1990 LA VENTA DEL GITANO Y JAIME EL BARBUDO

LA VENTA DEL GITANO Y JAIME EL BARBUDO
por Faustino Alonso Gotor
Venta del Gitano.
Hace año y medio, con motivo de ser construida la Autovía de Madrid a Alicante, fue derruida la Venta del Gitano que se hallaba al pie de la loma de los Sillares, a diez kilómetros de Villena, frente a la carretera que se dirige a Fontanares, pudiéndose observar, aun, algunos restos de paredes pertenecientes a sus corrales.
Son muchas las generaciones de villenenses y de pueblos castellanos, valencianos y murcianos, cuyas gentes, la recuerdan como lugar donde repostaban o se reconfortaban con alguna bebida antes de llegar a Villena. Nosotros la recordamos tal como aparece en la fotografía, por cuya puerta se entraba a un rústico bar y una pequeña dependencia donde se podía merendar.
Al ver su demolición, sentimos cierta nostalgia histórica de su antiquísima vida dada por el trajinar de arrieros, mercaderes, labriegos, feriantes, peregrinos, etc., que durante siglos se acercaban a ella, con sus carros, caballerías y bagajes. Por tal motivo decidimos hacer constancia de esta famosa Venta, de la cual «sólo es ya un melancólico recuerdo» tal como la califica Alfredo Rojas en la Revista del Club del Pensionista, en su número 57.
Su existencia se remontaba al siglo XVI, con el nombre de Venta de Beneyto, según se puede observar en el Mapa de Valenciae Regni conduce a Almansa» y «construir un Puente en el Angosto, pues de lo contrario se hará imposible el tránsito por aquella parte».
Es curioso, y por tal motivo recordamos, que en este año pasado de 1989, durante las Fiestas de septiembre, cayó un fuerte aguacero en las partidas de la Zafra y de los Alhorines, publicado por Abraham Ortelius en el año 1584. A finales del siguiente siglo, esta Venta, aún con el mismo nombre, aparece en otro Mapa publicado en el año 1693, por el jesuita Francisco Antonio Cassaus, quien lo confeccionó con suma precisión en la localización de los pueblos, ventas y parajes entre los que se puede leer, también, el de los Alhorines.
Es posible que en aquellos siglos, se le denominase, popularmente, con el nombre de Venta del Angosto, lugar este de triste memoria para los agricultores de aquellos parajes, debido a las grandes avenidas de agua que venían a pasar por el Puente, al cual todavía, y aunque reformado por la citada Autovía, sigue conociéndosele con el nombre de Puente del Angosto situado junto a la Venta del Gitano.
En el Acta del Ayuntamiento villenense del 21 de septiembre de 1564, podemos leer:» Asimismo trataron que por cuanto de las aguas de lluvias que caen en la partida de los Alhorines, término de esta Ciudad, vienen a dar en el Angosto de los dichos Alhorines...», ordena que dichas aguas sean conducidas a las piezas del Campo por los propietarios de dichas piezas, construyéndose «una acequia».
Cerca de dos siglos después, a causa también de las intensas lluvias, vuelve a reunirse el Ayuntamiento el día 13 de octubre de 1759, con el fin de acordar que se repare «el camino que produjo una catástrofe agrícola y reapareció la Rambla del Angosto en la cual actualmente se pueden ver las aguas en su antiguo y renovado cauce.
La primera vez que se cita a nuestra Venta con el nombre de «Venta del Angosto», es con motivo de la creación de la primera Estafeta de Correos de Caudete, durante el año 1857, cuyo Ayuntamiento «hizo presente a la Dirección General de Correos que, deteniéndose, como se detenía la diligencia-correo en la Venta del Agosto conocida por la del GITANO, lo que convenía era entregar y recibir en ella la correspondencia del pueblo, toda vez que se necesitan tres horas para llegar andando a Villena, y la expresada Venta está sólo a una hora del centro de Caudete». Luego añade, el cronista de aquella población: «La Dirección General, dispuso que se utilizasen los Servicios de Don Martín Vega, administrador del Portazgo de la Venta del Gitano, para la entrega y recibo de la correspondencia».
Jaime el Barbudo en Villena.
Estando en Catral Jaime Alfonso, como jornalero, guardando unas viñas, sorprendió a un merodeador, le llamó la atención, discutieron, y el intruso le amenazó con una navaja, pero Jaime se la arrebató y con ella le dio muerte. Temiendo a la justicia por la dificultad que entrañaba la demostración de su legítima defensa, decidió huir a la Sierra de Crevillente. Se unió a los bandoleros, hermanos Múgica, y posteriormente, tras una reyerta con ellos, se hizo jefe de la cuadrilla.
Durante la guerra de Independencia alternó el bandidaje con la guerrilla, generalmente a las órdenes del guerrillero Villalobos. Terminada dicha guerra, el día 28 de julio de 1813, estando en Crevillente, recibe un comunicado por el cual, en reconocimiento a sus méritos en la lucha contra los franceses, el general Elío, ordena el sobreseimiento de las diligencias judiciales instruidas en 1806, por la muerte que dio a un hombre en la villa de Catral.
Después de llevar nueva vida, junto a su familia y espoleado por las imprudentes palabras que le dirigió un hacendado, del cual era colono, vuelve al bandolerismo reuniendo a su cuadrilla en una venta situada a una legua del Pinoso, donde planea asaltar a los mercaderes que se dirigen a la feria de Orihuela. Este asalto lo hacen en el estrecho de las Salinetas, entre Elda y Novelda en el mes de agosto de 1815.
Tras otros asaltos, decide otro de mayor botín, incluso que el de las Salinetes. Del 29 de septiembre al 5 de octubre se celebraba la feria de Villena, que en aquel entonces era la más importante de la región acudiendo muchos feriantes con mercancías cuyo importe ascendía a varios millones de reales. La mayoría llegaban procedentes de la Mancha, Cuenca y Valencia, por la carretera de Almansa, confluyendo en la Venta del Gitano, a casi dos leguas de Villena.
Hallábase esta venta en medio de una total soledad, siendo un lugar propicio para la sorpresa. Un par de días antes de comenzar la feria de Villena, los hombres de Jaime el Barbudo, convenientemente apostados, ven llegar hasta diez carros y cincuenta acémilas. Su intención es pasar la noche en la Venta del Gitano y continuar a la mañana siguiente viaje a Villena. Pasan las horas y, al filo de la medianoche, los bandidos, sigilosamente, van reduciendo a los que duermen. Antes de que puedan darse cuenta de lo que ocurre, se encuentran atados muñeca con muñeca o codo con codo, mientras ven ante sus ojos las bocas de los trabucos, o sobre sus pechos las puntas de las navajas. Quienes intentan gritar son amordazados. Poco a poco el dinero sale de fajas y bolsillos. Registrados los cargamentos, son separados las cajas y fardos y cargadas en las mulas de los que están en la Venta. Antes de partir, llevado por la vanagloria, les grita bravucón y jactancioso: ¡Soy Jaime el Barbudo! Luego espolea a su caballo y se aleja.
La cuadrilla se dirige, sin pérdida de tiempo, a Hondón de los Frailes atravesando la Sierra Salinas, en la cual tenía una de sus guaridas en la Cueva del Lagrimal, y la sierra de Carache.
Este audaz robo produce enorme sensación; era la única conversación durante la Feria de Villena y en numerosos lugares. Las autoridades villenenses, presionadas por los comerciantes y labradores, se ven en la precisión de tomar medidas enérgicas enviando a la Sierra Salinas, algunas compañías de escopeteros. A los pocos días vuelven sin haber hallado la menor pista, mientras Jaime el Barbudo era dueño y señor de la comarca que limitan Villena, Murcia, Alicante y Jumilla.
Durante el «trienio liberal», se hace con su cuadrilla, guerrillero Realista. Finalmente, en 1824, es ahorcado por los propios Realistas, en un patíbulo levantado en la Plaza Santo Domingo de Murcia. Su cuerpo, inerte, fue cruelmente descuartizado.
Bibliografía:
«Gran Enciclopedia de la Región Valenciana», edición 1973, tomo 3.", página 64, cartografía. «Archivo Municipal de Villena, sesión del Ayuntamiento del 21 de septiembre de 1564». «A.M.V., sesión del Ayuntamiento del 13 de octubre de 1759».
«Historia de Caudete» por Jesús Sánchez Díaz, edición 1956, página 139.
Revista mensual «Historia y Vida» junio de 1972, página 102. Artículo sobre Jaime el Barbudo escrito por F. Hernández Girbal.
«Gran Enciclopedia de la Región Valenciana», edición 1973, tomo 1.0; página 157; palabra Alfonso y Juan, Jaime.
Villena, abril de 1990
Extraído de la Revista Villena de 1990

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