1989 CURIOSIDADES QUE ILUSTRAN

CURIOSIDADES QUE ILUSTRAN
Leyendo un pequeño libro, de Luis Conde, S.J. relacionado con los Manuscritos del Nuevo Testamento, se me ocurrió ir entresacando todo aquello que me producía curiosidad e interés para mi ilustración y es como sigue: Pues dice el señor conde en un capítulo "en un cesto de papeles"-así se titulaba el capítulo- una anécdota voluminosa casi casi detectivesca, entra en escena uno de los manuscritos más venerables de la Biblia: el Códice Sinaítico. Hallazgo verdaderamente novelesco, su protagonista, el gran Constantino Tischedorf. Recorría este biblieta las diversas bibliotecas del Próximo Oriente en búsqueda de manuscritos y diré que era por el año 1844. En el curso de su viaje visitó el monasterio de Santa Catalina, en el monte Sinaí. Mientras trabajaba en la biblioteca observó un cesto que contenía gran número de hojas perdidas de manuscritos. Se acerca, inspecciona y logra descubrir varios folios de escritura griega, que, en rápido vistazo, le parecieron la Biblia. Extrae más de 43 hojas. El Bibliotecario le advierte casualmente que otros dos grandes cestos de semejante papel sucio se habían consumido ya en el horno del monasterio. Vuelta a Europa, publicó su hallazgo bajo el título de Codex Friderico-Augustanus. Eran 43 hojas del Viejo Testamento. El infatigable Tischendorf vuelve por tercera vez al Monasterio en 1859. Investiga. Pocos días antes de su partida, muestra a cierto calificado monje una copia de su reciente edición del códice Friderico-Augustanus. El monje le informa entonces de la existencia en el monasterio de otro ejemplar análogo. Lo introduce en su celda y le muestra un montón de hojas envueltas en un paño. Ante la mirada atónica de Tischendorf aparecieron las restantes hojas del Viejo Testamento y el Nuevo Testamento completo. Un total de 304 folios pertenecientes al mismo viejo códice que las 43 hojas salvadas del cesto. Se trataba de una copia de la Biblia realizada a mediados de siglo IV. Pues quizás proviniese de la Biblioteca de Pánfilo en Cesárea de Palestina, de la que se sirvió el historiador Eusebio.- Merece la pena, a veces, ser curioso con buena intención.
PASCUAL MUÑOZ SEVILLA (Alicante 1989)
Extraído de la Revista Villena de 1989

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