y en todo el desarrollo y progreso que ha alcanzado nuestra ciudad han intervenido, decisivamente, el espíritu y el estilo que los salesianos nos han ido dando. No es necesario señalar obras ni mencionar nombres de personas, que constituirían una relación interminable y motivarían injustas y dolorosas omisiones, pero podemos afirmar, sin temor a caer en la hipérbole, que la mayoría de los villenenses que, desde entonces hasta hoy, han sido dignificados con el sacerdocio o llamados a la religión o al magisterio; que han ejercido profesiones liberales o desempeñado funciones o cometidos para los que han precisado estudios superiores; que se han especializado en escuelas técnicas, o se han incorporado a organismos estatales, provinciales o municipales; que han sentido la vocación de las armas o de las artes; que dedican sus esfuerzos cotidianos al servicio de empresas privadas, o que laboran humildemente nuestras tierras; que ejercen por propia o ajena cuenta, el comercio o la industria, o han destacado en cualquiera de las facetas del deporte; que son o han sido ejemplares padres de familia, honestos políticos, dignos ciudadanos, fervorosos católicos y buenos españoles, a Don Bosco y a sus salesianos en gran parte se lo deben. De justicia es reconocerlo y proclamarlo, en debido homenaje de gratitud a la Congregación y al Colegio Salesianos, honra y orgullo de nuestro pueblo.
Extraído de la Revista 1917-1967 Cincuentenario Salesianos
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