1952 PRIMER MARQUESADO

APUNTES PARA LA HISTORIA DE VILLENA
PRIMER MARQUESADO - Por Joaquín Candel

Persisten nuestros queridos paisanos en solicitar la reiteración de estas notas histó­ricas. No podemos eludirlo, por sentir, al transcurrir de los años, con más intensidad el amor a nuestra tierra. Su historia, sus recuerdos, sus anécdotas emotivas las percibimos cercanas a nuestro corazón. Su pasado, como una influencia ancestral, misteriosa, sobre nuestro carácter y formación étnica.
El intentarlo torna a sumirnos en una inquietante dubitación. Qué norma o estilo adoptaremos para destacar lo culminante; para conseguir claridad cronológica y rapidez en la narración. No podemos ser originales ni investigadores. Todo está dicho y escrito. Por ello nos proponemos, tan sólo, discriminar, en la compleja e inextricable madeja del devenir histórico, aquellos hilillos más esenciales, que anudándolos, nos marquen los hi­tos del camino a seguir. Copiosos materiales nos facilitan biógrafos, cronistas, historiado­res: Cotarelo, Crame, Zurita, Lafuente y los coetáneos. De ellos, cribaremos los más con­cretos e interesantes elementos para la historia del PRIMER MARQUESADO DE VILLENA.
Recordemos que, en notas anteriores referentes a la dinastía de los Manueles, señalábamos que el cronista Pedro López de Ayala decía «é fincó toda la tierra que se decía de Don Juan (Manuel) e ogora se llamo Marquesado» y que el último señor Don Fernando Ma­nuel murió el 1.350.
Fué primer Marqués de Villena el astuto y prócer guerrero Don Alonso de Aragón y de Foix, Conde de Ribagorza y Denia. Era hijo del Infante Don Pedro de Aragón, Conde de Ribagorza y nieto del Rey Don Jaime II. El primero de los Condados lo heredó de su padre; el de Denia, le fué investido por su primo el Rey Don Pedro IV el Ceremonioso, en Aviñón, Corte del Papa Inocencio VI, el día de Pascua del año 1,356.
El señorío de Villena, gobernado por los descendientes del Rey Santo de Castilla, que­da vinculado a un varón de la Corona Aragonesa.
Relatemos qué episodio lo motiva.
El bastardo Conde de Trastamara se rebela en guerra fratricida contra su hermano el Rey de Castilla Don Pedro el Cruel. Figura Don Alonso de Aragón (dicen los cronistas) al frente de una legión de ilustres y aguerridos caballeros aragoneses; los Castro, luna, Bril, Dixar y Jordán de Uríes, con aventureros franceses y bertones, auxiliados por los merce­narios británicos del Príncipe Negro.
Invade Don Enrique las tierras de Castilla con sus legiones por la frontera aragonesa. Penetra en Calahorra. En esta población comienza el Bastardo el reparto de mercedes y títulos. Consternado el Rey Don Pedro, huye de Burgos, abandonando a sus caballeros y procuradores. Les releva da fidelidad y homenaje, respondiendo a sus consultas y reque­rimientos «que fogades lo mejor que pudiérades».
El hijo bastardo de Alfonso XI y de Doña Leonor de Guzmán se corona Rey en el Monasterio de las Huelgas de Burgos. Entre los repartimientos de lugares, villas, castillos y señoríos, asigna a Dan Alonso de Aragón el Primer Marquesado Castellano, dotado con las ricas tierras d' Villena, que fué patrimonio dotal de la esposa del Monarca.
Nuestro primer Marqués era casado con Doña Violente de Arenós. Dice la crónica, y confirma Crame, que su conducta liviana la separó de su esposo. Discrepamos de este úl­timo biógrafo en la fecha de la institución del Marquesado. El reparto de mercedes por Don Enrique en las Cortes de Burgos las referimos al año 1 366 y no al siguiente 1.367 como aquél afirma.
Imaginemos al nuevo señor posesionado de su rico y fronterizo feudo, oteando desde las almenas de nuestro castillo la exigua villa cercada por apretadas murallas; la dulce y dilatada vega del Vinalopó, cruzada por arroyos y acequias con murmullos de ricas aguas espejeantes. Cerraba el horizonte por el Este la frondosidad de tupidos pinares. A Poniente, tras duros herreñales, en la lejanía, la línea gris, suave, transparente, festo­neando los montes de Sax y de Salinas, caminos del Reino de Murcia. Don Alonso habita las estancias y cuadras de la fortaleza que fué años antes mansión de los Manueles.
Dudoso es precisar la fecha en que el Marqués comenzó la posesión de su señorío con sus dos hijos Infantes Don Alfonso y Don Pedro. Indicamos que en 1.366 se le confiere el título. Al siguiente año, 1367, acaece un hecho de culminante dramatismo histórico. Amenazaba la terrible lucha entre los hermanos Don Pedro el Cruel y Don Enrique para disputarse corona y Reino; con ella el duelo también entre Francia e Inglaterra. La hueste de Don Enrique componíase de los extranjeros capitaneados por el célebre Beltrán Dugues­clin, de aragoneses mandados por el Marqués de Villena, Conde de Ribagorza y de Denla y otros extranjeros. El 13 de Abril se da la célebre batalla de Nájera que abate el orgullo de las lanzas castellanas con el triunfo de los ingleses. Ilustre y valerosa juventud aragonesa y castellana cae muerta o prisionera. Entre aquéllos figuraba Garcilaso de la Vega, antecesor del conocido poeta y soldado; entre los prisioneros, Don Alonso el Mar­qués de Villena.
Difícil y doloroso fué el rescate de nuestro Marqués guerrero. Solicita la ayuda y magnanimidad de su Rey Don Enrique, el que tuvo que dar a Don Alonso (dice Zurita) cincuenta mil florines para su rescate y otros cuarenta mil para el de Don Pedro su hijo que quedó en rehenes, en poder del Conde de Fox, por sesenta mil.
El episodio lo narra Crame, con la entrega que hace el Marqués de sus dos hijos Don Alfonso y Don Pedro, todavía niños, para conservar la integridad de su apuesta figura. No olvidemos los relatados sucesos originarios de conciertos matrimoniales de sus hijos y de la pérdida del Marquesado.
EL MARQUÉS, PRIMER CONDESTABLE DE CASTILLA. 

Ya reinaba Don Juan I. Es la primavera del año 1.382. El Rey de Portugal Don Fernan­do se preparaba para la guerra. Pretendía también el Trono de Castilla el Conde de Cambridge, después Duque de York, por su mujer Doña Constanza. Penetra Don Juan en Portugal; se apodera de Almeida, destruye su flota, mandada por el Almirante Sánchez de Tovar, a la portuguesa, en Lisboa. Reta Don Juan al Príncipe inglés. Portugueses y cas­tellanos se aprestan a la campaña. Don Juan pone en pie de guerra a Zamora, Ciudad Rodrigo, Badajoz, con cinco mil hombres de armas, muchos lanceros y ballesteros. Antes de entrar en campaña, el Rey Don Juan instituye dos títulos por primera vez establecidos y usados en Castilla: el de Mariscal y el de Condestable. Nombra para el primero a Fernán Álvarez de Toledo y a Pedro Ruiz Sarmiento, y Condestable a Don Alonso de Aragón, Marqués de Villena, Conde de Denla y de Ribagorza. Así, un aragonés, nuestro Marqués, os­tenta el cargo más importante del Estado de Castilla. La Condestablía llevaba anejas la máxima jurisdicción civil y militar del ejército, superior a la de Canciller y Mayordomo Mayor de Palacio. La ceremonia de su nombramiento la describe Solazar de Mendoza en «Dignidades de Castilla»; Lafuente también la relata: Hincado de rodillas delante del Rey, éste le puso un anillo de oro en un dedo de la mano derecha, con otros pormenores. Podía el Condestable, que se hizo la primera dignidad de Castilla, llevar guión, reyes de armas, mazas y estoque. Guardaba las llaves de la Ciudad o villa donde el Rey estuviese; los bandos se proclamaban: «Manda el Rey y el Condestable». Se le asigna al cargo una «quitación» de cuarenta mil maravedís.
CONCIERTOS MATRIMONIALES. DONACIÓN DEL MARQUESADO. 

Los honores y dignidades conferidos al Marqués durante los reinados de Enrique II y Don Juan I, se trocaron en adversidades en el del Doliente Don Enrique III. Continuaban en rehenes sus hijos por la derrota de Nájera. Don Alfonso, en poder del Príncipe de Gales; Don Pedro, como hemos referido, en el del Conde de Fox.
El soberano fratricida Don Enrique consigna en su testamento, otorgado en Burgos, «29 de Mayo de 1.375», el deseo de casar a sus dos hijas bastardas Doña Leonor y Doña Juana con los hijos del Marqués, Don Alfonso y Don Pedro de Aragón. Convínose cele­brar los matrimonios; el de Don Alfonso dentro de los dos años siguientes de salir de la prisión; el de Don Pedro, el menor, (contaba entonces nueve años) dentro de los cuatro en que fuese rescatado. El Rey de Castilla ofreció en contemplación de estos matrimonios, las setenta mil doblas que se habían de entregar al Príncipe de Gales por el rescate de Don Alonso. Hizo el Marqués pleito homenaje de cumplirlo (dice Zurito) y dio a Don Pedro todo el Marquesado de Villena reservándose el usufructo.
Cumple, en parte, la promesa el Marqués. Se celebra el matrimonio de Don Pedro con Doña Juana en el plazo convenido.
En un crepúsculo memorable del año 1.384, desde lontananza, ven Don Alonso y sus hombres iluminarse por una hoguera los adarves del torreón de nuestro Castillo. Los pre­sagios del astrólogo se han cumplido con el nacimiento del hijo varón de Don Pedro: el desventurado y misterioso personaje Don Enrique de Villena.
No ocurrió lo mismo con el de Don Alfonso respecto a Doña Leonor. Pasaron los años y el primogénito del Marqués no cumplió la promesa de su matrimonio, porque éste se excusaba por la deshonesto vida e inhabilidad de Doña Leonor.
Otra tarde de Septiembre vislumbran las gentes del Castillo y los abigarrados vecinos de la villa: judíos conversos de arábiga progenie, catalanes, castellanos viejos, entre nu­bes doradas de polvo y rebrillar de arcos y arneses, la llegada de un triste cortejo, Un escudero conduce aquel caballo que montara el hijo del Marqués, cubierto de negros paños. Tras ellos, el Condestable, pálido, desmedrado, abatido por el dolor y la derrota.
En la frontera portuguesa ha perdido la vida Don Pedro de Aragón el día 14 de Agosto de 1.385. La batalla de Aljubarrota fué desbaratada e fueron muertos y muchos e muy bue­nos señores e caballeras (dice el cronista de Don Juan), citando en primer término a non Pedro de ,dragón. Muere el segundo Marqués de Villena, pero la Casa y estados ya venían sucesor varón en Don Enrique, su hijo.
El primogénito Don Alfonso, ya liberado, a quien su padre le había concedido tam­bién el Condado de Denia, vivía célibe en su estado, separado de aquél y de nuestro Marquesado.
PÉRDIDA DE LA CONDESTABLÍA
La altivez, hosquedad y orgullo de nuestro viejo Marqués la tenían separado de la Corte. Sentía predilección por vivir en su Castillo y señorío, por deambular por nuestros campos. Le inquietaba la rara y enigmática precocidad de su nieto Don Enrique de Villena, que se educaba en la fortaleza bato los experimentos misteriosos conver­so israelita supersticioso y alquimista. Prescindamos de relatar la procelosa vida de Don Enrique, ya que lo hicieron ilustres biógrafos Cotarelo, Crame, etc.). Tan sólo indicaremos los hechos coincidentes con la de su abuelo Don Alonso.
En 1.390, Don Enrique III hereda la Corona de Castilla, a los 11 años. Para acordar la forma de gobierno se reúnen en Madrid el Arzobispo de Toledo Don Pedro Tenorio, los Maestres de Santiago y Calatrava y otros próceres. Faltaban: para adoptar resolución cuatro personajes; uno de ellos era Don Alonso, Marqués de Villena. El cronista Pedro López de Ayala, que asiste a la reunión, da noticias del testamento del Rey Don Juan I. Se rechaza éste y deciden un Consejo de Regencia. Entra los que lo formaban figuraba tam­bién el Marqués. La tenacidad del Arzobispo de Toledo en hacer prevalecer el testamento produce incidentes, disensiones y amenazas de guerra civil.
Constantemente llegan a Villena mensajeros reclamando la presencia del Marqués en la Corte. La Nobleza está dividida. La actitud de Don Alonso es de indiferencia y des­preocupación ante el pleito de la Regencia. En 1.391 entra en nuestra villa el Adelantado Mayor de Murcia Don Alfonso Yáñez Faxardo. Se entrevista con el Marqués. Personal­mente le comunica que el Rey le esperaba en Segovia para conocer su opinión, rogándole como pariente y mandándole como vasallo acudir al Consejo. No se quebrantó, a pesar de ello, la contumacia del Marqués, que decidió continuar en nuestra Villena. Tan constante desobediencia y orgullo enojó grandemente al Rey, quien le separó de la Condestablía y la otorgó al Conde Don Pedro. La reclamaba éste fundándose en que el Rey Don Juan se la había ofrecido en las Cortes de Guadalajara. Estaba dotada, en aquel entonces, con sesenta mil maravedís.
Por fin, en 1.394, ante los constantes llamamientos del Rey Don Enrique III, Don Alonso se separa de su nieto y abandona nuestro Castillo y tierras. Acude a Illescas, en donde le ha citado el Soberano. Más que obediencia y acatamiento al nieto de su protector Don Enrique II, el viejo y maquiavélico Marqués, pensando en su rehabilitación, se hinca de rodillas ante el joven Monarca para exponerle sus quejas y reproches. Patentiza su alti­vez al expresar al Soberano que dicho cargo «entendía era más honrado por le tener él, que non él por tener el oficio.»
El Rey, silencioso, escucha el alegato de Don Alonso. Se había presentado éste en Illescas con cien lanzas. Eran «ricos honres e caballeros de Valencia del señorío del Rey de Aragón». Don Enrique solicita del Marqués a cambio «de le tornar a su oficio de Condesta­ble de facer otras mayores mercedes, partir con él y las cien lanzas hacia Castilla lo Vieja», donde el Duque de Benavente y otros "facían ayuntamientos de compañías». Niega Don Alonso al Rey la ayuda que la pide, excusándose que aquellas lanzas sólo «vinieron con él por le acompañar e Pacer honra para !legar a él». Al final de otras frases, dice el cronista: «E tornóse de allí el Marqués para su tierra».
Discrepan Crame y Lafuente respecto de esa entrevista. Para el último, el Marqués partió con el Rey y las lanzas y éste le devolvió la Condestablía. Disentimos de este histo­riador y suponemos que el indicado suceso se relaciona con el fallo que, al poco tiempo de la entrevista, recayó en el litigio promovido por incumplimiento del matrimonio del primogénito.
PÉRDIDA DEL MARQUESADO. 

Dice Zurita que en Mayo de 1.394, el Rey Don Enrique III de Castilla buscó forma de quitar al Marqués de Villena todos sus estados. Sintetizando la narración del pleito, refe­riremos que Doña Juana, viuda del hijo del Marqués, Don Pedro, a quien su padre cedió el Marquesado, casó con un Infante portugués. Esta dama reclama a Don Alonso el im­porte de las veinte mil doblas de oro que guardaba el avaro Marqués como dote de aqué­lla. Doña Leonor, su hermana, también exige al Marqués por su matrimonio frustrado con Don Alfonso, las treinta mil dadas por la suya. Se sigue ejecución contra el Marquesado. El Marqués se opone, reclamando que aquel estado no se podía quitar a su nieto (Don En­rique) por haberse traspasado en éste el señorío y propiedad, por la donación que hizo a Don Pedro, su hijo. No prevalecieron las razones del viejo Don Alonso. La ejecución siguió ade­lante y el Marquesado se vendió para pagar las dotes de Doña Juana y Doña Leonor y con es­te color se fué el Rey de Castillo apoderando de aquel estado y fué despojado dél el Marqués en su vida, que no le quedara sino los Castillos de Villena y Almansa.
Indica Cotarelo que Don Enrique el Doliente tuvo algo ancha la manga en este procedimiento porque siendo el importe de su reclamación sesenta mil doblas las equiparó o territorios que vallan más de cuatrocientos mil. Y expresa Crame que aquella poderosa Casa capaz de armar y sostener en campaña varias mesnadas se ve de pronto reducida a la pobreza. El centenar de caballerías que ocupaban la cuadra del Castillo, a una de cena de mulas. La tropa de porteros, cocineros, reposteros, menestrales, camareros, mayordomos, pajes, ju­glares, ballesteros, físicos, astrólogos y capellanes, hubo da dispersarse. Sus estados, que además de Villena abarcaban en aquel entonces el Castillo de Garci-Muñoz, la tierra de Alarcón, las villas de Chinchilla, Escalona, Cifuentes y otros lugares, quedaron por segun­da vez incorporados a la Corona Real.
EL EX MARQUÉS DE VILLENA, DUQUE DE GANDÍA.
Sumido en adversidades, melancolías y tristezas, continúa el viejo Don Alonso, con su nieto en nuestro Castillo. D. Enrique abandona su educación castrense. La mitología, la alquimia misteriosa, la astronomía, las ciencias ocultas van forjando el carácter de su atra­biliaria persona. Difícil sería escrutar su raro y fuliginoso proceso educativo entre los te­nebrosos muros de nuestra fortaleza. El cronista Fernán Pérez de Guzmán habla del in­genio prodigioso de aquel joven.
Un día, en 1.399, atraviesa la paterna del Castillo, un mensajero. Viene enviado por el nuevo Rey de Aragón Don Martín de Sicilia, que hereda la Corona de su hermano Don Juan 1. Requiere la presencia en Zaragoza del viejo Don Alonso, de su hijo Don Alfonso, Conde de Denia y de su nieto Don Enrique, a quien el nuevo Monarca sigue considerán­dolo como titular del Marquesado de Villena. El enviado exhibe al ex-Condestable un pergamino en el que se le concede el título de Duque de Gandía. El viejo Marqués se ve honrado por sus regios parientes. Dispone ilusionado la marcha de la comitiva. El 13 de Abril del mismo año se celebra en Zaragoza la suntuosa fiesta de la Coronación. En el cortejo, brillante de esplendor renacentista, figuraba en último lugar el anciano ex Mar­qués, precedido por su hijo el Conde de Denia, Don Alfonso. Llevaba éste un cojín de púr­pura. Sobre él un chapeo o «barretilla» de terciopelo carmesí recamado de perlas y piedras pre­ciosas, insignia de la dignidad que se le otorgaba. Tras él, su nieto Don Enrique, jinete en un caballo tordo, empuñaba el estandarte de las armas de la Casa de Villena.
Ya no volvieron ni el nuevo Duque ni el Marqués de Villena a nuestro Castillo, a nuestra villa y tierras. Terminadas las fiestas de Zaragoza, el Duque marchó para tomar posesión de su feudo de Gandía, donde residió hasta su muerte.
NUESTRO EX-MARQUÉS PRETENDIENTE DE LA CORONA ARAGONESA. SU MUERTE.

Comenta Crame, que Don Alonso, al presentar a su nieto Don Enrique a la Corte Ara­gonesa, concibió el sueño de la herencia del Reinado. Fundábase en que el nuevo Rey Don Martín carecía de sucesor directo. El Infante Don Fernando de Castilla lo era por afinidad, por ser hijo de Doña Leonor, hermana del Rey, y de Don Juan I Sabía el nuevo Duque de Gandía que en la Ley de Sucesión Aragonesa eran preferidos los descendientes por gene ración en línea directa, como procedían él y su nieto. Por ello, al fallecer Don Martín el Humano, en 31 de Mayo de 1.410, el octogenario, enfermo y gotoso Duque de Gandía era uno de los aspirantes a la Corona Aragonesa con el Infante Don Fernando de Castilla, el Conde de Urge¡, el hijo del Rey Luis de Nápoles y el Conde de Luna.
Inútil referir las incidencias, consultas, discusiones y consejos que precedieron al his­tórico compromiso de Caspe. El cónclave que decidió la sucesión de la Corona en el Infan­te castellano Don Fernando de Antequera, dictó su resolución la víspera de San Pedro, el día 28 de Junio de 1.412.
El primer Marqués de Villena Don Alonso de Aragón, que tan posible creía ceñir aquella Corona, no pudo conocer su fracaso. Había muerto pocos meses antes, en 5 de Marzo del mismo caño 1.412.
Consideramos anacrónicos los supuestos reproches que, según Crame, haría a su nie­to Don Enrique por su indiferencia ante el pleito sucesorio; por la fidelidad y entrañable adhesión que siempre demostró a su primo el de Antequera.
No le sobrevivió muchos años su primogénito el Conde de Denia. Falleció en Valen­cia el 29 de Noviembre de 1.425. De los títulos heredados de su padre el Condado de Ribagorza se atribuyó al Rey de Navarra; los heredamientos de Denia y Gandía quedaron incorporados a la Corona Aragonesa; el Ducado de Gandía se transmitió más tarde a la ilustre familia de los Borjas...
Con ello terminamos el pergeño de esta breve historia de aquel hosco, altivo, noble e infortunado caballero, tantos años señor y morador de nuestra fortaleza. Todo lo ganó y perdió. Anhelamos que esta narración fuera filtrándose en el alma, en la conciencia de nuestros jóvenes, como un cuento dulce y familiar escuchado junto a las llamas brillantes, en el llar simbólico y amado de nuestro pretérito glorioso.
Revista Villena 1952
Cedida por… Elia Estevan

1 comentario:

maserosegador dijo...

Gracias por darnos a conocer a los que como yo, estamos interesados en conocer la historia de nuestra Ciudad, la he leído con mucha atención y me gustaría que se publicaran más artículos sobre la historia de Villena.

Aunque el escrito, se publicó en la revista Villena del año 1.952, estas cosas nunca pierden su vigencia.

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