1915 EN FIESTAS

EN FIESTAS
El cariño á mi pueblo, á este pueblo de mis amores, tierra cineraria de los seres que me engendraron, bajando á la santa paz de los sepulcros, cuando mi tierno corazón empezaba á saborear el dulce amor de madre; ese amor de los amores, ese amor que se hace eterno en la vida. Este cariño es el que me hace pulsar la pluma, para cantarle algo que lo dignifique; no con la tosquedad de mi lenguaje, sí con la galanura de nobles sentimientos.
Para ello, no encuentro tema más apropósito que contar algo de mi pueblo cuando más engalanado está; cuando sus hijos muestran orgullosos al forastero las bellas galas de su madre culta, adquiridas con el envidiable tesón al trabajo. Contar algo de «Villena en fiestas» será la modesta obra e este agradecido.
Es el día cinco de Septiembre. El alegre tañer de las campanas nos anuncia que las fiestas han empezado. Desde este momento nuestra sangre retozona bulle pletórica de entusiasmo en nuestros corazones.
Es que Villena abre un paréntesis, para que los hijos de este pueblo hidalgo y caballeresco se embriaguen saboreando el perfume de la le, de la tradición y del ideal...
Músicas que llegan. Sonidos que se pierden en la lejanía, que aparecen, que vuelven á perderse. Chiquillos que se emboban viendo á los músicos forasteros con sus rancios uniformes gastar el aire de sus pulmones. Movimientos de gentes que van á los trenes á esperar al hijo ausente un año; y están ávidos de que se detenga la veloz locomotora, para que sus brazos puedan apretar y sus labios puedan besar á ese jirón de sus entrañas. Mujeres que paran sus trabajos domésticos al oír sonidos de bombos y platillos. Niñas que se prueban los flamantes trajes que acaba de llevarles la modista, para embellecer el recibimiento de su excelsa Patrona...
Son las horas postreras de esas tibias tardes de estío. Ya se vé el desfile marcial de las comparsas con sus trajes policromos. Balcones repletos de belleza, alegría y juventud adornan y realzan las calles por donde el desfile se verifica. La última comparsa ha pasado. Miles de personas de distintas clases, sexos y edades, en apretado haz, se dirigen á las afueras de la población. El anaranjado de poniente se descolora y muere en violeta. De pronto, una ráfaga de entusiasmo electriza á la muchedumbre. A lo lejos, se divisa el parpadeo de unos faroles. Las últimas claridades del día se van apagando poco á poco. El parpadeo de los faroles se hace mucho más visible. Las músicas lanzan al espacio los acordes de la Marcha Real. Infinidad de luces de bengala iluminan ese cuadro rebosante de sublimidad. El ambiente está saturado por el perfume de hermosas y castizas mujeres, alientos de fé y sacudidas de juventud. Las banderas ondulan gallardas. Infinidad de tiros de arcabucería agitan el ánimo. Las aclamaciones unánimes de un pueblo á su Patrona, hacen hurgar el alma en vibraciones bruscas... ¡La Patrona ha llegado!
Francisco Esquembre.
Extraído de la Revista Villena Joven de 1915. Especial Fiestas
Cedido por… Trini Pastor Domene

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