1974 MOROS Y CRISTIANOS

Moros y Cristianos. Por Diego Sevilla.
Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia.
La Fiesta de Moros y Cristianos se conserva casi únicamente en la Región Valenciana aunque nos enseña Salvá y Ballester en interesante trabajo publicado por la Diputación Provincial de Alicante en 1958 antaño se celebraba por Aragón, Guipúzcoa e incluso Portugal. Vale la pena preguntarse en esta persistencia de una fiesta de caracteres bélicos, con un sentido profundamente teológico. Si en la famosa zarzuela de Serrano exclama el vengador de su honra "alguna vez habían de ganar los moros" ordinariamente son los cristianos quienes dan buena cuenta de los hijos de Mahoma.
Es curioso haya dos o tres ciudades que parecen focos que iluminan estas fiestas, cuyos libretos tengo, por noticias fidedignas recibieron larga contribución del eldense Juan Rico y Amat primer historiador constitucional de la época moderna en España y gran conocedor del léxico político. Me parece con una meditación a la ligera, concentrada en Alcoy, Villajoyosa. La Vila como dicen, y Villena, quizá el planteamiento de defensores y ofensores se facilita por las condiciones de la naturaleza.
Son tierras que parecen destinadas a los peligros de los corsarios. Recordemos el capítulo XXIX de "Hora de España" de Azorín cuyas pinceladas traen a nuestra mente las horas difíciles de la Marina. Un promontorio donde se apiñaba Altea, unas casas de pescadores en Benidorm, Villajoyosa casi está separada del mar por un difícil acceso. Alcoy sería centro de peligro en zona de morería y Villena requiere otra meditación.
Comprende el lector que el Reino valenciano goza de fronteras naturales señaladas al norte, que van afeminándose hacia el Sur. Del Coll de Amposta al Maestrazgo, el Cabriel, la serranía de Ayora que arranca desde Enguera y toda la suavidad del paisaje que va extendiendo sus brazos hacia el sur en tierras de Murcia y Andalucía. Pudo ser aquí también un centro de invasión, o quizá un recuerdo de combates de antaño.
Hagamos un alto. Las fiestas populares tienen siempre una razón de ser, parten de un hecho verídico, o embellecido, pero de trasfondo profundamente humano. Se mantiene porque más allá de la veracidad del fenómeno que les dio la vida, alienta alguna razón de ser.
Pudieron ser las primeras fiestas de Moros y Cristianos símbolo de la lucha contra el extranjero, más por extranjero que por su religión. Solemos hoy echar en olvido que la religión fue para cristianos protestantes, judíos y moros un vínculo nacional. Se habla mucho de la expulsión de los moriscos y de los judíos en España, y se silencia la situación irlandesa que dura hasta hoy, la Paz de Westfalia relegando fronteras religiosas a la nacionalidad.
El hecho es, que pudo ser un tiempo la fiesta que hoy se celebra una lucha de auténtica independencia nacional, más sentida en las tierras valencianas que en otras de nuestra España, por una simple coyuntura temporal.
Pero hoy guarda el recuerdo de la pura independencia. No se trata de vencer al adversario sino de forjar la propia personalidad. Habrá muerto el odio a los fieles de la Media luna, porque al fin y a la postre todos saben que por la noche ha terminado la comedia. Pero interesa conservar la tradición en el sentido de recuerdo, y no doblar la cerviz ante el adversario que hoy no es, gracias a Dios, un peligro para la fe religiosa, pero puede serlo para la política simbolizada en anexionismos para diluir la personalidad valenciana desde el Norte o desde el Oeste.
Extraído de la Revista Villena de 1974

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