21 jul 2026

1998 PADRES E HIJOS ANTE LA RUPTURA MATRIMONIAL

Padres e hijos ante la ruptura matrimonial.
Miguel Sanchiz Micó – Psicólogo del Gabinete Psicopedagógico Municipal.
Uno de los servicios que presta el Gabinete Psicopedagógico Municipal es la Consulta de Orientación a Padres, nos parece importante que se pueda contar con la posibilidad de recibir asesoramiento en todos aquellos problemas que inevitablemente pueden surgir ante la difícil tarea de educar, o simplemente de convivir en familia.
Dentro de los motivos más habituales por los que se nos demanda consulta viene ganando puestos en los últimos cursos el de la separación de los padres. Una pareja llega al convencimiento, traumática o razonadamente, de que no puede continuar unida y observa con gran preocupación que existen terceros que van a ser afectados por esa tremenda decisión. Normalmente esa es la razón por la que buscan ayuda.
La evolución en los últimos cursos, de esta demanda, como ya apuntábamos, ha ido en aumento:
En el último curso, como se puede comprobar, quince familias consultaron por este problema, y seguramente otras muchas no lo hicieron o bien porque la separación ha sido lo suficientemente razonable (aunque sólo tres de cada diez separaciones en nuestro país se resuelven por mutuo acuerdo, el resto lo son por causa legar) 1, o bien porque han sido tan traumáticas que no piensan ni en su necesidad de demandar ayuda.
Ante este creciente problema bueno sería plantearse la necesidad de la prevención, sobre todo al constatar frente a los matrimonios rotos que nos llegan las causas, a veces nimias, que han precipitado el final. En este sentido yo apuntaría al menos dos necesidades básicas si queremos hacer perdurable la vida en pareja:
COMUNICACIÓN
Es muy importante lograr el suficiente clima de diálogo como para construir día a día la confianza, sin la cual es imposible la creación de la intimidad (conocerse en el otro). Y en el matrimonio o avanzamos hacia la intimidad, o avanzamos hacia el divorcio (declarado o no)2
En este momento el principal enemigo de la comunicación es el tiempo, vivimos de una forma tan estresante, a tal velocidad, con tal grado de dispersión, que es enormemente difícil «pararnos» «con» el otro, «en» el otro. Y así, es difícil la comunicación.
CAPACIDAD DE REPARACIÓN
Qué frase tan desgraciada (desde el punto de vista psicológico, no poético) la de la película Leve story: «amar es no decir nunca lo siento». Nada más lejos de la realidad, amar a otro es saberle diferente, sufrirlo diferente, aceptarlo diferente, y tener la necesidad de perdonarle y de sentirse perdonado. Sin esta posibilidad de reparar errores, es imposible prolongar una relación que va a estar forzosamente sometida a ellos.
Sin embargo la realidad humana lleva en no pocas ocasiones a la constatación del fracaso, a la certificación del término, no se ha alcanzado el objetivo común ¿qué pasa ahora? Y sobre todo ¿qué pasa con los hijos?, ¿cuáles son los riesgos que corren?, y lo más importante ¿podemos evitar que les afecte?
Quizá sería necesario comenzar por dar una respuesta negativa a esta última pregunta para, a partir de ahí, ser capa-ces de llevar a cabo una actuación conveniente. Porque no nos podemos plantear que a un hijo no le repercuta la ruptura de su familia, pero sí lograr que le afecte lo menos posible.
Dos son las principales repercusiones a controlar:
1) El impacto de la pérdida de uno de los padres y la constatación de que algo que para ellos era eterno no lo sea (la relación de sus padres no había tenido principio, siempre había estada allí, y por lo tanto no tenía fin, al menos no se lo planteaba).
2) El retraso del padre o madre custodio (aquel que queda al cuidado de los hijos) en aprender el rol del padre ausente, sabiendo que nunca lo desempeñará igual, pero siendo necesario que asuma parte del mismo, al menos, si quiere minimizar la pérdida.
Este retraso va a ser mayor cuanto más le afecte el impacto al padre custodio (para el que el matrimonio no era eterno, puesto que ha tenido un principio, va a tener un fin, pero éste se presupone lejano y se vive su llegada como un fracaso enormemente frustrante).
Y existe un síntoma que puede complicar todo el proceso y que es necesario evitar: que uno de los hijos (o todos) asuma el papel de mediador, intentando reparar ellos la fragmentación, manteniendo la fantasía de la reconstrucción, durante demasiado tiempo.
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1 Serafín Martin Corral, Criterios preventivos para la protección psicológica del menor en los procesos de separación y divorcio. Papeles del Psicólogo. 148, 1991
2 Rafael Manrique Solana, Las Personas divorciadas. Salud mental. Un enfoque integral, ed. ICEPS, 1997.
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¿Qué podemos hacer en este momento de post-separación?, ¿en qué debemos centrar nuestros esfuerzos? Hay tres cuestiones fundamentales:
1) Sacar al hijo del papel de mediador y para ello:
- es necesario un diálogo entre los padres y los hijos cuando se haya tomado firmemente la decisión de romper el matrimonio, en situación «triangulada» con la presencia de ambos padres, y explicando las diferencias entre los compromisos como pareja y los compromisos como padres, haciéndose responsables de continuar con los segundos, aunque terminen los primeros;
- dejar muy claro a los hijos que no son responsables de la separación (explicar los motivos de ésta), ni tampoco de volver a juntarlos (la relación entre los padres es cosa de ellos);
- aclarar las necesidades de los hijos. Con la sensación de vulnerabilidad que se les presenta se rompe la confianza en la continuidad y protección de la familia y aparecen los miedos, la «preocupación del tuerto»3 cuando tenía ambos padres (dos ojos) no se preocupaba de tener sólo uno, pero cuando queda un solo padre (un solo ojo) tiene mucho miedo de perderlo. Y también la preocupación por el futuro de sus padres.
2ª) Es también importante restablecer la relación coparental entre los padres, para resolver todas las cuestiones que quedan pendientes y que requieren colaboración:
- la custodia
- el régimen de visitas
- las pautas educativas, etc.
Si en este punto no se supera el dolor infligido por la ruptura, y del que responsabilizan al otro, no se es capaz de actuar adecuadamente. Es pues necesario completar el llamado «divorcio emocional».4, recobrarse de la pérdida de la relación de pareja, aceptando su terminación sin mantener dependencias, para poder así afrontar la necesidad de colaboración antes planteada.
Y esta necesidad es fundamental si se quiere salvaguardar la felicidad de los hijos, nuestra responsabilidad con ellos no termina al hacerlo la relación de pareja, en todo caso se hace más importante, y además se lo debemos.
Dos aclaraciones para terminar: con todo lo anteriormente expuesto no queremos afirmar que ineludiblemente los hijos se van a ver traumáticamente afectados por la separación de sus padres, es claro que les va a influir, pero el grado de daño que les ocasione va a depender de que se tengan en cuenta, o no, las recomendaciones que se plantean más arriba, y bueno sería que no nos consideráramos totalmente capaces de afrontar con éxito una situación así, y buscáramos las ayudas que profesionales o amigos nos pueden proporcionar, sin dejarlas para el último momento, cuando ya bien poco nos pueden aportar.
Para poner en manos de los hijos:
- Alejandra Vallejo Nájera, Hijos de padres separados, ed. Temas de Hoy, 1993.
- La Biblioteca Pública Municipal «Miguel Hernández» nos ha facilitado una relación de libros de que dispone sobre «separación y divorcio».
Hasta 8 años
- Las dos casas de Pedro Ratón
A: Lydia Devos
Editorial Plaza Joven
- Lisón y el agua dormida
A: Christian Bruel
Editorial Lumen
- Los conflictos de Ana
A: María Martínez y Vendrell
Editorial Destino
A partir de 9 años
- Theo se larga
A: Peter Hártling
Editorial Alfaguara
- Un marido para mamá
A: Christine Nóstlinger
Editorial Alfaguara
- Madame Doubtfire
A: Anne Fine
Editorial Alfaguara
- Gretchen se preocupa
A: Christine Nóstlinger
Editorial Alfaguara
- El divorcio: cómo explicarlo a los niños
A: P. Mayle
Editorial Grijalbo
- Secretos detrás de las puertas
A: T. Haugen
Editorial Juventud
Adultos
- La pareja rota: familia, crisis y superación
A: Luis Rojas Marcos
Editorial Espasa-Calpe, 1996
- Vivir sin ellos: los hombres no son imprescindibles
A: Gemma Llenas
Editorial Apóstrofe, 1996
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3 Paulino Castells, Separación y divorcio: efectos psicológicos en los hijos, Barcelona, Planeta, 1993.
4 José Navarro Góngora, «Programas de Intervención en situaciones de ruptura de pareja». Técnicas y programas en terapia familiar, 1992.
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Extraído de la Revista Villena de 1998

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