1955 EL AFAN DE SERVICIO Y SUPERACION DEBE SER VIRTUD Y CONSIGNA DE TODOS

EL AFAN DE SERVICIO Y SUPERACION DEBE SER VIRTUD Y CONSIGNA DE TODOS
Por Francisco Salguero Porcel
Jefe Local del Movimiento
Consejero Provincial de FET y de las JONS
Esta Revista anual, que sigue acumulando los mejores y más encendidos elogios de pro­pios y extraños a medida que se publica un nuevo ejemplar, es el portavoz de una Ciu­dad de elocuente categoría histórica. En sus páginas, tiene el Movimiento adecuado y eficiente marco para manifestarse, en exposición sincera de una labor infatigable y fecunda, desarrolla­da a lo largo de cada etapa política y fundamentada día tras día en el anhelo de conseguir unameta que no puede escapar objetivamente a la atención de nadie: mejorar nuestros pueblos y armonizar la convivencia bajo el signo de la fe y la fidelidad a unos principios inconmovibles.
No puede permanecer ignorada la obra, la labor, la influencia que la Falange viene reali­zando y ejerciendo sobre cada una de las aldeas, pueblos y ciudades españolas. Son múltiples las ideas, proyectos y soluciones que por medio de las distintas Instituciones del Movimiento se vienen aportando, al recoger el deseo y la necesidad, la inquietud y la justa aspiración de los que conviven en el Municipio, unidad natural de convivencia, que, junto a la Familia y el Sindicato, es el cauce auténtico de la sociedad que vive y se desarrolla dentro de sus múlti­ples dimensiones culturales-formativas, administrativas, políticas y sociales.
La causa de numerosas realidades, de extraordinarias aspiraciones, en todos los aspectos y órdenes, reside en la fuerza política del Movimiento, impulsadora de quehaceres cotidianos. No es preciso demostrar aquí lo que ya tenemos probado con exceso, y no es a la fácil de­mostración de la palabra, que a veces engaña y a veces cansa, a lo que me refiero, sino a la demostración real que señalan los hechos; a las realidades que cunden y dominan toda nues­tra geografía, y a las razones que convencen y entusiasman.
La Falange, verdadero fenómeno histórico, ya ha dado días de gloria a España, y ha gana­do batallas profundas en el orden social para beneficio siempre de todos los españoles.
La Doctrina de la Falange, saturada de virtudes suficientes, ofrece inmejorable y extraor­dinaria perspectiva para extenderse hasta los más lejanos confines y ser aceptada por los valo­res humanos más diversos, dada su universalidad, su fuerza revalorizadora y su fidelidad a los principios permanentes de la vida y de la historia.

La realización de esta doctrina, la práctica de estos princi­pios, nos facilita la unidad y la hermandad de los hombres en ejercicio de sus funciones como seres que viven en sociedad y que caminan tras el logro de que una más justa y armónica convivencia se amplíe, se proyecte rápida y extensamente, sobre todos los que vivimos unidos por idéntico destino histórico, para evitar que ninguno de los españoles, que ninguno de nues­tros semejantes, carezcan de lo que es necesario para una vida decorosa y digna, por imperativo de la justicia social a que se aspira, basada en principios ecuménicos y católicos.
Esta doctrina que concibió José Antonio para salvación de una Patria que no podía perecer, porque entre otras cosas to­davía le quedaban y le quedan importantes misiones que cumplir en el mundo, ha de ser llevada a la realidad, y esto no se habrá conseguido en tanto en cuanto no llevemos su presencia hasta los más apartados rincones de cada uno de nuestros pue­blos.
La Falange conoce los problemas, algunos angustiosos, que ulceraban la carne española, por una subversión de valores inter­nos, con anterioridad al 18 de julio de 1936; y conoce la situación actual de una España que renace en todos los órdenes y fija las nuevas cotas que es preciso conquistar. Han existido muchos pro­blemas que, por considerar que siempre existieron los “pobres y los ricos”, se dejaron en el más lamentable abandono y, precisa­mente, he ahí el mal social, por personas que siempre se han considerado buenas y respetables, pero que muy posiblemente ignoraban que el “hombre es portador de valores eternos” y por tanto merecedor de dignidades y consideraciones legítimas.
Vivimos bajo el signo de una política española fuerte y cla­ra, y cada día es una nueva conquista por la resuelta voluntad de una juventud que procura recordar el viejo principio de que “la historia es maestra de la vida”, y nosotros tenemos muy pre­sente el pasado en nuestras mentes con una España nueva que ha costado tanta sangre y dolor.
No existen problemas cuya solución pueda beneficiar al bien común que dejen de estar bajo la mirada permanente del Movimiento para colmar inquietudes y aspiraciones, que cons­tan en el orden del día de cada jornada de trabajo de las jefaturas y Consejos Locales.
Nunca existieron en los pueblos organismos que sintiesen tan viva inquietud por conver­tir en tangibles realidades las aspiraciones de la comunidad local, ni que estuviesen tan ínti­mamente vinculados con cada uno de los factores que constituyen una población, ni que vigilasen tan de cerca cualquier clase de deficiencias, ni que sintiesen tan profunda necesidad de acción y de trabajo, ni que alentasen de forma tan vigorosa empresas y quehaceres de in­terés general como los CONSEJOS LOCALES DE LA FALANGE.Y así, como una superación de éstos, con ansias de conocer en toda su amplitud los ma­les de nuestro pueblo y señalar las mejores soluciones, durante los días 28 de febrero al 29 de marzo del presente año, tuvo ocasión Villena de vivir un acontecimiento político sin pre­cedentes en su historia: La I Asamblea local de la Falange.
Once comisiones de trabajo desarrollaron durante más de treinta y cinco días una ver­dadera campaña de estudio accionada por un espíritu de servicio verdaderamente ejemplar, que culminó, después de un examen minucioso y profundo de la problemática local, con unas conclusiones que señalaban la forma más eficaz e inteligente de afrontar las necesidades planteadas en Villena en sus múltiples aspectos. Posteriormente, durante los meses de julio y agosto y con la participación de las jefaturas Locales de Benejama, Biar, Cañada, Campo de Mirra y Sax, se llegó a la manifestación más alta de una actividad política al servicio de inte­reses comunes, defendidos por unos hombres que sin regateos entregan sus vidas por entero al servicio de la Suprema realidad de España, con la celebración de la II Asamblea Comarcal del Movimiento.
Villena entera estuvo representada en estas tareas; fue una manifestación imponente de entusiasmo y de fe, porque aquí se sabe lo injusto que resulta que el hombre quede encerra­do sobre sí mismo destrozando toda tendencia hacia unas relaciones que le son obligadas. «Porque el hombre, además de ser, alcanza también la calidad de SER SOCIAL y ésta es la razón por la que se rechaza cualquier intento de separar en él su dimensión religiosa y moral de su dimensión política, pues el hombre no puede desentenderse de las esferas reales que le son inherentes por su condición de hombre y hombre que vive en sociedad».
Esto es un Alerta, una invitación a la meditación de aquéllos que, no sé por qué extra­ñas influencias, niegan la fe en los demás y se encierran sobre sí mismos, inconscientes de la grave responsabilidad que contraen ante la historia y ante la sociedad y del gran error que abrazan puesto que, en definitiva, como empujados por su propio escepticismo, llegan a no tener confianza ni en ellos mismos.
“La política enseña a los hombres a creer en algo más que en sí mismos, a creer en alguien que no son ellos mismos. La política es, en este sentido, la actividad y el ejercicio más excel­so del hombre. Porque se traduce en una forma de acción y de fe llevada hasta la entrega de todas las horas del día”
Con este ánimo y con esta fe, con un concepto auténtico de la responsabilidad, como depositarios de unos valores que la historia nos entrega, hemos de ir en constante cabalgada y servir los intereses de cada pueblo, de cada villa y aldea, creyendo, e impulsados por una conciencia nacional fuerte, que al servirlos, como parte integrante de la Nación, colaboramos en el engrandecimiento de la Patria.
Y es preciso no olvidar que a la realización de esta tarea de grandeza nacional no se pue­de asistir en representación de partes aisladas e incomunicativas, que por su artificialidad ya serían portadoras de la disgregación y de la ineficacia. Para llevar a buen término esta misión, es preciso movilizar a todos los españoles de acreditada buena fe y patriotismo para que, en encendida colaboración, vengan al Movimiento, no como representantes del partidismo, sino como portadores de las unidades básicas de la convivencia: Familia, Municipio, Sindicato, cauces auténticos y naturales por donde realizar cada hombre su destino.
No podemos, nosotros, los españoles, ufanarnos del peso de nuestra historia ni tampoco enquistarnos en recuerdos y costumbres para después echarnos a dormir; es preciso hacer honor al pasado pero dando continuidad a todo lo que tenga de ejemplar y valeroso y colo­cándolo como firme base de nuevas obras y difíciles empresas. Frente a la historia no se pue­de adoptar una postura cómoda y cobarde sino que cada día es preciso un nuevo esfuerzo, una nueva meta que cubrir, una nueva obra que realizar, en ejercicio de un espíritu de supe­ración, consustancial a la forma de ser falangista, que debe ser virtud y consigna de todos.
Se viene a convocar, en definitiva, a todos los villenenses para que, en apretado haz, cola­boren en la solución de una problemática latente y que es preciso resolver con el general concurso, con fe y con entusiasmo; no con el arte de la palabra o el papeleo, sino con la rea­lidad del hecho; no con el concurso de gentes blandas, que siempre señalan la componenda; no con procedimientos a la vieja usanza, que tantas desgracias nos acarrearon, sino con la participación de hombres que sepan sentir aquellas palabras pronunciadas por José Antonio, que vino a descubrir nuevamente a España: “La vida sólo merece vivirse cuando en ella se realiza o al menos se intenta, una obra grande, y nosotros no comprendemos otra mejor que la de crear la nueva España”.
Así habló José Antonio, quien nos indicó igualmente que la Revolución que se necesita ha de empezar por el hombre, por cada uno de nosotros, incorporándonos a la verdad des­echando artificiosos conceptos, repudiando ideas nefastas o utópicas y volviendo a sentir en español y en católico, única forma de entender las cosas tal y como son y auténtico punto de partida para empujar por caminos verdaderos tantas mentes desviadas.
¡ARRIBA ESPAÑA!
Revista Villena 1955
Cedida por... Elia Estevan

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