1986 OFRENDA

OFRENDA
Vale, de acuerdo, sí... el lunes a las 8'30 en tu casa; descuida, allí estaré. Bien, ya estamos otra vez en el ajo, y no en el que pica sino en el ajo de fiestas. De nuevo los preparativos, tomar medidas, sacar planos, cortar madera, trabajo para ti, encargo para mí, uno que tiene un amigo que puede sernos útil, otro que su taller está a nuestra disposición, aquél que sin otra cosa pues para lo que haga falta...
¡Vaya, que la ofrenda se pone en marcha! Todo parece ahora tan complicado, tan confuso y lleno de problemas que no sé si nuestra ofrenda a la Virgen, nuestra querida ofrenda, se podrá llegar a terminar. Y fíjate amigo lector, lo mismo pensaba de aquella de hace dos años, de aquella imagen sin nombre y virtud con la que quisimos representar a la Virgen, pero a la VIRGEN a secas; toda luz, brillo y centro de miradas.
Recuerdo (porque el recuerdo es lo que más me anima), el día 7 al mediodía de aquel año, el 84 si mal no recuerdo. Y allí junto a los Salesianos, esperando nuestro turno, con el corazón en un puño y los nervios a flor de piel estábamos los artífices de tal obra y ésta tranquila, serena; y el cielo con nubes y el sol que no sale, y sus rayos que no llegan.
¡Atentos!: están terminando de salir los almogávares y detrás vamos nosotros, venga a coger las andas, a la una, a las dos y tres; andas, virgen, ofrenda e ilusión al hombre.
¡Y pensar que dos meses antes nada de esto existía, únicamente las andas de otros años!
Ya toda la comparsa por la calle ancha, y nosotros y ella (la ofrenda) cerrando el desfile rodeada de comparsistas, bandera, madrina y cómo no los sones mágicos de un pasodoble festero.
Al principio la idea resultaba un poco extraña, más por lo curiosa y novedosa de su realización que por el tema en sí, pero pronto, a los pocos minutos de conocerla y conforme se iban matizando los detalles de su confección, la idea de una imagen, de una Virgen en cristal arraigó en nosotros como una de las mayores ilusiones de esas fiestas del 84. Qué poca gente, gente suelta sin sitio fijo aquí a la altura del tío fresquito. Pero claro es el comienzo del desfile. Bien, ya teníamos la idea, ahora a ponerla en práctica.
Lo primero tomar medidas de la imagen más a mano que tuviésemos, y cómo no, fue de la Virtudica; después sacar proporciones a un tamaño más cómodo para trabajar sobre él. Ni qué decir tiene que los adornos de coronas, mascarillas, etc. están inspirados en La Morenica. Pero el manto, el dibujo del manto fue invención de uno del grupo.

Sí, parece que sí, por fin, el cielo se está despejando y casi no queda nube alguna que pueda ocultar el sol. Este es el momento más esperado desde el mismo instante de comenzar el desfile.
¡Quién lo iba a decir!, una Virgen con el esqueleto de hierro nada menos, bueno, con la estructura mejor dicho, y que además parece una pieza de ajedrez gigante, pero claro, es la base, son los cimientos de la ofrenda. Para cubrirla: ¿qué? porque claro, hace falta un lugar donde fijar los cristales (¡Ay, los cristales, menuda historia!). Rápido a pensar... la solución sacos y tela metálica y el adhesivo silicona; silicona para la moqueta de las andas, silicona para algunas maderas, silicona para los cristales; los cristales... ¡Menuda historia!, y tienen que brillar, reflejar y encandilar.
Y brillan, reflejan y encandilan, y el sol en ellos se divide, se multiplica; nuestra Virgen tiene vida propia, llama la atención, capta las miradas, brilla, brilla, luce, luce, y enciende el centro de la calle.
¡Dichosos cristales!, que si han de ser de color, rojo, amarillo, azul, etc., otros blancos, que han de estar cortados en cuadrados de 1 cm. por 1 cm., que los de color deben de estar espejado porque los blancos lo están y claro el efecto al reflejar el sol... sí, el dichoso y esquivo sol.
¿Dónde espejarlos? ¿Villena? No, fuera entonces, pero las vacaciones, las vacaciones, todo el mundo las tiene y los señores que espejan cristales también.
¿Oye, qué hace la gente?, fíjate mira chaval observan y sonríen, aplauden y aplauden, se ponen serios; esa cara, esa imagen no es La Morenica, pero aplauden y vuelven a sonreír, aplauden, fotos, aplauden, sonríen... sonreímos nosotros, sonríe el cristal y toda la calle sonríe y aplaude.
Yo, yo sé de alguien en Sax, conozco quién puede espejar los cristales, aunque está en obras el taller y tiene las máquinas desmontadas. Hay que ver eso. Se ve. Este alguien también es festero en su pueblo y escucha, comprende y acepta el encargo. Ahora ¿cómo y quién cortarlo?, con nosotros vale el refrán «Zapatero a tus zapatos». Pero si este Villena no fuera, en fin un pueblo y en un pueblo no se conociesen todos o casi todos, pues no sería Villena, vamos no sería mi pueblo. Así que un cristalero y tres voluntarios nuestros, a deshoras, a cortar, a marcar y preparar cristales.
¡Escucha Pepe! Mira, has visto a la gente ¡qué bárbaro tú! Cómo aplauden, ¡si estoy nervioso y todo!, se me ponen los pelos de punta. Sí que es cierto Javi, está todo el mundo pendiente de nuestra ofrenda. Pero ¿brilla?, dime, ¿brilla mucho?, que si brilla ¡uf! Qué quieres que te diga. Brilla, claro por qué no con este sol este día de ilusión y nuestras sonrisas.
Pero bueno hace falta algo más sólido entre la cubierta del armazón y los cristales, algo donde se queden bien fijados éstos, y que otra cosa que la escayola, así le podremos moldear el manto y los pliegues, que claro será de saco. Ahora somos escayolistas, desde luego hay que hacer de todo si quieres que la ofrenda se convierta en algo como un hijo, que ideas, moldeas y terminas.
Bien pues si el oído no me engaña los aplausos no terminan, no hay espacios silenciosos, el asombro y la admiración se despiertan a nuestro paso, y es más, ya de lejos un interrogante surge en el público. ¿Qué es aquello que brilla, un espejo, qué podrá ser?
Y ahora que ya tenemos el soporte preparado sólo queda cubrir la imagen con los cristales, colocar coronas, mascarillas, puntillas, flecos, vamos, vestir la imagen. Parece que estamos haciendo un rompecabezas y las piezas poco a poco van encajando hasta finalizar por fin la laboriosa ofrenda. Después adornar las andas con, por supuesto, flores y más flores.
Qué poco queda, sólo doblar una esquina y a enfilar el camino hacia Santiago, hacia La Morenica, la inspiradora y destinataria de nuestra obra.
Y sacar la imagen y llevarla a los Salesianos desde el local de trabajo es toda una sucesión de anécdotas, que las coronas se mueven, pues se sujetan entre ellas con hilo de pescar; que es muy alta y casi toca en la puerta, pues a bajar la ofrenda hasta casi tocar el suelo; que se despega algún cristal, alguna estrella, pues mano a la silicona y a pegar; luego un camión y a paso tortuga a los Salesianos.
Por fin Santiago.
Llegamos a los Salesianos.
Por fin la Virgen.
Preparados para el desfile.
Morenica aquí tienes nuestra ofrenda.
Se acabó el sufrir, ¡vamos en marcha!
PEPE FLOR CONTRERAS
Extraído de la Revista Villena de 1986

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