1915 HOMENAJE Á D. FRANCISCO AZORÍN

HOMENAJE Á D. FRANCISCO AZORÍN. IN MEMORIAM
Al llegar estos días de nuestras fiestas, ¡qué tristezas embargan mi alma al recordar al esclarecido varón, nuestro inolvidable Párroco, D. Francisco Azorín!
¿Qué villenense, en medio de la alegría que reina en estos días, no sentirá cruzar por su mente una idea, ó mejor dicho, el recuerdo de ese hombre humilde, bondadoso, prudentísimo y discreto, gran conocedor del corazón humano, compasivo, inocente, amable, dulce en su trato, caritativo, espejo de virtudes?
La simpática redacción de VILLENA JOVEN me invita á escribir algo de D. Francisco Azorín; y allá van cuatro palabras de ese santo varón que Dios suscitó del polvo de la tierra para consolar á los mortales.
El fué ferviente dispensador de la palabra divina; administró con gran celo los Sacramentos, vida de las almas; acogió y socorrió á los pobres; celebrando el santo Sacrificio, no parecía un hombre, sino un serafín, todo encendido en las llamas ardientes del amor divino, sostuvo al débil, levantó al caído, secó lágrimas de dolor; con su exquisita prudencia, disipó las dudas de sus penitentes; con su saludable advertencia, abrió á muchos el camino de la virtud; fué, con su vida inmaculada, antorcha luminosa del buen consejo, cuyos vivos resplandores iluminaron á muchas almas, haciéndolas salir del abismo del pecado; restableció la paz en algunos hogares, al percibir el bálsamo de dulces consuelos que sobre ellos derramó; unió á gran número de familias, al gustar las bondades de su paternal corazón; vivió no para sí, sino para los demás; consagró su vida, su tiempo y su dinero al provecho del prójimo; despreció los honores terrenos y ocultóse á los aplausos de los mortales; poseyó el secreto de ganar los corazones de los que á él se aproximaban; sacrificó todo lo más caro al corazón en aras del amor á las almas; fué, en fin, escondido en los pliegues de su manteo, un apóstol infatigable de la caridad que, como nuestro adorable Redentor, pasó por este mundo haciendo el bien.
Y aunque se ha roto ese lazo estrecho y familiar que nos unía á nuestro bondadoso D. Francisco, jamás se borrará de nuestras memorias el recuerdo de su angelical vida, todo candor, sencillez y bondad de un niño.
Y para que su santo nombre nunca caiga en el abismo del olvido, nuestro M. I. Ayuntamiento, secundando la aspiración de todo el pueblo de Villena, ha acordado mudar el nombre á la calle de Marqués por la del virtuoso y santo Párroco.
Contribuyamos todos á que su nombre figure en una hermosa y artística lápida; y de este modo, conseguiremos que la gloria de D. Francisco Azorín, aquí en la tierra, no se reduzca á los estrechos límites de su sepulcro y que las generaciones venideras aprendan, al leer su nombre en la lápida, ese inflamado amor á Dios y ese desinteresado amor al prójimo.
El Cura de La Encina
Extraído de la Revista Villena Joven. Especial Fiestas
Cedido por… Trini Pastor Domene

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