De nuevo este ejemplar alicantino y villenero, y además Masero de la comparsa de Labradores nos deleita en el periódico Información de Alicante con una columna que no tiene desperdicio en alabanzas a las Fiestas de Villena. Gracias Juan Carlos por tu amor a Villena.
¿Por qué amo las Fiestas de Moros y Cristianos de Villena?
Juan Carlos Vizcaíno Martínez
Cuando hace más de dos décadas descubrí las Fiestas de Moros y Cristianos de Villena, jamás podría imaginar que se iban a convertir en mi cita festera más deseada, embrujándome de una ciudad llena de personalidad, que tanto ha exaltado en estas páginas mi querido Antonio Sempere. La piedra angular en los desfiles es su ritmo. Un ritmo brioso y rotundo, propio del Vinalopó, articulando una liturgia que dirigen los cabos de cada bloque o escuadra, avanzando de manera impetuosa al compás de cada pieza musical -la ciudad conserva el predominio del pasodoble-, rompiendo con esas tradicionales arrancás, que gozan del aplauso del público, y elevan la adrenalina del festero. Incluso de los músicos, que aquí tocan de manera siempre más rápida En Villena, los pasodobles, literalmente, estallan.
Con esta singularidad, destacan sus dos grandes desfiles -con más de 16.000 participantes, los más multitudinarios de nuestra provincia-; la Entrada del 5 de septiembre, y la Cabalgata que se prolonga altas horas de la madrugada del 7. En ellos se alternan armónicamente tres modelos de fiesta. El primero, su estructura en grandes bloques repletos de comparsistas, verdadera genialidad caracterizada por su belleza plástica al irrumpir con rotundidad. Entre ellos, discurren cerca de cuarenta escuadras especiales, quizá el mayor motivo de expectación al estrenarse diseños pronto exportados a numerosas otras muchas poblaciones. Y, finalmente, Villena ofrece también el más difícil todavía; la presencia de comparsas caracterizadas por su personalidad bulliciosa, en ocasiones discutidas por poblaciones que no entienden su idiosincrasia, que provocan una sensación de alegría incontenible.
Al margen de estas dos citas, los Moros y Cristianos de Villena suponen una densa suma de actividades, entre lo religioso, lo ancestral y lo puramente festivo. Y todo se encuentra engarzado con tanta sencillez como pasmosa organización. Imágenes como la explosión de júbilo con la que se recibe la imagen de La Morenica, la tarde del último domingo de agosto. El indescriptible estallido de la noche del 3 de septiembre con las Entraícas. La temperatura emocional de la mañana del 5, cuando las bandas de las diferentes comparsas discurren con celeridad para recoger sus madrinas. El rugir de un pueblo, cuando a las cuatro de la tarde de ese día, arranca la Banda Municipal, abriendo la Entrada. Las embajadas, presididas por la figura de la Mahoma propiedad de la hermana Biar, celebradas en el mejor emplazamiento de toda la geografía de moros y cristianos; el Castillo de la Atalaya. La frescura de sus dianas, iniciadas con la ciudad aún de noche. La incomparable noche del 6 al 7, que denomino La gran noche de Villena, una singular madrugá donde miles de personas no duermen, disfrutando de la bullanguera Sangerbata, hasta amanecer. La Conversión del Moro al Cristianismo, en el templo arciprestal de Santiago. La Procesión de la tarde/noche del 8, probablemente la más multitudinaria de toda la Comunidad Valenciana, destacando el profundo respeto marcado al paso de la imagen de la Virgen de las Virtudes.
Las fiestas de Villena son mucho más. La chulería de unos cabos sin rival. La implicación de una juventud entregada, renovando una cita con más de doce mil participantes que desfilan en un permanente estadio de beatitud festera. No les importa romper una fila o un bloque, saludar o abrazar a un amigo. Todo confluye en una asombrosa y perfectamente organizada ceremonia donde las raíces se aúnan con la percepción que nos encontramos, ante todo, con una fiesta.
Son fechas marcadas en 2026 por la celebración del centenario de la comparsa de Labradores. También, de manera inesperada, por el reciente incendio parcial de la sede del Bando Marroquí, despertando la solidaridad de esta gran familia villenera. En los próximos meses, estas celebraciones serán declaradas Fiestas de Interés Turístico Internacional, algo que merecen hace décadas. Será un momento de alegría colectiva. Mientras tanto, disfrutemos de esta ya inminente cita. De esos desfiles que, por su magnitud e hipnótica personalidad, me hacen sentir que la excepcionalidad festera aparece como la simple vida normal. Según han pasado los años, he incitado a no pocos amigos alicantinos a que las contemplen por vez primera. Desde ese momento, la han convertido en una inexcusable cita anual. Vibrante, variada, desde hace mucho tiempo, para mí; Villena en fiestas, es la capital de la felicidad.
Información - Alicante
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario