1979 LA CIUDAD Y EL SANTUARIO (2)

LA CIUDAD Y EL SANTUARIO (2)
por… Máximo García Lujan
El año 1756 fue un año conflictivo entre el Ayuntamiento y la Comunidad de Agustinos que regía el Santuario, cuyo Convento se fundó en el año 1526 por Padres Agustinos de la provincia de Andalucía y, para resolver el conflicto surgido entre unos y otros, se acordó revisar las Capitulaciones que existían entre Ayuntamiento y Comunidad del Convento, desde la fundación del mismo, e incluso añadir otras nuevas, ya que la autoridad municipal creía y mantenía que la Comunidad no habla respetado las Capitulaciones, suscriptas a la fundación del Convento en el Santuario.
Dibujo: Angeles García de Alfonso
Durante los años que están al frente del Santuario los Agustinos cuidan del culto de la Virgen de las Virtudes con verdadera dedicación; consiguen extender la devoción a la Virgen por todo el Marquesado. La fama del Santuario traspasa nuestras fronteras provinciales y llega a toda la región valenciana. De todos los pueblos del Marquesado, de todos los pueblos valencianos, vienen multitud de peregrinos a postrarse ante la Virgen para impetrar sus favores y ofrecerle sus limosnas y donaciones. El Santuario acrecienta sus bienes económicos, «tiene censos, tierras y casas en Yecla, Sax y Villena, donadas por el fervor de los fieles; posee rebaños de ganado lanar, porcino y vacuno, que pacen por los verdes prados que circundan el Santuario. El tesoro de la Virgen se ve incrementado por ricos y artísticos mantos y muchas y diversas alhajas de gran valor» (1).
Como prueba de las muchas donaciones que recibe el Santuario, citaremos un acuerdo del Ayuntamiento en su sesión de 4 de septiembre de 1575.
«Primeramente se acordó que la media saya de raso carmesí que se dio a Nuestra Señora de las Virtudes por una señora de Alicante, y que se la trajera con una guarnición de terciopelo carmesí y cordoncillo, que ésta se dé a Nuestra Señora Santa María del Arrabal de esta Ciudad y que se asiente en el libro de visitas de dicha Iglesia, como bienes de ella y ornamentos de ella; esto atento que es Iglesia pobre y Nuestra Señora de las Virtudes tiene la otra mitad que es la mejor y otras muchas joyas y por el presente no tiene necesidad de ella» (2).
Y sobre el movimiento económico del Santuario hay otro acuerdo en la sesión del Ayuntamiento del 17 de junio de 1576, que dice así:
«Asimismo hizo relación el señor Pedro de Segovia, regidor, como se han traído cincuenta y nueve reses de lanar y cabrío a Nuestra Señora de las Virtudes, que se han traído de Tobarra, Corral Rubio, Chinchilla y Albacete. Acuérdase que se corran públicamente y se vendan al contado o fiado, como sea más aprovechamiento de la casa y asimismo se lleve a vender la ropa que se ha dado en limosna; y se les dé comisión a dichos Pedro de Segovia y Cebrián Oliver, regidores. Y el dinero que procediese de ello, se convierta en vacas, como está acordado» (3).
Y de la fama y popularidad que tiene el Santuario ya en el año 1588, nos da idea un acuerdo del Ayunta¬miento, tomado en su sesión del día 14 de mayo del citado año, cuando para celebrar una Junta de la mayor trascendencia, no elige la Casa Consistorial, ni ningún otro centro de importancia, o casa señorial dentro de la Ciudad, elige el Santuario.
«Acordóse que la Junta que se hubiere de hacer, vaya donde se hubiere de hacer, que se entiende se hará en la Casa de Nuestra Señora de las Virtudes, término y jurisdicción de esta Ciudad de Villena, y vaya el Mayordomo de ésta y provea lo que fuere necesario. Y para alistar a la gente que hubiere de ir, se comete a Cebrián Oliver, Alonso Rodríguez y Pedro Oliver, regidores, para que tomen el padrón y vean la gente que sirve para la guerra» (4).
Y en la sesión del Ayuntamiento del día 17 de junio del mismo año, 1576, hay un acuerdo que viene a reforzar la certeza de la gran importancia y lo popular que era el Santuario a nivel nacional, en pleno siglo XVI.
«Y así han venido en cumplimiento de la Real Cédula del Rey Nuestro Señor y por mandato del dicho Corregidor y Adelantado del Reino de Murcia, las dichas villas de Almansa, Yecla, Sax y Alpera, a la dicha Junta y que esta Ciudad unánimes y conformes nombraron para la dicha Junta al alcalde Garci Gasgue y a Pedro Miño, regidor, y se les dio poder para el dicho efecto, que pidió y requirió el alcalde Luis de Mergelina, que está presente, una, dos y tres veces y las que con derecho debe mandar a dichos diputados que acudan a la Casa y Ermita de Nuestra Señora de las Virtudes. donde están diputados y están los diputados de las dichas Villas» (5).
Este año de 1756 rigen los destinos de la Ciudad los siguientes señores: don Pedro Alexando de Rivera, Corregidor, Justicia Mayor y Capitán de Guerra por su Majestad de la Ciudad de Villena y Villas de su Partido.
Francisco de Cervera, Teniente de Corregidor; Regidores: Diego de Selva Rojas; José de Mergelina; Pedro Felipe Herrero; José Antonio Montoro; Alonso de Mergelína; Alonso Díaz; Jurados: Pedro Antonio Martínez Erquinza y Francisco Simón Fernández Palencia.
Escribanos: Sebastián Calderón de López; Joseph Pascual Benito y Vicente; Ignacio Fernández Moscoso.
En cuanto al Santuario estaba regido por los siguientes Padres de la Orden de San Agustín: Padre Fray Diego Lillo, Prior; Fray Diego de San Agustín, Maestro en Sagrada Teología; Fray José Zapata, Superior; Fray Ignacio Guerau, Depositario; Fray José Muñoz, Procurador; Fray Martín Rosel, Predicador; Fray Cristóbal Ramón, Predicador; Fray Juan Benafés, Predicador; Fray José Carbonen, Lego; Fray Onofre, Lego; Fray Juan Munera, Lego; Fray Francisco Forte, Lego, y Fray José García, Lego.
La Comunidad está compuesta por trece religiosos: ocho sacerdotes y cinco hermanos legos, Comunidad numerosa, amplia, dotada de todos los cargos necesarios en una Comunidad y además con el aliciente de tener tres sacerdotes, dedicados exclusivamente a la predicación Hecho singular que demuestra la intensa vida espiritual, social y económica que desarrollaba en aquella lejana época el Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes.
Este año de 1756 se presenta extremadamente seco, Hace muchos meses que no ha llovido. Los campos están yermos, las pocas plantas y árboles que quedan, mustios, secos, sin vida. Los agricultores se pasan todo el día oteando el cielo para ver cuándo cae esa agua tan necesaria y poder preparar la siembra Ante esta sequía tan pertinaz la Ciudad acuerda traer en rogativa a la Virgen, para pedirle cese la sequía en beneficio de los campos y de la salud pública y señala el día primero de febrero para que se celebre la romería, con aquel culto y veneración con que siempre se ha celebrado y para este fin: «el Ayuntamiento nombra cuatro Comisarios, para que en nombre de la Ciudad dispusiesen y cuidasen de toda la función y en la misma noche, por estos Comisarios se hizo publicación de la traída de Nuestra Señora a los vecinos» (6).
La Ciudad engalanada está preparada para recibir a la Virgen; el pueblo avisado y convocado; la Comunidad Religiosa que hay en la Ciudad de Padres Franciscanos Descalzos y el Clero de la Iglesia Arcedianal del Señor Santiago y de la Parroquia de la señora Santa María, preparados para acudir puestos y gozosos a rendir homenaje a la Virgen, los Ministriles, que han de acompañar al pueblo en sus cantos con las alegres notas de sus instrumentos, comprometidos..., pero he aquí: «como en el citado día hubiese amanecido lloviendo y continuado todo él, de forma que se hizo imposible el poder practicar la procesión, la Ciudad se vio en la necesidad de despachar un propio al Convento, al Padre Prior y Comunidad, participándoles que por la lluvia se había suspendido la traída de Nuestra Señora, pero que se haría, permitiéndolo el tiempo. La respuesta que el Prior dio fue decir: «que él y su Comunidad estaban dispuestos a traerla en aquel día propio y así que si la Ciudad quería salir a recibirla lo hiciese»; y en efecto con la mayor ignorancia y escándalo de aquel pueblo y circunvecinos, metiendo la Santa Imagen en la galera del Convento, la trajeron a la Ciudad, aventurando el perderla por el tránsito de un arroyo inmediato a la misma, que a no ser por milagro conocido, hubieran perecido muchas personas; y congregado aquel común, llevado de su antigua y grandísima devoción, y ambas Jurisdicciones, Eclesiástica y Secular, con el Arcipreste, para evitar un tumulto, que podía esperarse de hecho tan irregular, no sólo en la forma y conducción de la Santa Imagen, sino es también en lo ofensivo e injurioso a la Ciudad por su derecho de Patronato. Por aquella noche se depositó la Sagrada Imagen en la Ermita del señor San Sebastián y al día siguiente se hizo la procesión general y se colocó en la Iglesia Arcedianal del señor Santiago, donde se acostumbra a poner y se le hizo en su obsequio y satisfacción del padecido desacato e irreverencia un Novenario de sermones (7).
Este hecho insólito e inexplicable sirvió para que las relaciones entre la Ciudad y los Padres Agustinos se rompiesen y adquirieran una gran tirantez, posición incómoda para ambas Jurisdicciones, entre las que tenía que existir una mutua colaboración y de hecho había existido durante los doscientos treinta años que la Orden de San Agustín administraba el Santuario, y a través de tantos años había hecho una gran labor, religiosa, social y económica, como anteriormente queda demostrado. En cuanto el Ayuntamiento por su parte ostentaba el Patronato sobre el Santuario desde la edificación de la primera Ermita, en el año 1464, a raíz de la paste sufrida por la Ciudad, cuando diezmada por la muerte de muchos de sus vecinos, los supervivientes se trasladaron a la Fuente del Chopo, donde edificaron cabañas y allí vivieron hasta que la epidemia pasó.
El Ayuntamiento, en cierto modo, conocía las intenciones del Prior, ya que en la sesión celebrada, el día 27 de enero del citado año, se tomó el siguiente acuerdo:
«Con veintisiete días del mes de enero de mil setecientos cincuenta y seis, el Concejo, Justicia y Regimiento de esta Ciudad de Villena, estando juntos y congregados en las salas consistoriales de ella, a saber: el señor don Francisco Cervera, Teniente de Corregidor y demás señores que se anotan al margen, se hizo presente por su merced que habiendo sabido que el Prior de las Virtudes ha intentado traer a Nuestra Señora de las Virtudes la tarde de ese día a la Ciudad, sin haber precedido acuerdo, parecer, ni dictamen, con esta noticia y con el acuerdo de algunos de los señores presentes, se despachó recado político prohibiendo a dicho Prior suspenda la pretensión de traer Nuestra Sagrada Imagen, hasta que con acuerdo de la Ciudad se resuelva lo que sea más conveniente, para traerla con el culto que se debe y esta Ciudad acostumbra y habiendo pasado el presente escrito al citado Padre Prior, el Prior responde: que respecto a haberlo pedido el público, con motivo de la sequedad tan grande, se traiga de penitencia por su Comunidad y dando una vuelta por la Ciudad, volverla al Convento, sin que la Ciudad gaste cosa alguna; ha determinado y está resuelto a traerla, sin que sea visto que se opone a la deliberación de la Ciudad. En este supuesto se acordó de una conformidad, que el señor don Pedro Mathias en nombre de la Ciudad, pase a dicho Convento, con todos los poderes correspondientes y vea cómo puede suspender dicha operación, con pretensiones políticas y atentas, y por si acaso éstas no bastan a impedir aquella resolución, acordó con la misma conformidad, nombrar dos Comisarios que lo fueron el señor don Antonio Alonso Mergelina y don José Antonio Montoro, para que salieran en vía de justicia y por todos los medios procedentes posibles a impedir semejante operación, en ningún tiempo pueda perjudicar a los derechos de Patronato, y absoluta y omnímoda disposición que la Ciudad indiscutiblemente goza del Convento y Santa Imagen de Nuestra Señora de las Virtudes y tomen las providencias que mejor conduzcan a nuestro fin. Con lo que se concluyó este Ayuntamiento. Y lo firmaron los señores Francisco Cervera, Joaquín Mergelina, José López Herrero, Juan Antonio Monzón, Alonso Lucas de Mergelina, Pedro Prieto Herrero. Ante mí: Sebastián Calderón de López. Escribano» (8).
Nada pudieron hacer estos Comisarios para impedir que la Comunidad trajese la Virgen a la Ciudad. Grande es la terquedad y ofuscación del Padre Prior y contra la voluntad del Ayuntamiento y en condiciones precarias, impropias y peligrosas, traen la Virgen a Villena. Hay un escrito del Prior del Convento, redactado in extremis, cuando ya la Virgen ha atravesado el claustro del Convento y la procesión ha iniciado su marcha hacia la Ciudad, dirigido al Ayuntamiento, que es verdaderamente curioso. El Prior quiere justificar su decisión y dice así:
«Señor: Atendiendo a que en los mayores conflictos hemos experimentado en Nuestra Señora Santa María de las Virtudes, con la mayor prontitud el remedio y que en la ocasión presente, ya con la noticia de terremotos, y con la falta tan notoria que hace a los campos el agua, por las melancólicas voces y tristes ayes que expresan los labradores; atendiendo a las súplicas referidas de éstos, he determinado con mi Comunidad y en acto de penitencia, llevar a esta Divina Imagen, cuya noticia he participado antes a vuestras mercedes, porque mi fin y el de mi Comunidad no es ocasionar gastos a vuestras mercedes, sí sólo es citar a una verdadera contrición mediante algunas pláticas, y principalmente con la vista de María Santísima, con lo que finalizada la procesión y recibida de Nuestra Patrona la bendición, nos volveremos a esta su Casa. Su merced perdone la determinación, pero el afecto de hijo y la necesidad me obligan a ejecutarlo así, poniendo en consideración de vuestras mercedes, que estamos ya de camino y llegaremos en este día, entre seis y siete de la noche; quedo para servir a vuestras mercedes con las veras de mi cariño y rogándole a esta Divina Señora les prospere en el mejor auge y grandeza. Santuario de las Virtudes, uno de febrero de mil setecientos cincuenta y tres. B.L.M. de V. merced, su más rendido servidor y Capellán. Fray Diego Lillo» (9).
El Ayuntamiento entabla pleito contra la Comunidad del Convento, basándose en el hecho de que no han respetado las Capitulaciones, que tenían vigentes, y lo hace ante el Consejo Supremo de Castilla y en Real Provisión, dada por el citado Consejo Supremo, en Madrid en fecha diez y siete de septiembre del año mil setecientos cincuenta y siete, el Consejo Supremo da la razón al Ayuntamiento y lo confirma plenamente en su 'Patronato sobre el Santuario. Al mismo tiempo da seis meses de plazo a la Comunidad para estipular y firmar nuevas Capitulaciones y si, pasado este plazo, la Comunidad no cumple esta sentencia, se verán obligados a abandonar el Santuario. La Provisión Real está firmada por los Consejeros Reales siguientes: Diego, Obispo de Cartagena; don José de Aparicio; don Tomás Pinto Miguel; don Andrés Valcárcel; el Marqués de Puerto Nuevo; y don Juan Peñuelas, Secretario de su Majestad, quien lo hizo escribir por su mandato (10).
Y a continuación de la Real Provisión que es excesivamente extensa, viene el siguiente
TESTIMONIO: «Ignacio Fernández Mosocoso, Escribano de su Majestad, público en su Corte y Reinos y Señoríos del Reino, y mayor de este Ayuntamiento de esta Ciudad de Villena, certifico y doy fe, como en el Cabildo que por dicha Ciudad se ha celebrado en el presente día (de la fecha, en presencia del señor Corregidor y asistencia de mí el Escribano, se vio en él una Real Provisión de su Majestad y señores de su Real Consejo de Castilla, ganada a instancia de la Ciudad, en fecha diecisiete de septiembre de este año, contra los Padres Agustinos del Convento de Nuestra Señora de las Virtudes, extramuros de esta ciudad. Villena, a veintinueve de noviembre da mil setecientos cincuenta y siete» (11).
En el pleito se presenta en nombre del Prior y Comunidad, don Manuel Antonio Freile, quien en un extenso pliego de descargo en favor de la Comunidad, pone de manifiesto el admirable comportamiento de la Orden de San Agustín durante los doscientos treinta años que regenta el Santuario y entre otras muchas razones dice:
«Porque las circunstancias del día lloviendo, nada tiene de extraño el que se condujese la Imagen en una galera, ya que se llevó del modo que se pudo, en brazo de cuatro sacerdotes revestidos con los ornamentos litúrgicos, como testifica el Cura de Santiago» (12).
Terminada la Novena que se había hecho en desagravio de la Virgen, el Ayuntamiento acuerda que de momento no se devuelva la Virgen al Santuario, mientras tanto no se firmen las nuevas Capitulaciones y se conozca la sentencia del pleito pendiente y ordena que la Virgen sea depositada en la Iglesia de los Padres Franciscanos Descalzos, y en ella se le dé el culto debido. Y en dicha Iglesia estuvo la Virgen varios meses, hasta que se resolvió el pleito, como hemos visto a favor del Ayuntamiento y se firmaron las nuevas Capitulaciones, redactadas por el Ayuntamiento, con el Prior y Comunidad del Convento.
Y entonces la Virgen volvió a su Santuario. El Ayuntamiento, una vez más, había demostrado que su 'Patronato sobre el Santuario no admitía duda alguna. Era indiscutible.
Legajo núm. 3 - Documentos sobre el Santuario -Archivo Municipal.
Libro de Actas del Ayuntamiento Archivo Municipal.
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Extraído de la Revista Villena de 1979

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