1963 VIRTUDES Y… DEFECTOS

Virtudes y... defectos
Por Francisco Martos Ávila - Abogado
«...el embrujo de sus calles morunas». (Foto FLOR)
He aquí el haz y el envés de las cosas; la cara y la cruz de las conductas.
Todo el mundo —hasta las monedas, cuya posesión agrada siempre a los humanos—tiene su anverso y su reverso.
A las virtudes de un pueblo se contraponen en mayor o menor proporción —y esto es lo importante— sus defectos.
Al llegar a Villena y recorrer su casco urbano, podemos contemplar, por una parte, el embrujo de sus calles morunas —estrechas, empinadas, zigzagueantes— y por otra, la superficie ancha y diáfana de sus modernas avenidas.
Si después extendemos la mirada desde el torso robusto de su Castillo, descubriremos entre el rosario inacabado de sus calles bien alineadas, las construcciones arrogantes, donde se cobijan sus numerosas industrias, y en lontananza podremos divisar extendida —abrazando a toda la Ciudad con una corona de intenso verdor— la ubérrima huerta, que santifica la presencia constante de Nuestra Señora de las Virtudes.
En esta misma REVISTA nos es dable examinar, perfectamente agrupados, los exponentes de la laboriosidad de los hijos de Villena, de su ingenio, de su espíritu organizador, de su afán de expandirse, en fin, no sólo por España, sino también por la ancha faz del mundo.
El nombre de Villena es plenamente conocido en los cinco continentes por sus hombres y por sus productos, pues hasta en Australia —en nuestros antípodas— ha sido recogido recientemente en la Prensa, junto a la efigie de uno de sus hijos más preclaros.
«...La superficie ancha y diáfana de sus modernas avenidas...» (Foto PONT)
Y no cabe duda que la influencia de su Patrona, la Virgen de las Virtudes —la advocación bajo la cual honramos a la Madre de Dios— se deja sentir de una manera ostensible en todas sus actividades y empresas.
Porque «Virtud» significa valor, poder, energía, a más de «hábito de hacer el bien».
Por ello, por la proyección que marca en la conducta de sus hijos el nombre bajo el cual honran a su Patrona, no nos debe extrañar que la Virgen del «Pilar» —equivalente a piedra, columna, basamento— inspire a los maños, sus acogidos, fortaleza, tesón, santa terquedad.
Y que la Virgen del Amparo haga que los valencianos sean el pueblo comunicativo y acogedor por excelencia. Y que la de las Mercedes impulse a la floreciente Ciudad, que la invoca con este patronímico, a ofrecer el obsequio de su incesante actividad y de su industria a las restantes regiones españolas.
Así como la Virgen de la Paloma, en fin, irradia desde Madrid, centro geográfico y espiritual de nuestra Patria, mensajes de comprensión y de cariño a todos los pueblos hispanos, a los que en realidad debe lo que es actualmente, su grandiosidad y su pujanza.
Que su antiguo Patrono sea San Isidro Labrador es, más que nada, un símbolo de primitivas parvedades agrícolas, agrandadas después rápidamente por el asesoramiento de una Corte y desplazadas ahora por la implantación apresurada de una industria moderna y protegida.
Como decía un amigo con su ironía galaica, muchos madrileños prefieren —madrileños no sólo de origen, sino de adopción o arraigo— la faceta agradable y facilona del milagro del Santo:
¡San Isidro! ¡San Isidro!
¡San Isidro Labrador!
Los Ángeles le labraban
y el Santo, rezando a Dios,
contemplaba aquel milagro
tan poco aleccionador...
Muchas son las virtudes, los valores, que adornan a los hijos de Villena. Y uno de los más constantes es saber honrar a su Patrona en estas inigualables fiestas, en las que anualmente trasladan su Imagen Morena —de reducida talla, Pero de grandes calidades artísticas— desde su apartado Santuario a la céntrica Iglesia Arciprestal, a fin de que pueda revistar con todo detenimiento e interés las novedades que le ofrecen sus hijos, tanto en el ancho campo espiritual de sus virtudes y sentimientos cristianos, como en el más limitado y concreto de sus mejoras agrícolas, de sus nuevas construcciones industriales o de sus modernas instalaciones comerciales.
Todos ellos se esfuerzan denodadamente en que la Morenica, al pasar esta revista anual, quede plenamente satisfecha de las mejoras obtenidas por sus hijos, que la presentan a los numerosos forasteros como el luminoso Faro, que les inspira y les acucia en sus nobles y variadas actividades.
También tienen defectos, ¿cómo no? En todo campo, aunque esté bien cultivado, junto al grano crece, sin desearlo, la cizaña y la negrilla.
Pero esto corresponde a otro capítulo...
Extraído de la Revista Villena de 1963

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