1952 RECUERDOS

RECUERDOS  Temas Filosóficos.
Por... José Cánovas CamposEl recuerdo es fe. Es el injerto actual de una esperanza estremecida de rectificación, Quien recuerda es artífice ideal. Quisiera trasponer la vida estrictamente individua. El recuerdo es alarde sujetivo.
Quien recuerda es profeta de lo acabado.
Los que vivimos en la lejanía sentimos renovarse los vínculos antiguos. Cantamos la paz hermana. La memoria nos ha despertado las almas explicando el porqué de nuestros sueños peregrinos. Porque todo sueño es afirmación y amor.
No es benéfico mandar a lo pasado. Mas a veces el «fíat» presta omnipotencia juve­nil al corazón y nos satisface con el milagro de una resurrección hipócrita. Es como si ini­ciáramos la vida con una epifanía racional.
Y entonces es precisamente cuando es menos infiel el pensamiento. Comienza nuestra propia reconquista.
Los inmensos horizontes se condensan en el trozo de tierra que hollamos primero, y asistimos a la realización inaudita del todo en la parte. Porque la parte -esta parte-- es el individuo racional, y la razón no se comprende.
Lo que llamamos nuestro, el pueblo y el hogar, es así nuestra. Lo nuestro y el yo se identifican.
Hay un ansia única: la simultaneidad de toda la historia. Y un nuevo sueño: la reali­dad de esta ansia.
No sentimos el gemido vecino, pero la indiferencia no es malsana. Se embellece el patrimonio antepasado.
Quizá el recordador se muestra individuo con exceso, pero no egoísta. Cuida también el beneficio ajeno. Su egocentrismo es consecuencia natural.
Lo mejor es lo particular. En la comunidad hay tortura. El anillo se malogra al ser es­labón. Ni es anillo ni cadena. La parte de un todo es promiscua. La parte es parte. Sólo el individuo es respecto a sí. El individuo es perfección.
En el recuerdo volvemos rectificados. Nos estrechamos en el júbilo de días mejores, y temblamos agradecidos a nuestra propia generación.
Pensamos entonces que el ambiente lo formamos nosotros. Invertimos la paternidad, y por un momento -el momento que dura la recordación- creemos en la beatitud.
En la cumbre de estas ideas floridas se centra el corazón y zozobra el espíritu. Se en­sancha de manera que parece desprendido de la carne.
Ni es infecunda tal buenaventura. Como producto de una creación exacta remata en la congoja de su acabamiento. Pero antes ha traído el vestido y el pan a la mejor existen­cia: una vida abstracta.
Vida sin dolor ni vencimiento. Bienestar en cuyos huecos hay sonrisas de amor.
Revista Villena 1952
Cedida por... Elia Estevan

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