1986 RADIOGRAFÍA FESTERA

RADIOGRAFÍA FESTERA
Villena, tierra de mar adentro, perla cultivada por el mar Mediterráneo y bañada por la belleza de sus fiestas, vuela a través del 4 al 9 de septiembre como una gaviota marina pasando por el espacio del tiempo hasta llegar a la orilla de la esperanza donde nos espera una Virgen con rostro tostado por la brisa marina. Ella nos sirve de timón y guía para que todos los villeneros unidos en mutuo esfuerzo podamos amarrar después de todo un año en el puerto de nuestros cinco días de fiesta.
Son las fiestas de moros y cristianos una tradición perenne para Levante, y lo son porque de alguna manera han de tener el olor de la alábega y la pólvora al son del estruendo de los arcabuces y el ritmo de la música festera. Todo esto forma un conjunto de símbolos de convivencia y un eco de deseo de coexistir en paz, sin diferencias de raza ni religión. Querrán unos ser moros, otros cristianos, pero la intención en el fondo es sólo una. Hacer la fiesta, olvidar por unos días la fatiga de vivir, hacer afirmación de la alegría, que una vez más aflora, al tiempo que estalla la pólvora y suena el clarín en la hora de la verdad.
Nuestras comparsas de moros y cristianos, ya desde mucho tiempo, tienen logrado rango digno de su fastuosidad y esplendidez. Son lo más florido y sobresaliente de nuestras fiestas, a las que dan carácter y nombre. Villena se mira en ellas y se siente orgullosa de contar entre las primeras de este tipismo levantino. Sobre el rumbo alegre y el colorido de sus trajes se destaca, sin duda, la estampa de los cabos de gastadores, alma y gala de sus propias comparsas. Son entusiastas festeros, artífices del gesto, artistas del ademán, sombríos unas veces y exuberantes otras, majestuosos, jocosos, fanfarrones alegres que llevan al marchar gracia picaresca en su mirada, sabiendo guiar sus escuadras con una maga jactancia que electriza y arranca aplausos por doquier.
Tienen las comparsas en nuestras fiestas muchos actos dignos de destacar. El de la Entrada es el de más fama, por su alegría desbordante. Luego está la no menos brillante Cabalgata, que año tras año, gana más adeptos y simpatizantes.

Las Dianas, con su despabilar mañanero, se llevan día a día con el cansancio en el rostro y la alegría en el alma. Antecesores nuestros hicieron el mismo recorrido, bebieron el cantueso, aspiraron el perfume de la alábega y pisaron con paso firme y decidido las mismas calles que hoy nos sirven de guía. También supieron hacer un esfuerzo supremo para acudir a las citas de las cuatro dianas que tiene nuestra fiesta. Son como cuatro flores bañadas por el rocío mañanero, que mueven sus pétalos de colores, al son de las notas musicales que se esparraman en el aire. Hasta el punto que el día y la noche sean una misma ilusión y el eslabón que sirve de unión a todos los festeros.
De las Embajadas se podría decir que son la raíz y la esencia de herencia medieval, que nos sirven de tarjeta de presentación con la que nos sentimos identificados a la hora de adaptar las formas y tradiciones, rememorando de esta manera aquellos tiempos en que la Reconquista fue plasmada con pinceles históricos sobre el lienzo de nuestra cultura, para que hoy podamos recordar las nobles gestas en la lucha contra el musulmán, teniendo como símbolo en nuestros días el castillo con sus coronados muros, que se yerguen como índice fuerte de nuestra fiesta, que ni el tiempo ni el olvido han conseguido derribarlo. Cuando la última frase se deja oír y la descarga de los arcabuces atruenan en el cielo, el olor a pólvora amaina junto con la representación de nuestras fiestas.
La Retreta es un acto en el que los festeros, junto con el pueblo, participan en una alegría desenfadada, de jolgorio y crítica, a través de montajes y disfraces que rompen normas establecidas, con lo cual demuestran su ingenio y pericia cómica, para ridiculizar o ensalzar los motivos que les atenazan a lo largo de todo un año, dándole rienda suelta en un acto informal, que viene siendo durante décadas el más popular de nuestra fiesta, puesto que hace más partícipe al pueblo a través de sus charangas con humor y desenfado.
La Ofrenda es para el festero un acto de gran honor, en el cual se refleja el carácter villenero, que tiene su colofón humanamente sincero al ofrendar en acción de gracias a su Virgen Morena y a los asilados en la plaza de Las Malvas, los cuales reciben con gran alegría esta prueba de amor.
Todos los actos tienen su peculiar característica, pero ninguno de ellos es tan emotivo como ese rindan armas ante la Virgen, de estos guerreros con sus petos y dagas, desfilando en gala esplendorosa de radiante cortejo que, a lento paso de los tambores, se desliza en solemne procesión, que viene siendo desde muchos años sorpresa para nosotros mismos y admiración de extraños por su marcial seriedad.
El último día se cubre con el manto de la nostalgia, en el que nos abriga una nueva esperanza, al ver alejarse a nuestra Virgen Morena, brotando en nuestros corazones, como un manantial, la petición de que nos deje volverla a ver un año más.
El desfile del día 9 sirve de colofón para cerrar un capítulo de nuestras vidas y nuestra fiesta. Los festeros desfilan hacia el final de su destino con la última explosión de alegría, dejando tras de sí una estela de ilusión y esperanza.
MASIANO
Extraído de la Revista Villena de 1986

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