“A VER SI TE CREES QUE TODOS LOS DÍAS SON JUEVES”
(una historia de Villena) Por... José Sánchez Ferrándiz
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Hay ciertas expresiones arraigadas en el vocabulario de un pueblo que poseen un determinado sentido (que por lo general sólo los de ese lugar suelen conocer) y que en ocasiones utilizan sus vecinos, sin parar a preguntarse por el origen o fundamento de las mismas.
Una de ellas en el caso de nuestra ciudad, es la que más o menos dice así: “A ver si te crees que todos los días son jueves”, que viene a referirse a todo aquello que es grato y gusta especialmente, aunque solo se da de tarde en tarde o de forma esporádica.
Dicha expresión está conectada con una pequeña historia ocurrida en la Villena de la inmediata posguerra, tras la trágica contienda civil de los años 1936-1939 y que bien podría ilustrar el origen de la citada frase.
Un señorito de la clase acomodada de Villena (militar a más señas), había tenido una relación con una joven soltera de extracción humilde, producto de la cual ella quedó embarazada, dando luz posteriormente a un niño, deficiente mental, que con el tiempo y al alcanzar la edad adulta, intentó abusar de su propia madre. El señorito, quien no se había casado con la muchacha ni reconocido la paternidad, hacía llegar no obstante, discretamente alguna cantidad de dinero a la madre de su vástago para ayudar al mantenimiento de éste.
Tras el desagradable episodio descrito, se decidió contratar a una persona conocida por el sobrenombre de Tío Casildo, varón de gran corpulencia física que vivía en una vivienda en las proximidades de la Iglesia de Santa María y quien adornaba su rostro con un recio bigote y cubría perennemente su cabeza con un sombrero. Los más mayores quizá todavía le recuerden, acompañado siempre de Gildito, que así llamaban al hijo de aquella madre soltera y con el que daba largos paseos por los caminos y partidas rurales de Villena, con el fin de entretenerlo y, de paso, agotarlo. Los niños de entonces solían acercarse a ver aparecer a Gildito por la natural curiosidad que este despertaba, dada su tendencia a repetir lo que escuchaba decir a los demás. Así, si alguien le decía por ejemplo: “buenos días”, él reproducía machaconamente la misma frase durante un buen rato, lo que solía provocar la hilaridad de los presentes.
Siempre aseado y pulcramente vestido, los domingos asistía a misa junto a su cuidador, quien para mantenerlo entretenido y callado dentro del templo, tiraba de ingenio. Con este propósito, un día, al notarlo inquieto, le dio un caramelo para que se tranquilizase, aunque lejos de conseguir el propósito buscado, tras introducirse el dulce en la boca, Gildito preguntó en voz alta al Tío Casildo: “¿lo chupo o lo masco?”, ¿“lo masco o lo chupo?”, lo que repitió de forma insistente ante la incomodidad de su acompañante y la mirada entre divertida y severa del resto de asistentes al oficio religioso.
De aquellos diarios y largos paseos que ambos realizaban, nació la costumbre de que el Tío Casildo condujera una vez a la semana (precisamente los jueves), al fruto de aquel amor prohibido hasta alguna de la casas de lenocinio existentes en la calle Reloj (lo que actualmente conocemos como la Subida de Santa Bárbara) para que desfogara sus naturales pasiones.
En una ocasión, cuando ambos regresaban de una de sus caminatas diarias, Gildito, al percatarse de que discurrían por la calle Mayor cerca de las citadas casas de prostitución y guiado por su instinto, emprendió de forma sorpresiva una veloz carrera hacia las mismas, siendo perseguido por su guardador, que blandiendo el garrote que llevaba, le propinó un fuerte golpe antes de que aquél alcanzara su objetivo, al tiempo que le gritaba: “a ver si te crees que todos los días son jueves”.
DETALLE DE LA PLAZA MAYOR. AL FONDO LA SUBIDA DE SANTA BÁRBARA, ANTIGUAMENTE CONOCIDA COMO CALLE DEL RELOJ.
A ver si te crees que todos los días son jueves.
La historia relatada puede tener ciertos visos de realismo y no dudamos que durante años se ha ido contando de unos a otros, como cierta, porque también ciertos son los personajes que se nombran.
Pero tampoco es menos cierto, que también la tradición dice que como quiera que los jueves era y es el día de mercado, cuando alguien pedía la compra de algo especial se le contestaba con “ a ver si te crees que todos los días son jueves". Puede tener bastante credibilidad, dado que el día de mercado es más antiguo que la época que transcurrió la vida del “Gildito”.
Tampoco debemos descartar que pudiera referirse al cine, pues en Villena el jueves el cine era con invitación y podía ser la respuestas a alguien que pretendiera entrar sin entrada un día que no era jueves.



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