1953 A RUPERTO CHAPÍ “PEÑA LA BASCA”

A Ruperto Chapí

Preclaro e insigne adalid
que cual caballero andante,
con entusiasmo pujante
te encaminaste a Madrid.
Tú alcanzaste en buena lid
la más estimada gloria:
En premio a tu ejecutoria
que a este, tu pueblo, enajena,
aquí levantó Villena
una estatua a tu memoria.
Baldomero Marín
Imagínate, lector, un cuadro anacrónico. Una estación de ferrocarril allá por el año mil ochocientos sesenta y tantos. Revive en tu mente las vestiduras de aquel tiempo y los mil detalles que fijan la época; la majestuosa entrada, después, del convoy en el andén. Con esta figura queda completo el cuadro. Creo que convendrás conmigo que un pintor, a la caza del tema, no desdeñaría trasladarlo al lienzo.
Fíjate ahora en este grupo. Casi no merece tal nombre, pues solamente lo forman dos personas. Observarás en ellos cierta cariñosa intimidad, que a un buen observador pareceríale consecuencia natural de la ausencia de una mujer en la familia, pues familia son, y padre e hijo por más señas. Y observarás esa intimidad en el hecho de que el padre prodiga al hijo ciertas recomendaciones, maternales casi, éste ya con un pie en el estribo. Y cuando parte el tren, en la faz del padre, que vuelve después a casa triste y abatido, dos gruesas lágrimas retratan el dolor y la emoción.
Te explicaré algo de ellos, El padre es un humilde barbero. El hijo, descolló desde corta edad en cierta actividad artística. Lleno de ilusiones, ha decidido ir en busca de la fama. Madrid, escalón hacia gloria en apariencia, cementerio de ilusos en realidad, le atrae. Y hacia allí se dirige, con un mísero caudal y lleno de esperanzas, que, aunque muchas, no son bagaje apropiado para el que quiere conquistar la gloria.
Pero una fuerza interna le sostiene. Su voluntad, firme y decidida, le empuja. Y no influyen en su determinación el recuerdo de las fiestas del pueblo, pasadas hace unos días, llenas de color, y que dejan, por contraste, el ánimo triste y deprimido; ni el vientecillo fresco, que anticipa la llegada del invierno, en el que es más grato acogerse al calorcillo hogareño que andar a la ventura; ni la perspectiva de las incomodidades y fatigas, anticipadas por la larga noche en el tren, sometido, en el duro asiento, al traqueteo, monótono y molesto, ni siquiera, tampoco, el deprimente paisaje de las yermas llanuras de la silenciosa Mancha, apenas entrevisto a la luz de la luna...
Quiero suponer que, a la mañana siguiente, a su llegada a Madrid, cayese una lluvia fina, persistente y tediosa. Un cielo encapotado, de nubes bajas, una tristeza infinita, le recibiera. La ciudad, indiferente, no le dedicara una mirada: No importa. Pasados unos años, ha de rendirse al conjuro de una música sin igual, en la que verá reflejada su gracia y su donaire y la soberana inspiración que solamente posee el genio. Y Madrid, y la nación entera, serán alfombra de sus pasos un día y guardarán, en libro de oro, las páginas inolvidables que respaldan su gloria y han de permanecer eternas, siempre jóvenes, en la memoria de las generaciones. A. R.
“LA BASCA” no olvida nunca a Chapí. Y hoy, en el programa que edita con motivo de las Bodas de Plata de su fundación, dedica un lugar preferente al gran músico, de quien son siempre devotos los “bascosos” por paisanaje, por admiración y por cariño.
Extraído del Programa de Festejos de la Peña La Basca Bodas de Plata 1928-1953

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