1981 "POR UNAS COSICAS DE NA"

"POR UNAS COSICAS DE NA"
Por Virtudes y Mª Dolores Gras
A nuestros músicos que, a pesar de todo, vuelven...
Todo parecido con la realidad no es pura coincidencia. Estos hechos que a continuación se relatan nos los contó un villenero de blusa y boina hace ya algunos años, cuando, por fiestas, los músicos se hospedaban en casa de los festeros. Esta es la historia de un músico valenciano que no quedó contento de la hospitalidad villenense y, total, «por unas cosicas de na». Juzguen, juzguen ustedes si el valenciano tuvo poca correa:
TIO MACOCA.—¿Qué, Perico? ¿Ha venido ya ese músico rebornecío qu'alojaste en tu casa el año pasao?
PERICO.— Entavía no, tío Macoca, pero lo'ncontraré; le vi arrear ca gorpe a ese descomío que se v'atragantar con tos los insurtos que m'ha ,cargan.
TIO MACOCA.—jVamos, vamos, Perico! Tú lo que tiés qu'hacel agora es darte un borneo p'ahí, pol Panterre y recapacita que ya'stamos de día cuatro y el presonal anda rebolicao y con carica de gozo.
PERICO.—Mire, tío Macaca; p'ahí ayega el Chicharrica con los músicos esos. ¿No ves la descandalera que s'ha desatao con esos furtapollastres?
TIO MACOCA.—Tú lo que tiés qu'hacel es portarte entavía mejor con ese pitaflautas qu'acomodastes en tu casa el año pasao.
PERICO.—Y tú pégate una puntá en los mordeos, que pa ti tamién hay jarabe de cachiporra.
Llegado ya el Chicharra, los músicos comienzan a apearse del tren, menos el tío Chaumet, que se esconde por donde puede para no ver a 'Perico.
PERICO.—¿Ande vas, pitaflautas? ¿Te s'ha calo la vergüenza, qu'estás con los narigales apegaos al suelo? No t'acurruques, despabilao, que te via dar p'hacelte un ondulao. ¡NOO! ¡Chacho, abaja ya 'p'abajo! Si tú quiés lo arrematamos to, y mu hermanaos nos vamos pa las Peñicas cantando a la Morenica.
TIO CHAUME.—¡Che que no vull, qu'ahí fora fa una calor que torra! ¿No veus pasar als alacrans en cantimplora?
PERICO.—Te lo juro por mis muertos que d'allá en lo alto nos ven, qu'este año no m'acusas de roñica y mal festero, anque tenga qu'abajarme los carzoncillos purgueros. Pero Chaumet ¿es qu'entavía piensas que to esto trae careo? ¿Es que no t'aviao de pelotitas, pataticas a la mondongona, gasspachás, zarangollico de tu tierra y las pastices qu'amasa mi parienta? ¿Es que no t'hemos en'calao la cambia y t'hemos puesto un catre d'esos modelnos que s'arrepliegen más qu'un mocaor? ¡No, pos cátaqui las Cruces! ¡Pos vamos con el músico éste! ¿No t'he llenao d'agasajos? ¿No te dejo a la parienta pa que tú, «Flautafina», toques más afinao los compases de mi tierra? ¿Que la parienta es fea? Tos lo sabemos, y ¿qué? Pero no p'armar la descandalera qu'armastes el año pasao cuando por hacerte un favor se quitó la refajera.
TIO CHAUMET.—¡Recollons, recollons! ¡Aixó n'os una dona! ¡Aixó es un vampiro de les tenebres! ¡Pos no m'agarrat un mal de pit qu'encara estic tremolant?
Y es que, queridos paisanos, ¿sabeis quién era la parienta? Pues sí. La del «Callejoncico el Chicho ».
Era una noche de invierno cuando, por el callejón sombrío pasaba una mujer con su canasta de ropa sucia camino del lavadero. En eso a mitad del callejón encontróse con una paisana a la que preguntó con voz dul¬ce:
—Buena mujel, qu'hora es?
La otra, enseñándole unos dientes largos, afilados y puntiagudos, respóndiole:
—Son las treees...
La mujer de la canasta agarró tal «temblaera» que !llegó al lavadero echando la «espumaera». Su miedo fue sofocado al encontrarse con otra paisana, a la cual dijo:
—Menos mal que t'encuentro! ¡Mira la que te cuento! Andaba yo por el callejoncico «el Chicho» cuando, inocente de mí, pregunté a una mujer qué hora era. «Son las treees... », me contestó enseñándome unos dientes afilados como picos, y del susto que me dio vine corriendo aquí, encontrándome más tranquila al verte a ti.
Respondióle la otra abriendo mucho la boca?
—¿Son estos dientes la razón de tu quimera?
La Frasquita palmó, Y ahora descansa tranquila criando sus crisantemos a la sombra de una encina.
La de los dientes, señores, era la «parienta» del festero. Pueden ustedes comprender el por qué de que el tío Chaumet no quisiera hospedarse en casa del villenero. Desde entonces, y por esa traición, rompieron los músicos con la tradición, y ahora se acomodan como pueden en una habitación del hotel o de la pensión.
TIO CHAUMET.—¡Che, que no anar a ta casa, perque la teua dona me mosega y m'agarra!
PERICO.—Yo que me quería librar de la parienta, por un pitaflautas s'aguó la fiesta, y todo.
«POR UNAS COSICAS DE NA».
Extraído de la Revista Villena de 1981

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