1958 AÑORANZAS

Añoranzas Por Fernando Llor Ruiz
No es justamente el estrecho espacio de unas cuartillas el vehículo apropiado para expresar en él toda la grandeza de sentimientos que encierra el corazón del natural villenense alejado de su tierra natal desde los años de su niñez.
Mas a pesar de ello, aprovechamos lo feliz coyuntura para plasmar en tan ligeras líneas todo el amor que sentimos por nuestra patria chica, por la tierra del inolvidable genio, gloria de España y de su música, el llorado maestro Chapí y por ese trozo de suelo patrio admirado y admirable que, desde Sax a Caudete, desde Salinas a Biar, está bajo la advocación de ''La Morenica".
Y recordemos gratamente el desenfado de los años de niño que hemos pasado tan felices en el pueblo, todo tradición, que ha conocido de nuestros juegos y travesuras cuando, al son del volteo de los campanas de sus iglesias de Santiago y Santa María, hemos correteado por la calle Ancha o por lo Corredero jugando a guardias y ladrones o, a la sombra de sus alegres maizales, se ha ventilado una partida de "estornija", sin perder comba a la ido y regreso, jugando a "píndola".
Y recordemos cómo, desde la cumbre del legendario castillo, hemos visto adentrarse en el corazón del pueblo, precedida del preciosista cortejo de comparsas y gente sencilla, a "la Morenica", que desde su tranquilo y recatado santuario, viene, año tras año, a presidir las fiestas septembrinas que Villena ofrece a su Reina y Patrona...
"Estudiantes", "Contrabandistas", "Maseros"; descargas cerrados de arcabuz... Toda la leyenda de un pueblo de calles empedrados, de blancas casas, de gentes sencillas que saben vivir en paz y que, arraigado a sus costumbres, no puede dejar el paso de cada septiembre sin rendir el culto y la veneración que debe a su Reina y Señora, lo Virgen de las Virtudes que, siendo la Patrona de esta tierra bendita que es Villena, la toma en esos días como Huésped de honor, a pesar de que en todo tiempo, como reina que es de su pueblo, regenta todos los hogares villenenses y a todos y a cada uno de los que hemos nacido en el suelo de esa patria chico; y en este añoranza estrechase el corazón y se abren los brazos de los que, confundidos con el trajín diario de las grandes urbes, añoramos la tierra que nos vio nacer, con la ilusión de poder abrazar a este pueblo y confundirlo en el ahogado sollozo que nos produce la emoción que se traduce, forzosamente, en la oración sentida y magnífica que brota de los labios hacia nuestra Madre.
Y a la emoción de los recuerdos se une el ardiente deseo de volver un día a la querida tierra y gozar, ahora ya con lo madurez de los años, pero con el mismo desenfado y alegría de la niñez, de lo hospitalidad del gran pueblo en el que Dios nos concedió lo dicho de ver la primera luz, deleitando nuestra vista en el poético cauce del Vinalopó que, ansioso de recorrer nuevas tierras, desaparece en busca del mar abierto que le sirve de meta y en toda su rica y preciosa huerta bañada por sus nunca bien ponderadas aguas, deleitándonos también con los recuerdos de nuestros inolvidables valores raciales, orgullo y blasón del gran pueblo villenense.
Alicante y Septiembre de 1958.
Extraído de la Revista Villena de 1958

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