1915 FLOR DE CARIDAD

FLOR DE CARIDAD
¡Tristes peregrinos del dolor!.. Yo los he visto pasar desolados por el áspero sendero y mi alma juvenil y algo sentimental se ha desbordado de pesadumbre y de piedad.
Pasan silenciosos, abrumados, se detienen un momento para extender la mano suplicante y prosiguen hieráticos, como el símbolo de las humanas aflicciones...
Son viejecitos mendigos con sus cuerpos enjutos y temblones; con sus pasos inciertos ayudados por mugrienta pértiga; con sus frentes abatidas por el cansancio y el trabajo que en ellas dejó gloriosas cicatrices; con el blanco, desmelenado cabello, copiosa nieve de los muchos inviernos que pasaron; con los largos, angustiosos silencios en que su espíritu contempla la vastedad de los recuerdos y no halla más que desengaños y desprecios, ruinas que exhalan un vaho doloroso... Son desvalidas mujeres que plañen acongojadas su viudez.
Son criaturas pálidas y desmedradas, vidas que alborean y ya parecen melancólicas y ceñudas...
¿Quién desfruncirá esas frentes hurañas y desatará la risa y el sonoro cristal de sus vocecitas en esos labios plegados por la desgracia? ¿Quién llevará los óleos del consuelo á esas mujeres desamparadas y mitigará sus lágrimas que son sangre del alma? ¿Quién abrirá un hogar para esa sufridora y venerable senectud que un día halló inhóspita la vida?
Ya lo habéis contestado vosotros, amables lectores: la caridad. Ya lo habéis contestado los villenenses en las presentes fiestas gentil guirnalda que tejéis todos los años y en la que no habéis olvidado la flor de la caridad...
Las calles están llenas de luz, de alegría, de una muchedumbre que se agita, pasea, porfía en todas direcciones. El sol pone en el viviente cuadro sus pinceladas vividas, joyantes. El polífono rumor de un pueblo en fiestas semeja una lejana sinfonía. Y cuando la vida tiene una risa fragante y sugestiva, cuando todo es contento, hay una vena oculta y amarga que late inexorablemente, eternamente. En el yermo de la miseria los desolados peregrinos siguen su ruta.
Pero en Villena, opulenta selva de las virtudes cristianas, florece espléndida la caridad. Villena es una excepción de aquella ley inexorable. Cuando la muchedumbre bulle, ríe y se estremece de alegría, esos caminantes desvalidos vienen de su páramo abrasador á este soto apacible y umbroso que ha deparado la hidalguía de esta tierra: «El Ayuntamiento reparte bonos de pan y arroz para los pobres»...
Vedlos, vedlos acudir presurosos, extender sus manos pedigüeñas, balbucir unas palabras de gratitud y tornar sonriendo, tal vez llorando, llorando con lágrimas que son refrigerio consolador... Y cuando veáis á los viejecitos yantando con ese gracioso mohín de sus bocas desdentadas y á los pequeñuelos afanarse en el sabroso refocilo y á sus madres cubrirlos de caricias, pensad que en sus almas vibra fervoroso el salmo del agradecimiento. Que así es el amor, flujo y reflujo de sus corrientes misteriosas...
F. García Guijarro.
Extraído de la Revista Villena Joven de 1915. Especial Fiestas
Cedido por… Trini Pastor Domene

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