1989 LOS HIMNOS A VILLENA

LOS HIMNOS A VILLENA. ALFREDO ROJAS
Hace unos meses, ese infatigable compilador de testimonios del pasado villenense que es Miguel Flor Amat, me visitó para entregarme la fotocopia de una partitura titulada "Himno a Villena". Mi sorpresa fue grande puesto que no se trataba del himno que todos conocemos, sino, por el contrario, de otro del que no tenía noticia siquiera. Y mi propósito hoy, es dar a conocer en nuestra Revista anual la existencia de esta composición, a la vez que hurgar, siquiera sea ligeramente, en cuanto respecta a lo que hoy ya podemos llamar "himnos', así, en plural, dedicados a nuestra ciudad.
Este al que me refiero se debe a la inspiración de nuestro paisano Quintín Esquembre, el autor del célebre pasodoble "La Entrada". Todos saben, prácticamente, que esta sencilla página musical, el pasodoble citado, lo escribió Quintín Esquembre, a petición de Francisco Bravo, con destino a la banda que éste estaba formando y que hizo su presentación a los villenenses, a los sones de esta composición, el cinco de septiembre de 1922.
El título es clara alusión al acto que abre la banda villenense la tarde del citado día; y poco podían imaginar Quintín Esquembre y el maestro Bravo que el pasodoble se haría famoso y se convertiría en uno de los más celebrados del castizo género español. Existe un libro, del que realizamos una reseña en el número 12 de esta misma Revista correspondiente a 1962, que trata únicamente del pasodoble, que reseña los más famosos proporcionando datos sobre su creación y que narra, con no pocos detalles, cuanto concierne al que nos ocupa. Su título es "El pasodoble español”. Ello da una clara idea de la difusión de "La Entrada" y de la importancia que posee dentro del género.
Quintín Esquembre Sáez, autor del pasodoble citado y del himno que motiva estas líneas, fue un villenense que nació en 1885 y cuya singular disposición para la música indujo a sus padres a enviarlo al Conservatorio madrileño. Formó parte de la Banda Municipal de Madrid y de la Orquesta Filarmónica bajo la dirección del maestro Villa, tocando el violoncelo. Fue un excelente guitarrista que tuvo a Tárrega por maestro; escribió obras para este instrumento y llegó a estrenar una zarzuela.  Murió en Madrid en 1965.

La razón de que este himno a Villena haya llegado hoy a conocimiento de algunos, se debe a un hecho sin aparente relación; es el de la creación de la Coral del Hogar del Pensionista, que se fundó hace pocos años y que dirige José Navarro Oliva, durante muchos años oboe solista y subdirector de la Banda Municipal de Villena. De la organización que agrupa a los pensionistas villenenses forma parte Francisco Poveda Esquembre, sobrino de Quintín, que pidió a sus primos, residentes en Madrid, obras del músico villenense con intención de incorporar al repertorio de la Coral aquellas composiciones que pudieran ser cantadas por sus componentes. De aquí la llegada a Villena de este himno, que por cierto ha sido recientemente interpretado por la Coral en una de sus últimas actuaciones, aunque la discreción de Navarro Olivo le ha llevado a fijarlo en el programa con el título de "Canto a Villena".
La composición es elemental y tópica, como suelen serlo todos los que se escriben con este fin; tiene una sencillo armonización, y la letra, según indica la portada de la partitura, es de José Vega de Ribera, al que desconocemos totalmente. En la letra menudean los lugares comunes, como cabe esperar, y de los que tampoco se libra el himno que hoy aceptamos todos como oficial. Señalemos de entre ellos "bella ilusión”, "hazañas mil”, “furia del cielo" y "castas doncellas", todo lo cual tiene su corolario en la “Villena inmortal” con la que el himno acaba.
Pero lo que en principio parecía un hallazgo, no lo es tanto. Navarro Oliva, cuya edad, buena memoria y conocimiento de los avatares musicales villenenses a lo largo de este siglo obran para que merezca total crédito cuanto diga o escriba, asegura que el himno de Quintín Esquembre se estrenó en Villena en 1927, el dio cinco de septiembre, durante la recepción de la Virgen de las Virtudes, por un coro de niños de las Escuelas Salesianas, con acompañamiento de Banda. Y, en efecto, posteriormente hemos comprobado el dato en el Programa Oficial de Fiestas del año citado. De ello se desprende que en determinados años de nuestra historia local coexisten dos himnos a Villena: el que hoy conocemos del maestro Serra y el que podemos decir que se ha recuperado actualmente y del que es autor Quintín Esquembre. ¿Por qué uno de ellos se ha constituido en himno oficial y el otro se olvidó totalmente?. Es fácil, por su relativa proximidad, encontrar las razones de este hecho y de ello podemos dar datos a los que tuvimos acceso personal en nuestros jóvenes años.
Digamos primero que el actual himno a Villena, el que todos conocemos, lo escribió D. José Serra Dalmau. Serra era natural de Cambrils (Tarragona) donde nació en 1874, se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona y llegó a Villena en 1901 para impartir clases en la Academia de Nuestra Señora de las Virtudes, de la que fue director poco tiempo después. Tuvo un preponderante papel en la vida villenense desde su llegada hasta su muerte, ocurrida en 1918. Vicente Prats Esquembre, a quien debemos estos datos, posee abundante documentación sobre la figura de D. José Serra, y le animamos a darlos a conocer.
El himno a Villena lo escribió Serra en 1906, y suyas son la letra y música. No es menos tópica esta última que la que creara después Vega de Ribera, como ya queda señalado; pero no de otra forma se escriben los himnos, y más todavía, a principios de siglo. Ignoramos hasta qué punto se extendió entonces entre los villenenses, o en qué grado lo adoptó como propio la generalidad de la población. Y tampoco es posible averiguar cómo coexistieron ambos himnos a partir de 1927, año en el que se estrena el de Esquembre. Pienso que los acontecimientos políticos fueron de carácter absorbente a partir del año citado; son los últimos tiempos de la dictadura de Primo de Rivera que desembocan en la segunda República. Los avatares de esta etapa y la guerra civil de 1936 es posible que tiendan a relegar a un lugar sin importancia la existencia de ambas composiciones e impidan la constatación de una posible preponderancia de uno sobre el otro.
La guerra civil, además de una enorme tragedia nacional, supuso un total desgarrón en incontables aspectos de la vida española. Al lado de cuanto sucedió en estos años resulta baladí consignar la pérdida de las partituras de ambos himnos. No obstante, así sucedió, y durante algunos años, los que siguen a la guerra, no se interpretan. Curiosamente, pervive más en la memoria colectivo el de Serra, seguramente por la sencilla razón de su mayor antigüedad. Y entra aquí en escena un nuevo personaje. No es otro que D. Manuel Carrascosa García, director de la Banda Municipal villenense desde 1939 y de todos conocido.
Pronto empieza el maestro Carrascoso a oír hablar del himno a Villena, pero nadie puede proporcionarle una partitura, siquiera sea para piano. Convencido al fin, después de varios años, de que no es posible hallarla, hace que le tarareen la melodía y la transcribe al pentagrama. Y sobre ella realiza 'una rica armonización realzada por una instrumentación brillantísima", según se apostilla en la Revista Villena de 1951 enjuiciando la labor del maestro Carrascoso, a la vez que se reproduce en sus páginas la partitura salida de manos del director de la Banda Municipal.
Y en efecto, así es. El himno es ahora una emotiva e irreprochable página musical. Justificado está de todo punto que aparezcan hoy en programas y reseñas ambos nombres, el de Serra y el de Carrascosa como coautores del mismo, puesto que lo que ha añadido a él Carrascoso tiene una importantísima parte en el éxito posterior. La Banda lo propagará en numerosas audiciones y lo conocerán después todos los villenenses, mientras que nadie se acuerda ya de el de Quintín Esquembre.
No con ánimo de oponerlo al actual, sino con el de rescatar del olvido una página musical de un famoso hijo de Villena, traemos hoy aquí la noticia de su existencia para conocimiento de los villenenses. Y, a la vez, con el fin de añadir algunos datos en este concreto aspecto que puedan servir de modesta aportación para futuros y más enjundiosos trabajos.
Extraído de la Revista Villena de 1989

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