1952 EN LA VIDA Y MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

EN LA VIDA Y MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Por Juan Mañas. Arcipreste de Santiago
Bajo el Patrocinio de Nuestra Señora la Virgen de las Virtudes, Reina y Madre de todos los villenenses, el día 5 de Septiembre, indefectiblemente, empieza a realizarse en firme el programa de sus solemnes y suntuosas fiestas religiosas y cívicas, para signifi­car con hechos, y no con palabras, al mundo entero, la fe y el hondo sentimiento religio­so de Villena, tan entrañablemente unido al culto de la Virgen morena, que acude a su imagen venerada invocando su protección, lo mismo en los tiempos adversos de angustia y de peligro como en los de alegría y fiesta.
El día 4, ya la muy noble y leal Ciudad fulge alegre y bulliciosa, porque la campani­ca de la Patrona, can sus continuos repiques, anuncia a todos sus hijos el risueño amane­cer de sus fiestas añoradas durante todo un año.

Son 5 días en los que se paraliza la vida agrícola e industrial, dedicados al descanso del cuerpo y a abrir los válvulas del espíritu por donde brota a torrentes el encendido amor a su Morenita.
Villena es un estuche áureo, repleto de riquísimas joyas; pero entre las inmejorables engarzadas en su pecho, hay una de tan subido precio que no se podría comprar con to­do el oro del mundo, porque con lo material y terreno jamás se podrá comprar lo sobre­natural y divino; es una joya, que el mismo Dios encargó a dos ángeles, vestidos de pere­grinos, para que se quedara en Villena y fuera amparo y como pararrayos en las borrascosas tormentas de la vida.
Esta perla está encerrada en magnífica concha, hoy vetusto santuario, antiguamente Convento de Agustinos, que se encuentra a unos seis kilómetros de la Ciudad, a la vera de una pinada y al pie de un elevado monte. En este Santuario y en artístico camarín, co­mo concha, está la perla. ¿Sabéis cómo se llama? ¡Si todos la conocéis y la lleváis en el fondo del alma! Es la Morenita, Nuestra Señora de las Virtudes.
Todos los años, esa joya, ese tesoro divino, se traslada a Villena, escoltada por innu­merables peregrinos, para que los villenenses le rindan culto v pleitesía y la paseen por sus callas para enfervorizar a los tibios, consolar a los tristes y derramar gracias en todas las almas que, enloquecidas de amor, la aclaman como Madre.
Estas fiestas culminan el día 8 con su grandiosa procesión en la que muchos centena­res de villeneros forman en sus interminables filas con un fervor y una fe más encendida que la luz de las velas que en su mano llevan.
Que el fuego de este amor a la Virgen, objeto de fe, encanto del corazón y asombro inagotable del espíritu, jamás su apague en la vida, para que continúe más allá de la muerte cuando la veamos para siempre sobre los Bienaventurados y los Ángeles en el Reino de los Cielos.
Revista Villena 1952
Cedida por... Elia Estevan

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