1884 EL CORNETÍN

EL CORNETÍN
(Publicado en el Semanario Madrid Cómico, el 9 de marzo de 1884)

Cierto amigo mío don…
(callo el nombre porque quiero)
conserva con gran esmero
un cornetín de pistón.
Está tan deteriorado
el dichoso cornetín
y tan tomado de orín
y tan roto y abollado,
que, si el dueño lo dejara,
cierto estoy de que no hubiera
trapero que lo quisiera
ni avaro que lo guardara.
No hay de quién él saque una nota,
que agudas, medias o graves
se perdieron con las llaves,
pues la que queda está rota.
Tiempo ha, para que pudiera
su antiguo dueño tocar,
era menester tapar
los agujeros con cera.
Pregunté una vez a don…
—dime, ¿por qué has conservado
el cadáver mutilado
del cornetín de pistón?
—Ese caduco instrumento
—me dijo—  es grata memoria
de cierta gloriosa historia
que contaré en un momento.
Este mueble malsonante
llegó, en su ya provecta edad,
al pueblo, (villa o ciudad)
de Villena, en Alicante.
Fue a dar a manos y boca
de un chiquillo inteligente;
lo tocó, y dijo la gente:
“¡caracoles cómo toca!”
Y desde Elche a Cartagena
corrióse como la llama
por los sembrados, la fama
del cornetín de Villena,
Y en todo el país aquel,
al poco tiempo no había
procesión ni romería,
ni serenata, sin él.
Un día, siguiendo el norte
que le mandaba el destino,
dejó aquella gloria y vino
buscando más a la corte.
¡Cuántas noches al relente
tuvo en el Prado acomodo
o a los pies de algún rey godo
de la Plazuela de Oriente!
Que el pobre en tal vil lid,
huyendo de la inclemencia
de la luna de Valencia
se quedó en la de Madrid.
Y el que se vino con tufos
de subir al Helicón,
se halló con la decepción
de bajar hasta los bufos.
Y acompañó, no con tantas
fermatas como gemidos
cabriolas y graznidos
de impúdicas suripantas.
Y el que a Madrid vino ad hoc
a estudiar a Gluck y a Bach,
fue intérprete de Oferbach,
de Planquet y de Lecoq.
Y con grave sonsonete
con obligados y trinos,
dio jaqueca a los vecinos
del baile del Ramillete.
Y allí notas lastimeras
unía al coloquio grato
de la Tuerta con el Chato
y la Roja y el Voceras.
Más desarrugando el ceño,
la suerte ya se ha cambiado
y a tiempo se han reparado,
el cornetín y su dueño.
                         Y contraste singular                           
cuando en mi poder se halla
el pobre instrumento y calla,
da el dueño mucho que hablar
…………………………………………
Quédese el relato aquí
y, para el final del cuento,
te diré que ese instrumento
fue de Ruperto Chapí.
JOSÉ ESTREMERA.

Documento cedido por… José Sánchez Ferrándiz                         

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