1983 HOMENAJE A NAVARRO SANTAFÉ

¡VILLENA, la mía!
El 24 de Abril de 1983 la ciudad de Villena saldaba una vieja deuda con uno de sus hijos: el escultor Navarro Santafé, que en la mañana de dicho día, recibía el título de Hijo Predilecto de la Ciudad. A este merecido honor se sumaba el descubrimiento de una lápida en la casa donde nació, en la calle de Cervantes; y otra daba su nombre a la llamada hasta entonces “Casicas de Hellín”. Una comida, que reunió a incontables amigos, daba fin a los actos con los que se honraba al escultor de merecida fama y al hombre amante de su pueblo, que ha recibido este homenaje como la mejor recompensa de las que hasta ahora se le han tributado a lo largo de su andadura artística.Eco de cuanto ha supuesto para él tal homenaje es, sin duda, los emocionados párrafos que ha escrito, amasados y aun abrasados de amor a su tierra, llenos de ternura, nostalgia y gratitud.

¡Vengo...! ¡No me traéis! ¡Vengo a lo mío que era lo vuestro, y me lo disteis todo de tal manera, con tan dulce maña, que ya lo que era vuestro, yo lo llamo ¡mío! ¡mío!
Me disteis una Villena de arquitectura ¡pero de carne! ¡Pobre piedra que si se toca no nos pesa a car­ne!
Y esta piedra armoniosa, equilibrada, esbelta, machihembrada de cinceles; la piedra gótica, plate­resca, que no se sabe dónde está posando, si en tie­rra, en aire, en ritmo o en asombro.
Esta piedra me disteis, y con ella algo más que su peso: ¡su suspiro que era vuestra alma!, que se me en­tregaba al tiempo que la piedra, y me decía: “Villena da el alma cuando da la piedra”.
Y tuve -y tengo- para siempre, en mano, como reciente pájaro cogido; tengo esa iglesia catedral, y me la llevo donde quiera que voy; ¡porque ahora es mía! y tengo ese castillo ¡atalaya! como un clavel, para mí arcilla triste; y tengo a Santa María; la Morenica; San José; San Antón y sus toñas; el Bordoño; la Co­rredera; las Casicas de Hellín y el Altico; y tengo la acequia el Rey; el Regajo; la Hoya; el olivar, el huer­to, las manzanas, la cal cegante, el ciprés, el aire, el agua, la quietud, la pena...
¡Todo lo tengo! Y me lo nombro mío, pegado a mí; metido en mí; cuajado dentro de mí porque se entró en mi vida hecho amalgama con vosotros; tomando vuestro acento; Villena en pulso, sangre, huesos... ¡en tú y en yo!
Vine... ¡no me trajisteis! No sabíais -¡no podíais saber!- quién era yo; este hombre breve, que no tiene sombra -¡para menos tener!- este hombre breve que carece de nombre, de opulencias; pero que tiene una infinita capacidad de amor, una constante de humanidad; que se pone lívido en los atardeceres provincianos cuando suena la fuente, la campana, y un amigo -¡un amigo de ayer y ya de siempre! – le dice… ¡estoy a gusto en tu compañía!
¡Esta es mi perdición; que alguien me quiera! Que entonces echo el resto y no me ganan a querer, a ofrecer y a darse todo. ¡Tú Villena! Archivieja, archisapiente, archicristiana, archimora, y archihumana- ¡Tú Villena!, anfitriona de los siglos y los siglos; segadora, cazadora, viñadora, aceitunera, zapatera; mesa de mantel blanco y gazpacho; de vihuela, de almirez y chirimía; tú, Villena…
¡Qué buen huésped, para hacerse con este corazón!
¡Así es Villena!
¡Me robas y te robo!
Antonio Navarro Santafé
Revista Villena 1983

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