Apenas habían transcurrido 5 meses desde que Francisco Franco transmitió el parte oficial con el que daba por finalizada la Guerra Civil. Era septiembre de 1939 y el espíritu de los festeros de Villena, agazapado durante 3 años, como tantos sentimientos, explosionó con el deseo de que el 5 de septiembre podrían retomar la alegría y el júbilo de las Fiestas de Moros y Cristianos. La celebración de las Fiestas de Villena no paliaría el dolor sufrido y las vidas perdidas, pero era el momento de construir el futuro, un porvenir que se auguraba lúgubre.
María Gisbert Novella y su amiga Celia Hernández, que apenas contaban con 14 años, vivieron un desfile inolvidable acomodadas en la carroza de los Maseros, comparsa que se había fundado apenas 13 años atrás. Bastó la invitación de un primo lejano, para que las dos amigas sintieran el deseo de vestirse para la ocasión. Removieron los baúles de sus madres con la impaciencia de la nueva emoción. Una falda raída, con la blusa de los domingos de sus madres y como manteleta ni encajes ni bordados, una toquilla de lana o un pañuelo doblado. Las ganas de disfrutar de ese primer desfile lo compartieron con otras tantas chiquillas, a las que no afectaban las pancartas expuestas en la carroza: “Año de la Victoria” y “Saludo a Franco”.
Paqui Gandía Hernández - Marzo 2026
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